La fe establece la. ley
¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. Romanos 3:21


A la vista de algunos de sus lectores, Pablo parecía haber colocado la fe en oposición a la ley. Temían, pues, que su hincapié en la fe tirara por la borda la ley.

Anticipándose a esa posible reacción ante su teología, el apóstol asevera, rápida y firmemente, que la salvación por gracia mediante la fe, lejos de invalidar la ley, la confirma o establece.

¿Qué quiere decir Pablo con esto? La respuesta depende de cómo interpretó el término ley al redactar nuestro texto de hoy. Hay, por lo menos, tres posibilidades. En primer lugar, si Pablo tuvo en mente el Antiguo Testamento en general (porque los judíos solían referirse a él como La Ley y los profetas), diría que el evangelio de la justificación por la fe establece o confirma "la ley", en el sentido de que "confirma" lo que el Antiguo Testamento enseña en cuanto a la verdad de la fe que justifica (Habacuc 2:4); algo que Pablo ya había asentado en Romanos 3:21. En este caso, el texto de hoy serviría como introducción al capítulo 4, donde Pablo asevera que tanto Abraham como David fueron justificados por la fe.

En segundo lugar, si Pablo tuvo en mente el significado más restringido del término, refiriéndose a la ley de Moisés, diría que la fe confirma la ley al asignarle su debido lugar en el plan de salvación. Según Pablo, la función de la ley era exponer y condenar el pecado. De ahí que, tal como explica en Gálatas 3:21-25, la ley sirviera para encerrar a los pecadores en su culpabilidad y, como "ayo", llevarlos a Cristo para liberarlos. En este caso, el evangelio y la ley se unirían, en el sentido de que el evangelio justifica a quienes la ley condena.

En tercer lugar, si al referirse aquí a la ley, Pablo tuvo en mente los principios morales establecidos por Dios, tales como los Diez Mandamientos, algunos de sus lectores podrían haber pensado que él estaba enseñando el anti-nomianismo, o sea, que los cristianos no necesitan ley alguna; que pueden vivir en pecado, porque igual son salvos por gracia. Esta acusación, a la que Pablo ya había aludido en el capítulo 3:8, y que tratará ampliamente en los capítulos 6 al 8, constituye, muy probablemente, el problema que da lugar a su declaración del versículo para hoy (3:31). Desde esta perspectiva, el cristiano salvado por gracia cumplirá con el justo requisito de la ley, al vivir su vida "no... conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Romanos 8:4).

Una cosa es verdad: lo último que Pablo hubiera tenido en mente habría sido deshacerse de la ley. Aunque no es un medio para la salvación, la ley ocupa un lugar vital en el universo de Dios. De ahí que la fe consolide ese lugar de la ley en su justa dimensión.


El plan eterno de Dios
Aparte de la ley, [...] testificada por la ley y por los profetas. Romanos 3:21.


El plan de salvación a través de Jesucristo no fue ni tardío ni nuevo. Según Pablo, la ley y los profetas —el Antiguo Testamento— ya habían testificado al respecto.
En El Deseado de todas las gentes, Elena G. de White señala que la vida de Cristo fue el "cumplimiento del plan que había existido desde los días de la eternidad" (pág. 121).

La primera vislumbre del Antiguo Testamento como testigo de la justificación aparte de la ley aparece en Génesis 3:15, donde se dice que "la simiente de la mujer" —Jesucristo— heriría a la serpiente "en la cabeza". Esa vislumbre se torna más evidente en la experiencia de Abraham, cuya fe en Dios le fue contada "por justicia" (tema sobre el que Pablo se explayará ampliamente en el capítulo 4 de Romanos). Sin embargo, podríamos decir sin temor a equivocarnos que la demostración más explícita del plan de salvación en los libros de Moisés, se da en el sistema de sacrificios. No olvidemos que Juan el Bautista se refiere a Cristo como "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29), y que Pablo lo describe como "nuestra pascua" que "fue sacrificada por nosotros" (1 Corintios 5.7).

David mismo reconoce la justicia divina, aparte de la ley, cuando clama: "Oh Dios, conforme a tu misericordia; [...] borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y limpíame de mí pecado (Salmo 51:1, 2). E Isaías, en el capítulo 53 de su libro, predice sobre Aquel que habría de justificar a muchos y llevar las iniquidades de ellos (vers. 11). En el versículo 5 anuncia, profética-mente, que: "él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados".

Jeremías también habla sobre aquel descendiente de David al que habrían de llamar "Jehová, justicia nuestra" (23:5, 6). Y en el gran capitulo profético de Daniel (9:24), su autor declara: "Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos".

Pablo sabía de qué estaba hablando. El plan de Dios para salvar a la gente por otros medios antes que por la obediencia a la ley, corre a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Es un tema que Pablo tratará vez tras vez en sus epístolas; y al que volverá ahora, al discurrir sobre la justificación por la fe en el pasaje que abarca desde Romanos 3:21 hasta 5:21.


La justicia de Dios
La justicia de Dios por medio de lafe en Jesucristo. Romanos 3:22.


Con Romanos 3:22 llegamos al comienzo de una parte esencial en el argumento de Pablo. En el versículo 21, habíamos alcanzado a ver que Dios tenía una justicia "aparte de la ley"; pero ése... es el lado ^ negativo: lo que la justicia no es. Con el versículo 22 llegamos a la explicación de lo que Pablo mismo había querido considerar desde Romanos 1:16 y 17: lo que la justicia sí es.

En aquel pasaje del capitulo 1, Pablo afirmaba no estar avergonzado del evangelio "porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judio primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe".

Pablo no se detuvo entonces a explicar qué quería decir con esto, porque antes tenia que asentar otra ¡dea; quería dejar en claro que todos necesitaban la justicia de Dios y que nadie podía obtenerla por condición humana alguna ni por mérito propio: o sea, ni por nacer en el seno del pueblo del pacto ni por guardar la ley.

Dado que la función de la ley era señalar el pecado (3:20), no tenía poder para salvar; sino sólo para condenar. Todos, pues, hasta los mejores feligreses judíos, estaban bajo condenación, irremisiblemente.

Ya asentada esta verdad, Pablo puede retomar el tema de la justificación por la fe, cuya introducción presentara en el capitulo 1:16 y 17. Puede explicar ahora lo que entonces quiso decir con esa frase. Y a todos... nos conviene escucharle, pues tampoco nosotros tenemos esperanza, fuera del ofrecimiento de la gracia de Dios.

"Justicia" es un término importante en la Epístola a los Romanos; se menciona más de treinta veces. Le siguen en frecuencia de citas —con seis menciones— la primera Epístola a los Corintios y el Evangelio según san Mateo. La frase "la justicia de Dios", tal como se encuentra en nuestro texto de hoy, aparece ocho veces en Romanos, pero sólo dos veces en todas las demás epístolas del apóstol, combinadas.

"La justicia de Dios" puede referirse tanto a su carácter como a su don. En el contexto de Romanos 3:20 y 21, se evidencia como la justicia que Dios ha provisto y ofrece a quienes tienen fe en Jesucristo. Para Pablo, esta justicia es la mayor necesidad de la humanidad. De ahí que la proclame desde el centro mismo de su presentación de las buenas nuevas. Esta "justicia" constituye la esencia misma de lo que él entiende por "evangelio".


La única condición para la salvación
La justicia de Dios... para todos los que creen en él. Romanos 3:22.


a salvación no es automática; debe aceptarse, üene una condición, y ésta es, como notamos ayer, tener "fe en Jesucristo". El texto de hoy refuerza este punto. La justicia es "para todos los que creen en él". ¿En qué consiste la fe? ¿Qué es esto que, según Pablo, tanto necesitamos? C. K. Barrett nos ayuda a comprender el significado de la fe en el contexto de Romanos, cuando escribe que la fe "difícilmente puede definirse mejor que como lo opuesto al intento confiado o desesperado del hombre, de establecer una relación adecuada entre él y Dios, por medios legales (o sea, por medios religiosos o morales). En vez de concentrar su esperanza en sí mismo, la dirige hacia Dios"; y —como notamos—, particularmente, hacia su acto salvador de gracia a través de Jesucristo.

En lo personal considero que la fe bíblica comprende creer y confiar: es la confianza que se basa en el creer. Asi como el primer paso hacia el pecado implicó desconfianza en Dios (Génesis 3:1 -6), el primer paso hacia Dios es la confianza en él. Fe es enfrentarse a la realidad de que debemos confiar en Dios porque él se interesa por nosotros, y porque no hay nada ni nadie más, enteramente confiable.

Es de notar que la fe bíblica siempre es absoluta; nunca es moderada. De ahí que James Denney asevere que la fe es mucho más que aceptar un arreglo legal; "es el abandono del alma —que no tiene esperanza sino en el Salvador— entregada al Salvador... Comprende la renuncia absoluta a todo lo demás, para aferrarse a Cristo". La fe es una "pasión en la que todo el ser se enreda y se abandona —incondicionalmente— al amor revelado en el Salvador".

Elena de White aseveró algo similar cuando escribió: "La fe significa confiar en Dios, creer que nos ama y que sabe mejor qué es lo que nos conviene. Por eso nos induce a escoger su camino en lugar del nuestro. En vez de nuestra ignorancia, acepta su sabiduría; en vez de nuestra debilidad, su fuerza; en vez de nuestra pecaminosidad, su justicia" (La educación, pág. 253).

Señor, ayúdame hoy a abandonar mi camino y a aceptar el tuyo; a dejar de confiar en mi y a poner mi fe en ti. Concédeme darme cuenta de que tu camino es el único, y que sin ti ni tu don en Cristo, no hay esperanza para mí. Y concédeme que acepte la única condición para la salvación. Gracias por esta Justicia que has provisto "para todos los que creen".


¿En qué no hay diferencia?
Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Romanos 3:22, 23.


No hay diferencia."

¿En qué no hay diferencia? En que, con excepción de Jesús, todo ser humano que haya habitado este planeta ha sido pecador y está destituido de lo que deberia haber tenido.

Es posible que usted se considere mejor que cierta gente; pero, ¿lo es, realmente? Lea lo que dice Pablo en su contexto. Es verdad que sus pecados no son tan descarados ni evidentes como los de los transgresores más notorios; sin embargo, según esto, usted está tan desesperadamente distante de "la gloria de Dios" como ellos.

Handley Moule advierte que, "de la 'gloria' moral de Dios; de la perfección de su carácter —con su inherente demanda de que uno le corresponda perfectamente, a fin de estar en paz con él— usted está, en efecto, 'destituido'. La prostituta, el mentiroso, el asesino están destituidos de eso; pero usted también. Tal vez [desde nuestra perspectiva equivocada] ellos se encuentren en el fondo de una mina, y usted en la cima de una montaña; pero ni usted ni ellos pueden tocar las estrellas".

El tiempo del verbo en nuestro versículo de hoy podría contener una lección para nosotros. El pretérito indefinido aquí utilizado, "pecaron", corresponde al aoristo (el pretérito indefinido de la conjugación griega) que describe el acto de pecar como estando en el pasado de la humanidad. Esto, sin embargo, no significa que el pecado es universal meramente en el pasado. El siguiente verbo, "destituir", se conjuga en el presente, reflejando un proceso continuo. Así, el problema del pecado es verdaderamente universal, tanto en el tiempo histórico como en el espacio.

A simple vista, la lectura de Romanos 3:23 da lugar a pensar que el versículo se encuentra fuera de lugar, que es una intrusión en el texto, pues el pasaje de 3:21-31 no trata sobre el pecado, sino sobre la salvación.

Sin embargo, el análisis de Romanos 3:23 a la luz de su contexto nos permite reconocer que es precisamente aquí donde resalta con más fuerza. Pablo lo ha colocado justamente en medio de su exposición acerca de la justicia que se recibe por gracia, a través de la fe.

Es el contexto lo que destaca el significado pleno de la expresión "no hay diferencia". De la misma manera en que todos somos pecadores, todos y cada uno de nosotros necesitamos de la gracia de Dios. Sólo cuando nos demos cuenta de que, a la vista de Dios, "no hay diferencia" entre nosotros y el más disoluto libertino, podremos ser salvos; pues con este reconocimiento se da el primer paso en nuestra salvación.

Nos guste o no, Pablo tiene razón cuando declara que "no hay diferencia".