Tres declaraciones contundentes

En Romanos 1:14 al 16, se presentan tres contundentes declaraciones personales en relación con la inquietud de Pablo por predicar * evangelio en Roma:

John Stott señala que la razón por la cual estas declaraciones de Pablo resultan tan contundentes radica en que están en directa oposición a la actitud de muchos de la iglesia de hoy. "Hoy en día, la gente tiende a considerar el evangelismo como un aditivo opcional y (si se comprometen a participar en él) piensan que le están haciendo un favor a Dios".

La actitud de Pablo encierra una lección para nosotros, hoy. Parte del secreto del éxito de su ministerio residía en que creía, plenamente, que estaba bajo la obligación moral de predicar el mensaje del evangelio. Para él, dicha obligación no era una opción, sino un deber para con aquel Cristo que había dado su vida, para que ahora él —Pablo— tuviera vida eterna.

La obligación de Pablo, sin embargo, no representaba un deber aburrido y monótono. Se sentía deseoso, listo, pronto para anunciar el evangelio, a fin de que otros pudieran comprender la verdad que tanto había bendecido su propia vida. Cuando se trataba de Cristo, era bien difícil acallar a Pablo. Sus ansias por predicar lo mantenían activo.

Con los versículos 14 y 15 comenzamos a rozar el corazón mismo del tema de Pablo en su Epístola a los Romanos. En primer lugar, el pasaje bíblico destaca que el mensaje de Pablo es tanto para los griegos como para los no griegos, para sabios y no sabios. En suma, su mensaje es para todos: judíos y gentiles, educados o no. Como pronto veremos, el tema de Pablo en la Epístola a los Romanos es, fundamentalmente, que la gracia y la misericordia de Dios son para todos. Pablo se explayará sobre esto en el versículo 16.

Otra de las ¡deas mencionadas en Romanos 1:15, que se desarrollaré en los versículos 16 y 17, es la dfe "evangelio". Cuando examinamos el versículo 3, notamos que el término "evangelio" se traduciría mejor como "buenas nuevas".

El motivo por el cual Pablo se siente ansioso de predicar es que se da cuenta de que las buenas nuevas son mejores de lo que nadie puede siquiera imaginar. Sin poder quedarse quieto, siente que le impele la necesidad de contarles a'otros acerca de Jesús.


La tercera declaración

No me avergüenzo. Romanos 1:16.

La tercera declaración de Pablo suena un poco extraña al principio. ¿Por qué habría él —u otra persona, para el caso— sentir vergüenza del evangelio? Después de todo, en otros sitios, él asegura que se gloría y se regocija en el mensaje del evangelio (véase Gálatas 6:14; Romanos 5:2, 11).

Tal vez la respuesta a la pregunta de por qué, a esta altura de su carta, Pablo escribió esta frase acerca de no sentirse avergonzado del evangelio, se encuentre en el hecho de que algunos en Roma menospreciaban la sencillez del mensaje del evangelio. Lo mismo había pasado en Corinto, donde algunos consideraban como "locura" la predicación sobre un Salvador crucificado (1 Corintios 1:18). De hecho, en el versículo 23 del capitulo 1 de su Primera Epístola a los Corintios, Pablo señala que predicar "a Cristo crucificado" era "tropezadero" para los judíos y "locura" para los gentiles. Y en cuanto a Atenas, "cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: 'Ya te oiremos acerca de esto otra vez'" (Hechos. 17:32).

Predicar acerca de un Dios que se hizo hombre mediante un nacimiento virginal; que murió sobre una cruz; que resucitó en su cuerpo de entre los muertos y ascendió vivo al cielo; y que volverá a la tierra algún día, no tenía mayor sentido para las mentes sofisticadas de esa época. Hoy los autodenominados "sofisticados" también pueden hacer que el creyente se sienta algo incómodo ante sus actitudes de suficiencia propia y sus aires de arrogancia.

Otra de las razones por las que la gente de la época de Pablo dudaba en predicar a Cristo consistía en que, aparte del maltrato verbal, a menudo sufrían de persecuciones. William Barclay nota que, en lo que respecta a Pablo, "en Filipos, lo arrestaron; en Tesalónica, lo persiguieron; de Berea, lo sacaron clandestinamente; y en Atenas, se le rieron en la cara".

Por lo demás, parece ser que el apóstol no era bien parecido. Antiguas tradiciones lo describen en el libro apócrifo de Los Hechos de Pablo y Tecla, como "un hombre de baja estatura, calvo y zambo, (...) cejijunto y de nariz aguileña" (párrafo 2).

Para ser francos, Pablo quizás tuvo todos los mismos problemas que usted y yo tenemos en lo que se refiere a testificar por nuestro Señor. Testificar nunca ha sido fácil ni indoloro. Cada vez que uno lo hace, se expone al ridiculo y a la burla.

Sin embargo, Pablo estaba ansioso por predicar su mensaje. Más aún. Lejos de sentirse avergonzado del evangelio, más bien se sentía orgulloso de él. ¿Por qué? Pablo contestará esta pregunta en Romanos 1:16 y 17, cuando hable del poder y la salvación de nuestro Dios. Para cuando finalice su exposición, todos reí onoteremos nuestro derecho a sentimos orgullosos del evangelio.


La. definición del evangelio —

El evangelio. Romanos 1:16.
Quizá le sorprenda la brevedad de nuestro texto de hoy. Bien. Continúe así. Quiero que hoy piense —detenidamente— sólo en esta palabra: "evangelio".

Deje que penetre en su mente; que se le grabe en la memoria. ¡Evangelio! Más de una vez hemos notado que se la traduce como "buenas nuevas"; pero hoy queremos examinar las mejores definiciones que Pablo ha dado de esta palabra.

La primera se encuentra en Romanos 1:16, 17, donde él describe el evangelio como "poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio, la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá".

La segunda, aparece en 1 Corintios 15:1-4: "Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibi: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras".

Hay un tercer pasaje que, aunque no menciona específicamente la palabra "evangelio", ciertamente resalta su contenido: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8, 9).

Y aún otro: "Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios [...], la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. [...] Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre" (Romanos 3:21-25).

Lea estos versículos vez tras vez. Medite sobre su significado. Saboree los términos maravillosos del evangelio: las palabras "gracia" y "fe". Y observe que el sacrificio, la muerte y la resurrección de Cristo constituyen el fundamento de lo que Pablo entendía por "evangelio".

Es sólo una palabra; pero una... que lo es todo, para usted y para mí; y una... que, literalmente, ha cambiado e( mundo. ¡Alabado sea Dios por su don en Jesucristo! ¡Alabado sea por las "buenas nuevas"!


El poder de Dios —

El evangelio... es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Romanos 1:16.

Lo primero que percibí fue un relámpago deslumbrante en la montaña, a pocos kilómetros de donde me encontraba. Luego, vi una nube enorme, de polvo y escombros. Y en apenas instantes, sentí cómo las primeras ondas sonoras sacudían mi coche. Entonces me di cuenta de que acababa de presenciar una fuerte explosión.

Sin duda, en este caso, el agente explosivo había sido una carga de dinamita. Esta palabra proviene del vocablo griego dunamis, que significa "poder". Pablo la utiliza en Romanos 1:16, para referirse a la obra de salvación. Con ella expresa el hecho de que el evangelio porta la omnipotencia de Dios, cuyo solo poder logra salvar a la gente de sus pecados y darle vida eterna.

Una de las razones por las que Pablo no se avergüenza del evangelio es que Dios lo respalda con su poder. Y algo que Pablo dejará más claro que el agua en los primeros capítulos de su Epístola a los Romanos es que la gente no puede, por sus propios medios, salvarse de la furia del pecado. No importa cuánto uno trate; nunca podrá zafarse de por si, de la corrupción que habita en su propia naturaleza.

Ahí es donde llega el poder de Dios. El sí puede hacer lo que nosotros no podemos. ¡Y éstas si son muy buenas nuevas!

Según el apóstol, el poder de Dios apunta a la salvación, palabra que significa redención o amparo y que implica rescatar, resguardar, librar o salvar. La ¡dea básica que Pablo presenta es que el poder de Dios en la salvación redime a la gente de la penalidad del pecado.

La salvación obra en lo negativo para producir lo positivo. Obra en lo negativo del ser humano porque, entre otras cosas, libra a la gente de la ira (Romanos 5:9), de la enemistad contra Dios (v. 10), del pecado (Mateo 1:21), de la perdición (Lucas 19:10), de la vana manera de vivir (1 Pedro 1:18), del yugo de esclavitud (Gálatas 5:1), de la posesión demoniaca (Lucas 8:36) y de enfermedades (v. 48). Y para producir lo positivo, porqufe induce a la reconciliación (Romanos 5:9, 19) y genera multitud de bendiciones. Tal como lo señala Mateo, Jesús "salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21).

La salvación, como obra total de Dios, se manifiesta en tres tiempos: pasado, presente y futuro. En un sentido, es un hecho consumado, provisto para siempre por la muerte expiatoria de Jesús en la cruz (Hebreos 7:27). Ocurre en el presente, en la experiencia de quienes aceptan el don de Dios y aprenden a andar con él (Romanos 6:1-10). Y por último, se consumará en el futuro. No estará completa, sino hasta que Jesús vuelva en gloria, en las nubes de los cielos (1 Tesalonicenses 4:13-18; 1 Corintios 15:51-55).


La amplitud de la misericordia —

Al judío primeramente, y también a¡griego. Romanos 1:16.

Según Pablo, la salvación es para "todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego" (Romanos 1:16). Es, en suma, de . carácter universal. Desde la perspectiva judía de entonces, el mundo

sólo tenía dos clases de gente: la que era judia y la que no lo era. Por eso, como dijera León Morris, "la combinación abarca la humanidad toda. El evangelio es para todos; no sabe de fronteras ni de razas". W. H. Griffith Thomas da en el clavo al destacar que "la salvación es para todos, de todo pecado, en todo tiempo, en todo lugar y bajo toda circunstancia". La necesidad mundial mueve a Dios a facilitar una provisión mundial. No es de sorprender que Pablo se refiera a su comprensión de la salvación como "el evangelio" o "las buenas nuevas". ]Nada podría ser mejor!

La salvación, sin embargo, tiene una condición: es "para todo aquel que cree". Dios no se la impone a nadie. Para aprovecharla, uno tiene que aceptarla, tras convencerse de su necesidad, en relación con el poder del evangelio y el potencial de éste para su vida.

Cabe señalar que todos los que aceptan la salvación de Dios por medio de la fe están en el mismo nivel: son todos hermanos y hermanas en Cristo. No hay un evangelio para los judíos y otro para los gentiles. La comunidad de Cristo derriba todas las barreras étnicas, económicas y sociales. Como Pablo dijo a los gálatas: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28).

La idea de la salvación o de la misericordia para con todos se convierte en un tema fundamental en la Epístola a los Romanos. Tanto así, que constituye el punto culminante del pensamiento paulino en cuanto a la inclusión de judíos y gentiles en la bendición evangélica que abarca los capítulos 9 al 11 de la epístola. Pablo deja en claro que Dios desea "tener misericordia de todos" (Romanos 11:32).

Sin embargo, Pablo también es claro en cuanto a que, en cierto sentido, los judíos tenían prioridad. Jesús enseñó lo mismo cuando señaló que "la salvación viene de los judíos" (Juan 4:22). Después de todo, Dios no sólo usó a la nación judía para salvaguardar el convenio en la época del Antiguo Testamento, sino que envió al Salvador del mundo a través de una madre judía.

El tema de la prioridad de la nación judia se observa a lo largo de todo el Nuevo Testamento. De ahí que en Hechos 1:8 leamos que, después de recibir el Espíritu Santo, [en su tiempo] los discípulos serían testigos de Dios, empezando con los judíos y extendiéndose hasta lo último de la tierra.

Bien podemos agradecer a Dios que la amplitud de su misericordia nos abarca a todos por igual.