CAPÍTULO 14
EL OBJETO DE LA JACTANCIA DE PABLO (GÁLATAS 6:11-18)

«Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» (Gálatas 6:14).


La carta a los Gálatas es, sin duda, la pieza literaria más conmovedora de Pablo. En ella, desde el principio hasta el fin el apóstol ha subrayado su evangelio a la luz de los desafíos que afrontaba.

RESUMIENDO (GÁLATAS 6:11-18)

Con el versículo 11, Pablo comienza un resumen final con su propia mano. Dictó el resto de su carta a uno de sus colegas. Ahora el apóstol se toma la molestia de señalar con «cuán grandes letras» les escribe. El texto no nos dice por qué escribe con letras tan grandes, pero han surgido tres sugerencias para explicarlo. Una posibilidad es que tuviera mala vista y, como resultado, escribía con letras muy grandes. Los que sostienen esta posición se refieren a la «enfermedad del cuerpo» de Gálatas 4:13, y al hecho de que los creyentes le habrían dado sus propios ojos (versículo 15). Una segunda sugerencia es que Pablo no era un escriba profesional, y por ello formaba las letras en forma poco prolija.

Esas sugerencias pueden tener alguna validez, pero, dado el contexto de sus pocos versículos finales, es más probable que haya empleado las letras grandes como forma de dar énfasis. Todavía hacemos lo mismo hoy cuando usamos letras mayúsculas, cursivas, o subrayamos un texto. Tales técnicas literarias señalan que el lector debe prestar atención, porque lo que sigue es importante. En esta línea de pensamiento, Hans Betz escribe que la sección final «contiene los indicios de interpretación de la comprensión de las principales preocupaciones de Pablo en la carta como un todo, y debería emplearse como la clave hermenéutica [es decir, interpretativa] de las intenciones del apóstol».1

Ciertamente, Pablo subraya y remacha en Gálatas 6:12 al 16 temas evidentes en toda la epístola. Uno de ellos se relaciona con su problema con los judaizantes, que ha sido central desde el primer versículo del capítulo 1. Aquí, en su manera más directa, bosqueja las técnicas de quienes procuran desviar a los creyentes gálatas de la verdad del evangelio que Pablo les había enseñado. La circuncisión, sin duda, estaba en el centro del mensaje de ellos. Aparentemente, eran los mismos hombres que el libro de los Hechos representa afirmando que «si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos» (Hechos 15:1). Tal enseñanza era la herejía máxima para Pablo, cuyo mensaje se centraba en la salvación por gracia, aceptada por medio de la fe (Gálatas 2:16; Efesios 2:8).

Pero, las buenas nuevas son que ellos todavía estaban tratando de obligar a los gálatas a circuncidarse (Gálatas 6:12). Algunos de los creyentes pudieron haber ido ya en esa dirección, pero de este versículo se desprende que muchos, si no la mayoría, no habían dado todavía ese paso; de allí el estilo urgente, vigoroso y agresivo con que escribió Gálatas. Ellos estaban, según él lo veía, en medio de una lucha de vida o muerte. La palabra obligar indica la presión que ejercían los judaizantes sobre los creyentes gálatas. «Estos maestros», escribe León Morris, «no estaban diciendo que la circuncisión sería un rito útil para la gente que elegía aceptarlo, sino que era necesario para la iniciación de los verdaderos cristianos». 2

Pablo tenía dos cosas para decir acerca de tales tácticas. Primera, los que defendían la circuncisión solo deseaban «dar una buena impresión y evitar ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo» (versículos 12, 13, NVI). R. Alan Coe sugiere que el punto de Pablo era que los judaizantes «querían “estadísticas eclesiásticas”; tantas circuncisiones en cierto año era ciertamente algo de qué jactarse. Es fácil sonreír ante esto. Pero las “estadísticas bautismales” en áreas de misión pueden a veces ser igualmente peligrosas». 3 Segunda, Pablo exaltó la Cruz de Cristo. Si el símbolo de la teología de los judaizantes era la circuncisión, el de Pablo era la Cruz. El primero era un emblema bien reconocido aún por el Gobierno romano. La circuncisión salvaba a los judíos de la persecución, porque las autoridades reconocían oficialmente la religión judía, y permitían oficialmente a los judíos (es decir, los que eran circuncidados) practicarla. Los cristianos que no eran circuncidados no tenían esa protección. Tenemos que recordar que Roma consideraba a los primeros cristianos como pertenecientes a una secta judía. Ellos todavía no los clasificaban como una religión distinta. Por otro lado, los romanos consideraban la cruz como algo despreciable. De hecho, era «el más innoble de los objetos, un asunto de vergüenza no mitigado, no de jactancia. Es difícil, después de 16 siglos y más durante los cuales la cruz ha sido un símbolo sagrado, darse cuenta del horror y la repugnancia indescriptibles que la mera mención o el pensamiento de la cruz provocaba en los días de Pablo. La palabra crux [cru] era impropia en la sociedad romana culta (Cicerón, Pro Rabirio 16); aun cuando uno era condenado a muerte por crucifixión, la sentencia usaba una fórmula arcaica que servía como una especie de eufemismo: arbori infelici suspendito, “cuélguenlo en el desgraciado árbol” (Cicerón, Ibíd., p. 13)». 4

LA CENTRALIDAD DE LA CRUZ (GÁLATAS 6:14-18)

No obstante, la imagen de la Cruz estaba en el centro de la vida y el pensamiento de Pablo. Donald Guthrie nota que «de ninguna manera más concluyente podría Pablo expresar la centralidad de la Cruz en su pensamiento, que exaltándola como el único objeto de su jactancia [...]. Para él, es la clave de la salvación del hombre, y él supone que sus lectores sabrán lo que quiere decir cuando se refiere a ella. Claramente, representa mucho más que el mero hecho histórico de que Jesús fue crucificado. Representa toda la significación del evento, no solo para la humanidad en general, sino para Pablo en particular. Él podía comprender cómo la Cruz era una piedra de tropiezo para los judíos, pero nunca podía comprender cómo los cristianos podrían alguna vez dejar de verla como su máxima gloria. Bien puede ser que una gran parte de la debilidad de muchos, en el testimonio de la iglesia moderna, resida en dejar de jactarse de la Cruz». 5 Una de las grandes paradojas de la historia cristiana es que tantos que se llaman cristianos hayan evitado la muerte sustitutiva de Cristo sobre la Cruz, que es tan céntrica en la Carta de Pablo a los Gálatas (ver especialmente Gálatas 3:10-13).

Tal vez una razón para esa distorsión sea que la crucifixión refleja sobre todos nosotros, seres humanos, una luz no muy halagadora. Señala el hecho de que somos pecadores, incapaces de salvarnos a nosotros mismos, quienesquiera que seamos o sea lo que fuere que hagamos. La Cruz nos reduce a nuestro tamaño verdadero, fin el proceso, proporciona el único fundamento posible para una teología de salvación por gracia. La única alternativa a la gracia es alguna clase de salvación por realizaciones humanas. Si tal realización es la circuncisión, la inflexibilidad alimentaria o alguna otra práctica «santa», no marca ninguna diferencia. El evangelio de Pablo es claro como el cristal: la salvación por la gracia mediante la fe, sobre la base de la Cruz y la resurrección (Efesios 2:8-10; 1 Corintios 15:1-4).

Pero, a pesar de su claridad en el tema, la gente todavía está fascinada con la perversión judaica (o alguna forma de ella) unos dos mil años después de escribir con «letras grandes». La denuncia de Pablo contra los judaizantes, de que ellos querían que otros guardaran la Ley pero ellos realmente no la observaban, es otro tema recurrente en Gálatas. Es decir, la necesidad de aquellos que procuran la salvación mediante la Ley de obedecer toda la Ley es realmente una imposibilidad (Gálatas 3:10; 5:3; 3:21, 22). Mientras que para Pablo los judaizantes no eran nada menos que hipócritas, ellos por lo menos eran consistentes en que afirmaban que para los gentiles era «necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés» (Hechos 15: 5).

No obstante, Pablo consideraba su afirmación como nada más que una religión humana. Basándose en lo que la gente podía hacer para Dios, más bien que en lo que Dios podía hacer por ellos, estaban centrados en el yo, en vez de estarlo en la Cruz. Pero, debe ser lo uno o lo otro, ya sea por la fe o por las obras, ya sea la «adoración» de las realizaciones del yo, que es tan cara al corazón humano no regenerado, o el arrojar el yo al pie de la Cruz. En Gálatas 6:15, Pablo destaca la importancia de una renovación total, o renacimiento, o reorientación de cada cristiano. El cristianismo no es un cambio exterior. No es estar circuncidado, o aun bautizado. Más bien, es permitir que Dios nos haga una «nueva criatura» (cf. 2 Corintios 5:17). Jesús llama a la misma experiencia «nacer de nuevo» por el Espíritu Santo (Juan 3:3, 5).

Pablo, en Romanos 12:2, lo refiere como una transformación. Otros lugares hablan de ello como de obtener un corazón nuevo y una mente nueva (Filipenses 2:5; Hebreos 8:10; Romanos 12:2), o de ser convertido (Mateo 18:3; Hechos 3:19). Todas esas metáforas describen el mismo evento transformador de la vida. Para Pablo, el cristianismo es siempre una experiencia interior, más bien que exterior. No obstante, los judaizantes a lo largo de la historia siempre enfatizaron los símbolos externos.

Por ello, el consejo de Pablo a los Gálatas es todavía tan válido como cuando lo escribió. El apóstol nota, en Gálatas 6:16, que los que andan (viven) conforme a esta regla (norma) de su evangelio de gracia serían bendecidos con la misericordia que tanto necesitan, y con esa paz con Dios y con los demás que viene por medio de la justificación por la fe (Romanos 5:1, 10). También nos recuerda su enseñanza en Gálatas 3:29, de que los que tienen la fe de Abraham son realmente el Israel de Dios. Su apelación final es a que no continúen causándole dificultades cuestionando su autoridad apostólica, porque él mismo lleva las cicatrices de sus muchas persecuciones (ver 2 Corintios 11:23-28). Pablo termina su gran epístola con una referencia a la gracia. Es una conclusión apropiada para una carta que comenzó con la misma palabra (Gálatas 1:3) y se mencionó en toda su extensión.


Referencias 1 Betz, Galatians, p. 313. 2 Morris, Galatians, p. 187. 3 Cole, The Epistle of Paul to the Galatians, p. 181. 4 Bruce, The Epistle to the Galatians, p. 271. 5 Guthrie, Galatians, p. 150.