Las consecuencias del plan de Dios

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. Romanos 5:28.

Hasta aquí hemos visto, en Romanos, un poderoso argumento. En primer lugar, Pablo demostró que —independientemente de su origen— todo ser humano que alguna vez haya vivido ha sido pecador. En segundo lugar, mostró que ni el nacimiento en el seno del pueblo del pacto ni la obediencia a la ley de Dios pueden ayudar a la gente, pues la función de la ley es señalar el pecado, no convertirse en escalera al cielo. Por último, en un apretado párrafo condensado en el capítulo 3:21 -26, Pablo reveló que Dios salva a la gente mediante la fe que tengan en Jesucristo. Pablo resume el plan de salvación de Dios en estas palabras: "Justificación por gracia sólo a través de la fe", sin las obras de la ley. Su fórmula es: gracia + fe + nada = justificación.

Los siguientes cinco versículos (3:27-31) continúan con la presentación de tres consecuencias del plan de Dios para la salvación. La primera, que comenzamos a examinar ayer, es que el método de salvación por gracia mediante la fe —provisto por Dios— excluye la jactancia. Deja a la persona salvada sin razones para enorgullecerse ni méritos para reclamar, pues Dios es quien ha hecho todo. El método de Dios para la salvación nos coloca humildemente a los pies de la cruz. Un antiguo himno lo expresa claramente: "Nada en mis manos traigo; sólo a tu cruz me aferró". Quienes de veras son salvos en Cristo se dan cuenta de que no tienen nada de lo cual jactarse o enorgullecerse. Han aceptado plenamente el favor inmerecido de Dios y se regocijan en su amante bondad. En lo que respecta a ellos mismos, no tienen nada que decir.

La segunda consecuencia del gran plan de Dios es como veremos en el capítulo 3:29 y 30, que la salvación se ha provisto para todos.

Y la tercera (3:31) es, que lejos de dar calce —como algunos suponen— a la inmoralidad y a la transgresión de la ley, el plan de Dios para la salvación sostiene la ley. Tal como vimos en nuestra discusión sobre la justificación de Dios, al comentar los versículos 25 y 26, el Señor tomó en cuenta la ley al contemplar su plan. En realidad, el plan revelado de Dios para la salvación del hombre muestra cuan seriamente considera Dios su propia ley. No podía meramente ignorar sus requisitos o sus penalidades. Cristo no sólo guardó la ley, sino que absorbió la pena de muerte que pendía sobre nosotros por no haberla guardado.

Gracias, Señor, por tu inigualable provisión a nuestro favor. Bien sabemos que no merecemos lo que has hecho por nosotros. Todo lo que podemos hacer es regocijarnos y ensalzar tu nombre por tu maravillosa salvación.