CAPÍTULO 9

UN CORAZON DE PASTOR
(GÁL. 4:12-20)

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros" (Gál. 4:19, 20).

En la mayor parte del libro de Gálatas hemos estado oyendo a Pablo el teólogo, un hombre que podía partir cabellos teológicos para establecer su punto. Pero, en Gálatas 4:12 al 20 nos encontramos con él como pastor. En pasajes previos, Pablo pudo haberse referido a sus lectores como "insensatos" y "fascinados" (Gál. 3:1), o como traidores del evangelio (Gál. 1:6), pero ahora Pablo los llama "hijitos", mientras se describe como su padre en la fe (4:19). Como lo dice John R. W. Stott, "en Gálatas 1 al 3 hemos escuchado a Pablo el apóstol, a Pablo el teólogo, a Pablo defensor de la fe; pero ahora estamos escuchando a Pablo el hombre, Pablo el pastor, Pablo el apasionado amante de las almas".1

EL PASTOR SUPLICANTE (GÁL 4:12-15)

Pablo comienza rogándoles que lleguen a ser como él era, porque él había llegado a ser como ellos (vers. 12). El significado de su afirmación no es muy claro en la superficie. Es solo en el contexto general de Gálatas que podemos comprenderla. Encontramos una clave para desentrañarla en la confrontación de Pablo con Pedro en Gálatas 2:14: "Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?" ¿De qué maneras, necesitamos preguntar en el contexto de Gálatas, Pablo y Pedro habían llegado a ser como gentiles? Para comenzar, ambos habían captado el hecho de que su justificación había venido por medio de la fe, y no por medio de obras de la Ley (vers. 16). Como resultado, habían abandonado las ideas de ganar méritos con la circuncisión u otros aspectos de la ley judía. Tenían claro ese punto. Como señala Ronald Fung, "al intercambiar la adhesión a la Ley por la fe en Cristo, Pablo había llegado a ser un 'pecador gentil', como lo eran los gálatas".2

Sobre esa base es que ahora "les ruega que lleguen a ser como él, a ser libres de la esclavitud de la Ley y conocer la libertad que es en Cristo".3 En resumen, Pablo había llegado a darse cuenta de que el ceremonialismo legal del judaismo no contribuía a su situación ante Dios. Los gálatas, de igual modo, necesitaban mantenerse libres de la esclavitud a la circuncisión y las ceremonias judías, como algo que contribuyera a su posición ante Dios. Más allá de eso, ellos debían reorientarse hacia el hecho de que la justificación es un don de Dios que ellos podían recibir solo por medio de la fe. Esto es lo que Pablo les ruega en Gálatas 4:12. El apóstol podía amenazar, pero también podía rogar con amor cuando era necesario. Él era un pastor que, por encima de todas las cosas, deseaba la salvación de su rebaño.

Comenzando con la última parte del versículo 12 y hasta el versículo 16, Pablo expone la actitud de los gálatas hacia él. "Ningún agravio me habéis hecho", exclama en el versículo 12. Esto es, Pablo no tiene quejas con respecto a cómo lo trataron a él durante su primera visita misionera a Galacia. Y ¿por qué, podría usted pensar, hubieran querido ellos hacerle un agravio? La respuesta surge en los versículos 13 y 14.

Pablo, aparentemente, había contraído alguna enfermedad o condición repugnante, que fácilmente podría haber predispuesto a los extraños a menospreciarlo y a rechazar tanto a él como a su mensaje. Según el versículo 13, aparentemente no tenía planes de pasar mucho tiempo en Galacia; solo fue "debido a una enfermedad" (NVI) que él les predicó primero. Como destaca G. G. Findlay, "si él hubiera podido seguir, no se habría detenido en esa región". Sin embargo, no solo no podía seguir viajando de inmediato, sino también "el estado de salud del apóstol hacía que en ese momento fuera una prueba para cualquiera que lo oyera".4 No solo que los gálatas no le hicieron ningún agravio, sino además aceptaron su mensaje con alegría (vers. 12, 15). Lo escucharon a él como si fuera un ángel, o aun Cristo mismo (vers. 14). Más allá de eso, Pablo informa que, si hubieran podido, se habrían sacado los ojos para dárselos a él (vers. 15).

Este último comentario ha llevado a algunos estudiosos de Gálatas a concluir que el mal de Pablo habría comprometido sus ojos. Algunos conjeturan que por alguna razón nunca se recuperó del efecto de la luz extremadamente brillante en el camino a Damasco (ver Hech. 9:3); que Dios le permitió tener esa espina continua en la carne para mantenerlo humilde y que reconociera siempre que él había sido salvo por gracia (ver 2 Cor. 12:7-9). Otros tomaron las palabras de la sección final de la Epístola a los Gálatas ("Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano" (6:11) como evidencia adicional de que el problema de Pablo tenía que ver con su vista.

Su problema pudo haber involucrado sus ojos, pero eso no es claro por la Biblia misma. Después de todo, el hecho de que los gálatas estuvieran dispuestos a arrancarse sus ojos por él puede significar, sencillamente, que ellos hubieran hecho cualquier cosa por este hombre que les había traído el evangelio. Y ese es el punto esencial. No necesitamos conocer exactamente la naturaleza de la enfermedad de Pablo para comprender su significado. El punto que plantea es que los gálatas lo aceptaron a él y a su mensaje sin reservas. Lo recibieron con alegría (Gál. 4:15).

EL PASTOR DE CONFRONTACIÓN Y CUIDADO (GÁL 4:16-20)

Hasta aquí, va todo bien. Pero entonces viene el versículo 16, y el refrán negativo que hemos visto repetido en Gálatas. "Ustedes me aceptaron a mí y a mi mensaje", había afirmado Pablo repetidas veces, ")pero!"... algo sucedió. La respuesta tanto a él como a su mensaje se ha invertido.

Eso nos lleva a los versículos 17 al 20, y a la actitud de Pablo hacia los gálatas. Si su reacción hacia él había cambiado, la actitud de este no cambió. Pero esto no significa que no hubiese problemas. La dificultad presente no era principalmente con los gálatas, sino con los falsos predicadores, que los habían adulado con atenciones para separarlos de Pablo y de su evangelio, y de ese modo apartarlos de Cristo (vers. 17). Él no dirige su enojo contra los conversos gálatas, sino contra los que habían venido de Jerusalén para enseñarles que Pablo no era un apóstol verdadero (ver los comentarios sobre el capítulo 1) y que su mensaje de justificación por la fe sola era insuficiente para su salvación. Ellos pudieron haber llegado con el disfraz de amigos, pero realmente eran enemigos, que no tenían hacia los gálatas el mejor interés.

En este preciso punto de su argumento, aparece al frente el amor y la preocupación del pastor Pablo por sus hijos en Cristo. Él les dice que había sufrido dolores de parto ya una vez por ellos, cuando llegaron a ser cristianos. Aunque eso fue difícil, estaba dispuesto a soportarlo otra vez, a fin de que Cristo pudiera ser formado en ellos (Gál. 4:19). Aquí, sugiere Juan Calvino, está la verdadera obra del pastor: no formara otros a su propia semejanza, sino a la de Cristo.5 La predicación y la enseñanza cristianas genuinas siempre deben ayudar a la gente a ser cada vez más parecida a Jesús. La capacitarán para encontrar gQzo en Cristo y para vivir una vida de gozo a pesar de sus problemas terrenales.

Desde la perspectiva de Pablo, el enemigo de Cristo es quien quita la "satisfacción" o el "entusiasmo" (NVI) del cristianismo (vers. 15), y lleva a la gente a ver la religión como un constante ir y venir de conductas legalistas, en un intento de ganar la certeza de que, finalmente, es lo suficientemente buena para que Dios la acepte.
Enseñanzas tales son las que los Pablos de cada generación deben afrontar. Pero no hay nada peor que pastores y feligreses queden confundidos acerca de la identidad del enemigo. El apóstol es claro en que la amenaza no es los conversos gálatas que tropiezan, sino los de Jerusalén, que los están desviando. Es desafortunado que la iglesia, a lo largo de la historia, siempre haya tenido emisarios "de Jerusalén", que procuran pervertir el evangelio de la justificación por la fe, por la gracia, mediante la fe sola. Afortunadamente, la iglesia siempre ha tenido sus Pablos, que han tenido que tronar ante la facción legalista, pero son capaces de cambiar su tono (vers. 20) en apelación en favor de los santos que luchan dentro de la iglesia. El apóstol quisiera que cada uno de nosotros difundiera el gozo de Dios teniendo un corazón verdaderamente de pastor.

No es casual que Pablo destacara el "gozo" como el segundo aspecto del fruto del Espíritu en Gálatas 5:22. Lamentablemente, la clase de legalismo (orientado hacia la Ley) desplegado por los "de Jerusalén" a lo largo del tiempo roba a los creyentes sinceros su gozo y bendiciones. Bruce Barton habla del problema del gozo perdido, cuando escribe que "el legalismo puede robar el gozo porque hace que la gente se sienta culpable en vez de ser amada [...] enfatiza las realizaciones en vez de las relaciones; y señala cuán cortos nos hemos quedado en vez de cuánto hemos avanzado por causa de lo que Cristo hizo por nosotros".

Barton sigue, aconsejando que "si usted se siente culpable e inadecuado y su gozo se ha ido, revise su foco. ¿Está usted viviendo por fe en Cristo o tratando de vivir a la altura de las demandas y expectativas de otros?"6 El pastor Pablo daría un consejo similar a los feligreses "sin alegría" de nuestros días.


Stott, The Message of Galatians, p. 111. 2Fung, The Epistle to the Galatians, p. 195. 'Ib id.

4Findlay, The Epistle to the Galatians, p. 276.

5 Juan Calvino, The Epistle of Paul the Apostle to the Galatians, Ephesians,

Philippians, and Colossians, trad. T. H. L. Parker (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1965), p. 83.

'' Bruce Barton etal., "Galatians", Life Application Bible Commentary (Wheaton IL: Tyndale House, 1994), p. 141.