CAPÍTULO 7

EL CAMINO DE LA LEY A LA FE
(GÁL. 3:19-25)

"Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes" (Gál. 3:22).

"De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a ñn de que fuésemos justificados por la fe (Gál. 3:24).

álatas 3:6 al 9 dejó en claro que la fe justificó a Abraham y que la promesa de Dios a Abraham estaba basada en la fe. Luego, en los versículos 10 al 14, Pablo alega que la Ley quebrantada conduce a una maldición, pero que Cristo la absorbió en la Cruz por aquellos que tienen fe en él.

¿CUÁL ES EL LUGAR DE LA LEY? (GÁL. 3:19-22)

Aquellos puntos son claros. Pero también plantean una pregunta. Si la fe lo es todo para ponernos en buena relación con Dios, entonces ¿qué función cumple la Ley? Pablo trata esta pregunta en los versículos 15 al 25. En el primer segmento de su respuesta (vers. 15-18), el apóstol contrasta Promesa y Ley cronológicamente, y demuestra la superioridad del camino de la fe y la gracia por sobre el camino de la Ley, como forma de llegar a ser justos ante Dios.
La importancia del punto principal de Pablo parece ser suficientemente clara para que todos los lectores la puedan captar. Pero ese mismo punto Ies ha dejado algunas preguntas importantes, que necesitan respuesta. El primer interrogante surge en el versículo 19: "Entonces, ¿para qué sirve la ley?" En ese versículo, Pablo parece poner palabras en la boca de sus detractores. Su proceso mental es algo como lo siguiente: si, como él alega, la fe es el único camino para ser justo ante Dios, ¿dónde interviene la Ley? ¿Cuál es su función? La respuesta implícita de los judaizantes es "en ninguna parte"; que el énfasis de Pablo sobre la fe no ha dejado lugar para la Ley; que el evangelio ha eclipsado completamente la Ley. Esa misma acusación surgirá más tarde en Jerusalén, donde ciertos judíos del Asia Menor señalaron a Pablo como "el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley" (Hech. 21:28).

Pero Pablo es rápido en señalar que esa está muy lejos de ser su posición; más bien, es una caricatura de ella. La Ley, nota él, "fue añadida a causa de las transgresiones" (Gál. 3:19). Aquí tenemos, para Pablo, uno de los principales propósitos de la Ley; aunque él no aclara tanto su punto en Gálatas como lo hace en Romanos. En Romanos 3:20, por ejemplo, leemos que "por medio de la ley es el conocimiento del pecado". Otra vez, él escribe: "Yo no conocí el pecado sino por la ley" (Rom. 7:7). Y en Romanos 4:15 añade que "la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión". George Duncan aguza un poco el punto de Pablo, cuando observa que "la 'transgresión' [parábasis] y el 'pecado' [hamartía] deben siempre distinguirse en Pablo [...] los hombres pueden pecar en ignorancia,, pero transgreden solo cuando tienen una norma reconocida de lo que es recto, y para proveer tal norma se añadió la Ley".1 De este modo, la Ley no solo identifica el pecado en un sentido general, sino también la categoría más precisa de la transgresión.

Sin embargo, esta verdad no agota la enseñanza de Pablo en Gálatas 3:19. Él sigue diciendo: "Hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa". Aquí encontramos que el apóstol une el propósito de la Ley con la función de Cristo de una manera que no clarificará hasta los versículos 22 al 25. Pero, aun en el versículo 19 es claro que la Ley y su exposición de la transgresión, de algún modo, nos llevan a Cristo.

Martín Lutero captó esa idea cuando escribió que "la Ley entonces no puede hacer nada, excepto que por su luz ilumina la conciencia para que pueda conocer el pecado, la muerte, el juicio y la ira de Dios. Antes de venir la Ley [s/'c], yo estoy seguro; no siento pecado; pero cuando viene la Ley, el pecado, la muerte y el infierno me son revelados. Esto no es hacerme justo, sino culpable y enemigo de Dios, ser condenado a muerte [...]. El punto principal, por tanto, de la ley" es "mostrarles su pecado, para que por el conocimiento de él sean humillados, aterrorizados, heridos y quebrantados, y por este medio sean llevados a buscar gracia, y así venir a esa bendita Simiente".2 De este modo, los judaizantes están totalmente equivocados en su evaluación de la teología de Pablo. Solo porque una persona sea salva por gracia por medio de la fe no significa que la Ley sea innecesaria, "porque él fue bastante claro en cuanto a que ella tenía que desempeñar una parte esencial en el propósito de Dios. La función de la Ley no era otorgar la salvación, sin embargo, sino convencer a los hombres de su necesidad de ella. Para citar a Andrew Jukes, 'Satanás quisiera que nos comprobemos santos por la Ley, pero [...] Dios la dio para probar que somos pecadores' ".3 El punto que presenta Pablo en la primera parte de Gálatas 3:19 es suficientemente claro, aunque la última parte de ese versículo y todo el versículo 20 permanecen oscuros. Del versículo 20, J. B. Lightfoot, en el siglo XIX, destacó que el número de interpretaciones variaba entre 250 y 300.4 Hacia 1953, esa estimación, en combinación con el versículo 17, había crecido a 430.5 A pesar de esa ambigüedad, sin embargo, el punto de Pablo en el versículo 19 es claro.

El versículo 21 plantea una segunda pregunta que Pablo espera del grupo de los judaizantes: "¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios?" Su respuesta es un resonante "En ninguna manera". Como él lo veía, la Ley y la Promesa tenían funciones complementarias: actuaban juntas. La Ley señalaba el pecado e impulsaba a los pecadores hacia la promesa de Cristo del perdón de la maldición de la Ley quebrantada (vers. 10-14).

Es imposible para la Ley estar en contra de la Promesa, porque Dios dio ambas a su pueblo. La Ley y la Promesa tienen funciones diferentes, pero eso no las hace contradictorias. El propósito de la Ley es señalar el pecado, mientras que el de la Promesa es proveer la solución al problema del pecado. Las dos tienen una relación complementaria.

Es muy interesante que Pablo implicara, en el versículo 21, que eran los judaizantes quienes oponían la Ley a la promesa, en su pretensión de que la salvación viene por medio de la Ley. La respuesta de Pablo a esa proposición queda planteada en la segunda mitad del versículo 21, donde escribe que "si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley".

Ese es un punto crucial que debemos entender, especialmente ya que tantos en nuestros días enseñan que en la dispensación judaica la gente era justificada por la observancia de la Ley, pero que desde que Cristo vino la humanidad es salva por la gracia. Pablo no quiere saber nada con tal argumento. Para él, siempre ha sido imposible ser justificados ante Dios por guardar la Ley; esa nunca fue su función propia. Como lo dice Lewis H. Hartin [s/c], "que sea lo que fuere que Pablo está enseñando en Gálatas 3:19 al 25, él no enseña la doctrina de una era precristiana de salvación por la Ley, versus una era cristiana [sz'c] de salvación por gracia".6 Pablo concluye su argumento de los versículos 19 a 22 en el versículo 22, en donde escribe: "La Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes". El versículo presenta dos ideas clave. La primera es que todos están aprisionados bajo el pecado. Aquí, probablemente el apóstol recuerda Deuteronomio 27:26, que él había citado previamente en Gálatas 3:10: "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas". Dos de las enseñanzas más claras en Romanos son que "todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23) y que "la paga del pecado es muerte" (Rom. 6:23). Aquí, en Gálatas 3, él meramente expresa los mismos pensamientos de una manera diferente, cuando afirma que todos están presos bajo el pecado.

Afortunadamente, también plantea la solución a esa situación difícil: la fe en Cristo. Para Pablo, hay solo un único camino por el que cualquiera, a lo largo de la historia, podría ser salvo del pecado. Era cierto en sus días, y es cierto en los nuestros. El pecado siempre ha sido un carcelero, y Cristo siempre fue quien nos libera. No es la adquisición de algún mérito por hacer cosas buenas lo que nos libera de la prisión del pecado, sino nuestra expresión de fe en Cristo y lo que hizo por nosotros en la Cruz (Gál. 3:13).

SER EL AYO, 0 TUTOR: LA FUNCIÓN DE LA LEY (GÁL. 3:23-25)

En Gálatas 3:24 y 25, Pablo usa una ilustración nueva para subrayar la función de la Ley. Mientras en el versículo 23 él describe otra vez la Ley como un carcelero, como lo hizo en el versículo 22, en el versículo 24 plantea su función de ayo, guía o guardián. Allí, enseña que la Ley "vino a ser nuestro guía encargado para conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe" (NVI).

En la metáfora del tutor, o guía, tenemos una imagen más positiva de la tarea de la Ley que la de un carcelero. El tutor, o guía, no era el maestro, como lo sugiere alguna versión. Más bien, "el paidagogós [ayo, custodio de niños] era un esclavo empleado en las familias griegas y romanas para tener la custodia general de un niño entre los 6 y los 16 años, vigilando su conducta externa y ayudándolo siempre que salía de su hogar".7 El paidagogós no era el maestro, sino uno que llevaba al joven al maestro, para obtener allí la instrucción apropiada.

Así, "Pablo está diciendo que la Ley no era el maestro que aclara el camino a la salvación". Más bien, "era el dirigente, que adecuadamente seguido [...] no podía hacer más que mostrarles que tenían necesidad de salvación, y señalaba a Aquel que traería la salvación".8 Por tanto, la Ley tenía una función muy restringida.

Pero el elemento central, en el análisis de Pablo de la Ley en los versículos 23 hasta el 25, es que la Ley tenía una función impulsaba a los pecadores hacia la promesa de Cristo del perdón de la maldición de la Ley quebrantada (vers. 10-14).

Es imposible para la Ley estar en contra de la Promesa, porque Dios dio ambas a su pueblo. La Ley y la Promesa tienen funciones diferentes, pero eso no las hace contradictorias. El propósito de la Ley es señalar el pecado, mientras que el de la Promesa es proveer la solución al problema del pecado. Las dos tienen una relación complementaria.

Es muy interesante que Pablo implicara, en el versículo 21, que eran los judaizantes quienes oponían la Ley a la promesa, en su pretensión de que la salvación viene por medio de la Ley. La respuesta de Pablo a esa proposición queda planteada en la segunda mitad del versículo 21, donde escribe que "si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley".

Ese es un punto crucial que debemos entender, especialmente ya que tantos en nuestros días enseñan que en la dispensación judaica la gente era justificada por la observancia de la Ley, pero que desde que Cristo vino la humanidad es salva por la gracia. Pablo no quiere saber nada con tal argumento. Para él, siempre ha sido imposible ser justificados ante Dios por guardar la Ley; esa nunca fue su función propia. Como lo dice Lewis H. Hartin [s/c], "que sea lo que fuere que Pablo está enseñando en Gálatas 3:19 al 25, él no enseña la doctrina de una era precristiana de salvación por la Ley, versus una era cristiana [sz'c] de salvación por gracia".6 Pablo concluye su argumento de los versículos 19 a 22 en el versículo 22, en donde escribe: "La Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes". El versículo presenta dos ideas clave. La primera es que todos están aprisionados bajo el pecado. Aquí, probablemente el apóstol recuerda Deuteronomio 27:26, que él había citado previamente en Gálatas 3:10: "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas". Dos de las enseñanzas más claras en Romanos son que "todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23) y que "la paga del pecado es muerte" (Rom. 6:23). Aquí, en Gálatas 3, él meramente expresa los mismos pensamientos de una manera diferente, cuando afirma que todos están presos bajo el pecado.

Afortunadamente, también plantea la solución a esa situación difícil: la fe en Cristo. Para Pablo, hay solo un único camino por el que cualquiera, a lo largo de la historia, podría ser salvo del pecado. Era cierto en sus días, y es cierto en los nuestros. El pecado siempre ha sido un carcelero, y Cristo siempre fue quien nos libera. No es la adquisición de algún mérito por hacer cosas buenas lo que nos libera de la prisión del pecado, sino nuestra expresión de fe en Cristo y lo que hizo por nosotros en la Cruz (Gál. 3:13).

SER EL AYO, 0 TUTOR: LA FUNCIÓN DE LA LEY (GÁL. 3:23-25)

En Gálatas 3:24 y 25, Pablo usa una ilustración nueva para subrayar la función de la Ley. Mientras en el versículo 23 él describe otra vez la Ley como un carcelero, como lo hizo en el versículo 22, en el versículo 24 plantea su función de ayo, guía o guardián. Allí, enseña que la Ley "vino a ser nuestro guía encargado para conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe" (NVI).

En la metáfora del tutor, o guía, tenemos una imagen más positiva de la tarea de la Ley que la de un carcelero. El tutor, o guía, no era el maestro, como lo sugiere alguna versión. Más bien, "el paidagogós [ayo, custodio de niños] era un esclavo empleado en las familias griegas y romanas para tener la custodia general de un niño entre los 6 y los 16 años, vigilando su conducta externa y ayudándolo siempre que salía de su hogar".7 El paidagogós no era el maestro, sino uno que llevaba al joven al maestro, para obtener allí la instrucción apropiada.

Así, "Pablo está diciendo que la Ley no era el maestro que aclara el camino a la salvación". Más bien, "era el dirigente, que adecuadamente seguido [...] no podía hacer más que mostrarles que tenían necesidad de salvación, y señalaba a Aquel que traería la salvación".8 Por tanto, la Ley tenía una función muy restringida.

Pero el elemento central, en el análisis de Pablo de la Ley en los versículos 23 hasta el 25, es que la Ley tenía una función preliminar. El versículo 23 tiene una frase que indica que tenía la función de carcelero hasta que se reveló la fe; mientras el versículo 25 explícitamente afirma que "ahora que ha llegado la fe ['la fe', en el griego], ya no estamos sujetos a la ley [o 'ya no estamos bajo un custodio']" (NVI). La aparición de "la fe", en ambos versículos en su contexto general, es una referencia a la venida de la fe en Jesús, o el evangelio (ver el vers. 22).

F. F. Bruce parece estar en lo correcto cuando nota que "la 'venida de la fe' [...] puede entenderse tanto en el plano de la historia de la salvación como en la experiencia personal de los creyentes".9 En cuanto a la historia de la salvación, la referencia a la venida de la fe equivale a la encarnación de Cristo, quien murió para eliminar la maldición de una ley quebrantada (vers. 13). Pero eso no significa que nadie antes de ese tiempo tuviera fe (ver Heb. 11); más bien, significa que la aparición de Cristo finalmente reveló el objeto de la fe salvífica.

En un nivel personal, la venida de la fe en la vida de los creyentes "coincide con su abandono de los intentos de establecer una relación justa por sus propios medios, basados en obras de la Ley, y su aceptación de la justicia que viene por fe en Cristo".10

Tanto en la historia de la salvación como en un nivel personal, la Ley pierde su función tutora o de guía cuando llega la fe (Gál. 3:25). Esto fue cierto, de una vez por todas para la nación judía, cuando Cristo murió por los pecados del mundo. Pero, en el plano personal, la pérdida de esta función tutora puede ocurrir repetidamente. Cuando aceptas la gracia de Cristo por la fe, esa función cesa hasta que la persona se sale de la relación con él. En ese mismo momento, la Ley de nuevo asume su responsabilidad guiadora, señala la falta de la persona y procura conducirla de regreso a una relación de fe con Cristo.

De este modo, la Ley y la fe tienen una relación complementaria, en la que la Ley siempre señala la necesidad de la fe en Cristo, como la respuesta al problema del pecado. G. Walter Hansen resume en forma elegante la relación entre la Ley y el evangelio, cuando escribe que "la Ley no debería ser considerada como contradictoria del evangelio. Al reducir todo al nivel de pecadores, la Ley prepara el camino para el evangelio. Pero tampoco la Ley debe ser considerada como si fuera lo mismo que el evangelio. La Ley tiene un propósito negativo; nos hace percibir nuestro pecado. Pero no nos libra de la esclavitud del pecado, y en realidad no puede hacerlo. La promesa de la bendición viene solo por medio de la fe en Cristo".11


1 George S. Duncan, The Epistle ofPaut to the Galatians (Nueva York: Harper and Brothers, 1934), p. 112.

2 Martín Lutero, A Commentary on St. Paul's Epistle to the Galatians, ed. Philip S. Watson (Londres: James Clarke, 1953), p. 316.

3Stott, The Message of Galatians, pp. 89, 90.

"Lightfoot, The Epistle ofSt. Paul to the Galatians, p. 146.

5 Hermán N. Ridderbos, The Epistle ofPaul to the Churches ofGalatia (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1953), p. 139.

6Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista (Publicaciones Intera-mericanas, 1988), t. 6, p. 956.

7Ernest De Witt Burton, A Critica! and Exegetical Commentary, p. 200.

"Morris, Galatians, p. 119.

'Bruce, The Epistle to the Galatians, p. 181.

u)Ibíd.

"Hansen, Galatians, p. 106.