La promesa frente a la ley
Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira. Romanos 4:14, 15.

El legalismo no funciona. Nadie entrará jamás al reino de Dios en virtud de lo que haya hecho.

¿Cómo puede ser esto? ¿Por qué no podemos obtener el reino de . Dios y la salvación mediante la obediencia a la ley?

Pablo nos lo explica en un par de respuestas, que analizaremos en orden inverso a como aparecen en el texto de hoy. Una de las razones que da es que Dios nunca hizo la ley con el objeto de salvar a la gente. La estableció, más bien, como norma que debería guardarse, pero que, como señala el apóstol en Romanos 3:20, cuando se transgrede, sólo puede mostrar el pecado cometido. La ley puede testificar contra nosotros demostrando que hemos desobedecido y que, por lo mismo, merecemos la pena correspondiente (6:23), pero nada en ella nos puede salvar. No contiene el plan de salvación. La ley transgredida sólo trae ¡ra y muerte.

Y es aquí donde entra la segunda respuesta de Pablo. La promesa de Dios es capaz de hacer lo que la ley no puede. Sus promesas conllevan gracia de lo alto. Las promesas a Abraham no se basaban en el hecho de que él fuera un hombre perfecto, sino en su verdadera condición de pecador necesitado y con fe. Esa fe caracterizó siempre la vida del patriarca. Tal es así, que cuando tomó a Isaac y lo llevó al monte Moría para sacrificarlo, Abraham tuvo fe en que Dios proveería un cordero para el holocausto (Génesis 22:8).

Alternativamente, "por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido sus promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia, pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos" (Hebreos 11:17-19). El patriarca no sabía cómo Dios iba a cumplir sus promesas, pero creyó que podría hacerlo y que lo haría. Su fe trascendió a su visión. Fue esta fe dinámica que expresó durante toda su vida lo que convirtió a Abraham en receptor de la promesa de Dios y en padre de todos los que viven por la fe.

La promesa no fue algo que él ganó. Fue el regalo de Dios para él. No lo recibió por cumplir la ley, sino por gracia de Dios.

Pablo afirma que no hay dos caminos para llegar al reino. Hay sólo uno: aferramos de la promesa de Dios con todas nuestras fuerzas. El método de la ley y el de la promesa (por gracia) son incompatibles. Por supuesto, Pablo no esté contra la ley de Dios, sólo se opone a que se la emplee como medio de salvación. Dios quiere hacernos comprender que hay un solo camino hacia la rectitud: el Cordero que Dios mismo ha provisto.