¿Y qué es la justificación?
Siendo justificados gratuitamente por su gracia. Romanos 3:24.

Martín Lutero consideraba la justificación como la doctrina central de y las Escrituras. Es, decía, "maestra y legisladora, señora, gobernadora y jueza de todas las demás doctrinas". Y es también la única doctrina cristiana que "distingue nuestra religión de las demás". Pablo también colocó la justificación por la fe en el centro de su evangelio (véase, por ejemplo, Romanos 1:16, 17; 3:24-26; Gálatas 2:16-21).

Una de las razones por la que tanto Lutero como Pablo consideraban la justificación como parte central del plan de salvación era, sin duda, el tema del juicio, que aparece a lo largo de las Escrituras (por ejemplo, en Eclesiastés 12:14; Daniel 7:10, 26; Mateo 25:31-46; Romanos 2:5; Apocalipsis 14:7). Sin embargo, más allá de la imaginería bíblica en relación con el juicio, pesaban sobre estos hombres sus propias experiencias. Desde su juventud, uno y otro habían sido fariseos de corazón. Ambos habían esperado ganar el favor de Dios amontonando méritos, para que pesaran a su favor en la balanza del juicio; y ambos también habían comprendido lo vano e imposible de su intento.

Verdad es que, en sus días farisaicos, ni Pablo ni Lutero habían estado del todo equivocados. La justicia demanda la perfecta observancia de la ley; y la pena por su incumplimiento es muerte y condenación (véase Romanos 6:23; 4:15). Pablo y Lutero sabían esto, pero también reconocían no poder obedecer la ley como Dios demandaba.

Para ambos, el gran descubrimiento llegó cuando entendieron la justificación como don gratuito de Dios.

La justificación (un término legal) es lo opuesto a la condenación. Ambos son pronunciamientos del juez. El término "justificación" no significa "hacer justo", sino "declarar justo". Es más que el perdón, que es la remisión de un castigo o de una deuda. La justificación es un pronunciamiento positivo, una declaración que asevera el estado de justicia del pecador arrepentido.

Lutero se refirió a ella como el "intercambio maravilloso". Es la transacción por la cual Cristo se hace pecado por nosotros, para que nosotros podamos recibir su justicia (2 Corintios 5:21). Elena G. de White también reflexionó sobre esta idea. Refiriéndose a Cristo, escribió: "Murió por nosotros, y ahora ofrece quitar nuestros pecados y vestirnos de su justicia. Si os entregáis a éi y le aceptáis como vuestro Salvador, por pecaminosa que haya sido vuestra vida, seréis contados entre los justos, por consideración hacia él. El carácter de Cristo reemplaza el vuestro, y sois aceptados por Dios como si no hubierais pecado" (El camino a Cristo, pág. 62).

¡Aceptado como si nunca hubiera pecado!; no sólo perdonado, sino declarado justo. Eso es justificación. Ese es el incomparable don de Dios para mí.


El precio de la redención
Todos los que creen en él... siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Romanos 3:22, 24.

117j~ oy queremos analizar el término "redención". ¿Qué significa la frase: n' "redención que es en Cristo Jesús"? Si, como vimos ayer, el concepto j¡| de "justificación" responde a una metáfora tomada del lenguaje legal, el término "redención" es otra, tomada del lenguaje comercial. Permítame ilustrarlo.

Mi madre solía coleccionar las estampillas verdes del sistema S & H. Por cada diez centavos que mamá gastaba en las tiendas participantes, recibía una estampilla, que luego pegaba en folletos especiales, designados para eso. También tenía un catálogo, que especificaba los regalos que podría recibir a cambio de cierta cantidad de folletos llenos de estampillas verdes. Cuando reunía suficientes folletos, corría a la tienda de las estampillas verdes y los entregaba para "redimir" su regalo. Es interesante notar que la tienda de las estampillas verdes se conocía como "centro de redención".

El significado elemental de la palabra "redimir" es "librar" o "volver a comprar algo que se había vendido". El uso del término "redención" en la cultura griega de la antigüedad, debía su origen a la práctica de la guerra. Luego de una batalla, los vencedores tomaban cautivos a los vencidos, y los vendían como esclavos. A veces, sin embargo, descubrían entre los cautivos personajes importantes, que valían para sus países de origen, más de lo que por ellos se pagaba en el mercado de esclavos. En esos casos, los vencedores hacían saber a sus enemigos qué personajes importantes tenían en su poder y les ofrecían liberarlos por determinado precio. Los gobiernos interesados solían aceptar la oferta, y en consecuencia, recaudaban fondos para "librar" (redimir) a los presos especiales de guerra. Ese precio era el "rescate o redención".

En el Antiguo Testamento se utilizaba el mismo concepto. Si alguien en Israel quería "redimir" a un esclavo, debía pagar el precio por el que se había vendido (Levítico 25:47-49).

El Nuevo Testamento aplica el concepto de "redención" a Cristo. En Romanos 6:16, Pablo señala que los pecadores son esclavos! del pecado. Sin embargo, a diferencia del judío del Antiguo Testamento, que podía llegar a ser rico y pagar su propia redención (Levitico 25:49), los cautivos de Satanás luchan en vano por alcanzarla.

Es en este contexto que Pablo se refiere a Cristo como nuestra "redención". Jesús mismo dijo a sus discípulos que "el Hijo del Hombre... vino... para dar su vida en rescate por muchos" (Marcos 10:45). Pablo lo resume asi: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición" (Gilatas 3:13). Y Pedro nos recuerda que no se nos ha rescatado "con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (1 Pedro 1:18, 19).