CAPÍTULO 5
LA FE DE ABRAHAM Y LO QUE CRISTO REALIZÓ POR TODOS (GÁL. 3:1-14)

"Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham" (Gál. 3:7).

"Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (Gál. 3:10).

"Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición" (Gál. 3:13).

Con el fin del capítulo 2, Pablo ha concluido con su prueba de que su evangelio de justificación por fe vino directamente de Dios, y no por medio de los discípulos en Jerusalén. Ha terminado con la historia, y en los capítulos 3 y 4 se vuelve a la teología, especialmente, la cuestión de que la justificación por la fe es la base de la libertad cristiana. El núcleo de su argumento se basará en la experiencia de Abraham, el padre de la nación judía, quien había sido justificado por la fe más bien que por la Ley.

Gálatas 3:1 al 14 consta de tres secciones: la falta de discernimiento espiritual entre los creyentes gálatas, el hecho de que Abraham fuera justificado por fe y el hecho de que la esperanza está basada en el Cristo crucificado más bien que en las obras de la Ley.

CREYENTES FASCINADOS (GÁL. 3:1-5)

"¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó? ¿Han perdido los sentidos? Algo absurdo ha ocurrido, porque es obvio que ya no tienen en claro en sus vidas al Jesús crucificado. Su sacrificio en la cruz fue ciertamente puesto delante de ustedes con suficiente claridad" (vers. 1, paráfrasis de The Messagé).

No importa cómo lo traduzcan, el clamor de Pablo a los Gálatas en el capítulo 3 no es nada agradable. Esta es la primera vez desde Gálatas 1:11 en que él se dirige personalmente a estos creyentes. Pero, en el capítulo 1 usó el término "hermanos". Aquí, su acercamiento a ellos es mucho menos cariñoso, un simbolismo que establece el tono para lo que sigue.

Para decirlo directamente, el apóstol está profundamente desanimado con sus conversos gálatas. Y la razón no es difícil de descubrir. Estaban en peligro de hacer precisamente lo que él había considerado como la herejía máxima en sus palabras finales a Pedro. Al pensar siquiera en añadir la circuncisión y otros requisitos judaicos a la fe como forma de llegar a estar bien con Dios (justificados), ellos estaban anulando la gracia de Dios y haciendo que la muerte de Jesús no tuviera significado (Gál. 2:21).

En Gálatas 3:1 al 5 Pablo apela a la misma experiencia de los gálatas para sustentar su punto de que la justificación es solo por fe. Sin la menor duda, él creía que ellos habían tenido una experiencia genuina de conversión, por la cual tanto habían captado la significación de la Cruz como recibido al Espíritu Santo. Ahora, los anima a recordar cómo habían llegado a ser cristianos. Ciertamente, no fue por obras de la Ley.

La palabra insensatos era un llamado a despertar, para los gálatas. En el lenguaje contemporáneo, les estaba diciendo que debían recordar su experiencia. Lamentablemente, ese llamado continuó siendo necesario a lo largo de la historia cristiana. Pablo tendría la misma introducción para hacer a muchos miembros de iglesia en el siglo XXI. Muchos todavía no ven claramente el verdadero centro de su fe, y aún enseñan que deben añadir obras de fe a fin de encontrar la aceptación de Dios. Todos ellos, en la terminología de Pablo, son "insensatos".

Y ¿por qué son insensatos? Porque no reconocen la profundidad de la debilidad humana ni el significado del sacrificio de Cristo en la Cruz. Pero los gálatas no deberían haber tenido problemas en esos puntos; después de todo, la predicación del apóstol había presentado "pública y claramente al Cristo crucificado" (vers. 1).

La buena noticia de los versículos 1 al 5 aparece en el versículo 4, donde Pablo sugiere que, tal vez, su experiencia pasada no habría sido en vano; no es todavía demasiado tarde. Ellos todavía pueden despertar, y cambiar su insensatez por la sabiduría de Dios.

ABRAHAM FUE JUSTIFICADO POR FE (GÁL. 3:6-9)

Con el versículo 6, el apóstol comienza su exposición de su evangelio concentrándose en Abraham y en la promesa del pacto de Dios al patriarca. La lección de Abraham es central en el argumento de Pablo en su epístola. Por un lado, todos los judíos consideraban a Abraham como el padre de su pueblo. Los adversarios judaizantes de Pablo consideraban a Moisés como su maestro en la controversia gál ata, pero Pablo retrocedería varios siglos hasta Abraham. Un segundo detalle importante acerca de Abraham es que él recibió la circuncisión como señal del pacto de Dios con sus descendientes (Gén. 17:9-14). De este modo, los judíos se veían como sus herederos tanto en el sentido espiritual como étnico. Nadie, en el pensamiento hebreo, era más importante que "el padre Abraham". De este modo, resulta un ejemplo excelente, que Pablo usa en su argumentación.

Los judaizantes, siguiendo la comprensión judaica de Abraham, también veían al patriarca como un elemento crucial en su argumento. John Ziesler escribe que el hecho de que tanto aquí como en Romanos 4 Pablo se concentrara tanto en Abraham puede sugerir que sus adversarios tenían la costumbre de usarlo como su ejemplo. En efecto, Ziesler describe a los judaizantes como diciendo: "Abraham es el padre del pueblo de Dios, y si ustedes, gentiles, quieren estar dentro de ese pueblo, deben no solo tener fe en Cristo sino también seguir el ejemplo de Abraham, y aceptar la circuncisión y lo que ella implica, la observancia de la voluntad de Dios como es transmitida por la Torah. Si fue bueno para Abraham, ciertamente sería bueno para ustedes".1

Como resultado, el problema entre Pablo y los judaizantes surgió de las dos comprensiones divergentes acerca de la aceptación de Abraham por Dios. Para captar el impacto del uso que hace el apóstol de la figura de Abraham, necesitamos recordar que los judíos creían firmemente que el patriarca había sido justificado (contado como justo) por obras. Basando sus pensamientos en Génesis 26:5 (que Dios bendijo a Abraham porque "oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos mis estatutos y mis leyes"), los judíos razonaban que "él guardó la Torah [ley] entera aun antes de que fuera revelada".2

En respuesta a esa línea de pensamiento, Pablo cita de Génesis 15:6: Abraham "creyó a Dios, y le fue contado por justicia" (Gál. 3:6). Claramente, Pablo está usando Génesis 15:6 para probar que Abraham fue contado como justo por la fe, antes que por las obras.

Pero los judíos del tiempo de Pablo habían interpretado consistentemente la fe de Abraham como una clase de fidelidad que gana méritos. Pablo conocía esa línea de pensamiento. También sabía que era equivocada y necesitaba ser cambiada; tarea a la que más tarde se dedicaría con gran detalle en Romanos 4:4 al 8. Pero en Gálatas 3 meramente afirma el hecho de que fue la fe como creencia en Dios, más bien que la fe como acción, la que Dios contó como justicia para Abraham. De este modo, "para sus adversarios [...] Pablo en efecto replica: 'Si la fe y la fe sola fue suficientemente buena para Abraham, ciertamente debería ser suficientemente buena para los gentiles' ",3 Por lo tanto, el resumen en Gálatas 3:7 es que "los que son de fe" son los verdaderos "hijos de Abraham". Aquí, el apóstol ha alcanzado una conclusión importante, porque en el capítulo 2 el núcleo de la lucha era realmente acerca de qué constituye a alguien como pueblo de Dios, de modo que los conversos gentiles pudieran ser¨dignos de la mesa del compañerismo y, por extensión, miembros plenos de la comunidad cristiana. Pablo ha afirmado que son aquellos que tienen fe en Cristo aunque no hayan llegado a ser judíos, mientras que sus adversarios han estado alegando que los hijos de Abraham son solo los que se circuncidaron como él lo fue, y que mantienen las costumbres judaicas.

Habiendo establecido el punto de Génesis 15:6 de que lo que constituye como verdaderos hijos de Abraham es participar de la justificación por la fe, en Gálatas 3:8 Pablo cita Génesis 12:3 para probar que los gentiles habían de ser bendecidos por medio de Abraham: "EN TI SERÁN BENDITAS TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA". Es importante, al comprender esta segunda cita de Génesis, percibir que la palabra traducida como "familias" es también la palabra griega para "gentiles". Así, Pablo ha demostrado con las Escrituras judías que Abraham es padre no solo de aquellos que tiene fe dentro del Pacto, sino también de todos aquellos de toda nación que tienen fe. Es decir, es padre espiritual tanto de judíos como de gentiles que hayan sido justificados o contados como justos sobre la base de solo la fe. A los ojos de Dios, ellos no son dos grupos o dos variedades diferentes de cristianos, sino un único cuerpo, unificado en su justificación por medio de la fe. Hay una sola manera de estar en armonía con Dios. Y ese único camino es la base para definir quién está en Cristo y qué es la iglesia.

La esperanza es en el Cristo crucificado, y no en las obras de la Ley (Gál. 3:10-14).

Los versículos 10 al 14 encuentran a Pablo en medio del argumento más intenso de todos los que ha citado de la Biblia judía. En los versículos 6 al 9, citó el Antiguo Testamento dos veces, y lo citará cuatro veces más en los versículos 10 al 14. Desde esta perspectiva, está embarcado en una lucha a muerte con un cuerpo agresivo de cristianos de origen judío completamente arraigados en las enseñanzas del Antiguo Testamento. Pablo sabe que la única manera en que puede ganar su caso y demostrar la corrección de su posición a sus conversos gálatas es batir a los judaizantes en su propio terreno. Como resultado, satura su respuesta con citas del Antiguo Testamento.
Pablo organiza su argumento alrededor de dos pasajes del Antiguo Testamento que contienen las palabras "vivirá por" (vers. 11, 12). El primero, "EL JUSTO POR LA FE VIVIRÁ", aparece en el versículo 11 y cita a Habacuc 2:4, mientras el segundo, "el que hiciera estas cosas vivirá por ellas", se encuentra en Gálatas 3:12 y es tomado de Levítico 18:5.

El apóstol teje hábilmente su argumento alrededor de cada uno de esos pasajes, y concluye con lo que podríamos llamar los dos caminos a la vida. En el proceso, como señala William Barclay, Pablo procura "empujar a sus oponentes a un rincón del cual no haya escapatoria".4

Lo hace destacando la progresión lógica de cada argumento. Ganar la salvación por medio de la observancia de la Ley está basado en varias premisas:

Primera, debes mantener tu decisión; no puedes aquí andar sobre el cerco. Si eliges el camino de la Ley, tendrás que vivir por la Ley (Gál. 3:12). Y no solo una parte de ella: tendrás que seguir "todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (vers. 10).

Segunda, es imposible guardar toda la Ley. Nadie lo ha hecho, nunca. La gente ha tratado, pero todos fracasaron. Pablo no se detiene en este punto en Gálatas; más bien, lo asume. Pero lo hace sobre una excelente base del Antiguo Testamento. En Romanos, donde desarrolla el argumento, cita seis pasajes de la Biblia hebrea que demuestran que nadie ha obtenido la justicia por medio de la Ley (Rom. 3:11-18); que "todos han pecado y están privados de la gloria de Dios" (vers. 23); y que ninguno será justificado por la observancia de la Ley, porque el propósito verdadero de la Ley es señalar el pecado, más bien que salvaj" a la gente de él (vers. 20). Así, aun cuando Pablo no habla sobre la universalidad del fracaso en guardar la Ley, en Gálatas 3, no teme ninguna contradicción, dado su sólido apoyo en el Antiguo Testamento.

Tercera: Esa premisa conduce al apóstol a su tercer punto: si todos fracasaron en observar la Ley, entonces todos están bajo condenación. Después de todo, ¿no enseña Deuteronomio 27:26 que todos los que dejan de cumplir todo lo que la Ley enseña