La gracia no es justa
Con ¡a mira de manifestar en este tiempo su justicia. Romanos 3:26.

Cómo puede Dios llevar a cierta gente al cielo, mientras destruye a otra en la segunda muerte, cuando es un hecho que todos han pecado y merecen la muerte? ¿Es eso justo?

Todavia recuerdo cuando leí la parábola del hijo pródigo, en el capítulo 15 del Evangelio según San Lucas, por primera vez. Me molestó. ¿Cómo podía Dios, el Padre, perdonar y restaurar a su hijo rebelde tan fácilmente? Pensé que debería haberlo puesto a prueba para comprobar su fidelidad, haciéndolo trabajar por un buen tiempo en la granja. El hijo debería haber pagado, por lo menos en parte, por sus pecados. Sin embargo, el padre le dio la bienvenida con los brazos abiertos y lo restauró plenamente a su posición de hijo y heredero. ¿Dónde esté la justicia? ¡El no recibió lo que merecía!

El problema se intensifica, a la luz de la vida del hermano mayor. Él sí era una persona buena. No se había lanzado tontamente a experimentar con el pecado. Al contrario; se había quedado en casa, y había consagrado su vida a trabajar arduamente para su padre. El hijo mayor había hecho todo bien. Cuando se sintió molesto por la actitud del padre al restaurar a su hijo menor, yo también me sentí así. ¿Por qué habría de regocijarse por el retorno de su hermano? ¿Qué opción le quedaba? Estaba destituido y comía la comida de los cerdos; algo que representaba lo más bajo a lo que podía llegar un judío. Y ahora vuelve a casa, pensó el hermano mayor, para gastarse mi parte de la herencia, después de haber dilapidado la suya. No hay motivo de regocijo en esto.

¡Qué parodia de la justicia! Ninguno de los dos hermanos consiguió lo que realmente merecía. ¿Hasta dónde puede llegar la injusticia? ¿No es acaso un principio básico de la justicia, recibir lo que uno merece?

Lo que pasa es que aquí... entra la gracia. Verá; la gracia puede definirse como "recibir lo que no se merece". En su gracia, Dios da vida a quienes aceptan a Jesucristo, aunque merecen la muerte. Nos hace hijos e hijas de Dios, cuando en realidad no merecemos formar parte de su familia. ¿Cómo puede Dios hacer esto y seguir siendo justo? ¿Cómo puede uno confiar en quien [aparentemente] no sigue las reglas que él mismo ha establecido?

Estas preguntas indican la realidad del problema de Dios. Mañana investigaremos cómo es que él puede ofrecer a la gente lo que ésta no merece, y a la vez seguir siendo justo.

Pero por ahora, alabemos a Dios, justamente porque no nos da lo que merecemos. Si lo hiciera, no existiríamos...


LA justificación de Dios
Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea eljusto, y el que justifica al que es déla fie de Jesús. Romanos 3:26.

El tema central de la gran controversia no es su justificación individual ni la mia, sino la de Dios. Tal como señaláramos ayer, ¿cómo puede Dios » ser justo y a la vez tratar a la gente como si ésta nunca hubiera pecado?

Coincidimos con William Barclay en que lo natural hubiera sido decir que "Dios es justo, y por lo tanto, condena al pecador como criminal". Este razonamiento esté en armonia con la instrucción que él mismo dio a los jueces humanos acerca de "absolver al justo y condenar al culpable" (Deuteronomio 25:1). Según vemos en Proverbios 17:15: "El que justifica al impio, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová".

¿Cómo puede Dios quebrantar las normas que él mismo estableció para los jueces humanos, y permanecer siendo justo? ¿Cómo puede justificar a los pecadores por gracia (dándoles lo que no merecen), y ser todavía recto? Esta es una de las interrogantes con las que lucha Pablo, en Romanos 3:21-26.

Uno esperaría que un Dios justo castigara a quienes lo merecieran. Después de todo, eso es lo que justicia significa. Pero Dios hace lo opuesto, por quienes depositan su fe en Jesucristo.

Ese perdón inmerecido demuestra que Dios es misericordioso y compasivo; pero, como sugiere León Morris, "algunos podrían verse tentados a dudar de su justicia. 'Ya no —asevera Pablo en Romanos 3:24-26—. La cruz demuestra.Ja justicia de Dios...' No es el hecho de que Dios perdona, lo que demuestra que es recto, sino el hecho de que perdona de cierta manera, la manera de la cruz... Dios no deja de lado la ley moral, cuando perdona". Tampoco abroga la pena (véase Romanos 6:23) por transgredir la ley. Al contrario; Cristo no sólo guardó la ley de Dios, sino que se hizo "pecado por nosotros" y murió la muerte nuestra, para que nosotros pudiéramos obtener su justicia (véase 2 Corintios 5:21).

Dios había tomado seriamente tanto su propia ley como el castigo por transgredirla. En la cruz, e! universo entero presenció el resultado de la obra de los reinos del bien y del mal. En el Calvario, Dios demostró que en él se podía confiar; Satanás probó ser mentiroso y asesino (Juan 8:44), y el Hijo de Dios, la única persona en la historia humana que estaba más allá de la pena de muerte por el pecado, demostró, al poner su vida por la nuestra (cap. 10:17, 18), ser el justo, por cuyo medio Dios justifica al que cree en él.

Fue mediante el hecho brutal de la cruz como Dios demostró ser justo y amante, y digno de nuestra confianza absoluta; pues con ello confirmó su disposición a sacrificarse a sí mismo por el bien del universo. Fue en la cruz donde la Deidad asentó el fundamento del perdón y de la justificación: pues en la cruz Dios pudo justificar a los pecadores y todavía ser justo.