Arteriosclerosis espiritual —,

Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios. Romanos 2:J.

La palabra clave de nuestro texto de hoy es "pero". Con ella, Pablo y] contrasta este pasaje con el consejo dado en Romanos 2:4. Muestra II que, en el hombre inconsecuente (que juzga en otros el pecado que - él practica), lejos de guiarlo al arrepentimiento, la bondad y la miseri-

cordia de Dios rebotan en su corazón endurecido. Por menospreciar las riquezas que Dios le ofrece e ignorar el propósito de su benignidad, se atrinchera en su dureza, atesorando para si "ira para el dia de la ira".

El término griego traducido aquí como "dureza" es el mismo que en medicina se traduce como "esclerosis". Así, arteriosclerosis se refiere al endurecimiento de las arterias, proceso que también se produce —en sentido figurado, pero no menos real— en el aspecto espiritual. En este caso, representa el estado del corazón que se ha vuelto insensible a Dios. Como afección de índole espiritual tiene consecuencias mucho más graves que la de orden físico. La arteriosclerosis puede llevar a una persona a la tumba; pero el endurecimiento espiritual puede causar la pérdida de la vida eterna.

La Biblia nos advierte constantemente sobre la dureza espiritual. Jesús se refirió a ella cuando dijo: "Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así" (Mateo 19:8). Así mismo, la Escritura registra que cuando los presuntuosos dirigentes religiosos observaban a Jesús para ver si curaría a alguien en sábado, él los miró "con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones" (Marcos 3:5).

Pablo hizo sus comentarios sobre la dureza del corazón en el contexto del juicio final. En la actualidad, algunos cristianos evitan cualquier mención sobre el juicio; pero los escritores bíblicos no tenían este tipo de aprensiones. Para Pablo, el juicio final era "cosa segura": un hecho real para el cual sus lectores se estaban preparando.

Para entonces, cada uno ya estaba almacenando una de dos cosas: arrepentimiento o endurecimiento. Y como ellos, así también nosotros. La voluntad de Dios es evidente: desea que le permitamos "desmenuzar los terrones", labrar la tierra endurecida de nuestro corazón, para que podamos disfrutar de la experiencia prometida en el libro de Ezequiel: "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne" (Ezequiel 36:26).

Dios ofrece su salvación; pero no se la impone a nadie. Queda en nosotros endurecer nuestro corazón y rechazarla, o responder afirmativamente y recibir el regalo de un nuevo corazón.


¿está confundido pablo?

[En el día deljuicio] Dios [...]pagará a cada uno conforme a sus obras. Romanos 2:J, 6.

Está confundido Pablo? —¿Está en sus cabales?— ¿Cómo podemos ^ relacionar el texto de hoy con lo que enseña en otros versículos? t En el siguiente capítulo, por ejemplo, escribe que "por las obras de —^ la ley ningún ser humano será justificado" delante de Dios (3:20). Y en su Epístola a los Efesios explica que somos salvos por medio de la fe; "no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8, 9).

¿Cómo, pues, puede decir ahora que Dios "pagará a cada uno conforme a sus obras"1

Antes de contestar, debemos recordar que muchas de las palabras de Pablo provienen del Antiguo Testamento. A menudo cita las Escrituras que leían los judíos, para hacer más contundente su argumento. En el versículo 12 del Salmo 62, por ejemplo, leemos: "Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra". Jesús también consideró esta idea al decir que "el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras" (Mateo 16:27).

Pablo no se contradice a sí mismo. Es verdad que en Romanos 1:16 señala que la salvación sólo se obtiene por medio de la fe; pero no destruye su evangelio al aseverar que, después de todo, la salvación resulta de las buenas obras. Con esto sólo afirma que, como John Stott declara, "aunque, en efecto, la salvación es por la fe, el juicio procederá conforme a las obras". Según este autor, no es difícil descubrir por qué. El juicio es una ocasión pública, y su propósito no es tanto determinar la decisión de Dios, como anunciarla y vindicarla.

"Semejante ocasión pública —explica Stott—, en la que se pronunciará un veredicto público y se dictará una sentencia pública, exigirá [...] evidencia verificativa para sostenerlos. Y la única evidencia pública disponible será nuestras obras. [...]' La presencia o ausencia de la fe salvadora en nuestros corazones se revelará por la presencia o ausencia de las buenas obras en nuestras vidas".

Así, Pablo enseña que las obras buenas no son el terreno de nuestra salvación, sino el fruto de una relación salvadora con Jesucristo. En Romanos 1:5 y 16:26, Pablo llama a esto "la obediencia de la fe". La vida transformada viene como resultado de entregar el corazón a Jesús. Los que han muerto al pecado no continuarán viviendo en él. Por el contrario, andarán con Jesús "en vida nueva" (6:1-12).


Más sobre el hacer —

Vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia. Romanos 1:7, 8.

n Romanos 2:7-10 se expande el significado del versículo 6: el princi-j pío de que el juicio final de Dios se basará sobre lo que la gente > haya hecho. Jesús enseñó este mismo concepto en el Sermón del monte: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de

los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

"Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina" (Mateo 7:21-27).

Como vemos, tanto Pablo como Jesús señalan que se espera de los cristianos que hagan la voluntad de Dios. La confesión verbal de la fe o la llamada "actividad cristiana" (o "actividad misionera") no basta.

Hay cristianos que consideran equivocada la idea de pensar en recompensas; sin embargo, a juzgar por Romanos 2:7, Pablo no parecía hacerse problemas porque la gente tuviera en mente, como objetivo, "buscar gloria y honra e inmortalidad", y "la vida eterna". Es cierto que Pablo sería el primero en objetar la idea de que alguien buscara "gloria y honra e inmortalidad" y "la vida eterna" por medio de su buena conducta, ya que consideraba que tales cosas son "dádiva de Dios" (Romanos 6:23), y que es imposible para los seres humanos obtenerlas por medio de sus propios esfuerzos. Sin embargo, ni él ni los demás escritores bíblicos se opondrían a que los cristianos tengan estos dones en mente, mientras enfrentan sus luchas y conflictos cotidianos. Dios quiere alentarnos y animarnos (tal como lo necesitamos) mientras perseveramos "en bien hacer".

Gracias, Padre, por concedernos una luz al final del túnel de la vida. Ayúdanos


Sin favoritismos étnicos —

Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego [...]; porque no hay acepción de personas para con Dios. Romanos 2:9, 11.

Nada de parcialidades ni de favoritismos!

Este es un aspecto que debe haber sorprendido a los lectores judíos de los escritos de Pablo. ¿Cómo podía él aseverar esto? ¿No había Dios escogido a Abraham, Isaac y Jacob? ¿No había elegido acaso, a Israel, como la nación de su pacto y su representante especial en la tierra?

Si, lo había hecho; pero eso no significaba "un cheque en blanco" (por así decirlo). En realidad, Dios podría bendecir a Israel, siempre y cuando Israel cumpliera con la voluntad de Dios. En Deuteronomio leemos: "Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán [...] Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán" (Deuteronomio 28:1-15).

Lamentablemente, Israel nunca consideró el carácter condicional de las bendiciones de Dios para con ellos; pensaban, por el contrario, que permanecerían como nación preferida de Dios, independientemente de cómo se portaran. Juan el Bautista desafió esta línea de pensamiento cuando dijo a los dirigentes judíos de sus días: "Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras" (Mateo 3:9). Jesús lloró ante la insensibilidad de los dirigentes judíos hacia su ministerio (23:37, 38). Y cuando ya se acercaba al fin del mismo, les contó la parábola de los labradores malvados, con su alarmante conclusión: "El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él" (21:43). Los judíos "entendieron que hablaba de ellos" (vers. 45), pero nunca le creyeron, realmente. Continuaron con la idea de que su nación estaba fuera del alcance del juicio. ,

Ésta, sin embargo, es la ¡dea que Pablo combate en Romanos 2. Según él, Dios no tiene "favoritos". El Señor ofrece a todos el reino de los cielos, bajo »us condiciones.

Y aquí hay una lección para la iglesia. De hecho, Dios desea utilizar y bendecir a su pueblo; pero sólo puede hacerlo cuando éste cumple la voluntad divino. Como con el Israel de antaño, Dios no favorece a nadie "porque sí". El pncto siempre se expresa en "sies condicionales". En el día del fin, Dios juzgaré o su iglesia en relación con el cumplimiento de su voluntad.