Dios no devuelve mal por mal
Pregunto: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, descendiente de Abrahán, de la tribu de Benjamín, Dios no ha desechado a su pueblo, a quien de antemano conoció. Romanos 11:1, 2.


En el pasaje de hoy, Pablo reanuda el tema que había comenzado en Romanos 9:6, pasaje donde preguntaba si las promesas de Dios a Israel habían fallado, por el hecho de que la mayor parte del pueblo judío y sus líderes no habían aceptado el evangelio.

Había terminado el capítulo 10 estableciendo que el problema no se había originado en Dios, que se había mantenido ante ellos con los brazos abiertos, sino en el pueblo que lo había rechazado con rebeldía. Alguien podría pensar que, si ellos lo habían rechazado, quizás Dios habia hecho lo mismo con ellos: ojo por ojo, por así decirlo.

Pablo rechaza vigorosamente esa sugestión. "¡De ninguna manera!" es la exclamación más fuerte que pudiera usar. Dios no se arrepiente de sus promesas. Al pronunciar esa fuerte afirmación, Pablo puede haber tenido en mente el Salmo 94, que habla del juicio de Dios y de cómo disciplina a los que ama. Pero además, dice con respecto a Israel: "El Señor no abandona a su pueblo, ni desampara su heredad" (Sal. 94:14).

A continuación, el apóstol establece cuatro evidencias para confirmar sus afirmaciones. El pasaje de hoy contiene dos de ellas. La primera es que Pablo mismo es judío, y Dios no lo ha rechazado. Eso es especialmente significativo en el caso del apóstol, puesto que había sido un prominente perseguidor de los cristianos. Se había manchado las manos con la sangre de mártires, y sin embargo Dios le había dado la bienvenida en el evangelio con los brazos abiertos. Eso es la gracia. Si el Señor no había rechazado a Pablo, ciertamente el camino quedaba abierto para que otros judíos siguieran el camino al evangelio que él había recorrido. No, Dios no había rechazado "a su pueblo".

La segunda evidencia que presenta Pablo en cuanto al hecho de que Dios no había rechazado a los judíos, era que los había conocido "de antemano". La expresión "conocer de antemano", en el sentido que Pablo la usa aquí, significa escoger. Dios había escogido a Israel para que fuera su pueblo en una forma muy especial. Ellos habían recibido su revelación, la ley, y muchas bendiciones. Por cierto que no los excluiría de la bendición del evangelio.

El que Dios no hubiera rechazado a Israel, aun después que ellos lo habían despreciado con insistencia, es importante. Significa que aún hay esperanza para quienes hayan, por así decirlo, escupido el rostro de Dios. Así habia hecho Israel. Así también había hecho Pablo. Sin embargo, en ningún momento Dios los rechazó. De tiempo en tiempo me encuentro con alguien que teme haber cometido el pecado imperdonable. Necesitan recordar la lección que nos enseña la relación que Dios mantuvo con Israel. El Señor no nos rechaza sólo porque nosotros lo hayamos rechazado.


El remanente de Dios
Así también, en este tiempo ha quedado un remanente elegido por gracia. Romanos 11: 5


Hasta este momento, en Romanos 11 Pablo ha presentado tres evidencias de por qué él sabe que Dios no ha rechazado a Israel: (1) que él mismo era israelita, (2) que Dios había escogido a Israel, y (3) la ilustración histórica de Elias.

Ahora el apóstol presenta una cuarta evidencia: que hay "en este tiempo... un remanente elegido por gracia". Tal como en los días de Elias había un remanente de siete mil, en los días de Pablo también quedaba un grupo semejante. Tal remanente no era un invento de su imaginación, ni una proyección de sus anhelos íntimos. Si bien los dirigentes judíos y la mayoría del pueblo no habían aceptado el evangelio, el apóstol Santiago pudo informar a Pablo de que muchos "millares de judíos" habían creído. Aparentemente, Santiago se refería a los judíos de Judea y sus alrededores (Hechos 21:20). Dios no había rechazado a su pueblo.

Uno de los términos más interesantes del versículo de hoy es la palabra "remanente". El Antiguo Testamento describe el remanente de Israel como los israelitas que se habían mantenido fieles a Dios. De ese modo, había un Israel dentro de Israel. Lo mismo podemos decir de la iglesia a través de toda su historia. Siempre ha habido una iglesia dentro de la iglesia. Lutero expresó lo mismo en términos ligeramente distintos al referirse a una iglesia visible y una invisible. Los que tienen su feligresía en la organización representan la iglesia visible. La iglesia invisible consiste en los que mantienen una conexión viva con Dios, "por fe". Es esta iglesia invisible la que constituye el remanente de Dios en cualquier momento dado.

Gerhard Hasel señala que la Biblia usa en tres sentidos distintos la ¡dea de un remanente. Primero, la Biblia habla a veces de un remanente histórico, compuesto por los sobrevivientes de una catástrofe, como ser, una invasión. Segundo, está el "remanente fiel", que se diferencia del grupo anterior por su espiritualidad genuina y una relación verdadera de fe con Dios. Este es el remanente que Pablo tiene en mente en Romanos 11. Y por fin, encontramos al remanente escatológico, compuesto por los que pasan por las crisis apocalípticas del tiempo del fin "y surgen victoriosos... como herederos del reino eterno".

Dios habla de ese fiel remanente escatológico en Apocalipsis 12:17: "Entonces el dragón se airó contra la mujer, y fue a combatir al resto de sus hijos, los que guardan los Mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús".

El Señor tendrá un remanente hasta el fin del tiempo.


Los grandes elementos — incompatibles: la gracia y las obras
Así también, en este tiempo ha quedado un remanente elegido por gracia. Y si es por gracia, ya no es en base a las obras. Si fuera por obras, la gracia ya no seria gracia. Romanos 11:6.


Bien —podemos imaginar que dicen algunos lectores de Pablo—, los judíos no somos tan malos. Después de todo, en los días de Elias fueron por lo menos 7.000 los que triunfaron. Es maravilloso que hayan tenido tal fortaleza moral y tanto valor en una época difícil. Siempre ha habido judíos fieles. Gracias a Dios que tenemos un carácter espiritual tan fuerte".

En el versículo de hoy es precisamente esta manera de pensar lo que Pablo ataca. De otro modo, no habría tenido absolutamente ninguna razón para incluirlo. El apóstol ya ha expresado varias veces este concepto en Romanos. Lo más natural hubiera sido que avanzara al material que presenta Romanos 11:7-10.

Pero el apóstol se niega a permitir ni siquiera el menor malentendido en este punto tan importante. En el versículo 5 había señalado que el remanente era elegido por gracia. El texto de hoy expande ese concepto y una vez más define la gracia y las obras como elementos mutuamente exclusivos. O lo uno, o lo otro, pero no ambos.

La única idea que destaca el pasaje es que la gracia y las obras son polos opuestos, incompatibles. Así, si una persona es salva por gracia, no puede ser por obras; de otro modo la gracia ya no es un don gratuito sino una mercancía adquirida, o un convenio entre el individuo y Dios. Por otra parte, algunos manuscritos griegos de menor confiabilidad le añaden al versículo una segunda parte: Si el ser partícipes del pueblo de Dios depende de las obras, entonces hay que excluir la gracia. La versión inglesa del Rey Jacobo refleja esta amplificación, en Romanos 11:6. Pero el significado está claro tanto en la versión breve como en la más extensa. La gracia y las obras son absolutamente incompatibles.

Pablo amaba la doctrina de la gracia por lo que había significado en su vida personal. El apóstol sabía que, aunque en su calidad de fariseo él creía ser mejor que la mayoría de los hombres debido a sus logros, no se había dado cuenta que el pecado estaba tan profundamente arraigado en su corazón, que no sólo le hacía confiar en su propia justicia, sino que lo llevaba a estar dispuesto a matar a cualquiera que no estuviera de acuerdo con él en asuntos de religión. Lo que tuvo que afrontar en el camino a Damasco, fue la verdadera extensión de su pecado.

Pablo sabía que había sido salvado totalmente por gracia. Por eso hace énfasis en ello. Unicamente si logramos ver la profundidad de nuestra naturaleza pecaminosa, podremos apreciar la gracia como lo hacía el apóstol. Los que no perciben la magnitud del problema del pecado, tienden a quedarse donde Pablo estaba en sus días de fariseo.


Endurecimiento versus redención
¿Quépues? Israel no alcanzó lo que buscaba, sino que los elegidos lo alcanzaron; y los demás fueron endurecidos. Romanos 11:7.


Pablo ha llegado a un punto en el cual necesita resumir lo que ha dicho. ¿A qué conclusión podemos llegar en cuanto a la posición del pueblo judío, a partir de lo que se ha dicho hasta ahora en Romanos 9-11? Si Dios no ha rechazado a su pueblo (11:1), ¿cuál es, entonces, la posición que éste ocupa ahora?

La respuesta del apóstol es que el grueso de la nación no había obtenido la verdadera justicia. Y no es —apunta Pablo— que no la hayan procurado. Ningún otro pueblo la había buscado con tanto empeño. Su forma de guardar la ley era una verdadera maravilla. Habían desarrollado infinidad de disposiciones y reglamentos en relación con la ley. Sólo en lo referente al sábado habían formulado unos 1.520 reglamentos. No importa cómo se lo mire, esto constituye una búsqueda intensa. Anhelaban la justicia, afirma Pablo, pero escogieron el camino equivocado.

Pero no todos ellos —hace ver el apóstol— cayeron en esa trampa. Algunos, que él llama los escogidos, hallaron el verdadero camino de justicia.

¿Y qué separa a los elegidos del resto de sus conciudadanos judíos? El contexto suple la respuesta en el versículo anterior (vers. 6): las avenidas mutuamente exclusivas de la gracia y las obras. Los elegidos son los que, dándose cuenta de su impotencia ante el pecado, han aceptado a Cristo por fe y recibido el don de la salvación. Los otros buscaron la justicia por medio del esfuerzo humano y fracasaron.

Ese último grupo, nos dice Pablo, "fueron endurecidos". ¿Cómo llegaron a tal estado? De la misma forma como Faraón se endureció en Éxodo, según Pablo reflexionaba en Romanos 9. Se habían vuelto refractarios, no porque Dios los hubiera rechazado —según Romanos 11:1 eso no había sucedido— sino porque no se rindieron ante la justicia de Dios. Como lo expresa el Comentario bíblico adventista acerca de Romanos 11:8 (pág. 602): "Si el hombre persistentemente se opone a esta gracia, Dios, que no fuerza la voluntad de nadie, retira su gracia y abandona al hombre a las consecuencias naturales de su obstinada resistencia".

Una de esas consecuencias es el endurecimiento. Con esto en mente, Moffat traduce "fueron endurecidos" como "se hicieron insensibles"; y Goodspeed dice "se encallecieron". Pablo señala otras consecuencias en los versículos 8-10, como un espíritu de sopor, sus bendiciones se volvieron una trampa, su visión espiritual se oscureció, y sus espaldas se encorvaron bajo la carga de los intentos constantes de alcanzar la justicia por medio de la ley.

A la luz de esas consecuencias, no es de extrañar que Pablo insista en ofrecer la gracia no sólo a los judíos, sino a todo ser humano.


Tropezando pero sin caer
Otra vez pregunto: ¿Han tropezado para quedar caídos? ¡De ninguna manera! Pero con su caída vino la salvación a los gentiles, para provocarlos a celo. Romanos 11:11.


esta altura de nuestro estudio de Romanos se ha hecho obvio que Pablo hace avanzar su argumentación por medio de una serie de preguntas que luego responde.

Con el texto de hoy llegamos a una nueva pregunta, la segunda más importante de Romanos 11. En el versículo 1 preguntaba si Dios habia rechazado a Israel. Su respuesta es que los judios no habían sido rechazados, sino que se habían endurecido por su persistente rechazo de la gracia de Dios. Desde luego, no todos se habían endurecido; un remanente había aceptado el evangelio. Pero la mayoría lo habían despreciado.

Esta es su situación actual. Su condición endurecida hace surgir una nueva pregunta en la mente de Pablo: "¿Han tropezado para quedar caídos?" El cuadro parece describir dos alternativas. La primera es un tropezón después del cual recuperan el equilibrio, se sacuden el polvo y siguen avanzando hacia el blanco. La segunda es una caída tan severa que uno no se recupera, como precipitarse al fondo de una quebrada.

En el resto de Romanos 11, Pablo se dedica a ilustrar el hecho de que Israel no ha tropezado en forma imposible de reparar. Todavía hay esperanza para ellos. El apóstol sigue teniendo esperanza con respecto a sus compatriotas judíos. Han tropezado, pero su caída no es irrevocable.

Entretanto, el Dios que hace que todo resulte para bien de los que lo aman (Romanos 8:28), ha hecho surgir algo bueno del fracaso de los judíos en aceptar el evangelio. Debido a dicho fracaso, el evangelio ha ido a los gentiles, que lo han aceptado mucho más sinceramente que los judíos.

Ei libro de Hechos refleja repetidas veces lo que Pablo afirma en el versículo de hoy. Allí se muestra a los apóstoles predicando en primer lugar a los judíos. Pero cuando los judios rechazaban el mensaje, el apóstol se iba a los gentiles, que con frecuencia lo aceptaban. Desde luego, eso enardecía a los judíos. En el versículo de hoy, Pablo expresa la esperanza de que permanezcan enardecidos ("provocados a celo", es decir, envidiosos), de modo que vean las bendiciones que los gentiles han recibido en el evangelio, y que a su vez terminen aceptándolo ellos también.

Pero en la historia de la iglesia las cosas no han sucedido así. León Morris señala que demasiado a menudo los cristianos, en vez de mostrarles a los judíos los atractivos del evangelio, los han tratado con prejuicio, odio, persecución y malicia. Y concluye diciendo que "los cristianos no debieran tratar livianamente este pasaje (11:11)". Como cristianos, debemos trabajar con Dios y no contra él, para bendecir a los judios y a otros grupos.


La cadena de bendición
Y si su caída [de Israel] es para riqueza del mundo, y su defección riqueza para los gentiles, ¿cuánta mayor riqueza traerá su plenitud? Romanos 11:12.


En Romanos 11:11 y 12, Pablo describe una cadena de bendiciones j con tres eslabones importantes:
* 1. Debido al tropiezo de Israel, la salvación ha llegado a los gentiles (vers. 11).

2. El apóstol espera que la salvación de los gentiles ponga celoso o envidioso a Israel (vers. 11).

3. Si esos celos hicieran que los judíos aceptaran el evangelio, su inclusión significaría una bendición aun mayor para el mundo que si únicamente los gentiles lo hubieran aceptado (vers. 12).

Pablo espera que todos los seres humanos acepten el evangelio, tanto judíos como gentiles. Para él, es grave pérdida el que alguno quede fuera, puesto que Cristo murió "una vez para siempre" (6:10).

Desde luego, en Romanos 9-11 la principal preocupación de Pablo es por los judíos más bien que por los gentiles, ya que entre estos últimos había experimentado notables éxitos en la evangelización. El apóstol vislumbra días aún más gloriosos para el avance del mensaje evangélico, si los judíos quisieran participar en los esfuerzos evangelisticos de la comunidad cristiana. Los términos que usa Pablo en Romanos 11:12 asi lo revelan. Si la defección de los judíos —asevera— resultó una "riqueza" para el mundo porque llevó a la predicación del evangelio a los gentiles, entonces la inclusión de los judíos sería "cuánta mayor riqueza". Así, Pablo propone una cadena de bendiciones que va desde las riquezas o ventajas en progresión aritmética debido al fracaso de los judíos, a un aumento geométrico en riquezas o ventajas si judíos y gentiles unen sus energías para el avance del reino evangélico.

¿Hemos pensado alguna vez en estas cadenas de bendiciones, o en aumentos geométricos? La mayoría de nosotros nos sentimos satisfechos si nuestra iglesia local mantiene su nivel en términos de feligresía. Por cierto, estamos felices si "nuestro pastor" trae algunos miembros más. Pero ¿cómo seria si toda una congregación pactara extenderse a su comunidad? ¿Si diez miembros llevaran una persona cada uno a Cristo este mes, y cada uno de esos veinte llevara uno el mes próximo, y los cuarenta resultantes hicieran lo mismo el mes siguiente, y los ochenta... y así sucesivamente?

¿Captamos el panorama? Una cadena de bendiciones en progresión geométrica no es algo con lo cual sólo Pablo pudiera soñar. Es un triste comentario de la condición de la iglesia el verla sepultada bajo las rocas de la indiferencia.

Recordenos que una cadena de bendiciones puede comenzar con una persona. Ese individuo bien puedes ser tú.


Provocando celos sagrados
Gentiles, a vosotros hablo. Como soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio, con la esperanza de provocar a celo [envidia] a los de mi raza, y salvar a algunos de ellos. Romanos 11:15, 14.


A primera vista puede parecer extraño que el apóstol de los gentiles pase tanto tiempo escribiéndoles a los judíos acerca del ministerio. De hecho, sus lectores pueden haber pensado la misma cosa. Este apóstol, que se identifica como mensajero a los gentiles en el capítulo 1 de Romanos, ahora ha llenado dos capítulos y medio dirigiéndose específicamente a los judíos. Por eso, al enfocar el pasaje de hoy, Pablo se vuelve nuevamente a los gentiles y les explica por qué ha pasado tanto tiempo habiéndoles a los judíos. Su respuesta básica es que quiere provocar a los judíos para que sigan el ejemplo de los gentiles, de modo que los judíos puedan a su vez bendecir a los gentiles.

En el concepto de Pablo, el ministerio es una unidad. Deplora la división entre judíos y gentiles, y en varios lugares declara que dicha división es en realidad artificial, puesto que Dios salva a toda la gente en la misma forma, es decir, por la fe en Cristo.

En los días de Pablo, las controversias raciales seguían rasgando la unidad de la iglesia, hiriendo el corazón del apóstol. Pero el gran misionero no era de los que se sientan a lamentar los problemas; o peor aún, que comienzan a decir que la iglesia se está echando a perder, y que, por lo tanto, para qué hacer nada por ella o seguir siéndole fiel. ¡No! Por el contrario, concluye que hasta las divisiones en la iglesia pueden ser usadas con fines productivos.

El apóstol espera que su ministerio a los gentiles haga que los judíos se sientan celosos, o envidiosos. ¿Es bueno eso? ¿Es motivación cristiana el hacer que alguien sienta envidia? Una actividad así, ¿no serviré sólo para estimular en ellos motivaciones indignas?

No es necesariamente así. Depende de qué sienten envidia. Podemos definir envidia como "el deseo de tener uno lo que otro posee". Que la envidia sea buena o mala depende de lo que la gente desea, y de si tienen o no el derecho de poseerlo.

Sí lo que se desea es bueno, como lo es la bendición de Dios, entonces tener envidia y aun codiciar tal cosa es también bueno. Podemos decir que hay tal cosa como la envidia santa.

En nuestros días Dios quiere bendecir de tal modo a sus hijos (a nosotros) que todo el mundo sienta envidia y celos. Anhela que vivamos en Cristo con tal intensidad que estemos constantemente haciendo evangelismo al crear envidia, celos y codicia por el gozo, la paz y la madurez de que disfrutamos como cristianos.


¿Rechazados o no?
Porque si el rechazo de ellos ha sido la reconciliación del mundo, ¿qué será su readmisión, sino vida de entre los muertos?. . . Si la raíz es santa, también lo son las ramas. Romanos 11:15, 16.


Bueno, Pablo, por favor decídete. En Romanos 11:1 nos dijiste que Dios no había rechazado a los judíos. Ahora, en el texto de hoy nos ! Yts dices que Dios los rechazó. ¿Estás tú confundido, o lo estoy yo? ¿Cómo puede un escritor tan lógico hacer declaraciones aparentemente tan contradictorias en el mismo medio capítulo?

Ambas declaraciones son verdaderas. Dios había rechazado a Israel como su agencia escogida para evangelizar al mundo. Pero un remanente había respondido con fe en el Mesías (11:5, 6), y el esfuerzo misionero de la iglesia estaba constantemente expandiendo su número.

Como hace notar Pablo en el versículo 12, el hecho de que la mayoría de los judíos le hubieran dado la espalda al evangelio, había abierto el camino para que Pablo y otros llevaran su ministerio de reconciliación al mundo gentil. De este modo, su rechazo había sido una bendición disfrazada.

Sin embargo, Pablo mantiene una preocupación inquebrantable por sus hermanos judíos. Sueña con la posibilidad de que muchos de ellos respondan al mensaje del evangelio. Cuando lo hagan, será como una resurrección espiritual de la tumba.

El apóstol avanza luego a dos ilustraciones paralelas, en Romanos 11:16. La primera proviene de Números 15:17-21. Pablo nota que cuando los adoradores ofrecían harina como primicia santa de su cosecha de granos, el pan que se hacia con esa harina santa debía también considerarse sagrado. La segunda ilustración proviene de la agricultura y compara a Israel con un árbol. Si la raíz del árbol es santa, también lo será cualquier brote de dicho árbol.

En ambas ilustraciones parece estarse refiriendo a los patriarcas, especialmente Abrahán. Si ellos eran santos, dicha santidad se extendería aun a los últimos brotes del linaje judío.

El corazón de Pablo nunca se apartaba de las misione^, tanto a los gentiles como a su propia raza. Anhelaba la salvación de su pueblo, los judíos. Elena de White expresa la misma preocupación al escribir: "En la proclamación final de Evangelio, cuando una obra especial deberá hacerse en favor de las clases descuidadas hasta entonces, Dios espera que sus mensajeros manifiesten particular interés en el pueblo judio que se halla en todas partes de la tierra" (Los hechos de los apóstoles, pág. 306).

Este es otro punto focal para nuestra oración cotidiana, otra área de evan-gelismo a la cual necesitamos responder.


Algo digno de recordar
No te jactes contra las ramas. Y si te jactas, sabe que tú no sustentas a taíz sino la raíz a ti. Romanos 11:18.


En Romanos 11:17-24 Pablo amplifica la metáfora del árbol santo a que ^ aludiera en el versículo 16. Aquí, sin embargo, lo identifica como un olivo. El olivo era uno de los árboles más comunes y útiles del media-no oriente, pero el Antiguo Testamento lo usa repetidamente como símbolo de Israel. Jeremías 11:16, por ejemplo, hace notar que Dios se había referido en otro tiempo a Israel como "olivo verde, de hermoso fruto y parecer". Para los propósitos de la ilustración que presenta Pablo en Romanos 11, es interesante notar que el pasaje de Jeremías predice que Dios quemará el árbol, "y quebrarán sus ramas".

Pablo usa la ilustración del olivo para señalar que algunas de las ramas naturales (los judíos de nacimiento) habían sido quebradas, y que en su lugar habían sido injertadas algunas ramas de olivo silvestre (los gentiles), para que compartieran la riqueza de la raíz, que se originaba en los patriarcas (véase vers. 16, 17). De este modo, y como señala en otros lugares, algunos de los gentiles habían llegado a ser parte del Israel de Dios por fe en Cristo (véase Gálatas 3:26-29).

Es en este punto donde Pablo expresa la severa advertencia que hallamos en nuestro texto de hoy: "No te jactes contra las ramas" que han sido cortadas. Para los gentiles habría sido muy fácil sentirse superiores a los judíos, y desarrollar una actitud despreciativa para con ellos. No sólo eran despreciados los judíos en algunas regiones del Imperio Romano, sino que en gran medida habían sido rechazados como pueblo por Dios (Romanos 11:15).

Tal actitud —dice Pablo— está completamente fuera de lugar, ya que sin la raíz judía no habría dónde injertar las ramas. O, como señala William Barclay, "no habría habido tal cosa como cristianismo, si no hubiera existido primero el judaismo". La iglesia cristiana tiene una deuda imposible de pagar para con el judaismo del cual surgió.

La amonestación que hace Pablo en cuanto a no sentimos superiores a otros es tan significativa hoy como lo era hace 2.000 años. En la iglesia hay demasiadas divisiones hoy, causadas por nuestras actitudes de superioridad. Algunos no serán anti-semitas, pero pueden ser anti-negros, anti- blancos, anti-hispanos, anti-asiáticos, o anti-cualesquiera otros que no creen como ellos, o no aprecian la misma música. Los "antis" siguen desgarrando la iglesia de Cristo. La única solución para los que piensan demasiado alto de ellos mismos, es encontrarse con Jesús al pie de la cruz.


Cómo ser desgajado
Dirás: "Las ramas fueron desgajadas para que yo fuese injertado". Bien, fueron desgajadas por su incredulidad, y tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Romanos 11:19.


EI pasaje de hoy hace blanco en el corazón mismo de la discusión acerca de quién puede pertenecer al olivo del reino, y quién no.

Debemos notar que en el original no aparece un artículo antes de la palabra "ramas", en Romanos 11:19. Esto significa que no todos los israelitas habían sido desgajados, sino sólo algunos de ellos, para que algunos gentiles pudieran ser injertados.

Las preguntas cruciales son: ¿Sobre qué base son algunos israelitas desgajados, mientras que otros se quedan en el árbol? ¿Y sobre qué base algunos gentiles son injertados mientras que otros permanecen en su estado natural?

Las respuestas a estas preguntas nos llevan al corazón mismo del evangelio de Pablo, y a descubrir el secreto de que al reavivamiento de Israel se lo compare con una resurrección de entre los muertos (vers. 15), que Pablo espera con tanto fervor en Romanos 11. Pablo no se entretiene en rodeos. Según el versículo 20, los que están unidos al olivo (judíos o gentiles) son los que tienen fe. A los que no están unidos al árbol, ya sea por no haber sido injertados (gentiles) o por haber sido desgajados (judíos), Pablo los caracteriza como los que exhiben "incredulidad".

Así, Pablo nos hace llegar la misma lección que surge de los primeros capítulos de Romanos. Esto es, hay una sola forma de ser salvos; a saber, tener fe en Jesucristo como Salvador y Señor.

Este pensamiento nos lleva a las dos últimas palabras de Romanos 11:20, "sino teme". ¿Temer a qué?, podríamos preguntar. Temer los resultados del orgullo y arrogancia espiritual, al ver que nosotros hemos sido salvos pero otros no.

No sólo los gentiles de Roma a los cuales se dirige Pablo, sino todos nosotros, necesitamos guardarnos contra el orgullo o arrogancia espiritual. C. K. Barrett da en el blanco al escribir que "la actitud correcta para el cristiano gentil, y en verdad para todo cristiano, es un 'temor revérente', pues debe reconocer que en sí mismo no tiene absolutamente nada que pueda asegurarle su posición ante Dios. El momento que comienza a jactarse, deja de tener fe (humilde dependencia de Dios), y por lo tanto él mismo pasa a ser candidato a ser 'desgajado'".

Jesús sabia de qué hablaba cuando dijo: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de Dios" (Mateo 5:3).


Cómo permanecer en el árbol
Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. Romanos 11:21.


a Biblia no enseña de ningún modo que una vez salvos, quedamos salvos para siempre. En el texto de hoy, Pablo advierte con toda firmeza a los gentiles que, si se vuelven tan arrogantes y orgullosos de sus privilegios espirituales como se volvieron los judíos (véase 2:17-29), sufrirán la misma suerte de Israel. En otras palabras, aunque hubieran sido injertados, podían ser desgajados.

En un comentario acerca de que Dios no había perdonado a las ramas naturales, Juan Calvino escribe: "Esta es una muy poderosa razón para combatir toda confianza propia, por cuanto nunca debiéramos pensar en el rechazo de los judíos sin sentir su impacto y temblar de temor. Porque, ¿qué les causó la ruina, sino que. . . por depender de la dignidad que habían alcanzado, despreciaron lo que Dios ha establecido? No fueron perdonados, aunque eran ramas naturales; ¿qué, pues, se hará con nosotros, que somos el olivo silvestre y extranjero, si nuestra arrogancia sube de punto? Pero este pensamiento, por cuanto nos lleva a desconfiar de nosotros mismos, asi también tiende a llevarnos a depender de la bondad de Dios con mayor firmeza y perseverancia" (énfasis añadido).

Darnos cuenta de nuestras debilidades es deber permanente en nuestra vida cristiana. Pablo enseña en repetidas ocasiones que ninguno de nosotros puede tener alguna esperanza, paz o seguridad, a menos que mantenga una conexión de fe con Dios a través de Cristo.

De este modo, el apóstol ha provisto a sus lectores con una clara e inequívoca advertencia en cuanto a no presumir de la misericordia de Dios. Si bien Dios nos ama y haría cualquier cosa por nosotros, también necesitamos recordar el odio que siente por el pecado, porque es el pecado y sus consecuencias lo que destruye la paz, la felicidad y la vida de sus seres creados en este mundo. Es de todo punto necesario que el Dios que justifica sea también el Dios que juzga. Quiere ponerle fin al problema del pecado. Con esto en mente, Pablo tenía excelentes razones para señalar, en Romanos 11:20, que los cristianos debieran temer a Dios. Debiéramos sentir una santa y temerosa admiración por ser él quien es, y por su responsabilidad de juzgar al fin el pecado, y de eliminar el problema del pecado.

Es cierto que Dios es amor, pero su amor no es como el de algún abuelito desdentado que nos deja hacer lo que nos dé la gana. El Dios que verdaderamente ama, debe juzgar el pecado como algo destructivo. Por eso nos urge que, si queremos permanecer en el olivo, quitemos de nuestras vidas todo pecado de arrogancia.


La misericordia y la justicia en equilibrio
Así, considera la bondad y la severidad de Dios. La severidad con los que cayeron; y la bondad contigo, si permaneces en la bondad. De otra manera, tú también serás cortado. Romanos 11:22.


En muchos aspectos, la iglesia parece estar formada por dos clases de II Jí cr'st'anos- P°r una parte, están los que parecen estar siempre ansio-11 » sos de hablar de la misericordia o la bondad de Dios. Por la otra, - ü—^ están los juzgadores.

Los que consideran que la característica primaria de Dios está vinculada con el juicio, lo imaginan como una especie de verdugo cósmico, que sólo espera que alguien se pase de la raya para fulminarlo. Los que estén del lado del amor se imaginan que Dios es absolutamente inofensivo.

¿Dónde está el punto de equilibrio? En el texto de hoy, Pablo procura establecerlo. Por eso presenta a Dios como severo y al mismo tiempo, bondadoso. Pero el apóstol coloca esa severidad y esa bondad en un contexto. Dios siempre extiende su bondad a los que están dispuestos a aceptarla. Lo que más quiere es compartir la bondad de su gracia con los seres humanos, tanto gentiles como judíos. Como lo expresa un autor, "su bondad siempre se ha de manifestar para con los que confían en él antes que en sus propios méritos, o la posición privilegiada de la cual gozan. Los que "permanecen en su bondad" o gracia, nada tienen que temer.

Pero los que confían en ellos mismos, rechazan su gracia y se rebelan contra Dios, tendrán que conocer el lado severo del Señor. No es que Dios quiera herir a nadie, sino que desea despertarlos para que vean su peligrosa condición, para que se vuelvan a su bondad y acepten la vida que desea concederles.

Sin embargo, a los que porfiadamente rehusen aceptar la bondad de Dios, finalmente él los "desgajará". Esta palabra es dura, es de juicio, tanto en lo referente al olivo terrenal, como al que representa el reino futuro, el cual dará su fruto cuando Cristo vuelva.

El texto de hoy enseña claramente la posibilidad de caer de la gracia, de que haya cristianos que se separen de Dios, desprecien su bondad y misericordia, y que luego se hallen fuera del reino. C. E. B. Cranfield sugiere que la frase relativa a ser desgajados, "es una amonestación contra una sensación de seguridad que es falsa e indigna del evangelio".

Nuestra esperanza no es otra cosa que Jesucristo y su justicia. Día tras día, nuestra tarea más importante consiste en mantener nuestra conexión con él y con su bondad. Sólo entonces estaremos libres de ser "desgajados".


La salvación es de Dios
En cuanto a las ramas caídas, serán injertadas de nuevo, a menos que se obstinen en su incredulidad. Tal restauración no está de ninguna manera fuera del alcance del poder de Dios. Romanos 11:25 (trad. de paráfrasis de Phillips).


Hay esperanza! ¡Esperanza para los judíos de los días de Pablo!

¡Esperanza para los que han caído en la apostasía! ¡Esperanza para los que nunca han creído! ¡Esperanza para judíos y gentiles, en todas 'v las épocas! Y hay esperanza aun para los que se han obstinado en su incredulidad.

Por supuesto, en el versículo de hoy, Pablo tiene en mente a los judíos de su tiempo. Si llegaban a creer, podrían ser injertados nuevamente en el árbol del cual habían sido cortados. A pesar de su rebelión, a pesar de su obstinación, a pesar de su rechazo de Cristo, todavía no se hallaban fuera del alcance de la gracia divina.

En parte, la esperanza que tiene Pablo respecto de sus compatriotas judíos no se apoya en el hecho de que Dios estuviera dispuesto a perdonarlos, sino en que los estuviera buscando activamente a través del Espíritu Santo y de los predicadores del evangelio. Los perseguía con su Espíritu y su Palabra, tal como lo hiciera con los rebeldes Adán y Eva en el jardín del Edén.

La salvación viene de Dios. Pablo no tiene la menor duda acerca de este hecho. Pero se halla igualmente cierto de que debe ser recibida por fe. Por eso dice de los judíos que "ellos también, si no permanecen en incredulidad, serán injertados; que poderoso es Dios para volverlos a injertar" (11:23). Sigue luego aseverando que si esas ramas injertadas en el árbol provenientes de un olivo silvestre habían prosperado, "cuánto más éstos, que son las ramas naturales" prosperarán, si son restaurados al árbol original del cual provenían (vers. 24).

Pablo se muestra lleno de esperanza por su pueblo. La salvación viene de Dios. Si tan sólo responden con fe, pueden ser salvos.

En nuestro siglo 21, Dios sigue trabajando del mismo modo. La salvación todavía le pertenece al Señor. Viene a través de la predicación del evangelio, y es algo en lo cual entramos cuando nos volvemos de la rebelión (el pecado) contra Dios, y colocamos nuestra confianza en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Si bien la salvación es de Dios, él salva trayendo a los pecadores a la fe en Cristo.

Hoy, la puerta de la gracia de Dios se halla aún abierta, y ¡a promesa de la Biblia es que "todo el que invoque el Nombre del Señor, será salvo" (Hechos 2:21).


"Todo israel será salvo"
Hermanos, para que no presumáis de sabios, quiero que entendáis este misterio: El endurecimiento vino a una parte de Israel, hasta que haya llegado la plenitud de los gentiles. Y así todo Israel será salvo. Romanos 11:25, 26.


En Romanos 11:25, Pablo todavía se dirige a los gentiles. ' ^ Aparentemente, algunos de ellos habían llegado a la conclusión de t que para los judíos ya no había ninguna esperanza. Habían rechaza-do el evangelio, el cual había pasado a los gentiles. Por eso, Dios había rechazado al pueblo judio y elegido a los gentiles. Esa es exactamente la clase de orgullo a la que Pablo se opone.

El apóstol reconoce libremente que una parte (de hecho, la mayoría) de Israel se había endurecido por su incredulidad. Pero eso no quería decir que Dios les hubiera cerrado la puerta. De hecho, en lo personal, Pablo abrigaba grandes esperanzas para Israel. Era cierto que en ese momento los gentiles predominaban en la iglesia, pero nadie debia descartar al pueblo judío. Pasa luego el apóstol a sugerir que "todo Israel será salvo".

Esta última frase ha causado mucha discusión. ¿Qué quiso decir Pablo con que "todo Israel será salvo"? Una cosa es cierta: Dios no obligará a nadie a ser salvo. A través de Romanos, Pablo ha estado insistiendo en que la salvación es una elección en la cual se nos requiere que aceptemos el divino don de la gracia, y que es contrario a la naturaleza de Dios el obligarnos a aceptar sus dones. El apóstol no está enseñando el universalismo.

Ya ha expresado Pablo su esperanza de que "algunos" de los judíos puedan ser salvos (vers. 14). Parece evidente que el apóstol creía que muchos iban a seguir rechazando todo esfuerzo por salvarlos. En el versículo 5 Pablo había presentado el concepto de un remanente fiel de judíos dentro de la nación, los cuales habían aceptado el evangelio. Basados en la idea del remanente y en la convicción de que, aun cuando la salvación viene de Dios, de todos modos necesita una respuesta de fe, todos los judíos que durante la era cristiana hayan aceptado a Cristo, constituirán el "todo Israel" que seré salvo.

Pablo se sentía profundamente responsable por el pueblo judío. Los cristianos modernos también debieran sentirse así. La iglesia moderna ha descuidado por demasiado tiempo su misión para con los judíos. Elena de White escribió: "Entre los judíos hay algunos que, como Saulo de Tarso, son poderosos en las Escrituras, y éstos proclamarán con [maravilloso] poder la inmutabilidad de la ley de Dios. El Dios de Israel hará que esto suceda en nuestros dias. No se ha acortado su brazo para salvar. Cuando sus siervos trabajen con fe por aquellos que han sido mucho tiempo descuidados y despreciados, su salvación se revelará" (Los hechos de los apóstoles, pég. 306).


Dios es fiel
Vorque los dones y el llamado de Dios son irrevocables. Romanos 11:29.


Dios es fiel a sus promesas. El hecho de que la mayor parte de la nación judía hubiera rechazado su oferta evangélica hecha a través de Jesús, no significaba que el Señor los hubiera rechazado (cap. - 11:1). Los judíos que habían rechazado el ofrecimiento de su gracia se habían convertido en sus enemigos, pero Dios de todos modos los amaba y les deseaba lo mejor, especialmente su salvación. Después de todo, "son muy amados por causa de los padres" (vers. 28). Dios no ha olvidado los dones que les hiciera llegar (como su calidad de hijos, los pactos y la ley [9:4, 5]), ni su invitación a convertirse en su pueblo especial (11:29). Dios no se ha arrepentido de las promesas que les hiciera. Y todavía, como lo señalan los versículos 30 al 32, les ofrece su misericordia.

Así es la gracia. A pesar de todos los problemas que los judíos le habían causado al cristianismo, a pesar de todos los obstáculos que habían arrojado en el camino del evangelio, a pesar de la parte que habían desempeñado en la crucifixión de Cristo, Dios todavía les hablaba al corazón y les rogaba que aceptaran su misericordia. Tal actitud se halla más allá de la imaginación humana. Dios no les da lo que merecen. En cambio, les ofrece lo que necesitan. Así es la gracia.

Es un amor que no abandona su empeño. Dios ama a los rebeldes a pesar de su naturaleza destructiva. Permanece fiel, aun cuando todos le fueran infieles y rechazaran sus dones.

El Señor anhela que, como seres humanos, respondamos a esa fidelidad suya. Desea que no nos limitemos a aceptar su gracia, sino también a compartirla con los que se ponen cada día en contacto con nosotros, aun cuando no merezcan más que un bofetón en el rostro. Dios anhela que lleguemos a ser como él. Sueña con que lleguemos a ser no sólo consumidores de su misericordia, sino dispensadores del mayor recurso que existe en el mundo.

Podemos estar agradecidos de que Dios sea fiel en su amor y su llamado. Si fuera como nosotros, ya todo habría terminado siglos atrás, y nuestro planeta habría sido pulverizado por la Deidad indignada. Con toda justicia podría haber dicho, "¡Basta! Este desorden ha durado lo suficiente, y es tiempo de poner fin al 'problema humano'".

Pero no es ése el camino de Dios. Su fidelidad a las promesas le ha dado un significado más profundo al término "paciente". No se ha arrepentido de sus "dones" o de su "llamado". El camino de la vida todavía está abierto a todos los que quieran andar por él.


Misericordia para todos
Porque Dios encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. Romanos 11:32.


Misericordia de toda la humanidad", dicen algunas versiones, o como ésta, "misericordia de todos". ¿Y quiénes son esos "todos"? « Textos como éste han llevado a algunos a concluir que con el tiempo Dios tendrá misericordia de "todos", es decir, de todo ser humano que alguna vez haya vivido. Pero dichas interpretaciones no toman en cuenta el contexto más abarcante del Nuevo Testamento. Aun en Romanos, Pablo ha enseñado que vendrá un día de "ira" y "enojo" contra los obstinados (2:5, 8, 9). Su posición está de acuerdo con la de Jesús, quien en repetidas ocasiones hace distinción entre los que serán llevados al reino, y los que serán dejados en la oscuridad de afuera (Mateo 25:31-46; 7:13-27). De este modo, la salvación de "todos" no es una doctrina de misericordia universal.

Como en tantos pasajes, es el contexto inmediato lo que suple la respuesta a lo que Pablo quiere decir con "todos" o "toda la humanidad". Comenzando en Romanos 1:16, ha estado argumentando que todos, tanto judíos como gentiles, han pecado y que ambos pueden ser justificados por fe en el evangelio. Luego, y comenzando con el capitulo 9, Pablo describe en forma muy detallada cómo Dios demostraría su misericordia para con ambos grupos, porque así lo había decidido por su soberana elección. Ahora, en Romanos 11:30-32 resume su argumento de los capítulos 9-11. La misericordia de Dios salvará a ambos grupos. Al decir "todos", no se imagina a cada individuo, sino más bien lo dice en el sentido de abarcar tanto a judíos como a gentiles.

Al pintar este cuadro de misericordia para todos, el apóstol compara la desobediencia con una mazmorra en la cual todos los seres humanos han sido encarcelados. Esta prisión es tan segura, hace notar C. E. B. Cranfield, que "no tienen posibilidad de escape, salvo que la misericordia de Dios los deje libres".

El uso del término "desobediente" por cuatro veces en Romanos 11:30-32, no es accidental. El apóstol empleó los tres primeros capítulos de Romanos para demostrar la naturaleza universal de la desobediencia, tanto por parte de los judíos como de los gentiles.

Pero en el pensamiento de Pablo, la desobediencia nunca es la última palabra. También menciona el término "misericordia" cuatro veces en los versículos 32. Este asunto se ha mantenido al frente del razonamiento de Pablo, desde Pomanos 3:21 hasta el presente resumen. El tema central del libro de Romanos i". I<i misericordia para todos. La misericordia para todos es el triunfo de la gracia de Dios sobre la prisión del pecado. La misericordia para todos es posible para todo varón, mujer o niño que hava venido alguna vez'. Y esta misericordia para todos es tambíen nuestra única esperanza.


Riquezas para los desesperanzados
¡Qué profunda riqueza de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuan insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Romanos 11:33.


A través de 11 capítulos, Pablo ha provisto a sus lectores con una visión abarcante de la situación humana, y la solución que Dios provee para el problema que vivimos, a saber, "el evangelio" que "es poder de Dios para salvación a todo el que cree; primero al judío y también al griego" (Romanos 1:16).

Paso a paso el apóstol ha guiado a sus lectores a través de la universalidad del pecado, la solución divina en la justificación por la fe, la forma en que los cristianos debieran vivir sus vidas, y cómo tanto judíos como gentiles están al mismo nivel en lo que se refiere a la misericordia de Dios.

Pablo ha cubierto mucho terreno. Ahora, ha llegado a la cumbre de la montaña. Como hace notar el comentador suizo F. L. Godet: "A la manera de un viajero que ha alcanzado la cumbre de un ascenso alpino, el apóstol se vuelve y contempla el panorama. A sus pies hay abismos; pero las ondas luminosas los iluminan, y a todo su alrededor se extiende un inmenso horizonte, que su vista puede dominar".

Al contemplar el plan de salvación, Pablo expresa una poderosa doxología, en Romanos 11:33-36. Todo lo que puede hacer es alabar a Dios por todo lo que ha hecho. El lenguaje ordinario no sirve ahora. La majestad de lo que Dios ha hecho deja al apóstol absolutamente maravillado. "¡Qué profunda riqueza de la sabiduría y del conocimiento de Dios! jCuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!"

La palabra "riqueza" es importante para Pablo. En Romanos 2:4 habló de "la riqueza de su bondad [de Dios], paciencia y generosidad"; en Romanos 9:23, de "la riqueza de su gloria"; y en Romanos 10:12, del Señor, que es "generoso [rico] con todos los que lo invocan". Además, en Efesios 2:4 habla de "Dios, que es rico en misericordia", y en Efesios 3:8 menciona "la insondable riqueza de Cristo".

El pensamiento dominante en la teología de Pablo es que Dios, que posee riquezas inimaginables, ha elegido derramar sus tesoros sobre los seres humanos, que no tienen absolutamente ningún derecho legal a exigirlos. Esta maravillosa generosidad divina jamás cesa de asombrar al apóstol. El ver cómo fue posible que Dios pudiera tornar a un miserable perseguidor de la iglesia como él mismo, para colmarlo de bendiciones, incluyendo la bendición que signifk'd la salvación, lo deja vacío de lodo, excepto do ,»Wwv.jr y admiración. No comprendía por qué Dios estaba dispuesto a hacer tal cosa, pero se senüa suficientemente desesperado como para aceptarla y apreciarla. Según Pablo, no estaría mal definir el cristianismo como la leligión de los desesperados.


Una lección sobre la pequenez humana
¿Quién entendió el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio a él primero, para que sea recompensado? Romanos 11:34, 35.


EI biólogo Willian Beebe (1877-1962) le gustaba contar la historia de sus visitas al hogar del ex presidente Teodoro Roosevelt, en Long Island (Nueva York). A los dos les gustaba hablar, y ambos amaban la naturaleza. Antes de irse a descansar, salian al aire libre, escudriñaban el cielo hasta que ubicaban un débil punto luminoso un poco pasado el ángulo inferior izquierdo del gran cuadrado de Pegaso. Entonces, uno de ellos recitaba: "Esa es la galaxia espiral de Andrómeda. Es tan grande como la Vía Láctea. Es una de cien millones de galaxias. Contiene cien mil millones de soles, cada uno de ellos más grande que el nuestro".

Cuando el ritual llegaba a ese punto, el otro respondía diciendo: "¡Ahora creo que somos suficientemente pequeños! Vémonos a dormir".

Esta anécdota trae a mi mente el Salmo 8:

"Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
sla luna y las estrellas que tú formaste, pienso:
"¿Qué es el hombre para que lo recuerdes,
y el hijo del hombre para que lo cuides?" (Salmo 8:3, 4).

¿Qué es un individuo sino una mota casi invisible en una mota casi invisible (nuestro planeta), en una mota casi invisible en términos galácticos (la Via Láctea)? Y sin embargo, Dios derramó las riquezas del cielo en el camino de cada uno de nosotros. Mandó a su Hijo unigénito para que rescatara este planeta en rebelión. ¿Por qué? ¡Debido a su amor! Pero, ¿quién puede comprender dicho amor?

"Nadie", responde Pablo. Podemos vislumbrar sus profundidades y su majestad, pero no tenemos forma de comprenderlo plenamente.

Esta conclusión nos pone a todos en una posición bastante humilde. A la mayoría de nosotros, de tanto en tanto nos gustaría decirle a Dios cómo manejar las cosas aquí en la tierra, y cómo manejar el plan de salvación y el juicio final. Pero a fin de cuentas, debemos retroceder y dejar que Dios sea Dios. Somos demasiado ignorantes para ser sus consejeros.

Del mismo modo, tampoco podemos contribuir a sus riquezas, no importa cuán arduamente nos esforcemos por hacerlo. Como Pablo ha señalado repetidamente, nada que podamos hacer puede comprar nuestra salvación, o siquiera añadir algo a su valor. Todo lo que podemos hacer es aceptar humildemente las riquezas de Dios y orar cada día por aprender a caminar más perfectamente con él, mientras nos esforzamos por permitirle que nos cambie en forma tal que lleguemos a parecemos cada vez más a él. La maravilla de maravillas es que, aun estando Dios tan por encima de nosotros, haya accedido a vivir su vida en nosotros.


Alabanzas sin límites
Porque todas las cosas son de él, por él y para él. ¡A él sea la gloria para siempre! Amén. Romanos 11:36.


Esta es la conclusión de la doxología que comenzó en Romanos 11:33. Tiene dos partes. La primera es una afirmación teológica de por qué» dependemos de Dios. "Todas las cosas" son "de él, por él y para él". Ya sea que "todas las cosas" se refiera a la creación o a la salvación, no significa ninguna diferencia, porque las dos cosas, junto con todo lo demás, son "de él", es decir, de Dios. Como dice John Stott: "Si preguntamos de dónde surgieron todas las cosas en el principio, y aún hoy, la respuesta necesita ser, 'de Dios'. Si preguntamos cómo fueron creadas todas las cosas, y siguen subsistiendo hasta hoy, nuestra respuesta es, 'por medio de Dios'. Si preguntamos porqué llegó todo a existir, y hacia dónde va todo, nuestra respuesta debe ser, 'para Dios y a él... Dios es el Creador, Sostenedor y Heredero de todo; su Fuente, Medio y Destino. Es el Alfa y la Omega, y todas las demás letras intermedias". La versión de Moffatt captura acertadamente el significado del pasaje de hoy: "Todo viene de él, todo vive por él, y todo termina en él. ¡Gloria a él por siempre, Amén!"

Pablo concluye el capitulo 11 con una alabanza final a Dios: "¡A él sea la gloria para siempre! Amén". La razón de que toda la gloria le pertenezca sólo a Dios, es porque él es la Fuente de todo.

El orgullo humano procura adjudicarse a si mismo la gloria. Así, Nabucodonosor estaba fuera de orden al exaltarse diciendo: "¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué con la fuerza de mi poder, para residencia real y para gloria de mi grandeza?" (Daniel 4:30).

El orgullo consiste en actuar como si nosotros fuéramos Dios o, según lo expresa cierto autor, "pavonearnos por el mundo como si fuéramos los dueños, repudiando nuestra debida dependencia de Dios, pretendiendo en cambio que todas las cosas dependen de nosotros, y de este modo adjudicándonos a nosotros mismos la gloria que sólo pertenece a Dios". Así, el orgullo es la cumbre de la actitud de antagonismo a Dios frente a la vida.

Con esta verdad en mente, es fácil ver por qué en Romanos Pablo se preocupa hasta aquí tanto de combatir la jactancia: Tanto el mal que significa enorgullecemos de nuestros esfuerzos humanos por obtener la salvación, como el bien de jactarnos por lo que Dios en Cristo ha hecho por nosotros en la cruz.

A fin de cuentas, toda la gloria le pertenece sólo a Dios. Esta es la conclusión teológica que surge de Romanos 1-11. Pero es también la conclusión devocional que surge de estos mismos capítulos. Alabamos a Dios porque sabemos la verdad acerca de lo que ha hecho por nosotros.