Lección 1
Pablo: apóstol a los gentiles


Sábado 24 de junio

Después de la muerte de Esteban, se levantó contra los creyentes de Jerusalén una persecución tan violenta que “todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria”. Saulo “asolaba la iglesia entrando por las casas: y trayendo hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel”. En cuanto a su celo en esta cruel obra, él dijo ulteriormente: “Yo ciertamente había pensado deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret: lo cual también hice en Jerusalén, y yo encerré en cárceles a muchos de los santos... Y muchas veces, castigándolos por todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extrañas”. Por las palabras de Saulo: “Cuando eran matados, yo di mi voto,” puede verse que Esteban no era el único que sufrió la muerte (Hechos 26:9-11)” (Los hechos de los apóstoles, p. 85). Saulo de Tarso compartía en toda su intensidad el orgullo y los prejuicios de su nación. Cuando aún era joven, llegó a ser un honrado miembro del Sanedrín. Se lo tenía por hombre promisorio, y celoso defensor de la antigua fe...
En las escuelas militares de Egipto, Moisés había aprendido la ley de la fuerza, y esta enseñanza influyó tanto en su carácter, que fueron necesarios cuarenta años de quietud y comunión con Dios y la naturaleza, a fin de prepararlo para dirigir a Israel según la ley del amor. Pablo tuvo que aprender la misma lección. A las puertas de Damasco, la visión del Crucificado cambió todo el curso de su vida. El perseguidor se convirtió en discípulo, el maestro en alumno. Los días de oscuridad pasados en la soledad, en Damasco, fueron como años para su vida. Su estudio lo constituían las Escrituras del Antiguo Testamento, atesoradas en su memoria, y Cristo era su Maestro. También fue para él una escuela la soledad de la naturaleza. Fue al desierto de Arabia para estudiar las Escrituras y aprender de Dios. Limpió su alma de los prejuicios y las tradiciones que habían amoldado su vida y recibió instrucción de la Fuente de verdad.
Su vida ulterior fue inspirada por el principio de la abnegación, el ministerio del amor. “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios —dijo— soy deudor” (Romanos 1:14). “El amor de Cristo nos constriñe” (2 Corintios 5:14) (La educación, pp. 64, 65).
El erudito Saulo fue un instrumento poderoso en manos de Satanás para llevar adelante su rebelión contra el Hijo de Dios; pero Alguien más poderoso que Satanás había seleccionado a Saulo para que ocupara el lugar del mártir Esteban y trabajara y sufriera por su nombre (La historia de la redención, p. 278).

Su vida ulterior fue inspirada por el principio de la abnegación, el ministerio del amor. “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios —dijo— soy deudor” (Romanos 1:14). “El amor de Cristo nos constriñe” (2 Corintios 5:14) (La educación, pp. 64, 65). El erudito Saulo fue un instrumento poderoso en manos de Satanás para llevar adelante su rebelión contra el Hijo de Dios; pero Alguien más poderoso que Satanás había seleccionado a Saulo para que ocupara el lugar del mártir Esteban y trabajara y sufriera por su nombre (La historia de la redención, p. 278).




Domingo 25 de junio: Perseguidor de cristianos

Saulo de Tarso estaba presente [en el juicio] y tomó muy activa parte contra Esteban, aportando todo el peso de su elocuencia y la lógica de los rabinos a fin de convencer a las gentes de que Esteban predicaba falsas y perniciosas doctrinas. Pero Saulo encontró en Esteban un varón que comprendía plenamente los designios de Dios en la difusión del evangelio por las demás naciones... Cuando interrogaron a Esteban respecto de si eran ciertas las acusaciones formuladas contra él, defendióse con clara y penetrante voz que resonó en toda la sala del concilio. Con palabras que cautivaron al auditorio, procedió a repasar la historia del pueblo escogido de Dios... Al llegar Esteban a este punto, se produjo un tumulto entre los oyentes. Cuando relacionó a Cristo con las profecías, y habló de aquel modo del templo, el sacerdote rasgó sus vestiduras, fingiéndose horrorizado. Esto fue para Esteban un indicio de que su voz iba pronto a ser acallada para siempre. Vio la resistencia que encontraban sus palabras y comprendió que estaba dando su postrer testimonio... Obrando más bien como fieras que como seres humanos, se abalanzaron contra Esteban crujiendo los dientes. El preso leyó su destino en los crueles rostros que le cercaban, pero no se inmutó. No temía la muerte ni le aterrorizaban los furiosos sacerdotes ni las excitadas turbas. Perdió de vista el espectáculo que se ofrecía a sus ojos, se le entreabrieron las puertas del cielo, y vio la gloria de los atrios de Dios y a Cristo que se levantaba de su trono como para sostener a su siervo (Los hechos de los apóstoles, pp. 81, 82). Debemos ser alumnos de la escuela de Cristo. No podremos imitar su ejemplo a menos que nuestra disposición sea placentera y nuestro comportamiento sea benigno. Debemos cultivar la verdadera cortesía cristiana. Nadie más puede disminuir nuestra influencia como nosotros mismos mediante la indulgencia y el temperamento incontrolable. Un hombre de naturaleza petulante no conoce la verdadera felicidad y raramente se siente satisfecho. Siempre ansia alcanzar una posición más favorable para conseguir paz y reposo para la mente. Su vida parece cargada con pesadas cruces y pruebas cuando, si hubiese controlado su temperamento y puesto una brida a su lengua, podría haber evitado muchas de esas insatisfacciones. “La blanda respuesta quita la ira”
(Proverbios 15:1). La venganza nunca ha vencido a un enemigo. Un carácter equilibrado ejerce una buena influencia en todos los que se encuentran alrededor; pero “como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda” (Testimonios para la iglesia, tomo 4, p. 361). Dios puede hacer a los hombres humildes poderosos en su servicio. Los que responden obedientes al llamado del deber, desarrollando sus capacidades hasta el máximo grado, pueden estar seguros de que recibirán ayuda divina.
Los ángeles vendrán como mensajeros de luz en ayuda de aquellos que quieran hacer todo lo que puedan de su parte, y después confíen en que Dios cooperará con sus esfuerzos...
El pecado ha mancillado la imagen divina en el hombre. Esta puede ser restaurada por Cristo, pero es únicamente por la oración ferviente y la conquista del yo como podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina. Los que realmente se esfuercen en la viña del Señor serán hombres de oración, fe, abnegación, hombres que dominarán los apetitos y pasiones naturales. En su vida darán evidencia del poder de la verdad que presentan a otros; y sus labores no quedarán sin efecto (Obreros evangélicos, p. 83).

 



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