Leacción 11
LIBRES EN CRISTO (GÁLATAS 5:1-15)

«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud» (Gálatas 5:1). «Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a les otros. Porque toda la ley en esto se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gálatas 5:13, 14).

Con el capítulo 5, llegamos a uno de los grandes puntos de giro de Gálatas. Los primeros dos capítulos se concentraron en historia, mientras Pablo defendía tanto su apostolado como su evangelio de libertad de los ataques de aquellos que habían venido de Jerusalén y habían desafiado ambos puntos. En los siguientes dos capítulos, basados en lo histórico, presentaba su comprensión teológica del evangelio de la libertad cristiana. Ahora, en los capítulos 5 y 6, Pablo se vuelve a la operación ética del evangelio de libertad en la vida de los creyentes.
De acuerdo con James Dunn, «Pablo alcanza la cumbre de su exposición y apelación» en Calatas 5:1. «Toda la razón de escribirles a los gálatas se resume en el apasionado clamor del versículo 1». 1 «Para libertad Cristo nos liberó; manténganse allí, y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud». Pablo está en su cumbre apasionada en Calatas 5:1 al 12. Por decirlo así, él saca todos los registros, mientras derrama su corazón y sus emociones. «Él debió haber visto esto como el momento crítico», afirma Dunn. «Si él no podía convencer a su audiencia gálata ahora, podría no tener otra oportunidad; su obra con ellos, su libertad en Cristo, podrían perderse irremediablemente». 2
Por ello, su intensidad apasionada. La libertad es el tema obvio de los versículos 1 y 2, como lo es el de toda la epístola. El problema que afronta es que algunos de sus conversos gálatas habían sido conducidos a aceptar la circuncisión y la ley judía como un progreso sobre lo que Pablo les había enseñado acerca de llegar a ser justos ante Dios por medio de la fe. De allí su llamado urgente para que se mantuviesen firmes en la libertad que Cristo, al morir en la Cruz, les había proporcionado (versículo 1).
Esa libertad es, nota John Stott, «libertad de conciencia, libertad de la tiranía de la ley, la terrible lucha por guardar la ley con vistas a ganar el favor de Dios. Es la libertad de la aceptación de Dios y del acceso a Dios por medio de Cristo». 3 El punto focal de la crisis era la circuncisión, un punto hecho muy claro en los versículos 2 al 4. Los falsos maestros declaraban que «si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos» (Hechos 15:1). Ahora, Pablo sabía que la circuncisión en sí misma era un asunto trivial, y él no siempre se opuso a ella (ver, por ejemplo, Hechos 16:3).
Pero, por la forma en que se proponía en el contexto gálata, la veía como una enseñanza principal de una forma de religión que anulaba el evangelio de Cristo. Era la cuña de entrada de una teología que enseñaba la salvación por buenas obras, en obediencia a la ley. Esa perspectiva consideraba la fe en Cristo como insuficiente para llegar a ser justo ante Dios. Los judaizantes sostenían que la justificación consistía en fe más circuncisión y obediencia a la ley; una posición equivalente a decir que el sacrificio de Cristo en el Calvario no era suficiente, que los creyentes tenían que añadir algo a ese sacrificio con su conducta.

Pablo rehusó ceder un solo centímetro a tal teología. Contra ella, plantea cuatro puntos en Gálatas 5:2 al 4: • «Si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo» (vers. 2). • «Todo hombre que se circuncida |...| está obligado a guardar toda la ley (vers. 3). • «De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis» (vers. 4). • Los tales, «de la gracia [han] caído» (vers. 4). Para él, no era un asunto trivial. Él argumenta que los dos caminos (fe versus fe+obras) no son dos variedades del cristianismo, sino dos religiones enteramente diferentes. Dieter Lührmann nos ayuda a ver que «otra vez Pablo asevera una alternativa donde el judaísmo no la tiene. Para el judío, someterse al yugo de la Ley significa la realización de su libertad», pero para Pablo es esclavitud. 4 Él mismo había pasado su vida joven tratando de agradar a Dios por la observancia de la Ley (Filipenses 3:4-6). Pero fracasó. Fue solo después de su salvación por gracia que vio que la función de la Ley era señalar el pecado, en vez de salvar a la gente de él (Gálatas 3:21; Romanos 3:20-24). Él había llegado a percibir que si la gente había de agradar a Dios por la obediencia a la ley, tendría que guardar cada aspecto de ella sin tacha (Gálatas 3:10; 5: 3). El apóstol reconoció que tratar de agradar a Dios por la observancia de la Ley era una forma de esclavitud (Gálatas 5:1) y fracaso (Romanos 3:9-24). Ninguno ha observado alguna vez la Ley perfectamente, salvo Cristo. Y Pablo había llegado a comprender que la muerte de Cristo en la Cruz redimió a los hombres y las mujeres de la maldición de la Ley quebrantada (Gálatas 3:10, 13). Para él, el «evangelio» de guardar la Ley era un engaño satánico; conducía solo a la esclavitud y la muerte. Por esto, su pasión por el tema en Gálatas 5: 1 al 12. Del lado positivo, Pablo asevera dos cosas acerca de quienes aceptan el evangelio. Primera, que es por la fe que «aguardan [...] la esperanza de la justicia», evidente referencia a la Segunda Venida (versículo 5). Segunda, la fe de una persona salvada actuará por el amor (versículo 6). Con ese pensamiento, Pablo abre una línea de argumento que dominará Gálatas 5:13 a 6:10. Comentando Calatas 5:6, León Morris escribe que «no hemos de pensar que el hecho de que recibimos la salvación por la fe en Cristo, no por ninguna buena obra propia, significa que la vida cristiana es una vida de bendita ociosidad. La forma en que esta fe es puesta en práctica es actuar mediante el amor». 5

UNA MIRADA A LOS FALSOS MAESTROS (GÁLATAS 5:7-12)

En los versículos 7 al 12, Pablo se aleja de su discusión de los creyentes gálatas, para concentrarse en los falsos maestros que procuran extraviarlos. ¿Quiénes son?, pregunta en el versículo 7. Ciertamente, no son Dios, asevera en el versículo 8. Pero, en el versículo 9, él nota que las falsas enseñanzas de los judaizantes tienen el potencial de difundirse por la iglesia entera así como la levadura leuda un puñado de harina. Pablo desvía un poco su ruego en el versículo 10, por medio de su afirmación de que tiene confianza en que los gálatas permanecerán con su evangelio, en vez de pasarse del lado de los judaizantes. Pero, el mismo pensamiento de tales apóstoles de condenación despierta su enojo, y sus pensamientos se vuelven al Juicio Final, por la perturbación que ellos causaron. Como él lo ve, no el menor de sus males era que, aparentemente, en su ausencia habían procurado «ganar aceptación de sus enseñanzas», al señalar «que Pablo, él mismo había sido circuncidado, y sugerían que en el asunto de la circuncisión su enseñanza era muy similar a la de ellos». 6 Si este último punto fuera cierto, Pablo se cuestiona, ¿por qué padezco persecución todavía, por los judaizantes y otros que rechazaban la completa suficiencia de la Cruz (versículo 11)? La Cruz misma era una piedra de tropiezo (versículo 11) para aquellos que se enorgullecían en sus logros legalistas. La Cruz nos recuerda que la gente no puede hacer nada para salvarse del pecado, no importa cuánto se esfuerce en lograrlo. El Calvario no deja lugar para el orgullo humano (cf. Efesios 2: 9). Nada puede añadirse a la Cruz. Debemos aceptarla por fe o rechazarla. Esas son las únicas dos formas en que podemos relacionarnos con ella. Gálatas 5:12 representa el estallido emocional máximo de Pablo contra los judaizantes, al exclamar que los que están enseñando la circuncisión deberían seguir su propia lógica hasta su conclusión natural, y debían mutilarse (o castrarse) ellos mismos. ¿Por qué ir solo una parte del camino?, argumenta. En su lugar, «deberían considerarse completamente y eliminar todo el órgano». 7 William Barclay nos ayuda a ver la fuerza del estallido de Pablo, cuando señala que «Galacia estaba cerca de Frigia, y la adoración más difundida en esa parte del mundo era la adoración de Cibeles; ahora, era la práctica que los sacerdotes y los verdaderos adoradores devotos de Cibeles se mutilaran por castración. Los sacerdotes de Cibeles eran eunucos. Así, Pablo dice: “Si van por este camino, del cual la circuncisión es el comienzo, muy bien podrían terminar castrándose como los sacerdotes paganos”. Es una penosa ilustración, ante la cual una sociedad recatada levanta la ceja, pero sería intensamente real para los gálatas, que sabían todo acerca de los sacerdotes de Cibeles, quienes de hecho vivían entre ellos». 8

LA AMENAZA A LA LIBERTAD (GÁLATAS 5:13-15)

El versículo 13 señala el comienzo de una sección intensamente ética de Gálatas. «Durante unos cuatro capítulos y medio», escribe C. K. Barren, «Pablo insiste en los términos más fuertes posibles sobre el principio de la fe sola. La justificación es para el impío; ningún hombre, por virtuoso que sea, puede merecer la salvación; las obras humanas, la obediencia a la ley, son vanas. Pero, del 5:13 en adelante, él advierte a sus lectores en contra del abuso de la libertad». 9 Ellos no deben suponer que tienen el derecho de hacer cualquier cosa que quieran. Aquí llegamos al Pablo práctico. Su mente
Para él, la teología no era un fin en sí mismo; siempre era un medio para un fin. «Para Pablo», escribe Barclay, «una teología no era del mínimo uso a menos que pudiera ser vivida en el mundo». 10 Eso fue así en el libro a los Romanos, donde en los primeros once capítulos presenta un argumento magistral y complejo sobre el pecado y la salvación tanto para el judío como para el gentil. Pero en los capítulos 12 al 15 baja sus enseñanzas a tierra, al presentar cómo viven la vida de amor los miembros de iglesia transformados. Pablo hace lo mismo en Gálatas. En los primeros cuatro capítulos y medio, argumenta una teoría compleja, pero en el último capítulo y medio presenta sus implicaciones para la vida diaria en la iglesia. Aquí es donde muchos feligreses modernos se separan del apóstol. Son buenos para hablar de teología, pero pobres en expresar el amor de Dios en su comunidad. Eso, por supuesto, no es nada nuevo. Según Gálatas 5:15, los miembros de iglesia en Galacia sufrían la misma enfermedad espiritual. El apóstol presenta la grande y resonante verdad de Gálatas, en el capítulo 5 y el versículo 13, donde nos dice a los cristianos; «a libertad fuisteis llamados». Por favor, note una vez más que no somos nosotros, los humanos, los que iniciamos nuestra salvación personal; más bien, es Dios el que la comienza. Todo lo que podemos hacer es responder positiva o negativamente a su llamado. A libertad somos llamados. Pero, uno no podría adivinar eso al mirar a algunos miembros de iglesia. Demasiados parecen desalentados y deprimidos. Yo encuentro que tales personas son el más fuerte argumento en contra del cristianismo. La tragedia es que aparentemente no saben de qué han sido llamados, y para qué fueron llamados. Algunos meramente dejaron la esclavitud del pecado por la esclavitud del legalismo. Actúan como si Dios los estuviera vigilando con un deseo intenso de castigarlos si se salen en lo más mínimo de la fila. Tales feligreses de ningún modo están libres. Pero, los que han sido justificados por la gracia de Dios, aceptada por medio de la fe, están realmente libres. Sin embargo, necesitamos preguntar: ¿de qué cosa los ha liberado Dios? De varias, incluyendo una conciencia abrumada por la culpa; de la condenación de la maldición de la Ley quebrantada (Gálatas 3:10); y de la necesidad de ser justos ante Dios por medio de una interminable rutina de conductas orientadas hacia la Ley. Tales liberaciones son buenas razones para que un cristiano se regocije. Han sido justificados en Cristo y aceptados como hijos de la promesa. Pero, ellos pueden perder esa libertad por lo menos en dos formas: el legalismo y la licencia. Pablo cubrió la primera de esas posibilidades en Gálatas 5:2 al 12. Trata la segunda en los versículos 13 al 24. Barren escribe que «el hombre que se dispone a expresar su libertad siguiendo nada más que su propio placer se encontrará atado a sí mismo, esclavo de sus propia lujuria y pasiones». 11 Jesús habló de tales personas, cuando dijo a los judíos: « Iodo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado» (Juan 8:34); y Pablo, en su carta a Tito, describe a los que eran «esclavos de concupiscencias y deleites diversos» (Tito 3:3). Los científicos sociales modernos se refieren a tales personas como adictas. De este modo, la libertad de la que habla Pablo no es absoluta. Aunque es libertad de algunas cosas, no es licencia para hacer cualquier cosa que nos agrade. Alguien ha dicho que es una libertad del pecado, no una libertad para pecar. Aquí es donde algunas personas se confunden por la teología de Pablo. Aquí asecha el peligro que enfrenta a los que no lo escuchan con cuidado. Oyen la parte acerca de la libertad, y concluyen que pueden seguir sus inclinaciones corporales u otras hacia donde ellas puedan conducirlos. Después de todo, suponen, ellos no tienen que guardar la Ley para ser justos ante Dios, y la gracia les asegura el perdón. Pablo afrontó ese desafío en Romanos 6: 1. Su respuesta es que los cristianos no pueden vivir una vida de pecado porque han muerto al pecado y han nacido para andar en los caminos de Dios (versículos 2-11). En Romanos 12, él se refiere a la misma experiencia como una transformación y una renovación de la mente del cristiano (versículos 1, 2). El hecho simple es que el cristiano salvado no quiere pecar, y se arrepiente cuando lo hace. Está libre del dominio de su carne, pero está bajo la dirección del Espíritu Santo. De ese modo, no debería ver su libertad como «una ocasión para la carne» (Gálatas 5:13). Más bien —y aquí está la paradoja de la libertad cristiana—, les dice: «Servíos por amor los unos a los otros» (versículo 13). Como lo dice H. D. McDonald, los cristianos están «libres en cuanto al legalismo», pero «atados en cuanto al amor». 12 De ese modo, los cristianos son los que Dios ha rescatado de la esclavitud de la carne, pero han llegado a ser esclavos en amor de sus prójimos. Y no están libres de la Ley; más bien, tienen una nueva relación con ella. Ya no ven la ley como una escalera para llegar al cielo, sino como una oportunidad de amar a Dios y a los demás. Pablo deja eso en claro en los versículos 13 y 14: ya no obedecen la Ley en un esfuerzo para ser salvos; en cambio, guardan la Ley de Dios porque están salvados. Pero, su observancia de la Ley es sobre la base del amor, más bien que de una obligación legal. Haciéndose eco de Jesús (Mateo 22:37-40), quien estaba siguiendo el Antiguo Testamento (Deuteronomio 6:5; Levítico 19:18), Pablo resumió la ley entera como «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gálatas 5:14). Más temprano en el capítulo, él había hablado de la «fe que obra por el amor» (versículo 6). La teología de Pablo exhibe un conflicto específico entre la observancia legalista de la Ley y la fe, pero no entre la fe y el amor. Más bien, la fe se expresa en amor. Barrett desenvuelve la dinámica involucrada, cuando escribe que «lo opuesto a la carne es el amor; y amar significa servirse los unos a los otros. Esto llega a ser más claro [...] al continuar Pablo (5:14) citando el mandamiento del amor al prójimo. La carne, definida por su opuesto, significa una existencia centrada en sí misma, una existencia egocéntrica; no específicamente una inclinación a los pecados carnales (como los llamamos), sino una preocupación centrada en sí misma [...]. Otra vez […] vemos desde un ángulo diferente que la fe y el amor van unidos. Cada uno se ha apartado del yo; la fe mira apartándose del yo y sus logros, hacia Dios como el centro de su confianza; el amor mira apartándose del yo y sus deseos, aun de sus necesidades reales, hacia el prójimo, y gasta sus recursos en las necesidades de aquellos». 13 De esta manera, la paradoja no es tan confusa como aparece al principio. La esclavitud de la fe es indolora para el cristiano convertido. Su fe, bajo el empoderamiento del Espíritu Santo, naturalmente fluye en amor hacia los otros. La teología de Pablo tiene como su fundamento la gracia gratuita aceptada por fe, pero no es una teología sin ley. Para él, cada cristiano siempre tiene dos obligaciones: la primera es su deber de amar a Dios; y la segunda es la de amar a otras personas. Más allá de eso, el apóstol directamente vincula aquellas responsabilidades con los Diez Mandamientos en Romanos 13:8 al 10, donde vincula explícitamente el amor al prójimo con los mandamientos de la segunda tabla del Decálogo. Como se notó anteriormente, el camino de la fe significa que un cristiano está libre de guardar la Ley como una avenida hacia la salvación; pero el camino de la fe también significa que un cristiano por primera vez tiene la libertad y el poder de vivir la ley de amor de Dios por los motivos correctos. Uno de los problemas de los gálatas era que no vivían la ley de amor por medio de la fe. Por lo contrario, se estaban mordiendo y devorando unos a otros (Gálatas 5:15); palabras usadas en el griego clásico para «sugerir animales salvajes empeñados en una lucha a muerte». 14 Uno de los grandes problemas de los legalistas es que están esencialmente centrados en sí mismos, enfocados en sí mismos y sus logros y, por otro lado, en las faltas de los otros. Como resultado, sugiere Dieter Lührmann, están «en conflicto los unos con los otros y no muestran absolutamente nada del amor que demanda la ley con la cual quieren comprometerse». 15

El resultado final de una orientación hacia la obediencia a la Ley en vez de una orientación hacia la fe y la gracia, a lo largo de la historia de la iglesia, han sido los miembros de iglesia pendencieros y destructores. Así fue en Galacia, y así es hoy. Si los así llamados cristianos pusieran en práctica las amonestaciones de Pablo en los versículos 13 al 15, la iglesia sería un lugar más delicioso. Cada congregación tiene sus miembros «piadosos», que actúan como si pudieran amar a Dios mientras que son ásperos con los demás. Más allá de eso, continuamente encontramos quienes son extremadamente cuidadosos acerca de cómo guardan ellos los Diez Mandamientos y/o lo que comen, pero que son más miserables que el diablo mismo. Iodos los tales necesitan estudiar los versículos 13 al 15 cuidadosamente, y abordar la unidad de la fe y el amor en su relación con la Ley y la salvación.


Referencias 1 Dunn, The Epistle to the Galatians, p. 260. 2 Ibíd. 3 Stott, The Message of Galatians, p. 132. 4 Dieter Lührman, Galatians (Minneapolis, MN: Fortress, 1992), p. 95. 5 Morris, Galatians, p. 158. 6 Ibíd., p. 161; cf. Bruce, The Epistle to the Galatians, p. 237. 7 Craig S. Keener, The IVP Bible Background Commentary: New Testament (Downers Grove, Il: InterVarsity, 1993), p. 533. 8 Barclay, The Letters to the Galatians and Ephesians, p. 48. 9 Barret, Freedom and Obligation, p. 56. 10 Barclay, The Letters to the Galatians and Ephesians, p. 49. 11 Barret, Ibíd. 12 McDonald, Freedom in Faith, p. 131. 13 Barret, Ibíd., pp. 72, 73. 14 Burton, A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Galatians