Lección 13
Una vida transformada —SEGUNDA PARTE—

(Romanos 14:1-16: 27)

En Romanos 14: 1-15: 13 encontramos muchas instrucciones con respecto a cómo vivir una vida transformada (Rom. 12: 1-2) basada en la ley del amor (Rom. 13: 8-10). El mensaje central ,es que no debemos juzgar a los que no están de acuerdo con nosotros en algunos asuntos que no forman parte de la esencia del mensaje cristiano.

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Desde el inicio de la Epístola, el apóstol ha estado preparando a sus lectores para el mensaje presentado en el capítulo 14. En el primer capí tulo, habló de las diferencias entre los judíos y los gentiles. En el capítn lo 2, condenó a quienes censuran a sus semejantes. Los que juzgan l< >s demás en realidad se están juzgando a sí mismos (Rom. 2: 1).

Romanos 14 aborda un tema de vital importancia para la iglesia en cualquier época. León Morris dice: «No se supone que la iglesia sc.i un club lleno de gente parecida a uno en cuanto a raza, posición sn< i.il o capacidad intelectual. Los cristianos no son clones idénticos en los aspectos. Una de las dificultades que la iglesia siempre ha tenido que enfrentar es el hecho de que entre sus miembros hay ricos y pobres, poderosos e indefensos, gente de todos los estratos sociales, viejos y jóvenes, adultos y niños, conservadores y radicales».1 Y por supuesto, judíos y gentiles, un tema particularmente relevante para la congregación romana.

Es normal pretender que todos en la iglesia crean y actúen igual que uno. Después de todo, uno tiene la razón y siempre cuenta con un pasaje o diez frases para probarlo. Así que problema resuelto.

Esa es precisamente la actitud que Pablo condena en Romanos 14. Desde el primer versículo habla de la aceptación que debe existir entre el «fuerte» y el «débil», y se opone a «contender sobre opiniones». Aunque ciertamente Pablo se identifica con los más fuertes (Rom. 15: 1), también muestra gran empatia con los que considera «débiles en la fe» (Rom. 14: 1).

Romanos 14: 1 aclara que no todas las creencias de los miembros tienen la misma importancia. Pablo denomina a algunas como «opiniones» o «discusiones» (NVI). El problema surge cuando afirmamos que todo lo que creemos tiene la misma importancia y tratamos de forzar a los demás a que acepten nuestros conceptos.

Pablo da su primer ejemplo (un asunto secundario) en el versículo 2, donde explica que algunos creyentes piensan que pueden comer de todo, mientras que otros argumentan lo contrario. Hay que tener en cuenta que el apóstol no está hablando aquí de quienes comen o no comen carne impura. El problema es entre los que comen carne y los que no lo hacen.

Otro aspecto significativo es que la preocupación principal de Pablo no es la alimentación, sino la actitud de unos miembros de la iglesia hacia otros. La alimentación (así como los días festivos en los versículos 5 y 6) es solo un ejemplo. LIn tercer punto que hemos de tener en cuenta es que los dos ejemplos del apóstol (los alimentos permitidos y los días festivos) están directamente relacionados con la división entre judíos y gentiles que existía en la iglesia de Roma.

Estas consideraciones preliminares nos llevan al tema de los alimentos de Romanos 14: 2, 3. Pablo no está condenando el vegetarianismo que se practica por cuestiones de salud, sino a aquellos que han dejado de comer carne por las razones equivocadas; es decir, porque tienen una fe débil. Aunque no sabemos exactamente qué se comía en Roma, sí sabemos que en la iglesia de Corintios habían surgido diferencias entre los que no comían carne ofrecida a los ídolos y los que sí lo hacían. En ese caso, algunos de los que consideraríamos «débiles en la fe» se abstenían de consumir carne de cualquier tipo, porque no podían estar seguros de que esta no hubiera sido ofrecida a un ídolo. Pablo respondió que en realidad eso no representaba ninguna diferencia, puesto que un verdadero cristiano sabía que un ídolo no significaba nada (1 Cor. 8: 1-13). Aunque el problema en Roma no era exactamente igual al de Corinto, era bastante parecido.

En Romanos 14: 4, Pablo pasa de su ejemplo al tema principal: «¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?». Después de todo, Dios es nuestro Amo y Señor y todos estaremos de pie o caeremos, dependiendo únicamente de su juicio. Cuando los miembros de la iglesia se juzgan unos a otros, se están apropiando del derecho de Dios. De ahí que juzgar a otro cristiano es el mayor pecado, porque estamos usurpando el papel de Dios.

En el versículo 5 aparece el segundo ejemplo de Pablo relacionado con juzgar a los demás en asuntos de poca importancia. El apóstol explica que algunos miembros de la congregación romana creían que debían guardar ciertos días, mientras que otros no.

Pablo no menciona el asunto explícitamente, pero aparentemente no se refiere al sábado semanal, ya que este forma parte de los Diez Mandamientos y el apóstol ya ha mencionado varias veces en Romanos la importancia que tiene el Decálogo en la vida del creyente (ver Romanos 13: 8-10; 7: 12, 14, 16; 3: 31).

Lo más probable es que esté haciendo referencia a los días feriados y los sábados anuales. Las diferencias que existían entre judíos y gentiles cristianos en asuntos relacionados con los reglamentos ceremoniales judíos, ya había generado una discusión entre Pablo y los líderes de los judíos cristianos (Hechos 15). Pablo había abordado el tema de los días especiales y las festividades en Gálatas 4: 10-11 y Colosenses 2: 16-17. Tanto en este último pasaje como en Romanos 14, Pablo tuvo que enfrentarse a los miembros de la iglesia que juzgaban a sus compañeros creyentes por sus prácticas alimenticias y sus celebraciones. Pero en Colosenses señala explícitamente que los días festivos y los sábados son «sombra de lo que ha de venir». Aquí el apóstol está aludiendo a los sábados ceremoniales anuales, que simbolizan a Cristo (Lev. 23: 4-44). El sábado semanal del Decálogo, en cambio, había sido prescrito en la misma creación del mundo (ver Gén. 2: 1-3; Éxo. 20: 8-11).

Más allá del debate sobre los días festivos>Pablo imparte la lección más importante de Romanos 14: 5-6: cada quien debe vivir según sus propias convicciones. Dios guía a cada individuo que desea ser guiado, pero no todos tenemos los mismos antecedentes ni avanzamos a la misma velocidad.

En Romanos 14: 10-12, Pablo explica claramente la lección que ha venido impartiendo desde el versículo 1, a saber, que ningún cristiano tiene la responsabilidad ni el derecho de juzgar o despreciar a otro, porque cada uno de nosotros tendrá que comparecer ante el tribunal de Cristo (vers. 10) para rendir cuenta por su vida y por sus acciones (vers. 12).

El juicio final de los cristianos es, en efecto, una declaración legal al universo de que hemos aceptado la gracia de Dios y por ello se nos otorgará la vida eterna. Para un cristiano, el juicio es una buena noticia; pero será una mala noticia para los que hayan usurpado el derecho de Dios y hayan seguido juzgando a los demás. Después de todo, «cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí» (vers. 12) ese día. Cuando Pablo nos ordena dejar de juzgar a los demás, está hablando muy en serio. Y nosotros deberíamos tomarlo con mayor seriedad.

En Romanos 14: 13-23, encontramos otro motivo para no juzgar a los demás, uno que rebosa de amor cristiano. Los creyentes más fuertes en la fe, a causa de su amor, deben respetar la conciencia y los escrúpulos de sus compañeros más débiles de la iglesia, esos que aún no tienen muy claro cuáles son los asuntos relacionados con la salvación y cuáles no.

Pablo enfatiza en Romanos 14: 13-23 que los creyentes «más fuertes», con base en su fe y en su amor, han de evitar ofender a los más débiles.

En el versículo 13 Pablo comienza amonestando a diferentes sectores de la iglesia romana (en su mayoría, alineados con la disputa entre judíos y gentiles) para que cesen de juzgarse mutuamente, ya que dicha práctica estaba dividiendo a la comunidad cristiana. Los cristianos no debían dedicarse a juzgar, sino a evitar que los otros tropezaran o cayeran.

Por ello los cristianos debemos vivir con cuidado. A pesar de la libertad que disfrutamos, hemos de evitar todo lo que pueda herir a un hermano o hermana. Esto nos recuerda las palabras de Cristo, que «mejor le fuera» a cualquiera que dañara a los más débiles, «que se le colgara al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiera en lo profundo del mar» (Mat. 18: 5-6).

Romanos 14: 14 regresa al tema de la alimentación, sugiriendo que nada es «impuro» en sí, aunque lo sea en la mente de algunos creyentes. En este punto nos preguntamos a qué clase de alimentos contaminados o impuros se refiere Pablo. No lo sabemos con certeza, pero de algo sí podemos estar'seguros: Pablo no se está refiriendo a la prohibición de consumir alimentos impuros que aparece en Deuteronomio 14. ¿Cómo lo sabemos? Por el contexto. El asunto que Pablo discute en Romanos 14: 1-2, no es si debemos consumir carne pura o impura, sino si debemos o no consumir carne.

El contexto es de vital importancia para entender Romanos 14: 14. En vez de hablar de los alimentos impuros prohibidos a los judíos, Pablo habla de los alimentos que se han convertido en una fuente de conflictos en la comunidad cristiana de Roma. Corho señalamos en el análisis de los versículos 1 y 2, probablemente tenía que ver con alimentos que habían sido ofrecidos a los ídolos y que luego se vendían en el mercado. Para Pablo, esa posibilidad no era un problema, dado que un ídolo no era nada (1 Cor. 8: 1-13). Así que como un creyente ¡«fuerte» no se preocupaba por esas cosas.

Sin embargo, no todos compartían el punto de vista de Pablo. Algunos afirmaban que dichos alimentos eran impuros y no debían consumirse.

El apóstol no condenaba a tales individuos, aunque creía que estaban equivocados. Él respetaba sus rigurosas convicciones.

Aquí encontramos una lección para todos: hemos de respetar las opiniones de los demás, así como nos gustaría que ellos hicieran con nosotros. Tal vez no siempre estemos de acuerdo, pero podemos seguir conviviendo si existe respeto mutuo.

Romanos 14: 15-23 va del tema de los alimentos, el cual estaba trastornando a la iglesia, a algunos principios generales de la vida cristiana. El primer principio exhorta a los «más fuertes» a no juzgar a aquellos que tienen reservas ante cierta clase de alimentos. William Barclay resume el consejo de Pablo con estas palabras: «es un deber cristiano pensar en todo, no solo si nos puede afectar a nosotros, sino también si puede afectar a los demás».2 Esto constituye un aspecto importante del amor cristiano.

Un segundo principio aparece en el versículo 17: «El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo». Pablo sabe bien que los temas centrales de la religión son «justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo». La justicia aquí no está meramente relacionada con la justificación que trae paz y gozo al cristiano, sino que «en este contexto, "justicia" se refiere a la "fidelidad a la comunidad", que los miembros de la congregación hacen realidad; "paz" se refiere al comportamiento que se opone a todo desacuerdo; y "gozo" se refiere a la alegría jubilosa con la que soportamos nuestras aflicciones junto a la iglesia» mientras esperamos la segunda venida del Señor.3

Quienes han conocido a Jesús son pacificadores, porque transmiten la paz que han encontrado en Dios (Rom. 5:1). Este asunto de la paz presenta solo dos opciones: o somos pacificadores o estamos entre los que aumentan la división en el mundo y en la iglesia. Estas alternativas nos llevan al siguiente punto de Pablo en Romanos 14: 19. Los cristianos debemos participar en la tarea de edificarnos unos a otros.
2. Barclay, Leíter lo Ihe Romims, p. 207.

El consejo de Pablo en Romanos 15: 1 va contra la tendencia de toda la historia humana en todas las cultura. Casi en cualquier parte, los fuertes han utilizado su fuerza para aligerar sus propias cargas, haciendo que los débiles las lleven. Los fuertes trepan hasta la cima de cualquier pirámide y los débiles se convierten en sus sirvientes. l)c hecho, en la mayoría de los sistemas, los fuertes consideran que sacar ventaja de su fuerza es un derecho natural. La sociedad, razonan, me debe ciertos derechos y privilegios gracias a mis talentos, mi ediinnion o mis contactos poderosos. La mentalidad opresora se posiciona como la característica principal de una vida «normal».

Pero Pablo nos dice que lo «normal» en un mundo pecador no debe prevalecer en la iglesia. Los c ristianos verdaderos, afirma varias veces, viven según la ley del amor y no según la ley de la selva (vei líom I i: 8-10; Gál. 5: 14).

Esta es la ley del reino de Dios y de Cristo. Ln Romanos lr>: I, l'ablo nos dice que los más fuertes, entre los cuales se incluye, no solo deben tolerar las equivocaciones y flaquezas de los más débiles, sino que deben ayudarlos «.sobrellevar sus cargas. El apóstol, siendo un individuo que gozó de grandes talentos, dio su vida para servir a los menos capaces y menos inteligentes que él. Y hoy Dios nos llama a hacer lo mismo.

Por supuesto, las definiciones de débiles y fuertes, en Romanos 15:1, hay que interpretarlas según el contexto, que comienza en 14: 1 y prosigue a lo largo de 15: 13. En este marco, los débiles, en lo que tiene que ver con ciertos aspectos del estilo de vida judío que se relacionan con la esencia del evangelio, son inmaduros en la fe.

Aunque en Romanos 15: 1 Pablo les habla a^ los más fuertes, en el versículo 2 se dirige a ambos grupos, a los fuertes y a los débiles. Es responsabilidad de cada miembro de la iglesia buscar la manera de contribuir con la edificación de sus compañeros.

El verdadero propósito por el que Pablo ha estado abogando por la armonía, es que «el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo» sea glorificado y honorado.

Lamentablemente, las constantes disputas entre los miembros de la iglesia no glorifican a nadie, sino al diablo. Aquí Pablo hace un fervoroso llamamiento para que los cristianos dejen de lado esas diferencias que no son relevantes para su fe y comiencen a vivir como deben hacerlo los cristianos.

Romanos 14 y 15 contiene una enseñanza de gran importancia para la iglesia del siglo XXI: debemos dejar de lado nuestras diferencias para que nuestras vidas y nuestras congregaciones traigan verdadera gloria a Dios y no sean verrugas en el reino.

«Recibios los unos a los otros» (Rom. 15: 7). Con estas palabras, Pablo vuelve al principio de su discurso en Romanos 14: 1. De hecho, ubica la extensa discusión sobre los débiles y los fuertes entre dos peticiones: «Recibid al débil en la fe» (vers. 1) y «recibios los unos a los otros» (Rom. 15: 7). El apóstol dirige ambas peticiones están dirigidas a todos los miembros de la iglesia de Roma. La primera, exhorta a la iglesia a dar la bienvenida a los hermanos más débiles; y la segunda, ruega a todos los miembros de la iglesia que se acepten entre sí.

John Stott señala que ambas peticiones tienen raíces solidas en un razonamiento teológico: «El hermano débil debe ser aceptado porque Dios lo ha aceptado (14: 3), y los miembros deben aceptarse entre ellos así como Cristo los aceptó (vers. 7)».4

Pablo ha dejado de dividir a sus lectores en débiles y fuertes. El apóstol, cabe destacar, encuentra una relación estrecha entre la aceptación mutua y la justificación por la fe. Así como Cristo ha recibido a otros creyentes debido a su fe en él, deben hacerlo los compañeros creyentes entre ellos. O, como Pablo mencionó anteriormente: «Porque Dios lo ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?» (Rom. 14: 3-4). Si Cristo ha aceptado a alguien, ¿quién soy yo para decir que no voy a tomarlo o tomarla como hermano cristiano o hermana cristiana, citando diferencias insignificantes relacionadas con su estilo de vida?

La aceptación de los demás también forma parte del evangelio de gracia. Por supuesto, algunos de «esos individuos» son repulsivos, ¡pero usted y yo también lo somos! El cristianismo no es una religión para vanidosos. No hay lugar para el orgullo espiritual.

En Romanos 15: 13, Pablo llega al luul de la extensa exposición que comenzó en Romanos 1: 18. En esos capítulos se ha esforzado pot presentar con claridad lo que sígnifica ser cristiano.

Ahora está listo para concluir, pero cómo debería hacerlo? Si tomamos en cuenta el poder y la lógica de sus ,argumentos, podría haber acabado con un triunfal: «Yo tengo 1,1/on v ustedes no», o «ahora ya saben cual es la verdad, así que dejen de discutir»

En cambio el apóstol salió a ganar almas, no discusiones. Así que concluye el discurso m.ís inllnyintr solue l.i salvación en la historia del cristianismo con una 01,u ion l'.iMo 01.1 paia que el «Dios de esperanza» llene a sus lectoies lom.mos (v ,1 nosotios) ion gozo y paz cuando confíen en él.

Conclusión (Rom. 15:14-16: 27)

En el último capítulo y medio, Pablo concluye su gran Epístola con varias ideas importantes. Cada una de ellas merece un análisis extensivo, pero dadas las-limitaciones de espacio de este libro, he decidido limitarme a resumir el análisis de Pablo del plan de salvación y lo que este significa para la iglesia.

La primera parte de las observaciones finales de Pablo (Rom. 15: 14-21) presenta las razones que lo motivaron a escribir la Epístola. La segunda parte (vers. 22-33) describe sus planes futuros de visitar a los romanos durante su viaje hacia España, un tema que tocamos brevemente en el primer capítulo de este libro. La tercera parte (Rom. 16: 1-23) contiene observaciones personales referentes a varios de sus.conocidos en Roma. Los versículos finales (24-27) son una alabanza a Dios, que hizo posible el plan de salvación. La Epístola, acertadamente, concluye con la palabra «amén», o así sea.