Orar como Dios ora
Hermanos, el anhelo de mi corazón, mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Romanos 10:1.


¿Cómo nos sentiríamos si fuéramos Pablo? Los dirigentes judíos habían plagado su obra prácticamente desde su conversión al cristianismo. No sólo estorbaron sus esfuerzos; además, se esforzaron por causarle * los mayores sufrimientos y persecuciones. Algunos de ellos habrían de procurar eventualmente su muerte. Sus enemigos estaban empeñados en hacerle mal.

¿Cómo trataríamos nosotros a gente así? Quizás la mejor forma de responder esta pregunta es examinar la forma como hemos tratado a los que nos rechazan o hacen mal. No sé qué harás tú, amigo o amiga que lees esto, pero yo siento la tentación a cortar toda relación con la gente así. "Después de todo —puedo decirme—, he hecho todo lo posible por ayudarles. Parece que les gusta el pecado, o la miseria. Supongo que tendrán que aprender a las malas". O quizás pensemos que "esos tales por cuales" realmente merecen lo que les ha sucedido. (Por supuesto que lo merecen; ¡y mucho más!)

Por cierto que Pablo tenía buenas razones para haberse sentido así con referencia a los dirigentes judíos de su tiempo. Pero el punto del texto de hoy es que no lo hizo, o si así pensó en algún momento, no por ello permitió que sus emociones ahogaran su cristianismo. En cambio, les dijo que oraba desde el fondo de su corazón por que fueran salvos.

Eso es amor. Es la misma clase de amor que Jesús declaró que nosotros debemos tener si hemos de ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Mateo 5:43-48). Y es la misma clase de amor que Dios mostró por nosotros al enviar a Jesús a morir por nosotros cuando todavía éramos sus enemigos (Romanos 5:8, 10).

Esto sí es poder. Esto sí es cristianismo. Así es Dios. Y recordemos que su deseo es que seamos como él es.

En vez de consignar a sus enemigos al infierno, Pablo oraba por su eterna salvación. Oraba, en efecto, pidiendo ser vecino de ellos en el cielo.

¿Cuál es tu situación hoy, amigo lector? ¿Tienes esa clase de amor? En ciertos círculos oímos hablar mucho acerca de la perfección del carácter, pero la conducta de Pablo se halla al centro mismo de su verdadero significado.

Padre, ayúdame hoy a desear parecerme más a ti. Ayúdame a amar, especialmente a los que siento que han abusado o se han aprovechado de mí. Amén.


Justicia
Testifico en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. Romanos 10:2, Versión de Jerusalén.


EI celo por Dios sin conocimiento equivale a fanatismo. En la iglesia han ^ abundado históricamente diversas clases de fanatismo. En efecto, Pablo » mismo sucumbió a esa enfermedad. Él mismo reconoce: "Yo cierta-—^ mente había creido mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret, lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras" (Hechos 26:9-11). Y en otro lugar declara: "Y en el judaismo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso en las tradiciones de mis padres" (Gálatas 1:14).

Pablo sabia lo que significaba hacer gala de excesos de devoción en medio de un pueblo fervoroso. Como C. K. Barrrett lo expresó: "Ninguna nación, fuera de Israel, se ha entregado a Dios con un celo tan ferviente y valeroso". El rabino Judá ben Tema expresó con precisión ese modo de pensar en la siguiente declaración: '"Sé fuerte como el leopardo, veloz como el águila, ligero como la gacela y valiente como el león en la ejecución de la voluntad de tu Padre que está en el cielo " (Aboth 5:20).

Pero todo el celo del mundo carece de valor si no tiene conocimiento para que lo guíe. Juan Calvino recalca que "es mejor —como lo expresó Agustín— ir rengueando en la dirección debida que correr con toda energía" en sentido equivocado.

Tener celo sin conocimiento es un vicio, y no una virtud. En todas las congregaciones hay algunas personas de esta clase. Lo mismo que el proverbial toro en la tienda de loza china, imitan al Pablo de la primera época con su falsa apariencia de devoción farisaica.

¿De qué falta de conocimiento adolecen? De la misma que adoleció Pablo antes de su conversión. El conocimiento de que no somos autosuficien-tes sino absolutamente dependientes de los méritos salvadores de Jesucristo. La correcta comprensión de este concepto produce un celo humilde que reconoce tanto nuestras debilidades como el poder del pecado, pero por encima de todo, el asombroso poder de Dios.

Los que suponen que saben, hace notar Martin Lutero, causan un sinfín de problemas; en cambio "aquel que sabe que no sabe, es bondadoso y está dispuesto a ser dirigido".

Dios desea que manifestemos celo por él. Pero debe ser un ardor lleno de conocimiento, de un conocimiento de nuestra debilidad, de nuestras necesidades, de nuestra tendencia a convertirnos en Dios para los demás, y más que todo, de nuestra necesidad de su gracia que ablanda e informa.


Justicia con daños cerebrales
Por ignorar la justicia de Dios, y procurar establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. Romanos 10: 3.


Se cuenta el caso de una compañía de soldados estadounidenses que fueron capturados y encarcelados en un campamento de prisioneros de guerra. Como no tenían dinero, cuando un soldado quería adquirir algo de manos de otro, recurrían al trueque. Sin embargo, el sistema dejaba mucho que desear.

Cierto día llegó un paquete que contenía varios juegos de Monopolio (llamado también Metrópoli). Los soldados se sintieron felices, no por los juegos, sino por los billetes impresos que contenían. Pronto se lo dividieron, recibiendo cada uno una cantidad igual de billetes de $500, $100, $50, $20, $10, $5 y $1. Eso simplificó mucho el proceso de trueque. Ahora, cuando un soldado le "compraba" a otro una barra de chocolate, simplemente le daba un billete de Monopolio por valor de $20.

Pero en casi cualquier grupo siempre hay quien tenga un fuerte instinto capitalista. Uno de los soldados era especialmente apto para comprar barato y vender caro. Con el tiempo acaparó casi todo el dinero del campamento.

En esos días hubo un intercambio de prisioneros de guerra, y los soldados internados en el campamento fueron llevados de vuelta a Los Ángeles. Una de las primeras cosas que hizo nuestro amigo capitalista fue ir al banco local para abrir una cuenta. Después de llenar los formularios correspondientes, se vació los bolsillos y amontonó sobre el escritorio $2.325.413. La cajera echó una sola ojeada al montón de billetes de Monopolio, y llamó al gerente. Para ella, era evidente que el soldado sufría de algún tipo de daño cerebral.

La moraleja de la historia es que el dinero de Monopolio puede servir muy bien para jugar, o en el ambiente confinado de un campamento de prisioneros, pero no sirve de nada en el ambiente comercial.

Lo mismo sucede con la justicia. Demasiada gente en la iglesia está jugando a ser justos, pero son ya sea demasiado ignorantes o tienen el cerebro demasiado "dañado" como para darse cuenta de que su justicia no es el artículo genuino, a pesar de que quizás los hace sentirse superiores a los demás.

A Pablo, sus conciudadanos de Israel lo preocupan por dos razones: (1) ignoraban la justicia de Dios y procuraban arreglárselas con la suya propia, y (2) no se sometían a la justicia de Dios.

En estas dos cosas, afirma Pablo, se arraigaba la médula del problema de por qué la iglesia había llegado al punto de estar compuesta mayormente por gentiles. El problema no estaba en las promesas de Dios (Romanos 9:6) o en la misericordia de Dios, sino en la ignorancia espiritual de Israel. Y para peor, esa misma ignorancia tiende al orgullo espiritual.

Ayúdame, Padre, a ver claramente la profundidad de mi necesidad y la grandeza de tu misericordia.


Cristo, el fin de la ley
Porque el fin de h ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Romanos 10:4 (RV 60).


Cristo es el fin de la ley? ¿Qué significa eso? Este texto ha tenido muchas interpretaciones. Una es que proclama la abolición de la ley de Dios, de modo que los cristianos ahora están libres de portarse *—como les parezca mejor.

Pablo desvirtuó esta interpretación en Romanos 3:31, al señalar que la fe establece la ley en vez de anularla. Además, en Romanos 7, les recuerda a sus lectores que la ley es santa, justa, buena y espiritual (vers. 12, 14). Y en Romanos 12:8-10 vuelve a presentar la obligación que pesa sobre el cristiano en cuanto a la ley. Jesús se expresó en la misma frecuencia de Pablo, al decir que no había venido para abolir la ley sino para ampliar su significado, y que no perecería de ella ni una letra ni un punto "mientras existan el cielo y la tierra" (Mateo 5:17, 18).

Una posible segunda interpretación, que por cierto calza bien con el contexto de Romanos 10, es que "Cristo es el fin [término] de la ley para justicia". Esto es ciertamente verdadero. Pablo ha probado con firmeza el hecho de que la justicia viene por la fe y no por el cumplimiento de la ley. El reconocimiento de este hecho significaría la muerte de todos los legalis-mos en la mente de los verdaderos cristianos. Asi, notó en Romanos 10:3 que los cristianos obtienen justicia al someterse a la justicia de Dios. No hay otra manera de hacerlo.

Si bien esta interpretación es sin duda verdadera, no refleja necesariamente el significado pleno de Romanos 10:4. La palabra traducida como "fin" significa también "blanco" o "cumplimiento". Por eso, hace notar F. F. Bruce: "Cristo es el blanco al cual apuntaba la ley, porque él encierra la perfecta justicia que ésta prescribe... Por cuanto Cristo es el objetivo de la ley, por cuanto en él la ley halla su cumplimiento perfecto, hay una condición de justicia disponible para todos los que creen en él, y ésta implica la terminación de la función —real o imaginaria— de la ley como medio de adquirir tal condición de justicia". Juan Ziesler piensa en Cristo como el blanco de» la ley cuando escribe que Jesús cumplió "las promesas hechas a Abrahán", abriendo así la participación en "el pueblo de Dios a todos los que tuvieran fe en él".

No importa cómo mire alguien a nuestro texto de hoy, los cristianos son los que han obtenido su justicia a través de Cristo, quien cumplió verdaderamente la ley y puso su justicia a disposición de todos los que tienen fe en él.


Un callejón sin salida en el camino de la salvación
Moisés describe la justicia de que había la Ley: "El que hace estas cosas, vivirá por ellas". Romanos 10:5.

En el versículo de hoy, y en los que le siguen, Pablo demuestra que su concepto de la justificación por la fe no es algo nuevo, sino que » siempre ha sido la forma en que Dios acepta a la gente. Comprueba su aserto compilando una serie de pasajes del Antiguo Testamento. El primero es una cita de Levitico 18:5, que, según el apóstol, significa que la persona que desea establecer la justicia guardando la ley, debe vivir cumpliéndola en todos sus aspectos y detalles. Esto es, hay que obedecerla literalmente al pie de la letra. Cualquier falta, por pequeña que sea, significa la pérdida de la salvación, puesto que la ley no contiene en sí misma gracia ni misericordia.

Santiago dice algo parecido al aseverar que "el que guarda toda la Ley, y ofende en un solo punto, es culpable de todos" (Santiago 2:10). De este modo, si una persona de algún modo puede cumplir todo menos un pequeño detalle, todavía estará bajo condenación, tan perdida como cualquiera que haya quebrantado todas las disposiciones de la ley.

Con esto en mente, debemos recordar que Pablo ya ha demostrado por las mismas Escrituras judías que todos han pecado y están despojados de la gloria de Dios (3:9-20, 23). Precisamente debido a esto, los más diligentes seres humanos aun en sus mejores momentos, sólo han podido producir justicia imperfecta e inaceptable según la ley. Y a la vista de Dios, esa clase de "justicia" no tiene nada de justo. Nunca podrá ganarse el favor divino ni quitar el pecado.

Por supuesto, algunos de los judíos se habían engañado ellos mismos pensando que eran perfectos, o que les faltaba muy poco. El joven rico, por ejemplo, no tuvo empacho en afirmar que desde su niñez había guardado todos los mandamientos de Dios (Mateo 19:20). Pero Jesús expuso rápidamente su engaño al señalarle su falta de amor por el prójimo.

A través del libro de Romanos, Pablo ha establecido una serie de proposiciones tocante a la justicia que es por la ley: (1) El que se empeña en buscar salvación guardando la ley, será juzgado en base a su esfuerzo. (2) Nadie, a excepción de Cristo, ha logrado guardarla perfectamente. (3) Como resultado de lo anterior, todos están bajo condenación.

Además, Pablo ha expuesto en forma consecuente y repetida el plan divino de salvación por la gracia que es por la fe, como la única alternativa a la salvación por el esfuerzo humano. La cantidad de tiempo y esfuerzo que le dedica a este asunto indica cuan profundamente engastada en la mente humana se halla la tendencia a creer en la justificación por las obras.


¿Lejanos o cercanos?
No necesitas decir... "¿Quién podría ir al cielo para traernos a Cristo, o quién podría descender a las profundidades para traérnoslo de entre los muertos?" No; la pabbra está muy cerca de ti... en tu propio corazón. Romanos 10:6-8 (Trad. de paráfrasis de Phillips).


Los seres humanos padecemos de una maravillosa perversidad! Todos deseamos lo que no podemos obtener y despreciamos cualquier cosa que parezca demasiado fácil o que no cueste nada. Preferimos - que la obtención de las cosas que consideramos valiosas nos cueste un esfuerzo.

Recuerdo cuando yo estudiaba en la universidad y estaba aun más pobre que la proverbial rata. Una de mis grandes alegrías era ir a la tienda de libros usados que había cerca de mi casa, y admirar las obras que estaban fuera de mis posibilidades financieras. Desde luego, ocasionalmente me las arreglaba para rescatar un billete de diez dólares y darme la indulgencia de caer en mi vicio favorito. Pero casi siempre tenía que contentarme con admirar de lejos lo que no podía comprar.

Entonces, un día, vino la crisis. La librería se vio forzada a cerrar, de modo que puso todas las obras que le quedaban a 25 centavos cada una. Repentinamente, los libros estaban a mi alcance. Pero en forma igualmente repentina, perdieron su valor ante mis ojos. Ahora no eran más que "vejestorios".

Este rasgo tan humano, de apreciar tanto lo que cuesta caro o que hay que esforzarse por adquirir, se proyecta también del reino material al espiritual. ¡Cuan felices se sienten muchos por hacer algún peregrinaje religioso o participar en una cruzada, o entregar todas sus posesiones con el fin de lograr algún blanco espiritual! La historia está llena de tales hazañas.

Mándennos a subir al cielo o descender a los abismos, o a realizar alguna otra gran hazaña humana, y se veré cómo nos dejamos embargar por el entusiasmo. Eso requiere sacrificio, algo de lo cual podamos sentirnos orgullosos, algo de lo cual pueda escribir un libro, algo que me provea material para un testimonio excelente ante la congregación. Esta clase de logros tiene valor ante nuestros ojos pervertidos.

Por contraste, el simple hecho de aceptar a Cristo por fe ¡parece tan vulgar, tan sin valor, tan desprovisto de todo elemento que me permita ufanarme ante los demás! Y sin embargo es ese camino de salvación tan opaco, el que Pablo insiste en advertirnos que es la única senda verdadera. No necesitamos escalar el Everest, ni atravesar nadando el Canal de la Mancha. Todo lo que tenemos que hacer es aceptar el don de Dios. Lo que necesitamos, ya es potencialmente nuestro. Esté cerca de nuestros corazones y nuestras mentes. Todo lo que tenemos que hacer es aceptarlo, hoy mismo.


Cristianismo interior y exterior
Si con tu boca confiesas que Jesús es el Señor, y en tu corazón crees que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Romanos 10:9.


Confesar y creer. Lo extemo y lo interno. La combinación de estas dos ffl ideas es absolutamente central en el cristianismo. El Nuevo Testamento no deja la mayor duda acerca de que la verdadera religión es asunto del corazón. Una religión superficial es lo que poseen los hipócritas o los actores teatrales. Jesús acusó a los fariseos de poseer una religión así, cuando los llamó "sepulcros blanqueados, que de fuera se ven hermosos, y por dentro están llenos de huesos de muertos y de inmundicia" (Mat. 23:27). Así, lo interior es primordial.

Pero en el cristianismo del Nuevo Testamento la experiencia interna nunca se presenta sola. El estado interior se revela en la conducta exterior. Si uno realmente cree en su corazón, su creencia producirá un reconocimiento exterior. Así vincula Pablo el hecho de creer con el acto de confesar.

Para el apóstol, confesar a Cristo es un acto religioso solemne. Es posible que en sus servicios bautismales los cristianos primitivos hayan usado una confesión similar a la que encontramos en el versículo de hoy, a pesar de que el decirla los colocaba en peligro. Confesiones como ésta eran también importantes cuando los cristianos eran llevados ante las autoridades legales, como el Sanedrín judio. Desde luego, en tales situaciones uno siempre debe afrontar la tentación de no confesar.

El contenido de la confesión es iluminador. Tanto para los conversos gentiles como para los judíos, reconocer que Jesús era el Señor significaba un rompimiento radical con su pasado, porque afirmaba la divinidad de Cristo. Esto era sumamente claro para los judíos cristianos, puesto que la Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento) usa la palabra "Señor" más de 6.000 veces para designar el nombre de Dios. Más allá de eso, en el mundo gentil era la palabra que se usaba para referirse a una deidad o al emperador al cual se lo adoraba como a un dios. Así, confesar a Cristo como el Señor, era declararlo Dios el Hijo.

Pablo consideraba también extremadamente importante el segundo aspecto de la confesión, que se refiere a la resurrección de Cristo de entre los muertos. La resurrección colocaba el sello de aprobación divina sobre la vida y la muerte de Cristo. León Morris lo expresa así: "La resurrección es de crítica importancia. Fue en la cruz donde Dios realizó su obra de salvación, pero Pablo no cree en un mártir fallecido, sino en un Salvador viviente".

Ese Salvador viviente, Pablo nos dice en otros lugares, volverá trayendo consigo las bendiciones plenas de la salvación. De ese modo, el que tenga una experiencia tanto interior como exterior con Cristo "será salvo".


No es posible ser discípulos secretos
Porque con el corazón se cree para ser justificado, y con la boca se confiesa para salvación. Romanos 10:10.


Ayer notamos que el cristianismo genuino combina una experiencia religiosa interior con su expresión exterior. No sólo hay que creer que Jesús es el Señor resucitado, sino también confesar dicha fe. Vimos que lo interior se expresa naturalmente en formas externas. El versículo de hoy continúa desarrollando este pensamiento.

Con esto en mente, es necesario preguntarnos si es posible ser un creyente secreto en Cristo. Este punto surge de pasajes como Juan 12:42, 43, donde se dice que "aun entre los gobernantes, muchos creyeron en él. Pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios".

Se puede sentir la tensión al leer el texto. Quizás la mayoría de nosotros la hayamos experimentado también. Una cosa es creer, pero otra cosa es anunciarlo ante los demás, especialmente en contextos sociales donde el hacerlo puede no ser popular, o puede costamos nuestra posición.

Así pues, en Juan aparecen ciertos discípulos secretos. Con relación a Romanos 10:10, los dirigentes judíos que menciona Juan son un interesante tema de estudio. Finalmente cada uno de ellos tuvo que afrontar la imposibilidad de ser un discípulo secreto de Jesús. Para algunos, el secreto dio al traste con el discipulado, mientras que para otros fue el discipulado lo que destruyó el secreto. Pero no podía mantenerse a perpetuidad la tensión entre ambos elementos, porque el discipulado secreto es una contradicción de términos.

Nicodemo descubrió esa contradicción. Al comienzo, "vino a Jesús de noche" Cuan 3:2). Pero ese encuentro alimentó en su corazón los comienzos de la fe. La siguiente vez que lo encontramos, defiende a Jesús en forma discreta, que no permite a nadie creer que el fariseo ha comenzado a creer en el Nazareno. Aun así, debió pagar por esa cautelosa defensa, porque algunos lo atacaron con la acusación de que él también debía ser un seguidor (Juan 7:50-52). Más tarde, a la muerte de Cristo, el discipulado finalmente triunfó sobre el secreto, y Nicodemo confesó abiertamente su fe en Cristo. Otros fariseos, sin embargo, permitieron que su secreto ahogara su discipulado.

¿En qué situación me hallo esta mañana? ¿Está mi exterior en línea con mi interior, mi confesión con mi creencia?


Uno en Cristo


La Escritura dice: "Todo el que crea en él, no será avergonzado". Y no hay diferencia entre judio y griego; ya que uno mismo es Señor de todos, y es generoso con todos los que lo invocan. Romanos 10:11, 12.

Pablo muestra un profundo aprecio por la Palabra de Dios. No sólo la ama y la conoce, sino que la cita habitualmente como autoridad para establecer sus diversos puntos. La Escritura que usa en Romanos —10:11 ya la había citado en el capítulo 9 versículo 33, pero ahora el apóstol ha hecho un pequeño agregado que tiene gran significado. Al escribir de los que no serán avergonzados, añade la palabra "todo". Subraya así la universalidad del pueblo de Dios. En lo que se refiere a la salvación, no hay distinción entre judíos y gentiles. Todos los que tienen fe verán la salvación de Dios.

Pablo reconoce tan sólo un camino a la salvación: la fe. Tal como demostró que no había diferencia en el pecado de un judio y un gentil (Romanos 3:22), ahora asevera que tampoco hay diferencia en la salvación de ambos. Y con este pensamiento vuelve al tema principal de los capítulos 9 al 11: que Dios ha escogido tener misericordia de todos.

La unidad de judíos y gentiles ha sido un tema general a través de Romanos. En Romanos 1:16, Pablo establece el tenor de toda la epístola, al destacar el hecho de que la salvación viene a todos por fe, "primero al judío y también al griego". Luego, en Romanos 2:9, señala que en ambos grupos los individuos recibirían tribulación y angustia por hacer lo malo. En el versículo 10 declara que los miembros de ambos grupos compartirían "gloria, honra y paz" sí obraban bien, porque "ante Dios no hay distinción de personas" (vers. 11). Nuevamente, en Romanos 3:9, Pablo señala que "tanto judíos como gentiles, todos están bajo pecado".

Cuando el apóstol vuelve a la igualdad de judíos y gentiles en el plan de salvación, en Romanos 10:12, indica que judíos y griegos deben tener un mismo camino de salvación porque uno mismo es el Señor de ambos.

Aquí hallamos una lección para la iglesia del siglo 21. A través de la historia, las diferencias éticas y raciales han desgarrado al mundo y a la iglesia. Es comprensible esto si sucede en "el mundo", que todavía se halla bajo el control del enemigo de toda unidad. Pero para la iglesia esta situación constituye una traición de su fe, tal como lo era en la controversia entre judíos y gentiles en los días de Pablo.

Admitámoslo: todos tenemos el mismo problema del pecado, Dios tiene la misma solución para todos nosotros, y todos compartimos el mismo Señor. Hoy Dios quiere que aprendamos a vivir reflejando mejor nuestra condición de hermanos y hermanas en Cristo Jesús.


Todos los que invoquen el Nombre
Todo el que invoque el Nombre del Señor, será salvo. Romanos 10:13.


Cree el lector que "todo el que invoque el Nombre del Señor será¿Cuál será el caso de esas almas desviadas a que Cristo se refirió en el Sermón del Monte? Por cierto que habian estado invocando el nombre del Señor, y sin embargo no serán salvas. Escuchemos lo que el mismo Señor Jesús dijo acerca del tema: "No todo el que me dice: 'Señor, Señor' entrará en el reino de los cielos" (Mateo 7:21).

¿Existe un conflicto entre lo que nos dicen Pablo y Jesús? No, por cierto, si examinamos el contexto de ambos pasajes. Jesús pasa a declarar que sólo estarán en el reino los que hacen la voluntad de Dios, no importa cuántos milagros u otras señales hayan hecho. En otras palabras, tenian que tener fe en que era el Señor, y también mostrar el fruto externo de obediencia a su voluntad.

El contexto, en Romanos, ya ha establecido el mismo punto. Notamos hace unos días que tanto la creencia interior como la confesión exterior (Romanos 10:9) van mano a mano, y que nadie puede tener la una por mucho tiempo sin tener también la otra.

¿Quiénes son esos "todos", los que por invocar el nombre del Señor serán salvos, según Romanos 10:13? Son los que estén incluidos en la enseñanza de Pablo en el capítulo 10. De hecho, son los que hayan aceptado lo que Pablo enseña a través de la epístola. Reconocen que se hallan bajo la condenación de la ley, que no pueden hacer nada por rescatarse por cuenta propia, que la muerte de Cristo por ellos pagó el precio de la redención, que la resurrección de Cristo garantiza su resurrección, que su bautismo simboliza el fin de la antigua manera de vivir y el comienzo del proceso de caminar con Jesús haciendo la voluntad de Dios, y que tienen el ardiente deseo de confesar a Cristo como Señor y Salvador. En su contexto, el "todo" de Romanos 10:13 se refiere a quien tenga fe en Cristo tanto interior como exterioimente manifesta-
Todos los tales serán salvos, sin excepciones, porque han invocado el nombre del Señor con todo su corazón, mente y espíritu. La frase "el que invoque el Nombre del Señor" es importante. Tanto así para el cristiano, que Pablo la usa en 1 Corintios 1:2 para describir a los cristianos. Estos son "todos los que en todo lugar invocan el Nombre de nuestro Señor Jesucristo". Es nuestro privilegio invocar ese nombre ahora mismo, al inclinarnos en oración.