5. Una Explicación de las Primeras Declaraciones


UNA RESPUESTA A UNA OBJECIÓN

[Poco después de la reimpresión, en 1882, de los tres primeros libros de la Sra. E. G. de White, A Sketch of the Christian Experience and Views of Ellen G. White (Un bosquejo de la experiencia cristiana y visiones de Elena G. de White), A Supplement to Experience and Views (Un suplemento a Experiencia y visiones ) y Spiritual Gifts (Dones espirituales), tomo 1, los cuales constituyen hoy Early Writings ( Primeros escritos ), se levantaron diversas preguntas acerca de si estaban completos algunos de los artículos y acerca del significado de ciertas declaraciones que aparecían allí o en artículos todavía anteriores. La Sra. de White contestó esas preguntas en 1883 en la declaración que consignamos luego. Se hace referencia a las enseñanzas acerca de "la puerta cerrada". Más referencias en cuanto al significado de "la puerta cerrada" pueden hallarse en El conflicto de los siglos, págs. 481-485, edición de PPPA, que corresponden con las últimas páginas del cap. 25. - Los compiladores. ]

RECIENTEMENTE se me llamó la atención a un folleto de 16 páginas publicado por C. de Marion, Iowa, titulado Comparison of the Early Writings of Mrs. White With Later Publicactions (Comparación de los primeros escritos de la Sra. de White con publicaciones posteriores). El autor dice que algunas partes de mis primeras visiones, tal como fueron publicadas, se han suprimido en la obra recientemente editada bajo el título Early Writings of Mrs. E. G. White (Primeros escritos de la Sra. E. G. de White), y conjetura, como razón para esa supresión, que esos pasajes enseñan doctrinas que ahora repudiamos en conjunto.

También nos acusa de engañar deliberadamente al presentar Early Writings como una reedición completa de mis primeras visiones, con sólo cambios de algunas palabras de la obra original.

Antes de que señale por separado los pasajes que se dice que han sido omitidos, es justo que se presenten algunos hechos. Cuando mis primeras visiones fueron publicadas por primera vez en forma de folleto, la edición fue pequeña y pronto se vendió. A esto siguió, pocos años después, un libro mayor: The Christian Experience and Views of Mrs. E. G. White , impreso en 1851, y que contiene mucho material adicional. (Nota: Se hace referencia aquí al folleto de 24 páginas "A Word to the Little Flock" (Un mensaje para la pequeña grey), publicado por Jaime White en 1847, que contenía tres mensajes de Elena G. de White. -Los compiladores. *)

En nuestras continuas mudanzas en los albores de la obra de publicaciones, y luego en los casi incesantes viajes, mientras trabajaba desde Maine a Texas, desde Míchigan a California - y he cruzado las llanuras no menos de 17 veces - , perdí toda huella de las obras publicadas primero. Cuando se decidió publicar Early Wlitings en Oakland, el otoño pasado, nos vimos obligados a pedir prestado un ejemplar de Experience and Views de Míchigan. Y al hacer esto, supusimos haber obtenido un ejemplar exacto de las primeras visiones como fueron publicadas al principio. Reimprimimos eso, tal como se dice en el prefacio de Early Writings , con sólo algunos cambios de palabras de la obra original.

Y aquí debo detenerme para decir que cualquier hermano nuestro que tenga un ejemplar de cualquiera de mis primeras visiones o de todas ellas tal como se publicaron antes de 1851, me haría un gran favor si me los enviara sin demora. Le prometo devolvérselos tan pronto como se pueda hacer una copia.

Lejos de desear retener cualquier cosa que yo haya publicado, sentiré gran satisfacción en dar al público cada línea de mis escritos que se hayan editado.

Hay otro hecho que se debiera presentar aquí. No soy responsable por todo lo que se ha impreso pretendiendo que procedía de mí. Por el tiempo cuando se publicaron por primera vez mis primeras visiones, aparecieron varios artículos que se pretendía que habían sido escritos por mí para relatar lo que el Señor me había mostrado, pero que sancionaban doctrinas que yo no creía. Los tales fueron publicados en una revista editada por un Sr. Curtis. No estoy segura del nombre de la revista. En los años de preocupaciones y trabajos que han pasado desde entonces he olvidado algunos de estos detalles de menor importancia, pero todavía resaltan en mi mente los puntos principales.

Ese hombre tomó artículos que yo había escrito y completamente los transformo y distorsionó, entresacando una frase aquí y otra allí, sin su contexto, y luego, después de haber insertado sus propias ideas, les añadió mi nombre como si vinieran directamente de mí.

Al ver esos artículos, le escribimos expresando nuestra sorpresa y desaprobación y le prohibimos que así tergiversara mis testimonios. Contestó que publicaría lo que le placiera, que él sabía que las visiones debían decir lo que el había publicado, y que si yo las hubiera escrito como el Señor me las había dado, ellas habrían dicho esas cosas. Declaró que si las visiones habían sido dadas para el beneficio de la iglesia, tenía derecho a usarlas como le placiera.

Quizá existan todavía algunas de esas hojas, y podrían ser presentadas como provenientes de mí, pero no soy responsable por ellas. Los artículos presentados en Early Writings ciertamente pasaron bajo mis ojos; y puesto que la edición de Experience and Views , publicada en 1851, fue la primera que poseímos, y como no teníamos conocimiento de ninguna cosa adicional en revistas o folletos anteriores, no soy responsable por las omisiones que se dice que existen.

La primera cita mencionada por C es de un folleto de 24 páginas publicado en 1847, titulado A Word to the Little Flock (Un mensaje para la pequeña grey). Aquí están las líneas omitidas en Experience and Views :

"Era tan imposible que ellos [los que abandonaron su fe en el movimiento de 1844] recobraran el camino y fueran a la ciudad, como todo el mundo impío que Dios había rechazado. Cayeron a todo lo largo del sendero, uno tras otro".

Daré todo el contexto, para que se pueda ver claramente la plena fuerza de las expresiones:

"Mientras orábamos en el altar familiar, descendió sobre mí el Espíritu Santo y me pareció ser levantada cada vez más arriba, muy por encima del oscuro mundo. Me volví para buscar al pueblo adventista en el mundo, pero no lo hallé en parte alguna, y entonces una voz me dijo: 'Vuelve a mirar un poco más arriba'. Alcé los ojos, y vi un sendero recto y angosto trazado muy por encima del mundo. El pueblo adventista andaba por ese sendero en dirección a la ciudad que se veía en su último extremo. En el comienzo del sendero, detrás de los que ya andaban, había una brillante luz, que, según me dijo un ángel, era el 'clamor de media noche'. Esta luz brillaba a todo lo largo del sendero, para que no tropezaran. Delante de ellos iba Jesús guiándolos hacia la ciudad, y si no apartaban los ojos de él, iban seguros. Pero no tardaron algunos en cansarse, diciendo que la ciudad estaba todavía muy lejos, y que contaban con haber llegado más pronto a ella. Entonces Jesús los alentaba levantando su glorioso brazo derecho, del cual provenía una luz que ondeaba sobre la hueste adventista, y exclamaban: '¡Aleluya!'. Otros negaron temerariamente la luz que brillaba tras ellos, diciendo que no era Dios quien los había guiado hasta allí. Pero entonces se extinguió para ellos la luz que estaba detrás y dejó sus pies en tinieblas, de modo que tropezaron y, perdiendo de vista el blanco y a Jesús, cayeron fuera del sendero abajo, en el mundo sombrío y perverso".

Ahora sigue el pasaje que se dice que estaba en la obra original, pero que no se encuentra en Experience and Views ni en Early Writings :

"Era tan imposible que ellos [los que abandonaron su fe en el movimiento de 1844] recobraran el camino y fueran a la ciudad, como todo el mundo impío que Dios había rechazado. Cayeron a todo lo largo del sendero, uno tras otro".

Se pretende que esas expresiones demuestran la doctrina de la puerta cerrada, y que ésa es la razón para su omisión en ediciones posteriores. Pero en realidad sólo enseñan lo que ha sido sostenido por nosotros como pueblo, y todavía lo es, como lo demostraré.

Por un tiempo después del chasco de 1844, sostuve junto con el conjunto de adventistas que la puerta de la gracia quedó entonces cerrada para siempre para el mundo. Tomé esa posición antes de que se me diera mi primera visión. Fue la luz que me dio Dios la que corrigió nuestro error y nos capacitó para ver la verdadera situación.

Todavía creo en la teoría de la puerta cerrada, pero no en el sentido en que se empleó el término al principio o en el que es empleado por mis oponentes.

Hubo una puerta cerrada en los días de Noé. Entonces fue retirado el Espíritu de Dios de la raza pecaminosa que pereció en las aguas del diluvio. Dios mismo dio a Noé el mensaje de la puerta cerrada:

"No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años" "(Gén. 6: 3).

Hubo una puerta cerrada en los días de Abrahán.

La misericordia dejó de interceder por los habitantes de Sodoma, y todos, con excepción de Lot, su esposa y dos hijas, fueron consumidos por el fuego que descendió del cielo.

Hubo una puerta cerrada en los días de Cristo. El Hijo de Dios declaró a los judíos incrédulos de esa generación: "Vuestra casa os es dejada desierta" (Mat. 23: 38).

Mirando hacia la corriente del tiempo en los últimos días, el mismo poder infinito proclamó mediante Juan:

"Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre" (Apoc. 3: 7).

Se me mostró en visión, y todavía lo creo, que hubo una puerta cerrada en 1844. Todos los que vieron la luz de los mensajes del primero y segundo ángeles y rechazaron esa luz, fueron dejados en tinieblas. Y los que la aceptaron y recibieron el Espíritu Santo que acompañó a la proclamación del mensaje celestial, y que después renunciaron a su fe y declararon que su experiencia había sido un engaño, de ese modo rechazaron al Espíritu de Dios, y éste no intercedió más por ellos.

Los que no vieron la luz, no fueron culpables de rechazarla. Los únicos a los cuales el Espíritu de Dios no podía alcanzar eran los que habían despreciado la luz celestial. Y en esa clase estaban incluidos, como lo he dicho, tanto los que rehusaron aceptar el mensaje cuando les fue presentado, como los que, habiéndolo recibido, después renunciaron a su fe. Estos podrían tener una forma de piedad y profesar ser seguidores de Cristo. Pero no teniendo una comunicación viviente con Dios, eran llevados cautivos por los engaños de Satanás. Se presentan esas dos clases en la visión­ los que declararon que era un engaño la luz que habían seguido, y los impíos del mundo que, habiendo rechazado la luz, habían sido rechazados por Dios. No se hace referencia a los que no habían visto la luz y, por lo tanto, no eran culpables de su rechazo.

Para probar que yo creía y enseñaba la doctrina de la puerta cerrada, el Sr. C presenta una cita de la Review del 11 de junio de 1861, firmada por nueve de nuestros miembros importantes. La cita dice así:

"Nuestros conceptos de la obra que nos correspondía eran entonces mayormente vagos e indefinidos; algunos se aferraban todavía a la idea aceptada por el conjunto de creyentes adventistas de 1844, a cuya cabeza estaba Guillermo Miller, de que nuestra obra para 'el mundo' había terminado y que el mensaje se restringía a aquellos de la fe adventista original. Tan firmemente se creía esto que casi se le rehusó el mensaje a uno de los nuestros, pues el que sostenía esto tenía dudas de la posibilidad de la salvación de aquél porque no había estado en 'el movimiento de 1844'".

Sólo necesito añadir a esto que en la misma reunión en que se insistió que el mensaje no podía ser dado a ese hermano, mediante una visión se me dio un testimonio para animarlo a confiar en Dios y dar su corazón plenamente a Jesús, lo que él hizo entonces y allí mismo.

En otro pasaje del libro A Word to the Little Flock (Un mensaje a la pequeña grey), hablo de escenas de la "tierra nueva y declaro que allí vi a santos de la antigüedad: Abrahán, Isaac, Jacob, Noé, Daniel y muchos como ellos". Porque hablo de haber visto a esos hombres, nuestros oponentes conjeturan que entonces yo creía en la inmortalidad del alma y que habiendo cambiado después mis opiniones sobre este punto, vi necesario suprimir ese pasaje. Están tan lejos de la verdad aquí como en otras conjeturas.

En el año 1844, acepté la doctrina que ahora sostenemos, en cuanto a que el alma no es inmortal, como se puede ver por referencias de Life Sketches (Apuntes biográficos), págs. 170, 171 [edición de 1880. Véase también la edición de 1915, pág. 49; Testimonies, tomo 1, páginas 39, 401, y nunca he defendido otra doctrina, ni verbalmente ni por escrito. Si hubiésemos suprimido ese pasaje debido a su enseñanza de la inmortalidad del alma, hubiéramos encontrado necesario suprimir otros pasajes.

Al relatar mi primera visión, en la página 13 de Early Writings [pág. 17 de la actual edición, que coincide con Primeros escritos ], hablo de haber visto a hermanos que poco antes habían dormido en Jesús, y en la página 14 actual edición, págs. 18 y 19 declaro que se me mostró a un gran grupo que había sufrido el martirio por la fe.

La inmortalidad del alma no se enseña más en el pasaje "suprimido" que en los dos últimos citados.

El caso es que, en estas visiones, fui llevada adelante al tiempo cuando los santos resucitados serán reunidos en el reino de Dios. De la misma manera, el juicio, la segunda venida de Cristo, el establecimiento de los santos sobre la tierra nueva han sido presentados delante de mí. ¿Supone alguno que ya han acaecido esas escenas? Mis adversarios muestran el espíritu que los mueve al acusarme así de engaño, basándose en una mera "conjetura".

En esta cita también se encuentran las palabras: "Vi dos largas ramas áureas de las cuales colgaban hilos de plata, y en los hilos había magníficas uvas". Mis oponentes ridiculizan "esa expresión débil y pueril de magníficas uvas que crecen en hilos de plata y estos hilos unidos a ramas áureas".

¿Qué motivo movió al autor mencionado a citar mal mis palabras: Yo no declaré que las uvas crecían en hilos de plata. Lo que contemplé está descrito tal como me pareció a mí. No se ha de suponer que las uvas estaban unidas a hilos de plata o ramas áureas, sino que ésa era la apariencia que presentaban. Expresiones tales son empleadas diariamente por todos en la conversación común. Cuando hablamos de frutos áureos, no se entiende que declaramos que el fruto está compuesto de ese precioso metal, sino simplemente que tiene la apariencia de oro. La misma regla aplicada a mis palabras elimina toda excusa para una falsa interpretación.

Otra "supresión" reza así: "Bien, bendito sea el Señor, hermanos y hermanas, es una reunión extraordinaria para los que tienen el sello del Dios viviente".

No hay nada en esto que todavía no sostengamos. El análisis de nuestras obras publicadas mostrará nuestra creencia de que los justos vivos recibirán el sello de Dios antes de la terminación del tiempo de gracia. También que ellos disfrutarán honores especiales en el reino de Dios.

Se dice que el siguiente pasaje ha sido omitido de la visión relatada en las páginas 25 - 28 de Early Writings [corresponde a las páginas 32 - 35 de Primeros escritos ]:

"Si alguien creyó en el sábado y lo guardó, y recibió la bendición que lo acompaña, y luego lo abandonó y quebrantó los santos mandamientos, éste se cerrará a sí mismo las puertas de la santa ciudad tan ciertamente como que hay un Dios que rige los cielos en lo alto".

Los que han visto claramente y aceptado plenamente la verdad del cuarto mandamiento, y han recibido la bendición que acompaña a la obediencia, pero que después renunciaron a su fe y se atrevieron a violar la ley de Dios, si persisten en ese sendero de desobediencia, encontrarán las puertas de la ciudad de Dios cerradas frente a ellos.

Una declaración publicada en 1851, en Experience and Views [Experiencia y visiones] y que se encuentra en la página 49 de Early Writings [corresponde a la página 58 de Primeros escritos ] se cita para probar que mis testimonios son falsos "Vi que casi ha terminado el tiempo que Jesús debe pasar en el lugar santísimo, y que el tiempo sólo puede durar un poquito más" Tal como el asunto me fue presentado, el período de la ministración de Cristo parecía casi cumplido ¿Se me acusa de falsedad porque el tiempo ha continuado más de lo que mi testimonio parecía indicar? ¿Cómo es el caso en los testimonios de Cristo y sus discípulos? ¿Estaban engañados? Pablo escribió a los corintios:

"Pero esto os digo, hermanos que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen" (1 Cor. 7: 29, 30)

También en su Epístola a los Romanos dice:

"La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz" (Rom. 13: 12).

Y desde Patmos Cristo nos habla mediante el amado Juan :

"Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca" ( Apoc. 1: 3). "El Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro" (Apoc. 22: 6, 7)

Los ángeles de Dios, en sus mensajes para los hombres, representan el tiempo como muy corto Así me ha sido siempre presentado Es cierto que el tiempo se ha extendido más de lo que esperábamos en los primeros días de este mensaje Nuestro Salvador no apareció tan pronto como lo esperábamos. Pero, ha fallado la palabra del Señor? ¡Nunca! Debiera recordarse que las promesas y amenazas de Dios son igualmente condicionales.

Dios ha confiado a su pueblo una obra que debe efectuarse en la tierra. Había de ser dado el mensaje del tercer ángel, las mentes de los creyentes habían de ser dirigidas al santuario celestial, donde Cristo ha entrado para hacer expiación por su pueblo. La reforma del día de reposo había de ser llevada adelante. Debe ser reparada la brecha en la ley de Dios. El mensaje debe ser proclamado con fuerte pregón para que todos los habitantes de la tierra puedan recibir la amonestación. El pueblo de Dios debe purificar su alma mediante la obediencia a la verdad y estar preparado para encontrarse con él sin falta, en su venida.

Si después del gran chasco de 1844 los adventistas se hubiesen mantenido firmes en su fe, y unidos en la providencia de Dios que abría el camino, hubieran proseguido recibiendo el mensaje del tercer ángel y proclamándolo al mundo con el poder del Espíritu Santo, habrían visto la salvación de Dios y el Señor hubiera obrado poderosamente acompañando sus esfuerzos, se habría completado la obra y Cristo habría venido antes de esto para recibir a su pueblo y darle su recompensa.

Pero muchos de los creyentes adventistas claudicaron en su fe en el período de duda e incertidumbre que siguió al chasco. Se introdujeron disensiones y divisiones. Por escrito y verbalmente, la mayoría se opuso a los pocos que, guiados por la providencia de Dios, recibieron la reforma del día de reposo y comenzaron a proclamar el mensaje del tercer ángel. Muchos que debieran haber dedicado su tiempo y talentos al único propósito de hacer resonar la amonestación por el mundo, quedaron absorbidos en su oposición a la verdad del sábado y, a su vez, el trabajo de sus defensores necesariamente se empleó en contestar a esos oponentes y defender la verdad. Así se estorbó la obra y el mundo fue dejado en tinieblas. Si todo el núcleo de adventistas se hubiera unido en los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, ¡cuán inmensamente diferente habría sido nuestra historia !

No era la voluntad de Dios que se demorara así la venida de Cristo. Dios no tuvo el propósito de que su pueblo, Israel, vagara cuarenta años por el desierto. Prometió guiarlos directamente a la tierra de Canaán, y establecerlos allí como un pueblo santo, lleno de salud y feliz. Pero aquellos a quienes primero se les predicó, no entraron " "a causa de incredulidad" (Heb. 3: 19). Sus corazones estuvieron llenos de murmuración, rebelión y odio, y Dios no pudo cumplir su pacto con ellos.

Durante cuarenta años, la incredulidad, la murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo Israel en la tierra de Canaán. Los mismos pecados han demorado la entrada del moderno Israel en la Canaán celestial. En ninguno de los dos casos faltaron las promesas de Dios. La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años.

Hay otros dos pasajes que se dice que se encuentran en mi primer libro pero que no aparecen en mis escritos posteriores. Sólo diré acerca de ellos que cuando pueda obtener un libro donde estén, de modo que pueda estar segura de la exactitud de las citas y pueda verlas por mí misma en su contexto, estaré preparada para hablar con conocimiento acerca de ellos.

Desde el comienzo de mi obra, he sido perseguida por el odio, el reproche y la falsedad. Viles imputaciones y calumniosos informes han sido ávidamente reunidos y hechos circular ampliamente por los rebeldes, los formalistas y los fanáticos. Hay ministros de las así llamadas iglesias ortodoxas que viajan de un lugar a otro para hacer guerra contra los adventistas del séptimo día y tienen a la Sra. de White como a su caballo de batalla. Los burladores de los últimos días son conducidos por estos ministros que profesan ser los centinelas de Dios.

Se unen en su obra de atacar a la Sra. de White el mundo incrédulo los ministros de las iglesias caídas y los adventistas del primer día. Esta lucha ha seguido durante casi cuarenta años, pero no me he sentido en libertad de dedicar atención a sus ruines palabras, reproches e insinuaciones. Y no me apartaría ahora de esta costumbre, si no fuera porque algunas almas honradas pueden ser descarriadas por los enemigos de la verdad que tan jactanciosamente me declaran engañadora. Presento estas declaraciones con la esperanza de ayudar a los sinceros.

No espero influir en los que, habiendo visto la luz de la verdad rehusan prestarle atención, los que se han entregado al prejuicio y han parapetado su alma en la incredulidad.

Jesús, la Majestad del cielo que era igual a Dios, estuvo en el mundo 33 años, y sin embargo sólo hubo pocos que reconocieron su carácter divino. Y yo, que soy una criatura humana tan débil, tan indigna y tan frágil, ¿puedo esperar mayor éxito que el que recibió el Salvador del mundo?

Cuando por primera vez me entregué a esta obrar para ir adonde el Señor me ordenara, para hablar los mensajes que me diera para la gente, yo sabía que encontraría oposición, reproche, persecución. No me he chasqueado. Si hubiese dependido del aplauso humano hace mucho que me hubiera desanimado. Pero acudí a Jesús y vi que él, que fue intachable, fue atacado por lenguas calumniosas. Los que pretendían ser muy piadosos, siguieron como espías la conducta del Salvador, e hicieron todo lo que pudieron para obstruir su sendero. Pero aunque él era todopoderoso, no castigó a sus adversarios como merecían sus pecados. Podría haber lanzado contra ellos los proyectiles de su venganza, pero no lo hizo. Les aplicó severísimos reproches por su hipocresía y corrupción, y cuando sus mensajes fueron rechazados y su vida fue amenazada, serenamente fue a otro lugar para hablar las palabras de vida. En mi debilidad, he tratado de seguir el ejemplo de mi Salvador.

¡Cuán ávidamente procuraban los fariseos demostrar que Cristo era un engañador! ¡Cómo observaban cada palabra suya procurando torcer y tergiversar todos sus dichos! El orgullo, el prejuicio y la pasión cerraron todos los accesos de su alma contra el testimonio del Hijo de Dios. Cuando claramente reprochó su iniquidad y declaró que sus obras probaban que eran hijos de Satanás, con ira le arrojaron en respuesta la acusación que decía: "¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?'

Todos los argumentos con que se acosó a Cristo fueron falsos. Así fue en el caso de Esteban y de Pablo. Pero las declaraciones más débiles y más irrazonables presentadas del lado del error tuvieron su influencia porque había muchos cuyo corazón no estaba santificado, que deseaban que esas declaraciones fueran verdaderas. Los tales siempre están ansiosos de aferrarse de cualquier supuesto error o equivocación de los que les presentan la verdad desagradable.

No debiera sorprendernos cuando las malas conjeturas son ávidamente empuñadas como hechos indudables por aquellos que sienten inclinación hacia la falsedad. Los opositores de Cristo fueron vez tras vez confundidos y silenciados por la sabiduría de las palabras de él. Sin embargo, todavía escuchaban ansiosamente cada rumor y buscaban algún pretexto para acosarlo con preguntas contenciosas. Estaban determinados a no abandonar su propósito. Bien sabían que si Jesús continuaba con su obra, muchos creerían en él y los escribas y fariseos perderían su poder sobre el pueblo. Por lo tanto, estuvieron dispuestos a rebajarse hasta emplear cualquier medida vil o despreciable para realizar sus malignas intenciones contra Jesús. Odiaban a los herodianos, y sin embargo se unieron con esos enemigos inveterados a fin de idear algún plan para deshacerse de Cristo.

Tal fue el espíritu con el que hicieron frente al Hijo de Dios aquellos que él vino a salvar. Cualquiera de los que tratan de obedecer a Dios y de llevar al mundo el mensaje de su verdad, ¿puede esperar una recepción más favorable que la que le fue dada a Cristo?

No tengo mala voluntad hacia los que procuran invalidar el mensaje que Dios ha dado para reprochar, advertir y animar a su pueblo. Pero, como embajadora de Cristo, debo levantarme en defensa de la verdad. ¿Quiénes son los que con tanto celo se alistan contra mí? ¿Son los puros y santos hijos de la fe? ¿Han nacido de nuevo? ¿Son participantes de la naturaleza divina? ¿Aman a Jesús y manifiestan su espíritu de mansedumbre y humildad? "Por sus frutos los conoceréis" (Mat. 7: 20). ¿Se asemejan a los primeros discípulos o a aquellos astutos escribas y fariseos que estaban constantemente vigilando para entrampar a Cristo con sus palabras? Notad el astuto proceder de esos antiguos opositores de la fe: cómo los doctores, sacerdotes, escribas y magistrados se combinaban para encontrar algo contra Aquel que era la luz del mundo.

Y ¿por qué estaban tan decididos a condenar a Cristo? No amaban sus doctrinas y preceptos, y estaban molestos porque veían que la atención de la gente se volvía hacia Jesús y se apartaba de sus anteriores dirigentes.

La naturaleza humana es todavía la naturaleza humana. No se engañen a sí mismos con la creencia de que están prestando un servicio a Dios los que tratan de estorbar mi camino y destruir la influencia de mis palabras. Están sirviendo a otro amo, y serán recompensados de acuerdo con su obra.

La rebelión existirá mientras exista Satanás. Los que son movidos por su espíritu, no discernirán el Espíritu de Dios ni escucharán su voz hasta que salga la orden: "El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía" (Apoc. 22: 11). Espero hacer frente a la malignidad de los que desprecian la luz que a Dios le plugo darme.

El plan de Dios es presentar suficiente evidencia del carácter divino de su obra para convencer a todos los que honradamente desean conocer la verdad. Pero él nunca suprime toda oportunidad de dudar. Todos los que desean dudar y cavilar, encontrarán ocasión de hacerlo.

Compadezco a los que marchan en el sendero de la duda y la incredulidad. Si pudiera, los ayudaría gozosamente, pero la experiencia pasada me da poca esperanza de que jamás vengan a la luz. Ningún acopio de evidencia convencerá a los hombres de la verdad mientras no estén dispuestos a rendir su orgullo, someter su naturaleza carnal y convertirse en alumnos de la escuela de Cristo.

La terquedad y el orgullo de sus propias opiniones inducen a muchos a rechazar la luz del cielo. Se aferran a ideas favoritas, a interpretaciones fantásticas de las Escrituras y a peligrosas herejías. Y si se presenta un testimonio para corregir esos errores, se apartarán descontentos como muchos lo hicieron en los días de Cristo.

No importa cuán impecables sean el carácter y la vida de los que presentan a la gente los mensajes de Dios. Esto no les da autoridad. ¿Y por qué? Porque dicen la verdad a la gente. Este es mi pecado, hermanos. Pero si circula un informe falso, si por alguna inferencia o conjetura, una acusación es lanzada contra el carácter de la embajadora de Cristo, ¡con qué absurda credulidad es recibida! ¡Cuántos están listos para magnificar y propagar la calumnia! Los tales están revelando su carácter verdadero."El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios" "(Juan 8: 47).

La calumnia y el reproche serán la recompensa de los que defiendan la verdad como está en Jesús. "Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución" (2 Tim. 3: 12). Los que dan un franco testimonio contra el pecado, tan ciertamente serán aborrecidos como lo fue el Maestro que les dio esa obra para hacerla en su nombre. Al igual que Cristo, serán llamados enemigos de la iglesia y de la religión, y mientras más fervientes y leales sean sus esfuerzos para honrar a Dios, más amarga será la enemistad de los impíos e hipócritas. Pero no nos debemos desanimar cuando seamos tratados así.

Quizá seamos llamados "faltos de juicio y necios", fanáticos y aun locos. Quizá se diga de nosotros como se dijo de Cristo: "Demonio tiene" (Juan 10: 20). Pero la obra que el Maestro nos ha dado para realizar, es todavía nuestra obra. Debemos dirigir la mente a Jesús sin buscar alabanza u honor de los hombres sino entregándonos a Aquel que juzga rectamente. El sabe cómo ayudar a los que, mientras siguen en las pisadas de Jesús, sufren en cierto grado el reproche que él soportó. Fue tentado en todo como nosotros lo somos, para que supiera socorrer a los que son tentados.

No importa qué interpretación errónea sea dada a mi testimonio por los que profesan justicia, y sin embargo no conocen a Dios, seguiré adelante humildemente con mi obra. Hablaré las palabras que Dios me da para animar, reprochar y advertir. No queda sino un pequeño resto de mi vida en la tierra. Realizaré con fidelidad, por la gracia de Dios, la obra que mi Padre me ha dado, sabiendo que todas mis acciones deben soportar el escudriñamiento de Jehová (Manuscrito 4, 1883).

SE REFIERE LA EXPERIENCIA DE ELENA G. DE WHITE ACERCA DE LA CUESTIÓN DE LA PUERTA CERRADA (Nota: En El Conflicto de los siglos, páginas 478-485 (casi todo el capítulo 25), hay una amplia presentación de la "puerta cerrada".*)

Battle Creek, Míchigan, 24 de agosto de 1874

ESTIMADO HNO. LOUGHBOROUGH:

Por la presente testifico, en el temor de Dios, que las acusaciones de Miles Grant, de la Sra. de Burdick y otros, publicadas en la revista Crisis, no son verdaderas. Las declaraciones en cuanto a mi proceder en 1844 son falsas.

Junto con mis hermanos y hermanas, después del tiempo pasado en 1844, yo creía firmemente que no se convertirían más pecadores. Pero nunca tuve una visión de que no se convertirían más pecadores. Y con claridad y libertad declaro que nadie jamás me oyó decir o ha leído declaraciones de mi pluma que los justifique en las acusaciones que han hecho contra mí en este punto.

Fue en mi primer viaje al este, al ir a relatar mis visiones, cuando la preciosa luz acerca del santuario celestial fue expuesta delante de mí, y se me mostró la puerta abierta y cerrada. Creíamos que el Señor vendría pronto en las nubes del cielo. Se me mostró que había una gran obra que hacer en el mundo para los que no habiendo tenido la luz, no la habían rechazado. Nuestros hermanos no podían entender esto debido a nuestra fe en la inmediata aparición de Cristo. Algunos me acusaron de decir que el Señor se tardaba en venir, especialmente los fanáticos. Vi que en 1844 Dios había abierto una puerta que ningún hombre podía cerrar, y cerrado una puerta que ningún hombre podía abrir. Los que rechazaron la luz que fue dada al mundo por el mensaje del segundo ángel quedaron en tinieblas, y cuán grandes eran esas tinieblas.

Nunca he declarado ni escrito que el mundo fue sentenciado o condenado. En ninguna circunstancia, nunca he usado ese lenguaje para nadie, no importa cuán pecador fuera. Siempre he tenido mensajes de reproche para los que usaban esas expresiones ásperas (Carta 2, 1874).

DECLARACION ACERCA DEL DÍA Y HORA DE LA VENIDA DE CRISTO

QUERIDA HERMANA:

Ud. declara que "algunos pretenden, entre otras cosas, que es desleal suprimir sus escritos anteriores". Los que dicen esas cosas, ¿tendrían la bondad de darme pruebas de sus declaraciones? Sé que esto ha sido repetido con frecuencia, pero no probado. "Pretenden que en los testimonios originales de Ud., tomo 1, que ellos han preservado, Ud. claramente declara que se le mostró el día y la hora de la segunda venida de Cristo. Su argumento es que esa declaración de Ud. no resiste la prueba de la Biblia, pues Cristo mismo declara que nadie sabe ni el día ni la hora, ni aun los ángeles de Dios"...

En mi primer libro, Ud. encontrará la única declaración en cuanto al día y la hora de la venida de Cristo que he hecho desde que pasó el tiempo en 1844. Se encuentra en Early Writings , páginas 11, 27 y 145, 146 [páginas 15, 34 y 285 de la edición actual, que coincide con Primeros escritos ]. Todas se refieren al anuncio que será hecho muy poco antes de la segunda venida de Cristo.

Viendo en la página 145 [página 285 de Primeros escritos ] y leyendo desde el comienzo del capítulo, Ud. verá que las declaraciones hechas se refieren a la liberación de los santos del tiempo de angustia mediante la voz de Dios. Por favor, consiga este libro, si ya no lo tiene, y lea las declaraciones que hay allí. Son exactamente como fueron impresas en el primer artículo publicado. "El firmamento se abría y cerraba en violenta conmoción". "Las montañas se agitaban como cañas batidas por el viento, arrojando peñascos por todo el derredor. El mar hervía como una caldera y lanzaba piedras a la tierra. Al declarar Dios el día y la hora de la venida de Jesús y conferir el sempiterno pacto a su pueblo, pronunciaba una frase y se detenía mientras las palabras de la frase retumbaban por toda la tierra".

Esta es una porción del párrafo. Las declaraciones de las páginas 11 y 27 [15 y 34 en Primeros escritos ] se refieren al mismo tiempo. Contienen todo lo que alguna vez se me haya mostrado en cuanto al tiempo definido de la venida del Señor. No tengo el menor conocimiento en cuanto al tiempo mencionado por la voz de Dios. Oí cuando proclamaba la hora, pero no tuve el recuerdo de esa hora después que salí de la visión. Escenas tan emocionantes y de un interés tan solemne pasaron ante mí, que ningún lenguaje puede describir. Todo fue una realidad viviente para mí, pues directamente relacionada con esta escena apareció la gran nube blanca sobre la cual estaba sentado el Hijo del hombre (Carta 38, 1888).

Estando en mi misma adolescencia, el Señor vio adecuado abrir ante mí las glorias del cielo. Fui llevada en visión al cielo, y el ángel me dijo: "¡Mira!" Miré al mundo como estaba en densas tinieblas. Cuando vi esas tinieblas, fue indescriptible la agonía que me sobrevino.

Otra vez vino la orden: "Mira". Y otra vez miré fijamente el mundo, y comencé a ver chorros de luz, como estrellas que punteaban toda esa oscuridad. Y entonces vi que se añadían una luz tras otra, y así a través de todas esas tinieblas morales aumentaban las luces semejantes a estrellas. Y el ángel dijo: "Esos son los que creen en el Señor Jesucristo, y están obedeciendo las palabras de Cristo. Son la luz del mundo, y si no fuera por esas luces, los juicios de Dios caerían inmediatamente sobre los transgresores de la ley de Dios". Vi entonces que aumentaba el brillo de esos chorritos de luz, brillando del este y del oeste, del norte y del sur y alumbrando todo el mundo.

Ocasionalmente comenzaba a opacarse una de esas luces y otras se extinguían, y cada vez que ocurría esto, había tristeza y llanto en el cielo. Y algunas de las luces se hacían más y más brillantes, y su brillo era muy abarcante y muchas luces más se les añadían. Entonces había regocijo en el cielo. Vi que los rayos de luz venían directamente de Jesús para formar esos preciosos chorros de luz en el mundo ( Gospel Workers [Obreros evangélicos], págs. 378, 379 (edición de 1892).­ No están estos pasajes en las ediciones castellanas de obreros evangélicos ).