Tercera etapa de nuestro viaje con Pablo

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios. Romanos 3:21.

"Pero ahora". Con estas dos palabras llegamos a la tercera etapa crucial de nuestro viaje por Romanos. Como recordará, en nuestra primera etapa conocimos al apóstol Pablo y su evangelio; mientras que en la segunda, lo encontramos demostrando, minuciosamente, que toda persona es pecadora, y por lo tanto, digna del juicio, de la ¡ra de Dios y de la muerte. Un futuro nada brillante. Sin embargo, tras enunciarlo, Pablo agrega: "pero ahora". Es tal el contraste entre estas dos palabras y los versículos anteriores, que D. Martyn Lloyd Jones juzga que "no hay palabras más maravillosas en todas las Escrituras que estas dos justamente: 'pero ahora'".

Antes de estas dos palabras, Pablo había dejado a sus lectores entre la desesperación y la impotencia. En Romanos 3:19 había afirmado que todos estamos "bajo el juicio de Dios"; y en el versículo 20, que por mucho que intentemos hacer el bien y guardar celosamente la ley, "por las obras de la ley ningún ser humano seré justificado".

"Pero ahora —escribe— aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios". Y con estas palabras, prepara el camino para la tercera etapa de su viaje por Romanos.

En esta etapa retoma el tema de la justificación por la fe, visto en Romanos 1:16 y 17, y se explaya en su significado, en un sublime pasaje que va desde el capítulo 3:21 hasta el 5:21. La primera parte de su explicación se extiende desde el versículo 21 hasta el 31, del capítulo 3, en lo que León Morris califica como "el párrafo más importante jamás escrito".

La salvación que Pablo nos expone en este significativo párrafo se concentrará en tres metáforas: (1) la justificación (imagen tomada de los tribunales); (2) la redención (imagen tomada del mercado de esclavos); y (3) la propiciación (imagen tomada del sistema de sacrificios judío).

Las buenas nuevas son que Dios ha intervenido en lás asuntos humanos, haciendo por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer por medio de la ley. La expresión "pero ahora" refleja el hecho de que la obra salvadora de Dios a través de Jesucristo ha transformado la difícil situación humana.

Con Romanos 3:21 hemos llegado al comienzo del meollo de lo que Pablo entiende por "evangelio". Los próximos versículos y capítulos lo revelaran en detalle. Desde la perspectiva del apóstol, la humanidad pecadora podrá ser débil, pero Dios... es infinitamente poderoso: poderoso para justificar, poderoso para santificar y poderoso para glorificar a todos los que acepten su gracia.


El plan eterno de Dios

Aparte de la ley, [...] testificada por la ley y por los profetas. Romanos 3:21.

El plan de salvación a través de Jesucristo no fue ni tardío ni nuevo.

Según Pablo, la ley y los profetas —el Antiguo Testamento— ya habían testificado al respecto. En El Deseado de todas /as gentes, Elena G. de White señala que la vida de Cristo fue el "cumplimiento del plan que había existido desde los días de la eternidad" (pág. 121).

La primera vislumbre del Antiguo Testamento como testigo de la justificación aparte de la ley aparece en Génesis 3:15, donde se dice que "la simiente de la mujer" —Jesucristo— heriría a la serpiente "en la cabeza". Esa vislumbre se torna más evidente en la experiencia de Abraham, cuya fe en Dios le fue contada "por justicia" (tema sobre el que Pablo se explayará ampliamente en el capítulo 4 de Romanos). Sin embargo, podríamos decir sin temor a equivocarnos que la demostración más explícita del plan de salvación en los libros de Moisés, se da en el sistema de sacrificios. No olvidemos que Juan el Bautista se refiere a Cristo como "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29), y que Pablo lo describe como "nuestra pascua" que "fue sacrificada por nosotros" (1 Corintios 5:7).

David mismo reconoce la justicia divina, aparte de la ley, cuando clama: "Oh Dios, conforme a tu misericordia; [...] borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y limpíame de mi pecado (Salmo 51:1, 2). E Isaías, en el capítulo 53 de su libro, predice sobre Aquel que habría de justificar a muchos y llevar las iniquidades de ellos (vers. 11). En el versículo 5 anuncia, profética-mente, que: "él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados".

Jeremías también habla sobre aquel descendiente de David al que habrían de llamar "Jehová, justicia nuestra" (23:5, 6). Y en el gran capítulo profético de Daniel (9:24), su autor declara: "Setenta semanas estén determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos".

Pablo sabía de qué estaba hablando. El plan de Dios para salvar a la gente por otros medios antes que por la obediencia a la ley, corre a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Es un tema que Pablo tratará vez tras vez en sus epístolas; y al que volverá ahora, al discurrir sobre la justificación por la fe en el pasaje que abarca desde Romanos 3:21 hasta 5:21.