El camino descendente: Primer paso

Se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios. Romanos 1:21, 22.

La rebelión contra Dios (Romanos 1:18-20) y el descuido de la alabanza y el agradecimiento nos afectan. En Romanos 1:21-32, Pablo pre-11 senta los resultados del pecado en una serie de consecuencias descendentes. En primer lugar, entenebrece el corazón de la gente y hace que ésta se vuelva necia, aunque proclame ser sabia. Eugene Peterson nos ofrece una versión particularmente clara y significativa de los versículos 22 y 23: "Cuando no lo trataron como Dios, rehusándose a adorarle, se triviali-zaron ellos mismos en tonterias y confusión, al punto de quedarse sin dirección ni sentido en sus vidas. Pretendían saberlo todo, pero eran analfabetos respecto a la vida misma" (Message).

Según Pablo, uno de los primeros resultados del pecado es que ofusca el pensamiento —minimiza su eficacia— entonteciendo al individuo en sus razonamientos y obscureciendo la mente. El apóstol conocía bien las contorsiones filosóficas a las que el mundo de sus días se entregaba, especulando acerca del significado y el propósito de la vida.

Tras casi dos mil años de los días de Pablo y de su Epístola a los Romanos, las filosofías humanas no han cambiado mucho. A fines del siglo XVIII, David Hume proclamaba que podía demostrar a través de sus investigaciones, que no había en el mundo que lo rodeaba, cosa tal como causa y efecto. Sin embargo, también observó que en cuanto dejó sus estudios para entrar al mundo ordinario de sus días, le fue difícil vivir a la luz de sus descubrimientos filosóficos.

Cien años más tarde —y poco antes de su trágico suicidio— Friedrich Nietzsche llegaba a la conclusión de que la vida no tenia sentido. Para él, el propósito de la historia consistía en desarrollar el superhombre cruel que hacía lo "correcto" al aplastar a quienes eran más débiles que él. Adolfo Hitler utilizaría luego esta filosofía para justificar sus acciones.

El siglo XX también contó con su propia cuota de "descubrimientos filosóficos", como el punto de partida fundamental proclamado por William James, según el cual deberíamos definir la verdad en términos de lo que funciona; o la declaración de Jean-Paul Sartre respecto a que "los demás son un infierno". Para Sartre "la naturaleza humana no existe, dado que Dios no existe para concebirla... El hombre no es más que lo que hace de si mismo".

Habiendo abandonado la creencia en el único Dios verdadero, el mundo ha tolerado una serie de especulaciones filosóficas que lo ha llevado a todos los recovecos del entenebrecimiento y la necedad. Tal ha sido el resultado intelectual de la humanidad que le ha dado la espalda a Dios.

Los cristianos deberíamos glorificar a Dios diariamente, no sólo porque existe, sino porque se nos ha revelado de tal manera, que da sentido a la vida.