Notas EGW

Lección 12 VENCER CON EL BIEN EL MAL


Sábado 16 de diciembre

El hombre, el hombre caído, puede ser transformado por la renovación de la mente, de modo que pueda comprobar “cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. ¿Cómo comprueba esto? Por el Espíritu Santo que toma posesión de su mente, espíritu, corazón y carácter.. .Una verdadera obra es llevada a cabo por el Espíritu Santo en el carácter humano, y se ven sus frutos. Así como un buen árbol dará buenos frutos, así el árbol que realmente es plantado en el huerto del Señor producirá buenos frutos para vida eterna. Los pecados que nos rodean son vencidos; no se permiten en la mente malos pensamientos; los malos hábitos son eliminados del templo del alma. Las tendencias que se han torcido en una dirección equivocada, vuelven a encaminarse por el sendero correcto. Se cambian las disposiciones y sentimientos equivocados; se reciben nuevos principios de accion y hay una nueva norma de carácter. Disposiciones santas y emociones santificadas son el fruto que da ahora el árbol cristiano. Se ha efectuado una transformación completa. Esta es la obra que debe realizarse (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1080). Solo la gracia de Dios puede convencer y convertir el corazón; los esclavos de las costumbres pueden obtener poder solo de el para quebrantar las cadenas que los aprisionan. Es imposible que una persona presente su cuerpo como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, mientras continúa practicando hábitos que lo privan de su fortaleza física, mental y moral. Nuevamente el apóstol instruye: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12:2 (Consejos sobre la salud, p. 22). El corazón en que mora el amor de Cristo manifestara constantemente mayor refinamiento; porque la fuente de la vida es el amor hacia Dios y hacia el hombre. Cristo es el cristianismo. Tal es la gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz y buena voluntad hacia los hombres. Tal es la ejecución del propósito de Dios. El verdadero crecimiento cristiano tiende hacia arriba, hacia la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo. La verdadera cultura, el verdadero refinamiento de pensamiento y modales, se obtiene mejor aprendiendo lecciones en la escuela de Cristo que por el esfuerzo más laborioso y esmerado de observar formas y reglas fijas, cuando el corazón no está bajo la disciplina del Espíritu de Dios. El seguidor de Jesús mejorara constantemente sus modales, hábitos, espíritu y trabajo. Esto lo logra fijando los ojos, no en los meros progresos externos y superficiales, sino en Jesús. Se verifica una transformación en la mente, en el espíritu, en el carácter… Cuanto más íntimamente esté relacionado un hombre con la Fuente de todo conocimiento y sabiduría, tanto más podrá ser ayudado intelectual y espiritualmente. El conocimiento de Dios es la educación esencial, y todo verdadero obrero estudiara constantemente para obtener este conocimiento (Obreros evangélicos, pp. 300, 291).




Domingo 17 de Diciembre - Vuestro culto racional
En el antiguo ritual que era el evangelio expresado en símbolos, ninguna ofrenda defectuosa podía llevarse al altar de Dios. El sacrificio que había de representar al Cristo debía ser inmaculado. La Palabra de Dios señala esto como ejemplo de lo que deben ser sus hijos: un “sacrificio vivo,” “santo y sin mancha,” “agradable a Dios”. Romanos 12:1; Efesios 5:27. Sin el poder divino, ninguna reforma verdadera puede llevarse a cabo. Las vallas humanas levantadas contra las tendencias naturales y fomentadas no son más que bancos de arena contra un torrente. Solo cuando la vida de Cristo es en nuestra vida un poder vivificador podemos resistir las tentaciones que nos acometen de dentro y de fuera. Cristo vino a este mundo y vivió conforme a la ley de Dios para que el hombre pudiera dominar perfectamente las inclinaciones naturales que corrompen el alma. Él es el Médico del alma y del cuerpo y da la victoria sobre las pasiones guerreantes. Ha provisto todo medio para que el hombre pueda poseer un carácter perfecto {El ministerio de curación, p. 92). Los que sean santificados por la verdad demostraran que esta ha producido una reforma en sus vidas, y que los está preparando para ser trasladados al mundo celestial. Pero mientras en la vida predominen el orgullo, la envidia y las malas conjeturas, Cristo no podrá reinar en el corazón. Su amor no estará presente en el alma. En la vida de los que han llegado a ser participantes de la naturaleza divina, hay evidencia de que se ha crucificado el espíritu altivo y autosuficiente que conduce a la exaltación del yo. En su lugar mora el espíritu de Cristo, y los frutos del Espíritu aparecen en la vida. Cuando poseen la mente de Cristo, sus seguidores revelan las gracias de su carácter. Nada menos que esto hará que los seres humanos sean aceptables delante Dios. Nada menos que esto les permitirá desarrollar el carácter puro y santo que deben poseer los que hayan de ser admitidos en el cielo. Tan pronto como un individuo se reviste de Cristo, su espíritu y sus palabras dan evidencias del cambio operado en él. Su alma queda rodeada por la atmosfera divina; porque Cristo mora en su interior {Exaltad a Jesús, p. 295). Cristo es la fuente de nuestra fortaleza. Estudiemos sus enseñanzas. Al dar a su Hijo Unigénito para que viviera en nuestro mundo sujeto a la tentación a fin de que pudiera enseñarnos a vencer, el Padre hizo amplia provisión para que no seamos llevados cautivos por el enemigo. Al enfrentar al adversario caído, Cristo venció en favor de la humanidad… Al participar de su naturaleza divina debemos aprender a discernir las tentaciones de Satanás y, mediante la fortaleza de su gratia, vencer la corrupción que existe en el mundo por causa de la concupiscencia. El que antes fue un pecador ser humano, puede ser refinado y purificado por medio de los méritos impartidos de Cristo, y comparecer delante de sus semejantes como colaborador de Dios. Al que busca a Dios con sinceridad, se le impartirá seguramente la naturaleza divina, y con toda certidumbre se le adjudicara la compasión de Cristo (Cada día con Dios, p. 149).

 


Lunes 18 de Diciembre - Pensar con cordura


No debemos permitir que nuestros sentimientos sean quisquillosos. Hemos de vivir, no para proteger nuestros sentimientos o nuestra reputación, sino para salvar almas. Conforme nos interesemos en la salvación de las almas, dejaremos de notar las leves diferencias que suelen surgir en nuestro trato con los demás. Piensen o hagan ellos lo que quieran con respecto a nosotros, nada debe turbar nuestra unión con Cristo, nuestra comunión con el Espíritu Santo… Si os dicen palabras violentas, no repliquéis jamás con el mismo espíritu. Recordad que “la blanda respuesta quita la ira”. Proverbios 15:1. Y hay un poder maravilloso en el silencio. A veces las palabras que se le dicen al que está enfadado no sirven sino para exasperarlo. Pero pronto se desvanece el enojo contestado con el silencio, con espíritu cariñoso y paciente {El ministerio de curación, p. 386). Si no existe una armonía perfecta entre nosotros, no debiéramos pensar que no tenemos la culpa de esa situación. Si los pensamientos y los sentimientos de los demás no recorren los mismos cauces que los nuestros, no debiéramos creer que ellos están equivocados y nosotros en lo cierto. Debiéramos mantener constantemente afinada la mente para responder a la oración de Cristo que aparece en. Juan 17:21-23. Necesitamos saber en qué consiste el yugo que Cristo quiere que llevemos, y las responsabilidades que tenemos que asumir en este tiempo, y tratar constantemente de demostrar con bondad y amor a nuestro hermano que nos interesamos en él, y poner amor en nuestras acciones cotidianas. Este es el oro afinado en fuego: La fe y el amor. Si viéramos que alguien está en error en algún aspecto, no debiéramos pasar a su lado sin decirle nada, sino que debiéramos tratar de traerlo de las tinieblas a la luz. Debiéramos cuidar los intereses de los demás como de los propios. No valoramos el alma como debiéramos. Tendríamos que unirnos en una gran hermandad, y ubicarnos donde podamos soportar las faltas de los otros con toda paciencia y humildad, tratando de compartir las cargas de los demás (Cada día con Dios, p. 272). Solo el método de Cristo será el que dará éxito para llegar a la gente. El Salvador trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les mostraba simpatía, atendía a sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les decía: “Seguidme”. Es necesario acercarse a la gente por medio del esfuerzo personal. Si se dedicara menos tiempo a sermonear y más al servicio personal, se conseguirían mayores resultados. Hay que aliviar a los pobres, atender a los enfermos, consolar a los afligidos y dolientes, instruir a los ignorantes y aconsejar a los inexpertos. Hemos de llorar con los que lloran y regocijarnos con los que se regocijan. Acompañada del poder de persuasión, del poder de la oración, del poder del amor de Dios, esta obra no será ni puede ser infructuosa {El ministerio de curación, p. 102).

 



Martes 19 de Diciembre - El cristiano y el estado

El estandarte de la verdad y de la libertad religiosa sostenido en alto por los fundadores de la iglesia evangélica y por los testigos de Dios durante los siglos que desde entonces han pasado, ha sido, para este último conflicto,’ confiado a nuestras manos. La responsabilidad de este gran don descansa sobre aquellos a quienes Dios ha bendecido con un conocimiento de su Palabra. Hemos de recibir esta Palabra como autoridad suprema. Hemos de reconocer los gobiernos humanos como instituciones ordenadas por Dios mismo, y enseñar la obediencia a ellos como un deber sagrado, dentro de su legitima esfera. Pero cuando sus demandas estén en pugna con las de Dios, hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres. La palabra de Dios debe ser reconocida sobre toda otra legislación humana. Un “Así dice Jehová” no ha de ser puesto a un lado por un “Así dice la iglesia” o un “Así dice el estado”. La corona de Cristo ha de ser elevada por sobre las diademas de los potentados terrenales {Los hechos de los apóstoles, p. 56). La respuesta de Cristo no era una evasiva, sino una Cándida respuesta a la pregunta. Teniendo en su mano la moneda romana, sobre la cual estaban estampados el nombre y la imagen de Cesar, declaro que ya que estaban viviendo bajo la protección del poder romano, debían dar a ese poder el apoyo que exigía mientras no estuviese en conflicto con un deber superior. Pero mientras se sujetasen pacíficamente a las leyes del país, debían en toda oportunidad tributar su primera fidelidad a Dios (El Deseado” de todas las gentes, p. 554). Nuestro reino no pertenece a este mundo. Estamos esperando que nuestro Señor venga desde el cielo para someter toda autoridad y poder, y establecer su reino eterno. Las potencias terrenales se encuentran agitadas. No necesitamos, y no podemos esperar unión entre las naciones del mundo. Nuestra position en la imagen de Nabucodonosor está representada por los dedos de los pies, en estado de división, y de un material deleznable que no puede mantener su cohesión. La profecía nos muestra que el gran día de Dios está sobre nosotros. Se aproxima rápidamente. Vi que es nuestro deber en todos los casos obedecer las leyes de nuestro país, a menos que estén en conflicto con la ley superior que Dios dio en forma audible en el Sinaí, y después grabo en tablas de piedra con su propio dedo. “Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón, y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”. Jeremías 31:33. Los que tienen la ley de Dios escrita en su corazón obedecerán a Dios antes que a los hombres, y preferirán desobedecer a todos los hombres antes que desviarse en lo mínimo del mandamiento de Dios. El pueblo de Dios, ensenado por la inspiración de la verdad, y conducido por una buena conciencia para vivir de acuerdo con cada palabra de Dios, adoptara la ley escrita en el corazón como la única autoridad que puede reconocer o consentir en obedecer. La sabiduría y la autoridad de la ley divina son supremas (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 322).

 


Miércoles


 

 

 


Jueves

 

Lunes 18 de Diciembre - Pensar con cordura

No debemos permitir que nuestros sentimientos sean quisquillosos. Hemos de vivir, no para proteger nuestros sentimientos o nuestra reputación, sino para salvar almas. Conforme nos interesemos en la salvación de las almas, dejaremos de notar las leves diferencias que suelen surgir en nuestro trato con los demás. Piensen o hagan ellos lo que quieran con respecto a nosotros, nada debe turbar nuestra unión con Cristo, nuestra comunión con el Espíritu Santo… Si os dicen palabras violentas, no repliquéis jamás con el mismo espíritu. Recordad que “la blanda respuesta quita la ira”. Proverbios 15:1. Y hay un poder maravilloso en el silencio. A veces las palabras que se le dicen al que está enfadado no sirven sino para exasperarlo. Pero pronto se desvanece el enojo contestado con el silencio, con espíritu cariñoso y paciente {El ministerio de curación, p. 386). Si no existe una armonía perfecta entre nosotros, no debiéramos pensar que no tenemos la culpa de esa situación. Si los pensamientos y los sentimientos de los demás no recorren los mismos cauces que los nuestros, no debiéramos creer que ellos están equivocados y nosotros en lo cierto. Debiéramos mantener constantemente afinada la mente para responder a la oración de Cristo que aparece en. Juan 17:21-23. Necesitamos saber en qué consiste el yugo que Cristo quiere que llevemos, y las responsabilidades que tenemos que asumir en este tiempo, y tratar constantemente de demostrar con bondad y amor a nuestro hermano que nos interesamos en él, y poner amor en nuestras acciones cotidianas. Este es el oro afinado en fuego: La fe y el amor. Si viéramos que alguien está en error en algún aspecto, no debiéramos pasar a su lado sin decirle nada, sino que debiéramos tratar de traerlo de las tinieblas a la luz. Debiéramos cuidar los intereses de los demás como de los propios. No valoramos el alma como debiéramos. Tendríamos que unirnos en una gran hermandad, y ubicarnos donde podamos soportar las faltas de los otros con toda paciencia y humildad, tratando de compartir las cargas de los demás (Cada día con Dios, p. 272). Solo el método de Cristo será el que dará éxito para llegar a la gente. El Salvador trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les mostraba simpatía, atendía a sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les decía: “Seguidme”. Es necesario acercarse a la gente por medio del esfuerzo personal. Si se dedicara menos tiempo a sermonear y más al servicio personal, se conseguirían mayores resultados. Hay que aliviar a los pobres, atender a los enfermos, consolar a los afligidos y dolientes, instruir a los ignorantes y aconsejar a los inexpertos. Hemos de llorar con los que lloran y regocijarnos con los que se regocijan. Acompañada del poder de persuasión, del poder de la oración, del poder del amor de Dios, esta obra no será ni puede ser infructuosa {El ministerio de curación, p. 102).