La significación del caso de abraham
¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Romanos 4:1. ["¿Cuáles fueron sus experiencias en cuanto a la salvación por fe?" (La Biblia al día.)

En Romanos 3:21 al 26, Pablo ha expuesto su tesis en cuanto a cómo Dios justifica a la gente; y en los versículos 27 al 31, la ha defendido ante sus críticos. En su presentación, ha destacado que la justificación — por la fe es un tema con raíces en el Antiguo Testamento (véase 1:2; 3:21, 31). En su próximo paso se propone dar ejemplos del Antiguo Testamento, que confirmen su tesis.

El primer ejemplo es Abraham. No podría haber escogido a alguien más importante. Reconocido por todos, Abraham era, justamente, el padre de la nación judia: la figura más importante del Antiguo Testamento.

Piense, por un momento, en otros héroes del Antiguo Testamento. Moisés se encuentra entre los primeros de la lista. Por su posición como legislador designado por Dios, los judíos casi lo divinizaban. Dios mismo lo había escogido para liberar a su pueblo de la esclavitud. ¿Y no había hablado Dios con él, cara a cara? ¿Y qué decir de David, el más destacado de los reyes de Israel? Habiendo llevado a su nación a la cima del poder en el mundo de la antigüedad, legó a su pueblo algunos de los salmos más profundos y sentidos, y fue el hombre escogido por Dios como antecesor del Mesías. Elias, otro de los grandes, fue el primero entre los profetas. ¿Y quién podría olvidar a Daniel?; no sólo fue un poderoso hombre de estado, sino profeta de Dios.

Sin embargo, todos estos héroes de la fe fueron posteriores a Abraham. Todos los judíos sabían que Abraham había sido el padre de su raza; el hombre central de su linaje: el que había recibido las promesas del pacto; aquel a quien Dios le había asegurado que seria el padre de muchas naciones. Dos veces el Antiguo Testamento se refiere a él como "amigo de Dios", honor que nadie más recibiera.

Pablo toma el caso de Abraham para probar su doctrina de la salvación. Si el apóstol logra demostrar que Abraham está en armonía con la justificación por la fe, ganará el caso; pero si falla, lo perderá.

A causa de esto, dedicará todo un capitulo (de los 16 de Romanos) al estudio de este importante personaje. Sería conveniente que ahora usted tomara unos minutos para leer todo el capitulo 4, siquiera una vez. Al hacerlo, procure seguir el argumento de Pablo, párrafo tras párrafo; y piense en cómo los puntos que destaca dan peso a la tesis expuesta en Romanos 3:21-31.


La "jactancia" de Abraham
Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Romanos 4:2.


Pablo comienza su disertación sobre Abraham, aludiendo a la creencia J)) judia de que los grandes patriarcas habian sido justificados por sus obras; creencia ampliamente difundida entre los rabinos judíos. —«* Basándose en Génesis 26:5, donde Dios confirma a Isaac la promesa hecha a Abraham, diciendo: "Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes", los judíos consideraban que el patriarca "había cumplido con toda la ley antes que ésta se promulgara" (Kiddushin 4:14). Y en el libro judío de los Jubíleos leemos que "Abraham fue perfecto en todas sus acciones ante el Señor y le agradó por su rectitud, todos los días de su vida" (23:10). En la Oración de Manasés se afirma que Abraham, Isaac y Jacob no tenían nada de qué arrepentirse delante de Dios, porque eran justos. Manasés dice: "No pecaron contra ti" (Oración de Manasés, 8). Por último, en Sabiduría de Sirac se señala que "Abraham fue el gran padre de multitud de naciones, y nadie ha sido hallado que le ¡guale en gloria. Él observó la ley del Altísimo, y entró en pacto con él. Certificó el pacto en su carne y, cuando fue probado, fue hallado fiel" (44:19, 20).

Para los judíos, Abraham fue el hombre perfecto. Había guardado la ley; por eso Dios había entrado en pacto con él.

De haber sido verdad todo esto, Abraham si habría tenido de qué gloriarse. Podría haber reclamado el mérito de haber logrado su propia justificación, y haber hecho "sonar la trompeta" delante de él.

Pablo desafía toda esa estructura del pensamiento judío. "Sí —explica— Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero (enseguida aclara) no para con Dios". En los versículos siguientes (desde el 3 en adelante), Pablo procederá a demostrar por qué Abraham no tuvo motivos para jactarse. Probará que los judíos habían interpretado mal la historia de Abraham. Comprobará que, en realidad, Abraham fue justificado por la fe, más bien que por las obras. 1

Tenemos aquí una importante lección para los cristianos de todo tipo. Es bien fácil tomar a los héroes de nuestra fe, de nuestra denominación o de nuestra iglesia, y colocarlos en un pedestal; pero la verdad es... que todos han pecado y son salvos sólo por gracia. Esta es la única manera de leer la historia desde la perspectiva cristiana. El evangelio de la gracia no es sólo para los débiles; es para todos; hasta para Abraham


¿Fe o fidelidad?
Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Romanos 4:3.


Como a menudo lo hace, Pablo recurre a las Escrituras para probar que Abraham no tuvo nada de qué gloriarse en lo que respecta a la justificación por las obras. El texto que utiliza es Génesis 15:6. El contexto de ese pasaje indica que Dios le había prometido a Abraham que, a pesar de la edad y de la esterilidad de su esposa, él tendría un hijo, y su descendencia sería como las estrellas de los cielos (Génesis 15: 4, 5). Según las Escrituras, Abraham creyó en la promesa de Dios, y eso "le fue contado por justicia".

Claramente, Pablo utiliza el texto de Génesis 15:6 para probar que Abraham fue justificado por fe, más bien que por obras. Sin embargo, es de notar que esa interpretación no era la de los judíos de sus días. En el capítulo 2 y el versículo 52 del Libro I de los Macabeos, por ejemplo, encontramos la siguiente pregunta: "¿No fue Abraham hallado fiel en la prueba, y le fue reputado como justicia?" En este pasaje se reemplaza la idea de la fe con la de la fidelidad o un mérito que merece recompensa. Por otra parte, el rabino Shemaiah, que vivió en los años cincuenta antes de Jesucristo, representa a Dios diciendo: "La fe con la que su padre Abraham creyó en mí merece que divida el mar [Rojo] por ellos, como está escrito: 'Y él creyó en el Señor, y le fue contado por justicia'".

Como vemos, para la época de Jesús, los judíos ya habían comenzado a interpretar la fe de Abraham como un tipo de fidelidad digna de recompensa. En suma, veían la fe de Abraham en términos de buenas obras.

Pablo sabía eso. Sin embargo, eligió deliberadamente el texto de Génesis 15:6 para probar justamente lo contrario. Esto puede parecemos extraño, pero Pablo no podía ignorar esa interpretación ya establecida, en relación con el texto mencionado. Necesitaba enfrentarla abiertamente y demostrar que, correctamente interpretado, Génesis 15:6 confirmaba su aserción de que Abraham no había tenido nada de qué gloriarse, porque había sido justificado por su fe dependiente, aparte de las obras. El apóstol procederá a demostrarlo en Romanos 4:4-8.

Pablo está luchando una de las más aguerridas batallas jamás peleadas. A nadie le gusta sentir que debe depender de los demás, en alguna manera. A todos nos gusta creer que podemos cuidarnos solos. Por eso, hacemos todo lo posible para no entregar nuestra autosuficiencia. Sin embargo, en esa entrega a nuestra impotencia, pero también a la potencia de la gracia de Dios, yace... el secreto de la salvación.


De dones y salarios
Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda. Romanos 4:4.


"Hay una gran diferencia entre un don o regalo y un salario. En la mañana de Navidad, suelo darles regalos a mis hijos. Por supuesto, ellos no trabajan para ganárselos; esto es algo que elijo hacer por -ellos, gratuitamente.

Por otro lado, en los días cercanos a la Navidad, suelo recibir un cheque de mi empleador, en pago por el trabajo que he hecho. Este cheque no es un regalo; representa mis ingresos. He ganado cada centavo de él y lo considero una justa recompensa por el servicio ofrecido.

En nuestro texto de hoy, Pablo destaca la diferencia entre lo que se recibe como regalo y lo que se gana: don y paga.

El texto traducido en Romanos 4:4 como "gracia" representa lo que se regala, lo regalado. Pablo contrasta la "gracia" con las obras. Una de las cosas que destaca es, justamente, que la gracia es un regalo, un don gratuito. No se trata de un salario; ni siquiera de una oferta (algo que obtenemos a mitad de precio), ni nada por lo que trabajamos arduamente, pero que está más allá de nuestro alcance.

Nada de eso. La gracia es un regalo absoluto, puro y simple. No hacemos nada para ganarlo. No se trata de una compensación por parte de Dios, para nivelar la diferencia entre lo que somos y lo que deberíamos ser.

Bien —podría usted pensar—, pero ¿de qué modo se relaciona esto con el ceso de Abraham? Como notamos ayer, decir que Abraham ejerció la fe sería insuficiente para demostrar plenamente el argumento de Pablo, pues los judíos interpretaban la fe como fidelidad en el cumplimiento de los mandamientos de Dios. Desde ese ángulo, la fe de Abraham era una forma de "actuar". Decir que Abraham fue salvo por fe, podría dar lugar a interpretaciones equivocadas.

En Romanos 4:4, Pablo traslada su argumento: de la fe a la gracia. Sugiere que Abraham no fue salvo por obras de ningún tipo, sino por el,don lleno de gracia de Dios. Semejante declaración no da lugar a dudas. Con ella, el apóstol quitó toda posible ambigüedad en lo que respecta al método por el cual se concedió la salvación a Abraham.

Por supuesto, el apóstol podría haber dicho que en Génesis no se dice nada acerca de que Dios le debiera algo a Abraham, de manera que no se puede inferir de allí que Abraham fuera salvo por las obras. Pero Pablo no se detiene para hacer más explícito ese punto. Debió haberle resultado tan obvio, que no consideró necesario recalcarlo.

Padre, ayúdame hoy a dejar de lado mi autosuficiencia. Concédeme que deje de regatear contigo; que aprenda a aceptar tu regalo, exactamente como tal.


Justicia imputada
Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Romanos 4:5.


na de las palabras clave de Romanos es "contada". Otras versiones traducen este término como "computada" (Nácar-Colunga), "se le reputa" (Biblia de Jerusalén) o "se le cuenta" (La Biblia, Casa de la Biblia). El caso es que Pablo utiliza este término diez veces en el capitulo 4, cinco de las cuales aparecen en los seis versículos que abarca el pasaje de Romanos 4:3-8. Cuando se emplea con sentido financiero o comercial, este término significa "poner algo a cuenta de alguien". Pablo lo utiliza en este sentido cuando le escribe a Filemón acerca de Onésimo: "Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta" (vers. 18).

Pablo no podría haberlo dicho de manera más sencilla: Dios justifica a los impíos no por lo que han hecho, sino por su fe y confianza en él. Su fe "les es contada", "se les reputa" o "se les cuenta" como justicia. Elena de White utiliza, con esta misma idea, la palabra "imputada": "justicia imputada", y refiriéndose a ésta señala que es "nuestro derecho al cielo" (Mensajes para los jóvenes, pág. 32). Ella también recalca que la recepción de la justicia imputada toma sólo un momento; o sea, que en el instante en que una persona acepta la gracia de Dios por la fe, el Señor acredita a su cuenta, en los libros del cielo, la justicia de Cristo. ¿Qué pasa cuando acudimos a Jesús? "El Señor imputa al creyente la justicia de Cristo y lo declara justo delante del universo" (Mensajes selectos, tomo I, pág. 460).

Romanos 4:1-8 constituye una de las más claras presentaciones en lo que respecta a cómo se transfiere la justicia de Cristo al pecador que acude a él. Dicha justicia proviene no de obras de tipo alguno, sino de la fe en Jesús. En el instante mismo en que una persona acepta a Jesús por fe, Dios "la cuenta" como "justa".

La justificación por la fe es una de las grandes maravillas del universo de Dios. Se establece en el corazón mismo del evangelio de Pablo. Cualquier intento de atenuarla sólo pervertirá la enseñanza del apóstol. Pablo es estricto en este punto. No admite compromisos tales como ganarse el cielo por la fe más las obras. Nada de eso. Es todo por gracia. Se trata de un regalo, no de ofertas ni de regateos. Ninguno de nosotros puede hacer nada para ganarla. Es justamente esta enseñanza la que distingue al cristianismo por encima de todas las religiones del mundo y de todo otro plan de moralidad humana. La salvación es, cien por ciento, regalo de Dios.


El testimonio de David
Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras. Romanos 4:6.


Pablo reúne sus armas más valiosas para derribar las objeciones de sus contemporáneos judíos en contra de la justificación por la fe. Si Abraham había sido el personaje más importante de la historia judia, David no se quedaba atrás. Junto a Abraham y Moisés, era, probablemente, el más reverenciado. Fue el principal rey de Israel, su más exitoso soldado, su más prominente músico y poeta, y también profeta.

Además, el Mesías prometido habría de descender de su linaje; el Cristo habría de ser hijo de David. El primer versículo del Nuevo Testamento destaca la importancia de David en el pensamiento judío: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham" (Mateo 1:1). A causa del pacto eterno acordado por Dios con el rey pastor, David, como Abraham, era una figura central en la historia del pacto de Israel.

De ahí que, en Romanos 4, Pablo llame a estos dos poderosos testigos para probar su tesis a favor de la justificación por la fe, sin obras. Es importante notar que, al convocar a un segundo testigo, Pablo sigue fielmente el proceso establecido en Deuteronomio 19:15, el cual explícitamente declara que, en cualquier ofensa cometida, "sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación". Como fariseo que fuera y estudioso de la ley, Pablo conocía bien este principio. Por eso, invoca a David, quien, según Pablo, está de acuerdo con Abraham.

La elección de David como testigo es particularmente interesante... por otra razón. Mientras que, aunque tuvo sus faltas, Abraham era considerado como un hombre intachable que bien merecía la salvación, no se podía decir lo mismo de David. Difícilmente se recordará su nombre sin asociarlo con su relación adúltera con Bestsabé, el asesinato que ordenó para esconder su culpa ante el esposo de ella y los desastrosos efectos que estos dos pecados acarrearon en el seno de su familia.

En suma, si David se salva, tendrá realmente que ser por gracia; motivo por el cual representa un caso excelente para probar la tesis de Pablo.

Esas son buenas nuevas. El terreno se allana frente a la cruz. Todos estamos al mismo nivel, sin importar nuestra vida llena de pecado ni cuán manchado esté nuestro pasado. Hay amplitud en la misericordia de Dios. Dios está dispuesto a salvar a todos los que acudan a él en fe. Y no sólo está dispuesto, sino que puede hacerlo.


El "no" de la justificación
'bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado. Romanos 4:7, 8.


Como observamos ayer, David difícilmente podría considerarse un ejemplo claro de "justificación por obras". Sin embargo, ofrece una excelente prueba de la gracia y el perdón de Dios. El pecado más sobresaliente de David fue su relación adúltera con Betsabé. Para cubrir su culpa, David ordenó, con asombrosa sangre fría, el asesinato del esposo de ella. Esa maniobra, sin embargo, no sólo constituyó una mala jugada que no resolvió nada; complicó mucho más su situación. La culpa continuó carcomiéndole. Sólo Dios podría quitársela; y David... lo sabía.

Tiempo después escribiría dos salmos penitenciales, para alabar a Dios por su perdón y para expresar su propio gozo por haber sido perdonado. A través de las edades, los Salmos 51 y 32 han representado una bendición para todos los que alguna vez han sentido la pesada carga de su culpa.

En Romanos 4, Pablo cita los primeros dos versículos del Salmo 32. Es interesante notar que ese pasaje ni siquiera menciona la palabra "justicia". La razón por la cual Pablo escogió estos versículos se basa en el hecho de que en ellos se emplea, al referirse a la actitud de Dios para con el pecado del hombre, la expresión "no inculpa" (Reina-Valera) —"no imputa" (Biblia de Jerusalén); "no tomó cuenta" (Nácar-Colunga); "sin tomarle en cuenta" (Dios habla hoy)—: concepto que Pablo recalca en Romanos 4.

Sin embargo, es de notar que Pablo utiliza este importante concepto de manera diferente, según se refiera a Abraham o a David. Respecto de Abraham dice que Dios "contó" su fe como justicia; pero al referirse a David señala que Dios "no contó" (o "no tuvo en cuenta") su pecado.

De esta manera, Pablo explica en apenas unos cuantos versículos, que la justificación tiene dos aspectos. Uno enunciado afirmativamente, y otro, mediante una negación. En el primer caso, Dios "cuenta" nuestra fe como justicia; en el segundo, "no cuenta" nuestros pecados en nuestra contra.

Dios hizo por David lo que el rey no pudo hacer —ni podría haber hecho— por sí mismo. Lo perdonó, cubrió sus pecados, no se los imputó a su cuenta. En Romanos 4, Pablo equiparó la experiencia de David con la justicia y la justificación.

Gracias, Señor, por el sí y el no de tu contaduría: por contar nuestra fe como justicia, y por no contar nuestros pecados en la columna de las deudas, cuando humildemente venimos a ti, en fe. Ayúdame hoy a recordar tu gracia para conmigo, Señor; y a contarles a otros lo que estás dispuesto a hacer también por ellos. Concédeme que jamás tome para mí el crédito, el honor ni la gloria que sólo a ti te pertenecen. Hoy, Dios de Abraham y de David, vengo a ti, como ellos, aceptándote como mi Dios y Salvador personal.