INTRODUCCIÓN
ESTA ES MI POSTURA: LUTERO Y ROMANOS
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El 31 de octubre del corriente año se cumplen quinientos años de la ocasión en que Martín Lutero, un profesor de Teología de 33 años, publicó sus 95 tesis.
Y, aunque en principio solo intentaba refutar a un charlatán papal que estaba ordeñando el rebaño de Lutero con la venta de indulgencias, el desafiante acto de Lutero se convirtió en la chispa que encendió la Reforma Protestante... y el mundo nunca volvió a ser el mismo desde entonces.
Por supuesto, hubo muchos cambios desde aquel día de 1517. Sin embargo, lo que no ha cambiado es la Palabra de Dios y las verdades contenidas en esa Palabra, que le dieron a Lutero el fundamento teológico para desafiar a Roma y para impartirles, a millones de personas, el gran mensaje de salvación solo por la fe.
Lo que estudiaremos este trimestre es primordial para ese fundamento: el libro de Romanos. En su comentario sobre Romanos, Lutero escribió: “La Epístola es, realmente, la parte principal del Nuevo Testamento y el evangelio más puro; y es digna no solo de que cada cristiano la sepa de memoria, palabra por palabra, sino también de que se mantenga ocupado con ella todos los días, como el pan de cada día del alma”.–Martín Lutero, Commentary on Romans [Comentario sobre Romanos], p. 8.
Sí, fue en Romanos donde Lutero encontró la gran verdad de la justificación solo por la fe. Fue allí donde este hombre, que tenía dificultades con la seguridad de salvación, descubrió la gran verdad, no solo de Romanos, no solo del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia: la verdad de la salvación “que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Tim. 1:9). Y esta es la verdad: que la salvación se encuentra solo en la justicia de Cristo. Es una justicia que nos es acreditada por la fe, una justicia que se nos concede al margen de guardar la Ley. O, como Pablo lo expresara tan claramente en Romanos: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom. 3:28).
Fue en el contexto de esta verdad, también, que Lutero, desafiando a los poderes y los principados del mundo y de la jerarquía romana, se presentó ante la Dieta de Worms, en 1521, y declaró: “No puedo ni quiero retractarme, porque no es seguro que un cristiano hable en contra de su conciencia [...]. Esta es mi postura, no puedo hacer otra cosa”.–J. H. Mede y D. D. D’Aubigné, History of the Reformation [Historia de la Reforma], p. 249.
Y hoy, los protestantes fieles tampoco podemos hacer otra cosa más que permanecer firmes en la Palabra de Dios, en contra de todas las tradiciones y los dogmas no bíblicos.
No cabe duda de que el cristianismo ha progresado mucho desde Lutero, al liberarse de siglos de superstición y de falsas doctrinas que no solo distorsionaron el evangelio sino también, de hecho, lo usurparon.
No obstante, con el transcurso de los años, la Reforma se estancó. En algunos lugares, el progreso dio paso a un frío formalismo; en otros, la gente, en realidad, regresó a Roma. Y ahora, en una época de ecumenismo y pluralismo, muchas de las verdades distintivas que alentaron la Reforma se han difuminado, y quedaron ocultas bajo una balacera de chicanas semánticas que tratan de ocultar diferencias fundamentales que, en la actualidad, siguen sin resolverse, al igual que en la época de Lutero. Las profecías de Daniel 7:23 al 25 y 8:9 al 12, y de Apocalipsis 13 y 14, así como la buena nueva de la salvación por la fe que se encuentra en el libro de Romanos, muestran por qué los que son fieles a la Biblia debe ceñirse firmemente a las verdades que defendían nuestros antepasados protestantes, incluso a costa de su vida.
Somos adventistas del séptimo día y nos basamos en el principio de Sola Scriptura, solo la Escritura; por ende, rechazamos rotundamente todos los intentos de atraer a los cristianos de vuelta a Roma y a la fe previa a la Reforma. Es más, la Escritura nos indica la dirección opuesta (Apoc. 18:4); y en esa dirección avanzamos, mientras proclamamos al mundo “el evangelio eterno” (Apoc. 14:6), el mismo evangelio eterno que inspiró a Lutero hace quinientos años.