Notas EGW

Lección 3 La condición humana


Sábado 14 de octubre

Satanás logró la caída del hombre, y desde entonces su tarea ha consistido en borrar en él la imagen de Dios, y estampar en los corazones humanos su propia imagen... Intercepta todo rayo de luz que viene de Dios al hombre, y se apodera de la adoración que le corresponde a Dios... Pero el unigénito hijo de Dios contempló la escena y observó el sufrimiento y la miseria humanos...
Consideró las tretas mediante las cuales Satanás trata de extirpar del alma humana todo rasgo de semejanza a Dios; cómo los indujo a la intemperancia para destruir las facultades morales que Dios les ha dado como un don preciosísimo e inapreciable. Vio cómo por medio de la complacencia del apetito se destruía el poder del cerebro y se arruinaba el templo de Dios...
La gran condescendencia de Dios es un misterio que está más allá de nuestro alcance. La grandeza del plan no puede ser comprendida plenamente, ni puede la sabiduría infinita idear un plan que lo sobrepuje...
De tal manera amó Dios al mundo que se dio a sí mismo en Cristo al mundo para pagar la pena de la transgresión del hombre. Dios sufrió con su Hijo, como solo pudiera sufrir el Ser divino, a fin de que el mundo fuera reconciliado con él (God’s Amazing Grace, p. 161; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 161).
Muchos están engañados acerca de la condición de su corazón. No comprenden que el corazón natural es engañoso más que todas las cosas y desesperadamente impío. Se envuelven con su propia justicia y están satisfechos con alcanzar su propia norma humana de carácter. Sin embargo, cuán fatalmente fracasan cuando no alcanzan la norma divina y, por sí mismos, no pueden hacer frente a los requerimientos de Dios. Podemos medimos a nosotros por nosotros mismos, podemos comparamos entre nosotros mismos; quizá digamos que nos portamos tan bien como éste o aquél, pero la pregunta por la que se demandará una respuesta en el juicio es: ¿Llenamos los requisitos de las demandas del alto cielo? ¿Alcanzamos la norma divina? ¿Están en armonía nuestros corazones con el Dios del cielo? (Mensajes selectos, tomo 1, pp. 376, 377).
Ninguno de los apóstoles o profetas pretendió jamás estar sin pecado. Los hombres que han vivido más cerca de Dios, que han estado dispuestos a sacrificar la vida misma antes que cometer a sabiendas una acción mala, los hombres a los cuales Dios había honrado con luz y poder divinos, han confesado la pecaminosidad de su propia naturaleza. No han puesto su confianza en la carne, no han pretendido tener ninguna justicia propia, sino que han confiado plenamente en la justicia de Cristo. Así harán todos los que contemplen a Cristo (La fe por la cual vivo, p. 113).


Domingo 15 de octubre: El poder de Dios
Estudiad su carácter, rasgo por rasgo. Él es nuestro Modelo, que se nos pide que copiemos en nuestras vidas y caracteres, pues de otro modo dejamos de representar a Jesús; pero presentaremos ante el mundo una copia falsa. No imitéis a ningún hombre, porque los hombres son defectuosos en sus hábitos, en su lenguaje, en sus maneras, en su carácter. Presento delante de vosotros al Hombre: a Cristo Jesús. Debéis conocerlo individualmente como vuestro Salvador antes que podáis estudiarlo como vuestro modelo y ejemplo. Dijo Pablo; “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá...
Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó”. Romanos 1:16-19 (Mensajes selectos, tomo 3, p. 192). Desechemos todo lo que sea parecido a la desconfianza y a la falta de fe en Jesús. Comencemos una vida de confianza sencilla e infantil, no confiando en los sentimientos, sino en la fe. No deshonremos a Jesús dudando de sus preciosas promesas. Él quiere que creamos en él con fe inconmovible...
La fe no es un vuelo feliz de los sentimientos; es simplemente confiar en la Palabra de Dios, creyendo que él cumplirá sus promesas porque ha dicho que lo haría. Esperad en Dios, confiad en él y en sus promesas, ya sea que os sintáis felices o no. Una buena emoción no es una evidencia de que seáis hijos de Dios, ni tampoco los sentimientos que producen aflicción y perplejidades son una evidencia de que no sois hijos de Dios. Acudid a las Escrituras y recibid inteligentemente la Palabra de Dios como él la ha dicho. Cumplid con las condiciones y creed que él os aceptará como sus hijos. No seáis faltos de fe, sino creyentes (Nuestra elevada vocación, p. 121).
Fue en el tiempo de la mayor debilidad cuando Cristo fue asaltado por las tentaciones más fieras. Así Satanás pensaba prevalecer. Por este método había obtenido la victoria sobre los hombres. Cuando faltaba la fuerza y la voluntad se debilitaba, y la fe dejaba de reposar en Dios, entonces los que habían luchado valientemente por lo recto durante mucho tiempo, eran vencidos...
Siempre que una persona esté rodeada de nubes, se halle perpleja por las circunstancias, o afligida por la pobreza y angustia, Satanás está listo para tentarla y molestarla. Ataca los puntos débiles de nuestro carácter. Trata de destruir nuestra confianza en Dios porque él permite que exista tal estado de cosas. Nos vemos tentados a desconfiar de Dios y a poner en duda su amor. Muchas veces el tentador viene a nosotros como se presentó a Cristo, desplegando delante de nosotros nuestras debilidades y flaquezas. Espera desalentar el alma y quebrantar nuestra confianza en Dios. Entonces está seguro de su presa. Si nosotros le hiciéramos frente como lo hizo Jesús, evitaríamos muchas derrotas. Parlamentando con el enemigo, le damos ventajas (El Deseado de todas las gentes, p. 95).

Lunes 16 de octubre: Todos hemos pecado


Mi alma cayó postrada por la angustia cuando se me reveló la condición débil de los que profesan pertenecer al pueblo de Dios. Abunda la iniquidad, y el amor de muchos se enfría. Son tan solo pocos los cristianos profesos que consideran este asunto según la debida luz y que ejercen el dominio debido sobre sí mismos cuando la opinión pública y las costumbres no los condenan. ¡Cuán pocos refrenan sus pasiones porque se sienten bajo la obligación moral de hacerlo, y porque el temor de Dios está ante sus ojos! Las facultades superiores del hombre están esclavizadas por el apetito y las pasiones corruptas. Algunos reconocerán el mal de las prácticas pecaminosas y, sin embargo, se disculparán diciendo que no pueden vencer sus pasiones. Esta es una admisión terrible de parte de una persona que lleva el nombre de Cristo. “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”. 2 Timoteo 2:19. ¿Por qué existe esta debilidad? Es porque las propensiones animales han sido fortalecidas por el ejercicio, hasta que han prevalecido sobre las facultades superiores. A los hombres y mujeres les faltan principios. Están muriendo espiritualmente porque han condescendido durante tanto tiempo con sus apetitos naturales que su dominio propio parece haber desaparecido. Las pasiones inferiores de su naturaleza han empuñado las riendas, y la que debiera ser la facultad dominante se ha convertido en la sierva de la pasión corrupta. Se mantiene al alma en la servidumbre más abyecta. La sensualidad ha apagado el deseo de santidad, y ha agostado la prosperidad espiritual (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 312).
El alma imbuida con el amor de Jesús... gusta de contemplar a Jesús, y contemplándolo, será transformada a su semejanza. Cristo, la esperanza de gloria, se forma en el interior. Su confianza aumenta... y su amor se profundiza y amplía, a medida que tiene la seguridad de que mora en Cristo, y Cristo en él...
Y nosotros podemos volvemos a Jesús en busca de su más tierna simpatía y recibir ánimo para perseverar, poniendo toda nuestra confianza en el que dijo: “Confiad, yo he vencido al mundo” (Hijos e hijas de Dios, p. 312).
Jesús es nuestra única esperanza. Podemos contemplarlo: Es nuestro Salvador. Podemos confiar en su palabra y depender de él. Sabe exactamente qué clase de ayuda necesitamos, y podemos confiar seguramente en él. Si dependemos únicamente de la sabiduría humana para conducimos, nos hallaremos en el bando de los perdedores. Pero podemos acudir directamente al Señor Jesús...
Tenemos un auditorio divino al cual presentar nuestras peticiones. Nada nos impida, pues, ofrecer nuestras súplicas en el nombre de Jesús, creyendo con fe inquebrantable que Dios nos escucha y que nos responderá (Testimonios para los ministros, pp. 486, 487).
Martes 17 de octubre: ¿Progreso?

Hay muchos que testifican diariamente: Yo no estoy cambiado en el carácter, solamente en teoría...
Todos pueden lograr la corona de victoria mediante la fe pero muchos no quieren luchar cuerpo a cuerpo con su propia índole imperfecta. Conservan atributos que los hacen odiosos a Dios. Diariamente están violando los principios de su santa ley. Si tan solo todos quisieran aprender la sencilla lección de que deben tomar y llevar el yugo de Cristo y aprender del gran Maestro la mansedumbre y humildad de corazón, cumplirían mejor su pacto de amar a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismos...
Deben comenzar por el principio mismo. Cristo dice: “Tomad mi yugo de restricción y obediencia sobre vosotros, y aprended de mí...
El corazón será entonces hecho recto para con Dios mediante el poder creador de Cristo. Siendo participantes de la naturaleza divina son transformados... La obra renovadora y transformadora debe comenzar en el corazón del cual mana la vida...
Te ruego, por el amor de Cristo, no te detengas a mitad de camino sino prosigue, prosigue. Avanza hacia la perfección de los logros cristianos. No dejes nada inseguro. Ten sumo cuidado. Recuerda que eres responsable de no representar mal a Cristo en carácter. No hagamos que, por nuestros defectos, otros practiquen los mismos pecados (En los lugares celestiales, p. 164).
El mundo no puede conocer a Dios en su sabiduría humana. Sus sabios obtienen un conocimiento imperfecto de Dios, de sus obras creadas, y luego, en su necedad, exaltan la naturaleza y sus leyes por encima del Dios de la naturaleza. Los que no tienen un conocimiento de Dios mediante la aceptación de la revelación que ha hecho de sí mismo en Cristo, obtendrán solamente un conocimiento imperfecto de él en la naturaleza, y ese conocimiento, lejos de dar conceptos elevados de Dios y de colocar a todo el ser en conformidad con la voluntad divina, convierte a los hombres en idólatras. Profesando ser sabios, se hacen necios. Los que creen que pueden obtener un conocimiento de Dios aislados de su Representante, a quien la Palabra declara “la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3), necesitarán reconocerse como necios ante sí mismos antes de que puedan ser sabios. Es imposible obtener un perfecto conocimiento de Dios por la naturaleza sola, pues la naturaleza en sí es imperfecta. En su imperfección, no puede representar a Dios, no puede revelar el carácter de Dios en su perfección moral. Pero Cristo vino como un Salvador personal para el mundo. Representó a un Dios personal. Como un Salvador personal, ascendió a lo alto y vendrá otra vez como ascendió al cielo: como Salvador personal. Es la expresa imagen de la sustancia del Padre. “En él habita corporalmente la plenitud de la Deidad”. Colosenses 2:9 (Mensajes selectos, t. 1, pp. 346, 347).

 


Miércoles 29 de marzo - NEGAR A SU SEÑOR
La razón por la cual muchos en este siglo no realizan mayores progresos en la vida espiritual, es porque interpretan que la voluntad de Dios es precisamente lo que ellos desean hacer. Mientras siguen sus propios deseos se hacen la ilusión de que están conformándose a la voluntad de Dios. Los tales no tienen conflictos consigo mismos.
Hay otros que por un tiempo tienen éxito en su lucha contra sus propios deseos de placeres y comodidad. Son sinceros y fervorosos, pero se cansan por el prolongado esfuerzo, la muerte diaria y la incesante inquietud. La indolencia parece invitarlos, la muerte al yo es desagradable; finalmente cierran sus soñolientos ojos y caen bajo el poder de la tentación en vez de resistirla.
Las instrucciones formuladas en la Palabra de Dios no dan lugar para transigir con el mal. El Hijo de Dios se manifestó para atraer a todos los hombres a si mismo. No vino para adormecer al mundo arrullándolo, sino para señalarle el camino angosto por el cual todos deben andar si quieren alcanzar finalmente las puertas de la ciudad de Dios.
Sus hijos deben seguir por donde el señaló la senda; sea cual fuere el Sacrificio  de las comodidades o de las satisfacciones egoístas que se les exija; sea cual fuere el costo en labor o sufrimiento, deben sostener una constante batalla consigo mismos (Los hechos de los apóstoles, p. 451).
El bien y el mal nunca armonizan. Entre la luz y las tinieblas no puede haber componendas. La verdad es luz revelada; el error es oscuridad. La luz no tiene comunión con las tinieblas, la justicia no tiene Compañerismo con la injusticia...
Tengamos presente que estamos en terreno ventajoso puesto que Cristo ha vencido en nuestro favor. Ha hecho completa provisión para que podamos vencer. El poder divino se coloca detrás de toda voluntad resueltamente determinada a hacer lo recto. Dios ha provisto la armadura y las  armas con las cuales cada uno tiene que combatir. Vístanse los soldados de Cristo con toda la armadura de Dios, y no vacilen frente a los ataques de Satanás... El éxito en la lucha cristiana significa vigilancia y una diaria crucifixión del yo. El que se guía por los principios puros y santos discernirá rápidamente la más leve mancha de mal a causa de que conserva a Cristo delante de si como modelo. Su profundo arrepentimiento al descubrir un acto equivocado significa la corrección pronta de todo paso en donde se ha apartado de la verdad. Significa una lucha constante y sincera hacia los logros más y más sublimes en la vida cristiana. Significa ayudar a otros a alcanzar el cielo. Significa aferrarse a Cristo con una fe viva y resistir el mal, hasta la muerte si fuera necesario, y luchar contra el pecado (In Heavenly Places, p. 260; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 262).
Cuando imploramos misericordia y bendición de Dios, debemos tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón. Como podemos orar: "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores", (Mateo 6:12) y abrigar, sin embargo, un espíritu que no perdona? Si esperamos que nuestras oraciones sean oídas, debemos perdonar a otros como esperamos ser perdonados nosotros (El camino a Cristo, p. 97).

 

 


Jueves 30 de marzo - PEDRO COMO LIDER DE IGLESIA
Pedro vio el error en que había caído, y se puso a reparar inmediatamente el mal que había hecho, hasta donde pudo. Dios, que conoce el fin desde el principio, permitió que Pedro revelara esta debilidad de carácter, a fin de que el probado apóstol pudiera ver que no había nada en sí mismo por lo cual pudiera enorgullecerse. Aun los mejores hombres, abandonados a si mismos, se equivocan. Dios vio también que en lo venidero algunos se engañarían hasta el punto de atribuir a Pedro y sus presuntos sucesores las exaltadas prerrogativas que pertenecen a Dios solo. Y este informe de la debilidad del apóstol subsistiría como prueba de que no era infalible ni superior a los otros apóstoles (Los hechos de los apóstoles, p. 161). Los seres humanos, entregados al mal, se sienten inclinados a tratar severamente a los tentados y a los que yerran. No pueden leer el corazón, no conocen su lucha ni dolor. Necesitan aprender a reprender con amor, a herir para sanar, a amonestar con palabras de esperanza (La educación, p. 90).
Más de un obrador de iniquidad ha excusado su propio pecado señalando la caída de David; pero ¡cuán pocos son los que manifiestan la penitencia y la humildad de David! ¡Cuán pocos soportarían la reprensión y la retribución con la paciencia y la fortaleza que el manifestó! El había confesado su pecado, y durante muchos años había procurado cumplir su deber como fiel siervo de Dios; había trabajado por la edificación de su reino, y este había alcanzado bajo su gobierno una fortaleza y una prosperidad nunca logradas antes. Había reunido enormes cantidades de material para la construcción de la casa de Dios; y ahora, ^iba a ser barrido todo el trabajo de su vida? ¿Debían los resultados de muchos años de labor consagrada, la obra del genio, de la devoción y del buen gobierno, pasar a las manos de su hijo traidor y temerario, que no consideraba el honor de Dios ni la prosperidad de Israel? ¡Cuán natural hubiera parecido que David murmurase contra Dios en esta gran aflicción!
Pero el vio en su propio pecado la causa de su dificultad... Y el Señor no abandono a David. Este capítulo de su experiencia... es uno de los más nobles de toda su historia. Jamás fue el gobernante de Israel más verdaderamente grande a los ojos del cielo que en esta hora de más profunda humillación exterior. Si Dios hubiera permitido que David continuase sin reprensión por su pecado, y que permaneciera en paz y prosperidad en su trono mientras estaba violando los preceptos divinos, el escéptico y el infiel habrían tenido alguna excusa para citar la historia de David como un oprobio para la religión de la Biblia. Pero en la aflicción por la que hizo pasar a David, el Señor muestra que no puede tolerar ni excusar el pecado. Y la historia de David nos permite ver también los grandes fines que Dios tiene en perspectiva en su manera de tratar con el pecado; nos permite seguir, aun a través de los castigos más tenebrosos, el desenvolvimiento de sus propósitos de misericordia y de beneficencia.
Hizo pasar a David bajo la vara, pero no lo destruyo: el horno es para purificar, pero no para consumir. (Patriarcas y profetas, pp. 797, 798).