CAPÍTULO 1
La Epístola de Pablo a los Romanos
La Epístola a los Romanos es, sin lugar a dudas, el documento| que mayor influencia ha ejercido en el cristianismo. Romanos no solo encendió la llama de la Reforma Protestante, sino de muchos otros reavivamientos a lo largo de la historia. Con esto en mente, es importante que entendamos el contexto de la Epístola antes de iniciar el estudio del plan de salvación que ella presenta. En este capítulo discutiremos el propósito con que se escribió Romanos y sus temas principales, mientras que en el siguiente capítulo examinaremos la profunda tensión entre judíos y cristianos gentiles que subyace en cada sección de esta Carta; cómo se relaciona dicha tensión con la estructura del libro; y la relevancia de Romanos para los cristianos del siglo XXI.

¿Por qué Pablo les escribió a los romanos?

El libro de Romanos tiene al menos tres objetivos, siendo el primero de carácter práctico. Pablo se encontraba en un punto crítico en su ministerio. Su obra de evangelización había cubierto hasta el momento las provincias romanas de Galacia, Asia, Macedonia y Acaya (territorios comprendidos actualmente entre las naciones de Turquía, Grecia y Macedonia), y se estaba preparando para enfocar su ministerio hacia España.

Pero antes de partir rumbo a España, el apóstol necesitaba visitar otros dos lugares. El primero era Jerusalén, donde entregaría la contribución para los judíos cristianos pobres que había recogido entre las iglesias gentiles (Rom. 15: 26, 27). El otro lugar era Roma (vers. 24, 28). Estas dos visitas ineludibles, prepararon el terreno para la Epístola de Pablo a los cristianos en Roma.

Él obviamente pudo haber ido a España sin necesidad de detenerse en Roma, pero esperaba que los cristianos romanos le garantizaran su apoyo, así como lo habían hecho los cristianos de Antioquía durante su primer viaje misionero. De ahí, su llamado a que lo ayudaran en su misión después de que se conocieran durante su visita (Rom. 15: 24, NVI).

Este aspecto práctico sirve como antesala a lo que podríamos llamar el propósito estratégico de la Epístola; a saber, que si la iglesia romana le proporcionaba una base sólida, las facciones beligerantes gentiles y judías tendrían que unirse. «Los ecos de esta controversia, tanto en sus implicaciones teológicas como prácticas, resuenan a lo largo de toda la Epístola a los Romanos. Pablo aparece desde el principio hasta el fin como un auténtico pacificador, [...] ávido por preservar la verdad y la paz sin sacrificar ni la una ni la otra».1 El lugar en el que se manifiesta de forma más extensa en la Epístola su objetivo de paz es en Romanos 14: 1-15: 13, donde habla de sus discrepancias y de las críticas que se hacían mutuamente debido a ciertos temas judíos. El apóstol llega al climax de su presentación con respecto a este tema cuando escribe que Dios tiene «misericordia de todos» (es decir, tanto de los judíos como de los gentiles) en el plan de salvación (Rom. 11: 32, ver 1: 16, 17, 3: 22, 23).

Este preámbulo nos lleva al propósito teológico de la Epístola a los Romanos. Pablo sentía la necesidad de establecer sus credenciales teológicas y, como resultado, escribió una carta que exponía sus puntos de vista sobre la lógica del evangelio. Esta fue una tarea crucial, ya que sus batallas contra algunos legalistas judíos cristianos, según se relatan en Gálatas y 2 Corintios, le habían dado la reputación de estar en contra de la ley, e incluso en contra de los judíos. Los rumores sobre la posición de Pablo en estos temas aparentemente habían llegado a Roma, y de allí la referencia del apóstol a que se los estaba calumniando, a él y a otros, acusándolos de decir: «Hagamos males para que vengan bienes» (Rom. 3:8). Pablo necesitaba neutralizar esos rumores y, si era posible, ganarse a algunos que ya estaban sesgados en su contra. La estrategia que el apóstol utilizó para lograr esto consistió en escribir una exposición bastante completa del evangelio que había predicado durante más de veinte años, de manera que tanto judíos como gentiles entendieran sus puntos de vista antes de su llegada a Roma.

Aunque indudablemente esta exposición del evangelio estaba dirigida a los cristianos romanos, como lo indica su continua referencia a las tensiones en el ámbito étnico, también pudo haber tenido otros grupos como objetivo. Algunos han sugerido que Romanos pudo tratarse de una defensa que Pablo intentó presentar ante la iglesia de lerusalén, que también podía ser útil en Roma. Esta hipótesis adquiere credibilidad cuando leemos acerca de las componendas judías contra la vida de Pablo (véase, por ejemplo, Hech. 20: 3) y su petición de que los cristianos romanos oraran por él «para que sea librado de los rebeldes que están en Judea» (Rom. 15: 31, 32). Y si el apóstol no pudo vivir para predicar el evangelio en occidente, podemos incluso ver el extenso tratamiento que le dio al tema de la salvación en la Epístola a los Romanos como su «última voluntad, un valioso legado para la iglesia, y a través de ella, a la comunidad de la fe en todo el mundo».2

La posibilidad de que Pablo haya tenido varias motivaciones para la amplia exposición que realiza del tema de la salvación en Romanos, nos ayuda a entender mucho el formato de la epístola. Y es que, a diferencia de la mayoría de las epístolas de Pablo, que reflexionan constantemente sobre circunstancias locales, Romanos 1: 16-11:36 presenta un análisis muy general, desprovisto de esta característica. En vez de dar respuestas a problemas concretos, Romanos se explaya tomando corbase la lógica interna de la enseñanza de Pablo. En ninguno de sus capítulos se habla de Roma o de alguna situación particular que haya ocurrido en Roma. Como resultado, Richard Longenecker cataloga a Romanos como una epístola «tipo tratado», en lugar de ser una epístola pastoral como las demás. Afirma, que aunque que las epístolas tipo tratado son «ampliamente pastorales, [...] su contenido y tono sugieren que su intención original era dar más que una mera respuesta pastoral a un conjunto de temas específicos que surgieron en un lugar determinado». Más bien, se trata de exposiciones teológicas generales que pueden encajar en muchos contextos. Epístolas como Hebreos y Santiago también podrían ser catalogadas como tratados.3

Dicho esto, no deberíamos cometer el error de considerar a toda la Epístola a los Romanos como un tratado. Después de todo, algunas porciones en Romanos, como 1: 1-15; y 14: 1-16: 27, contienen todos los elementos de las cartas pastorales. Tal vez, lo mejor es ver a Romanos como la expresión de la preocupación pastoral del apóstol, contenida, a la vez, en un tratado teológico orientado a las necesidades de la comunidad romana, que va de Romanos 1: 16 a Romanos 11:36. Catalogar a Romanos exclusivamente como un tratado podría explicar la existencia de versiones más cortas de la epístola que aparentemente circularon en el mundo antiguo y que eliminaban las menciones de Roma en 1: 7, 15, así como el capítulo 16, con todos los saludos personales.

Los temas teológicos de la Epístola

Cuando se pregunta cuál es la principal contribución de la Epístola a los Romanos, lo primero que suelen responder muchos es que es su teología, especialmente la comprensión cristiana de la salvación. Si bien esto es cierto, es importante recordar que Romanos no presenta una teología sistemática que exprese todos los aspectos del conocimiento de su Uno de los temas centrales de la Carta y del ministerio de Pablo es cómo debería ser la iglesia. Por un lado, estaban los judíos cristianos que aparentemente tenían dificultades para abandonar los aspectos ceremoniales del Antiguo Testamento, y que además estaban bajo la influencia de judíos que veían la ley como un medio para ganar la salvación. Por otra parte, estaban los que despreciaban todo lo que tuviera que ver con el judaismo, incluyendo la ley. Nuestra discusión de los temas teológicos en la Epístola a los Romanos se desarrolla dentro de este tenso contexto histórico.

1. Unidad en Cristo y salvación para todos. John Brunt captura la esencia de este tema cuando escribe que «uno de los términos teológicos más importantes en Romanos es simplemente la palabra todos». A lo largo de la epístola, el apóstol se esfuerza por reconciliar a los miembros de la iglesia romana que se habían dividido por el prejuicio racial entre judíos y gentiles. Como veremos más detalladamente en el siguiente capítulo, el término «todos» está presente en cada uno de los aspectos de la Epístola a los Romanos.

2. El pecado. Un segundo concepto predominante que abona el terreno para la epístola es la realidad del pecado. Romanos 1: 18-32 expone la culpabilidad de los gentiles, mientras que Romanos 2 hace lo mismo con los judíos. Ambos grupos están «bajo el pecado» (Rom. 3: 9), porque «todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (vers. 23). Y dado que «la paga del pecado es muerte [eterna]» (Rom. 6: 23), la expectativa para toda la humanidad es desoladora.

Según Pablo, no solo somos pecadores por naturaleza, sino esclavos del pecado (Rom. 6: 12-16). La única esperanza está en Cristo, quien puede librarnos «de la ley del pecado y de la muerte» (Rom. 8: 2) a través de su «gracia» (Rom. 6: 14).

3. La ley. La discusión del apóstol sobre la ley en Romanos tiene varios aspectos. La división principal en cuanto a este tema está relacionada con algunas declaraciones que parecen negativas con respecto a lley, mientras que otras son positivas. Encabezando la categoría negativa está el dictamen de que «ningún ser humano será justificado [...] por medio de la ley» (Rom. 3: 20). Romanos 7: 4, afirma también que hemos muerto a la ley y, por lo tanto, hemos sido liberados de su condenación y dominio en Cristo. Hemos «muerto a la ley» desde el punto de vista de la redención.

Pero los creyentes no están libres de la ley. Más bien, la teología de Pablo «confirma» la ley (Rom. 3: 31), que es santa, justa, buena y espiritual (Rom. 7: 12, 14). De esta forma, la ley tiene un lugar en la vida del creyente, aunque no sea un medio de salvación eficaz.

Una de las funciones principales de la ley es señalarnos el pecado (Rom. 3: 20, 4: 15, 7: 7), y por lo tanto, la necesidad de la gracia justificadora de Dios. Todo ser humano tiene alguna forma de ley. La Escritura contiene la ley para los judíos (y para los cristianos, 2: 1-13), mientras que los gentiles, a quienes no les fue revelada ley alguna, tienen en cierta medida una ley grabada en sus conciencias (vers. 14, 15). Al final, la ley será la norma del juicio (vers. 5, 6). Aquellos que oyen la ley pero no la obedecen serán encontrados faltos (vers. 13). Así que, aunque la ley no es el camino para la salvación (vers. 20), los que son salvos y viven una vida transformada (Rom. 12: 2) andan «en Cristo [...] en vida nueva» al obedecer los principios de la ley de Dios (Rom. 6: 1-8).

Según Romanos, el principio básico de la ley es amar al prójimo (Rom. 13: 8, 10), aunque se esté del lado opuesto de la línea racial que divide a judíos y gentiles. De una manera muy útil, Romanos 13: 8-10 muestra cómo cada uno de los mandamientos de la segunda tabla del Decálogo fluye desde el segundo gran mandamiento de Cristo, relacionado con el amor (Mat. 22: 36-40). Pablo podría haber hecho lo mismo con la primera tabla del Decálogo, pero sus lectores no tenían problema alguno en amar a Dios.

Su discusión sobre la ley en Romanos 13: 8-10 demuestra su naturaleza intrínseca y espiritual. Esto era importante en una sociedad que se fijaba más en la conducta externa que en la condición espiritual de la persona. Romanos 7: 7 también reflexiona sobre la naturaleza espiritual de la ley, especialmente cuando Pablo afirma que no entendió el pecado hasta que comprendió el significado de «no codiciarás». Este es el único mandamiento en la segunda tabla del Decálogo que representa un indicador de la salud espiritual interna, en lugar de una acción enfocada hacia afuera.

En resumen, Romanos presenta la ley como una guía para la vida, como un espejo que nos revela nuestro pecado, y como la norma del juicio de Dios, pero no como un camino a la salvación.

4. La gracia. Romanos establece el camino a la salvación como el camino de la gracia. En Romanos, la gracia es un don gratuito de Dios a través de Cristo para la salvación de la humanidad (Rom. 3: 24). El apóstol contrasta varias veces la gracia con las obras como alternativa para acercarse a Dios (Rom. 3: 20-24; 6: 14; 11: 6). James Dunn escribe acertadamente que «para Pablo, detrás de todo el proceso de salvación siempre está la iniciativa divina. Ninguna otra palabra expresa tan claramente su teología en este aspecto como la palabra "gracia" (caris)».4

5. La justificación por la fe. La gracia es el don gratuito de Dios para la salvación de los pecadores, y Pablo ilustra esta salvación a través de distintas metáforas. Romanos 3: 24, 25, por ejemplo, presenta tres de ellas, incluyendo la redención (que viene a ser la compra que Dios hizo de los esclavizados por el pecado), la propiciación (una palabra que alude al repliegue de la ira de Dios, o su juicio sobre el pecado), y la justificación.

La justificación viene a ser el eje central del libro de Romanos, el tema preponderante en la epístola en 1: 16, 17 {justificación y justicia son dos traducciones de la misma palabra griega), y la sustancia principal de los capítulos 3 al 5. ,

Pablo acuñó la metáfora de la justificación para enfrentar el problema de la maldición legal de la ley, y la pena de muerte que esto conlleva (Rom. 3: 23, 6: 23). En Romanos 3, justificación no significa «hacer justo», sino «declarar justo». «El argumento central de la justificación —escribe George Eldon Ladd—, es la declaración de Dios, el Juez justo, de t|iic Ion que creen en Cristo, por muy pecadores que sean (...], son i onsidcudos justos, porque en Cristo han entrado en una relación de liistK i.i con Dios». Esta relación, sugiere Ladd, es la clave para entender l,t justificación. «La persona justificada en Cristo, ha entrado en una nueva velación con Dios», quien ahora considera a esa persona justa, y la trata como tal. La justificación es lo contrario a la condenación. «Es un decreto que absuelve de toda culpa, y otorga la libertad de toda condenación y castigo».5

¿Cómo —podríamos preguntarnos—, los seres humanos pecaminosos reciben entonces el regalo de la gracia? Pablo responde con meridiana claridad esta pregunta. Todos los dones salvíficos de la gracia de Dios son siempre recibidos «por medio de la fe» (Rom. 3: 25, ver 1: 16, 17). De ahí, las frases justificación por la fe y justicia por fe. En este punto considero necesario hacer una aclaración: la fe no es una obra meritoria que se obtiene a través del esfuerzo humano, es también un regalo de Dios que hace posible que podamos aceptar sus otros dones.

6. Una vida transformada. Según Romanos, la justificación, la redención y la propiciación de la gracia no son el fin del proceso de salvación. Más bien, vienen a ser el inicio. No hay un solo vestigio de lo que Die-trich Bonhoeffer llamó «gracia barata». Lo que descubrimos más bien es la gracia transformadora (Rom. 12: 2) que lleva al cristiano a andar «en vida nueva» (Rom. 6: 4) y a evitar una vida de pecado (vers. 1-14). En el centro de esta vida santificada o recta en Romanos está la gran ley de Cristo de amar a nuestro prójimo (Rom. 12: 9-13), la cual se manifiesta por medio de una vida en armonía con el Decálogo (Rom. 13: 8-10), y que no busca juzgar a otros (Rom. 14: 13).

Los lectores de Romanos que ven la justificación como el punto culminante de Romanos, pierden de vista lo que Pablo realmente quiere decir. La justificación nunca obra aislada. Por el contrario, está intrínsecamente ligada a una vida transformada o santificada. Cuando se tiene la primera, se tiene la segunda; y al final de los tiempos, la gente será juzgada y justificada eternamente sobre la base de cómo la gracia transformadora de Dios afectó su vida cotidiana (Rom. 2: 5, 6, 13). Es importante señalar que mientras Romanos dedica tres capítulos (del 3 al 5) a la justificación, dedica seis capítulos y medio (Rom. 6-8, 12-15) a la obra de transformación o santificación que ocurre en la vida de quienes aceptan a Cristo. Para Pablo, la justificación y la santificación son una unidad. Ambas son igualmente importantes, ya que la primera conduce a la segunda, y la segunda se basa en la primera. Un cristiano, según Romanos, es una persona que ha sido justificada y que a su vez vive una vida transformada. Quitemos uno de estos elementos, y destruiremos el concepto de la salvación según lo presenta Romanos.

7. Esperanza y seguridad. La esperanza es otra de las grandes palabras en la Epístola a los Romanos. Aparece trece veces, más que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento. Los cristianos adoran al Dios de la esperanza (Rom. 15: 13), abundan en esperanza (vers. 13), se regocijan en la esperanza (Rom. 5: 2, 12: 12), y son salvos en la esperanza (Rom. 8: 24).

Como resultado, la esperanza en Romanos no son simples buenos deseos en cuanto al futuro, sino más bien una certeza basada en lo que Dios ya ha hecho por los creyentes en Cristo. Así, la esperanza provee la base para una vida cristiana confiada, y la seguridad de que al final de los tiempos Dios restaurará todas las cosas (Rom. 8: 18-25).

Lo que Romanos enseña sobre la esperanza está estrechamente relacionado con la seguridad. El Espíritu Santo «da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, [...] para que juntamente con él seamos glorificados» (Rom. 8: 16, 17). La enseñanza de la epístola acerba de la esperanza y la seguridad alcanza su punto culminante en Romanos 8: 31-39, donde Pablo promete enfáticamente a los cristianos que nada los podrá separar del amor de ese Dios que «es por ellos». Con ese pensamiento en mente, comencemos a ver las enseñanzas de Romanos sobre la esperanza y la seguridad como el ápice de la discusión en la Epístola en cuanto a la salvación.





Referencias:
1. John R. W. Stott, The tAessage ofRomans: God's GoodNews for the World (Downers Grove, 1L: InterVarsity, 1994), p. 35.
2. Tremper Longman III y David E. Garland, eds., «Romans», en The Expositor's Bible Commentary (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2008), p. 25.
3. T, Richard Ixmgenecker, «On the Form, Function, and Authority oí Ihi* New Testament I^tters», en Scripture and Ihith, eds. IX A. Carson y John D. Woodbridge (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 1992), pp. 104-106
4. James D. G. Dunn, The Theology of Paul the Apostle (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1998), pp. 319-320.
5. George Eldon l.add, A Theology ofthe New Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1974), pp. 437-446.