EVANGELIOS EN CONFLICTO Y LA AUTORIDAD DE PABLO

"Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema" (Gál. 1:9b).

n el Nuevo Testamento, ninguno ha provisto una enseñanza tan explícita sobre la naturaleza de la salvación como lo hizo Pablo. Como señaló a los Efesios, "por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efe. 2:8, 9).

No obstante, ese mismo evangelio de sola gracia por medio de la fe solamente era el que estaba bajo ataque por parte de los que llegaban de Jerusalén. En el centro de su ataque estaba el impulso de socavar la autoridad de Pablo, de hacerlo aparecer como un apóstol de segunda, en el mejor de los casos; implicando con ello que sus enseñanzas no debían ser tomadas muy en serio. Y, para el asombro de Pablo, los miembros de la iglesia en Galacia habían aceptado el engaño.

EL APOSTOLADO DE PABLO Y SU EVANGELIO (GÁL 1:1-5)

En su Carta a los Gálatas, Pablo no desperdicia energías en humoradas. En el primer versículo mismo, Pablo va derecho al corazón de las acusaciones contra él. Afirma ser en realidad un apóstol, designado por el mismo Jesús resucitado. Aquí, Pablo se refiere a su llamado camino a Damasco (ver Hech. 9:1-22).

No es circunstancial que Pablo describiera a Jesús como el "Resucitado" en Gálatas 1:1. Después de todo, fue el Jesús resucitado en persona quien lo comisionó; y además, una de las características aceptadas de un apóstol verdadero era que podía testificar de la resurrección de Jesús (Hech. 1:22). Pablo, desde el evento del camino a Damasco, había tenido esta característica especial. Como lo dijo en 1 Corintios 15, después de que Jesús se hubo revelado a los apóstoles y a otros, Jesús, "al último de todos, como a un abortivo, se me apareció a mí" (vers. 5-8).

La palabra griega para "apóstol", apóstolos, significa uno que es enviado. En el mundo judío, significaba un mensajero especial con un estatus singular, que tenía una comisión proveniente de un cuerpo superior. De este modo, escribe R. A. Colé, "un apóstolos judío normalmente era enviado desde un grupo (tal vez, el Sanedrín), y había recibido su comisión del sumo sacerdote o de algún alto oficial similar. Cuando Pablo fue en su viaje a Damasco, su apostolado era de esta naturaleza (Hech. 9:2)".' Pero ahora no era así. En su lugar, afirma sin vacilación que su comisión es de ningún otro que Jesús, el Cristo, a quien Dios "resucitó de los muertos" (Gál. 1:1).

Siguiendo su defensa inicial de su apostolado en el versículo 1, en los versículos 2 y 3 Pablo pronuncia su acostumbrada bendición de gracia y paz a las congregaciones gálatas. Ambas cosas son palabras peculiarmente paulinas, y ambas están saturadas de significado. Gracia (járis) es lo que llena con gozo.2 Y, en el contexto cristiano, nada puede producir más gozo que lo que Dios hizo por nosotros en Cristo.

La palabra paz también está directamente relacionada con lo que Dios hizo por los cristianos por medio de la vida, la muerte y el ministerio celestial de Jesús. Era una palabra de gran importancia para Pablo, quien enseñó que todas las personas estaban bajo la maldición de la penalidad de la Ley quebrantada, pero que "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición" (Gál. 3:10-13; cf. Rom. 6:23; 3:21-25). Para el apóstol, el resultado de aceptar el sacrificio de Cristo por la fe es tanto justificación como paz para con Dios (Rom. 5:1). Aquellos que aceptaron a Cristo han sido "reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo" (vers. 10). Ya no son más enemigos de Dios, sino que tienen paz con él (vers. 10) y, por extensión, con otras personas y consigo mismos. No es casual que Pablo con frecuencia combinara la gracia con la paz en sus saludos. Ambos estaban en el centro de su comprensión del evangelio.

Ese evangelio pasa al frente en Gálatas 1:4, donde Pablo escribe de "nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre". El núcleo del evangelio de Pablo es que Jesús "se dio a sí mismo por nuestros pecados", para que nosotros pudiéramos ser liberados. La salvación no es el resultado de nuestras acciones, sino de las de él. No es consecuencia de algo grande que como humanos pudiéramos hacer, como una ofrenda o sacrificio para apaciguar a Dios, sino algo hecho en nuestro favor por Jesús, quien llevó nuestros pecados y ocupó nuestro lugar en el madero del Calvario (Gál. 3:13). Aquí tenemos el centro de la comprensión que tenía Pablo de las buenas nuevas.

El fundamento mismo del evangelio es que la salvación descansa sobre lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, más bien que sobre algo que debamos hacer para él. Esa es la enseñanza que los falsos maestros que invadieron las congregaciones de Galacia desafían ahora.

Ellos arrojaron el guante, y Pablo lo recoge. Como una manera de desacreditar su evangelio, cuestionan su apostolado. Pablo, por otro lado, defenderá su apostolado como la vindicación de su comprensión del evangelio.

En el proceso, Pablo nos ofrece, en Gálatas 1:4, lo que F. F. Bruce sugiere que "es probablemente la afirmación escrita más antigua del Nuevo Testamento acerca de la importancia de la muerte de Cristo".3 Esa importancia no solo relaciona la muerte de Cristo con el perdón de los pecados de su pueblo, sino también con su liberación del "presente siglo [o "mundo", NVI, BJ] malo" (vers. 4). Los judíos creían que la historia se dividía en dos eras (o mundos): la presente y la era por venir. Los primeros cristianos adoptaron esa idea. De este modo, para Pablo, en un sentido los cristianos ya han sido salvados. Dios los rescató, los libró y los emancipó de una etapa de esclavitud, de este "presente siglo malo".

ESE OTRO "EVANGELIO" (GAL. 1:6-10)

"Estoy maravillado", escribió Pablo a los Gálatas, "de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare oro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema" (vers. 6-9).

¡Qué párrafo duro! Difícilmente sea uno que quisieran encontrar en su correo. "Esas palabras", escribe G. G. Findlay, "estaban calculadas para sacudir a los Gálatas de su inconstancia. Son como un relámpago que lo muestra a uno parado al borde de un precipicio".4

Y ¿qué era lo que debían percibir por medio de ese sacudón? Ese es el tema de los versículos 6 al 9. Pablo comienza diciendo que está "maravillado" por el cambio ocurrido entre los creyentes. Generalmente, la palabra "maravillado" lleva consigo la idea de una sorpresa; pero como Pablo la usa aquí, la palabra tiene connotaciones de "irritación" y "reprensión".5

Lo que habían hecho los conversos gálatas para perturbarlo tanto era alejarse del evangelio de gracia hacia un evangelio diferente (vers. 6). La palabra "alejado" que usa Pablo es la misma que se emplea para describir a los soldados que desertan o huyen, para gente que cambia de bando político o filosófico, o personas que dan su espalda a una religión, para ir a otra. En su contexto en Gálatas 1:6, es el abandonar precisamente lo que los ha salvado (la gracia de Dios en Cristo), para ir a una manera diferente de "salvación".

El evangelio de Pablo -el que él había predicado a los Gálatas y en otras partes- era "el evangelio de la gracia de Dios" (Hech. 20:24). Su evangelio declaraba que "por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él" (Rom. 3:20); que todos son "justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre" (vers. 24, 25). Por sobre todo, claramente enseña que Jesús ha hecho plena provisión para la salvación, al llevar nuestro pecado y llegar a ser maldito por nosotros en el madero del Calvario (Gál. 3:13).

Y ¿qué era este "evangelio diferente" que se predicaba en Galacia, que no era realmente un evangelio sino, más bien, una perversión del único evangelio (Gal. 1:6, 7)? Aparentemente, tenía algo que ver con la necesidad de que los gentiles conversos fueran circuncidados y siguieran la ley de Moisés antes de que pudieran llegar a ser miembros plenos del pacto abrahámico y del pueblo de Dios (Gál. 6:12; 5:11; 3:29, 16-18; 4:21-31). Los predicadores de este "evangelio diferente", sin duda, eran aquellos que enseñaban que "si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos" (Hech. 15:1); una posición que pronto conduciría al Concilio de Jerusalén, en el cual Pablo y Bernabé se encontraron con los dirigentes de la iglesia de Jerusalén. En esa reunión importante, la iglesia en conjunto oficialmente rechazaría el "evangelio diferente" de los judaizantes (ver Hech. 15). Pero, entretanto, Pablo tenía que tratar con aquellos que pervertían el evangelio en Galacia.

Su verdadero problema era que ellos parecían ser buenos líderes cristianos; en realidad, su alegato contra los judaizantes probablemente hubiera chocado a los miembros de las iglesias de Galacia. Después de todo, R. Alan Colé señala que ellos "ciertamente predicaban la salvación por medio de Cristo. Hasta donde sepamos, no negaban que era necesario creer en Jesús como el Mesías y Salvador". ¿Cómo podría Pablo argumentar que ellos tenían un evangelio "diferente"? Esa pregunta es especialmente pertinente, porque "es altamente probable que los judaizantes no observaran otras costumbres que las del grueso de la iglesia de Jerusalén; y Pablo ciertamente nunca acusó a Santiago, o a Juan o a Pedro de predicar un 'evangelio diferente' ".6 ¿Por qué se alteró tanto Pablo con este grupo específico de maestros cristianos judíos?

Otra vez, la respuesta se encuentra en el hecho de que los judaizantes estaban instruyendo a creyentes gentiles en el sentido de que aceptar a Cristo por ,1a fe no era suficiente para ser justificados; que ellos, como gentiles, tenían que circuncidarse y observar la ley judía, si querían formar parte del pueblo del Pacto de Dios. El aspecto con el que luchaba Pablo era su enseñanza de que la predicación acerca de Cristo solo era insuficiente para su salvación, y que necesitaban añadir sus obras a las de Cristo.

Para Pablo, cualquier adición al evangelio de la gracia gratuita de Dios hacía que fuera ningún evangelio; era, más bien, una perversión del evangelio (Gál. 1:7). Predicar tal doctrina erosionaba el corazón mismo del mensaje cristiano. Después de todo, Pablo dirá, más tarde, que "si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano" (Gál. 2:21, NVI). En otras palabras, añadir algo a la gracia de Dios como medio divino de justificación es destruir la idea misma de la gracia.

Eso continúa siendo cierto hoy. Siempre encontraremos esas personas "buenas" en la iglesia que quieren añadir obras a la fe. Además, encontramos a quienes quieren restar el aspecto sustitutivo del evangelio (Gál. 3:13). Ante todos los tales en cada época, Pablo estalla con indignación. Él no acepta ninguna perversión del evangelio, en términos de adición o sustracción. Argumenta que la fidelidad al mensaje del evangelio define quién es un maestro cristiano genuino. Dos veces en los versículos 8 y 9 dice: "Sea anatema". Pablo no podría haber usado otra palabra más fuerte. La herejía en Galacia era peligrosa porque estaban en juego tanto la gloria de Cristo como la salvación de las almas. Para él, nada era más central que el mensaje evangélico de que la justificación es solo por gracia por medio de solo la fe, sin las obras de la Ley. El apóstol reconocía solo un evangelio, una exclusiva manera de ir a Dios.

MÁS SOBRE LA AUTORIDAD APOSTÓLICA DE PABLO (GÁL. 1:11-24)

¿Ha sido acusado alguna vez injustamente? ¿Han sido puestos en tela de juicio sus motivos o su honestidad? Tales acusaciones pueden ser devastadoras, especialmente cuando usted ha dado de su tiempo y hecho lo mejor posible para decir la verdad, en su deseo de ayudar a otros. Aquellos que han pasado por tal experiencia pueden comenzar a captar los sentimientos del apóstol Pablo, quien se da cuenta de que no solo han desafiado su persona, sino también la validez del mensaje que significaba tanto para él.

Pablo responde con una vigorosa defensa autobiográfica, con la cual espera aclarar tanto lo que se refiere a él -y, aún más importante-, como a su mensaje evangélico. Hasta Gálatas 1:10, Pablo se había mencionado a sí mismo solo una vez: en el versículo 1, en el que se había presentado como un apóstol de Cristo. Pero, desde el versículo 10 hasta el versículo 14 del capítulo 2, ofrece un informe de su experiencia personal desde su conversión hasta el momento en que escribe, al procurar refutar las falsas acusaciones e insinuaciones de quienes lo atacaban.

Para Pablo, la diferencia entre él y sus adversarios no es una pequeña diferencia de opinión: es un asunto de vida o muerte, sin un lugar intermedio posible. Pablo hasta llegó a pretender no solo que su evangelio era el correcto, sino además que era el único.

Una pretensión tan estupenda plantea la pregunta acerca del origen del evangelio de Pablo. ¿De dónde provino? ¿Lo inventó él? ¿O lo obtuvo de los apóstoles en Jerusalén, y luego lo cambió (pervirtió, como parecían sostener los judaizantes)? En los versículos 11 y 12, afirmará que su evangelio procede directamente de Dios. Su pretensión no tiene nada de humildad o de retroceso.

Pero, una pretensión tal demanda una prueba; desde el versículo 13 se aboca a documentarla. Como su primera línea de argumentación, señala la evidencia incontrovertible del cambio en su vida. No hay registro de un enemigo más violento y persistente de la iglesia cristiana primitiva que Pablo, entonces Saulo. Él mismo cuenta "de la furia con que perseguía a la iglesia de Dios, tratando de destruirla" (1:13, NVI). La palabra que usa para"destruir" es la misma que se emplea para describir el saqueo total de una ciudad.

Pero, necesitamos preguntarnos: ¿por qué odiaba él tanto a la iglesia cristiana? Es muy interesante: su hostilidad probablemente se centrara en la crucifixión de Jesús. "Para Pablo, como para todo otro judío", escribe Ronald Fung, "un Mesías [Cristo] crucificado no era solo un insulto a sus esperanzas mesiánicas político-nacionales, sino también era un 'absurdo incomprensible', ya que el Mesías era, casi por definición, alguien singularmente favorecido por Dios (cf. Isa. 11:2), mientras que un hombre colgado era, de acuerdo con la ley, maldito por Dios (Deut. 21:23). [...] Pablo debió haber visto en la cruz la refutación decisiva de la pretensión de que Jesús era el Mesías [...] y la pretensión adicional [de los cristianos] de que él había resucitado no podía tratarse menos que como un engaño criminal".7

No era de extrañar que el Pablo no convertido procurara eliminar a la nueva secta. Para su mente, era una banda de herejes máximos, engañosos y peligrosos.

No obstante, ahora estaba dispuesto a dar su propia vida por difundir el mensaje que una vez había procurado destruir. ¿Por qué? Pablo argumentará que semejante cambio implica una causa adecuada.

Él volverá a esa causa en Gálatas 1:16 y 17. Pero primero, nos proporciona un segundo vistazo a su pasado en el versículo 14, notando que "en la práctica del judaismo, yo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi celo exagerado por las tradiciones de mis antepasados" (NVI). Con palabras sencillas, "él había sido un fanático de la Ley. La Ley había sido su vida; había sido el único objeto de su estudio conocerla; había sido el único esfuerzo de su vida el guardarla". No obstante, "ahora el centro dominante de su vida era la gracia".8

Una vez más, debemos maravillarnos por esta transformación. El hombre que una vez había destruido al pueblo por problemas con la Cruz, la resurrección y la gracia, ahora encuentra que esos tres conceptos están en el centro mismo de su existencia.

Gálatas 1 concluye con la demostración de Pablo en el versículo 16, y siguiendo hasta el capítulo 2 versículo 1, de que no hubo lapso durante el cual pudo haber estado en Jerusalén por el tiempo suficiente para que los apóstoles lo instruyeran. Por lo tanto, el argumento de sus oponentes queda derribado. Su mensaje provino directamente de Dios.

AMENAZAS A LA UNIDAD DEL EVANGELIO

(GÁL 2:1-14)

"Los falsos hermanos [...] a escondidas [...] entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud" (Gál. 2:4).

"Cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar" (Gál. 2:11).

álatas 1 introdujo la idea de que había quienes estaban procurado pervertir el evangelio. El capítulo 2 comienza encarando el problema con mayor intención, mientras sigue la validación de Pablo de su apostolado y su mensaje. El capítulo demuestra que el evangelio es fundacional para la unidad. Los primeros 14 versículos destacan dos amenazas a la unidad del evangelio.

LA AMENAZA DE JERUSALÉN (GÁL. 2:1-10) 1

La primera amenaza se encuentra entre algunos de los "falsos hermanos" de Jerusalén, que habían procurado pervertir el evangelio.

Con respecto al evangelio, John Stott escribe que Pablo "ha mostrado en el capítulo 1 que su evangelio provino de Dios, y no del hombre. Ahora, muestra en la primera parte del capítulo 2

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1 >R. Alan Colé, The Epistle of Paul to the Galatians (Granel Rapids, MI: Eerd-mans, 1965), p. 31.