¿En qué no hay diferencia?
Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Romanos 5:22, 23.

No hay diferencia."

¿En qué no hay diferencia? En que, con excepción de Jesús, todo ser humano que haya habitado este planeta ha sido pecador y está destituido de lo que deberia haber tenido.

Es posible que usted se considere mejor que cierta gente; pero, ¿lo es, realmente? Lea lo que dice Pablo en su contexto. Es verdad que sus pecados no son tan descarados ni evidentes como los de los transgresores más notorios; sin embargo, según esto, usted está tan desesperadamente distante de "la gloria de Dios" como ellos.

Handley Moule advierte que, "de la 'gloria' moral de Dios; de la perfección de su carácter —con su inherente demanda de que uno le corresponda perfectamente, a fin de estar en paz con él— usted está, en efecto, 'destituido'. La prostituta, el mentiroso, el asesino están destituidos de eso; pero usted también. Tal vez [desde nuestra perspectiva equivocada] ellos se encuentren en el fondo de una mina, y usted en la cima de una montaña; pero ni usted ni ellos pueden tocar las estrellas".

El tiempo del verbo en nuestro versículo de hoy podría contener una lección para nosotros. El pretérito indefinido aquí utilizado, "pecaron", corresponde al aoristo (el pretérito indefinido de la conjugación griega) que describe el acto de pecar como estando en el pasado de la humanidad. Esto, sin embargo, no significa que el pecado es universal meramente en el pasado. El siguiente verbo, "destituir", se conjuga en el presente, reflejando un proceso continuo. Así, el problema del pecado es verdaderamente universal, tanto en el tiempo histórico como en el espacio.

A simple vista, la lectura de Romanos 3:23 da lugar a pensar que el versículo se encuentra fuera de lugar, que es una intrusión en el texto, pues el pasaje de 3:21-31 no trata sobre el pecado, sino sobre la salvación.

Sin embargo, el análisis de Romanos 3:23 a la luz de su contexto nos permite reconocer que es precisamente aquí donde resalta con más fuerza. Pablo lo ha colocado justamente en medio de su exposición acerca de la justicia que se recibe por gracia, a través de la fe.

Es el contexto lo que destaca el significado pleno de la expresión "no hay diferencia". De la misma manera en que todos somos pecadores, todos y cada uno de nosotros necesitamos de la gracia de Dios. Sólo cuando nos demos cuenta de que, a la vista de Dios, "no hay diferencia" entre nosotros y el más disoluto libertino, podremos ser salvos; pues con este reconocimiento se da el primer paso en nuestra salvación.

Nos guste o no, Pablo tiene razón cuando declara que "no hay diferencia".