Notas EGW

Lección 2
UNA HERENCIA INCORRUPTIBLE


Sábado 1 de abril
El Espíritu Santo habilito a los discípulos para exaltar solamente al Señor, y guio la pluma de los historiadores sagrados, para que el mundo tuviese registradas las palabras y las obras de Cristo. Hoy día este Espíritu está obrando constantemente, tratando de atraer la atención de los hombres al gran sacrificio hecho en la cruz del Calvario, para revelar al mundo el amor de Dios al hombre, y para dar al alma convencida acceso a las promesas de la Escritura.
Es el Espíritu el que hace resplandecer en las mentes entenebrecidas los brillantes rayos del Sol de justicia; el que hace arder el corazón de los hombres dentro de sí mismos con la recién despertada comprensión de las verdades de la eternidad; el que presenta a la mente la gran norma de justicia, y convence de pecado; el que inspira fe en el Único que puede salvar del pecado; el que obra para transformar el carácter retirando los afectos de los hombres de aquellas cosas que son temporales y perecederas, y fijándolos en la herencia eterna. El Espíritu crea de nuevo, refina y santifica a los seres humanos, preparándolos para ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial (Obreros evangélicos, p. 303).
Este Libro Santo ha resistido los ataques de Satanás, quien se ha unido con los impíos para envolver todo lo que es de carácter divino con nubes y oscuridad. Pero el Señor ha preservado este Libro Santo en su forma actual mediante su propio poder milagroso, como un mapa o derrotero para la familia humana a fin de señalarnos el camino al cielo (Mensajes selectos, tomo 1, p. 17).
En su niñez, juventud y virilidad, Jesús estudio las Escrituras. En su infancia, su madre le enseno diariamente conocimientos obtenidos de los pergaminos de los profetas. En su juventud, a la hora de la aurora y el crepúsculo, a menudo estuvo solo en la montaña o entre los arboles del bosque, para dedicar unos momentos a la oración y al estudio de la Palabra de Dios. Durante su ministerio, su íntimo conocimiento de las Escrituras dio testimonio de la diligencia con que las había estudiado. Y puesto que el obtuvo su conocimiento del mismo modo como podemos obtenerlo nosotros, su maravilloso poder mental y espiritual es una prueba del valor de la Biblia como medio educativo...
El estudio de la Biblia requiere nuestro más diligente esfuerzo y nuestra más perseverante meditación. Con el mismo afán y la misma persistencia con que el minero excava la tierra en busca del tesoro, deberíamos buscar nosotros el tesoro de la Palabra de Dios.
En el estudio diario, el método que consiste en examinar un versículo tras otro es a menudo utilísimo. Tome el estudiante un versículo, concentre la mente para descubrir el pensamiento que Dios encerró para el alii, y luego medite en el hasta hacerlo suyo. Un pasaje estudiado en esa forma, hasta comprender su significado, es de más valor que la lectura de muchos capítulos sin propósito definido y sin que se obtenga verdadera instrucción (La educación, p. 185, 189).

 


Domingo 2 de abril- A LOS EXPATRIADOS
A medida que el tiempo transcurría, la influencia [de Pedro] como educador y dirigente aumentaba; y aun cuando nunca abandono sus cargas relacionadas con su trabajo especial por los judíos, dio su testimonio también en muchos países y fortaleció la fe de multitudes en el evangelio.
En los últimos anos de su ministerio, Pedro fue inspirado a escribir a los creyentes “esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia y en Bitinia”. Sus cartas fueron el medio de despertar el ánimo y fortalecer la fe de los que soportaban pruebas y aflicciones, y de estimular a las buenas obras a los que, atravesando por diversas tentaciones, estaban en peligro de perder su confianza en Dios. Estas cartas demuestran haber sido escritas por uno en quien abundaban tanto los sufrimientos de Cristo corno su consolación; por uno cuyo ser entero había sido transformado por la gracia de Dios y cuya esperanza en la vida eterna era segura e inconmovible…
Las palabras del apóstol fueron escritas para instrucción de los creyentes de todas las épocas y tienen un significado especial para los que viven en el tiempo cuando “el fin de todas las cosas se acerca”. Toda alma que desea mantenerse en la fe, “firme hasta el fin” (Hebreos 3:14) necesita sus exhortaciones y reprensiones y sus palabras de fe y animo (Los hechos de los apóstoles, p. 412, 413). Sabéis, dice Pedro, que no “fuisteis rescatados… con cosas corruptibles, como oro o plata”. Oh, si estos elementos hubieran sido suficientes para conseguir la salvación del hombre, cuan fácilmente la hubiera realizado el que dijo: “Mía es la plata, y mío es el oro”. Hageo 2:8.
Pero el transgresor de la ley de Dios solo podía ser redimido mediante la preciosa sangre del Hijo de Dios. Nuestro Redentor puso la redención a nuestro alcance mediante su sacrificio infinito y su inexpresable sufrimiento. Sin honra y desconocido estuvo en este mundo a fin de que, mediante su condescendencia y humillación maravillosas, pudiera exaltar al hombre para que este recibiera honores eternos y gozos inmortales en los atrios del cielo (La maravillosa gracia de Dios, p. 172). Se me ha instruido que cada creyente debe velar en oración, para que no fracase en la batalla de la vida cristiana. Cada alma debiera buscar diariamente al Señor con un ferviente propósito de mañana, de tarde y de noche, para que la mente se espacie en la Palabra de Dios, con el fin de comprender sus requerimientos. El asunto más importante consiste en servir al Señor con corazón indiviso, y tratar de ser, con el corazón y la mente, propiedad del Señor.
Todos los que acudan al Salvador en procura de consejo recibirán la ayuda que necesitan, si vienen humildemente, y se aferran con firmeza de esta promesa: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7) (Cada día con Dios, p. 126).

Lunes 3 de abril - ELEGIDOS

El Padre dispensa su amor a su pueblo elegido que vive en medio de los hombres. Este es el pueblo que Cristo ha redimido por el precio de su propia sangre; y porque responden a la atracción de Cristo por medio de la soberana misericordia de Dios, son elegidos para ser salvados como hijos obedientes. Sobre ellos se manifiesta la libre gratia de Dios, el amor con el cual los ha amado. Todos los que quieran humillarse a sí mismos como niñitos, que quieran recibir y obedecer la Palabra de Dios con la sencillez de un niño, se encontraran entre los elegidos de Dios…
En el concilio del cielo se hizo provisión para que los hombres, aunque fueran transgresores, no perecieran en su desobediencia, sino que, mediante la fe en Cristo como su sustituto y garantía, pudieran llegar a ser los elegidos de Dios. … Dios quiere que todos los hombres se salven, porque se ha hecho una amplia provisión para pagar el rescate del hombre, mediante su Hijo unigénito. Aquellos que perezcan, perecerán porque rehusaran ser adoptados como hijos de Dios a través de Jesucristo (Nuestra elevada vocación, p. 79, 80).
Estamos viviendo en una época en que todos deben prestar atención especial a la orden del Salvador: “Velad y orad, para que no entréis en tentación”. Mateo 26:41. Recuerde cada uno que debe ser fiel y leal a Dios, creyendo la verdad, creciendo en gratia y en el conocimiento de Jesucristo. La invitación del Salvador es: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:29. El Señor está dispuesto a ayudarnos, a fortalecernos y a bendecirnos; pero debemos pasar por el proceso de refinación hasta que se hayan consumido todas las impurezas de nuestro carácter.
Cada miembro de la iglesia será sometido al horno, no para ser consumido, sino para ser purificado (Testimonios para la iglesia, tomo 5, p. 458).
Se me mostro el peligro que corremos como pueblo de llegar a asemejarnos al mundo más bien que a la imagen de Cristo. Estamos ahora en los mismos umbrales del mundo eterno; pero es el propósito del adversario de las almas inducirnos a postergar la terminación del tiempo. Satanás asaltara de toda manera posible a los que profesan ser el pueblo que guarda los mandamientos de Dios y espera la segunda aparición de nuestro Salvador en las nubes de los cielos con poder y grande gloria. Inducirá a tantos como pueda a postergar el día malo, a identificarse en espíritu con el mundo y a imitar sus costumbres…
[Pero] Dios tiene en la Tierra un pueblo que, con fe y santa esperanza, está siguiendo el registro de la profecía que rápidamente se cumple, y cuyos miembros están tratando de purificar sus almas obedeciendo a la verdad a fin de no ser hallados sin manto de boda cuando
Cristo aparezca (Maranatha, pp. 94, 95).



Martes 4 de abril : TEMAS CENTRALES
Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era "la imagen de Dios", la imagen de su grandeza y majestad, "el resplandor de su gloria". Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria. Vino a esta tierra obscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser "Dios con nosotros". Por lo tanto, fue profetizado de el: "Y será llamado su nombre Emmanuel". Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los hombres como a los ángeles. Él era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible. En su oración por sus discípulos, dice: "Yo les he manifestado tu nombre" —"misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad"—, "para que el amor con que me has amado, este en ellos, y yo en ellos". Pero no solo para sus hijos nacidos en la tierra fue dada esta revelación. Nuestro pequeño mundo es un libro de texto para el universo El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual "desean mirar los ángeles", y será su estudio a través de los siglos sin fin. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallaran en la cruz de Cristo su ciencia y su canción. Se verá que la gloria que resplandece en el rostro de Jesús es la gloria del amor abnegado (El Deseado de todas las gentes, p. 11). Pedro escribió eso a los creyentes en un tiempo de pruebas especiales para la iglesia. Muchos eran participantes de los sufrimientos de Cristo y pronto la iglesia habría de pasar por un periodo de terrible persecución. En el plazo de unos pocos años muchos de los que se habían ocupado como maestros y dirigentes de la iglesia habrían de sacrificar sus vidas por el evangelio. Pronto lobos crueles penetrarían, no perdonando el rebaño. Pero ninguna de esas cosas debía desalentar a aquellos cuyas esperanzas se cifraban en Cristo. Con palabras de aliento Pedro dirigió las mentes de los creyentes de las pruebas presentes y escenas futuras de sufrimiento a "una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse". "El Dios de toda gratia —oro fervientemente Pedro—, que nos ha llamado a su gloria eterna por Jesucristo, después que hubiereis un poco de tiempo padecido, el mismo os perfeccione, confirme, corrobore y establezca., A él sea gloria e imperio para siempre. Amen" (Hechos de los apóstoles, p. 421). La iglesia necesita ser engendrada otra vez en una esperanza viva "por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible" (1 Pedro 1:3, 4). Cuando la iglesia se despierte a la comprensión de lo que debe hacerse en nuestro mundo, los miembros tendrán afán por las almas de los que no conocen a Dios y que, en su ignorancia espiritual, no pueden comprender la verdad para este tiempo. La abnegación y el sacrificio del yo han de entretejerse en toda nuestra experiencia. Hemos de orar y velar en oración para que no haya inconsistencia en nuestra vida. No debemos dejar de mostrar a otros que comprendemos que velar y orar significa vivir nuestras oraciones ante Dios, para que pueda contestarlas (Mensajes selectos, tomo 1, p. 136).

El pecado entenebrece nuestras mentes y ofusca nuestras percepciones. Cuando el pecado es eliminado de nuestro corazón, la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, que ilumina su Palabra y es reflejada por la naturaleza, declarará en forma más y más cabal que Dios es “misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad”. Éxodo 34:6.
En su luz veremos luz, hasta que la mente, el corazón y el alma estén transformados a la imagen de su santidad.
Para quienes así se afirman en las divinas seguridades de la Palabra de Dios, hay maravillosas posibilidades. Ante ellos se extienden vastos campos de verdad, vastos recursos de poder. Cosas gloriosas serán reveladas. Se les manifestarán privilegios y deberes que no sospechaban en la Biblia. Cuantos anden por el sendero de la humilde obediencia, cumpliendo el propósito de Dios, sabrán más y más de los oráculos divinos.
Tome el estudiante la Biblia por su guía, permanezca firme en los principios, y entonces podrá aspirar a alcanzar cualquier altura. Todas las filosofías de la naturaleza humana han venido a parar en confusión y vergüenza, siempre que no han reconocido a Dios como el todo en todo. Pero la preciosa fe inspirada por Dios comunica fuerza y nobleza de carácter. Al espaciarse en su bondad, su misericordia y su amor, la percepción de la verdad será cada vez más clara; el deseo de la pureza de corazón y de la claridad de pensamiento será también más elevado y santo. Al morar el alma en la atmósfera pura del pensamiento santo, se transforma por su comunión con Dios mediante el estudio de su Palabra. La verdad es tan amplia, de tanto alcance, tan profunda y tan ancha, que el hombre se anonada. El corazón se enternece y se rinde a la humildad, la bondad y el amor (El Ministerio de curación, p. 370).
Jesús dijo: “Yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”. Juan 17:19. “Tu palabra es verdad”. Por lo tanto, necesitamos familiarizarnos con la Palabra de Dios, estudiarla y practicarla en la vida... Negamos a Jesús como al que quita los pecados del mundo si, después de aceptar la verdad, no revelamos al mundo los efectos santificadores de la verdad en nuestro propio carácter. Si no somos hombres y mujeres mejores, si no somos más bondadosos, más compasivos, más corteses, más llenos de ternura y amor; si no manifestamos a otros el amor que indujo a Jesús a venir al mundo en misión de misericordia, no somos testigos ante el mundo del poder de Cristo (A fin de conocerle, p. 304).

 


Miércoles 5 de abril : VIVIR LA VIDA DE LA SALVACIÓN

Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, dice el apóstol; luego gobernad vuestros pensamientos, y no les deis rienda suelta. Podéis guardar y dominar vuestros pensamientos mediante esfuerzos resueltos.
Pensad correctamente, y ejecutareis acciones correctas. Debéis guardar, pues, vuestros afectos y no dejarlos vagar y prendarse de objetos impropios.
Jesús os compro con su propia vida; le pertenecéis; por lo tanto le habéis de consultar en todo, como en lo referente al empleo que debéis dar a las facultades de vuestra mente y a los afectos de vuestro corazón (El hogar cristiano, p. 44).
La justicia imputada de Cristo significa santidad, rectitud y pureza. A menos que la justicia de Cristo nos haya sido imputada, nuestro arrepentimiento no podrá ser aceptado. La justicia que mora en nosotros por la fe consiste en amor, paciencia, mansedumbre y las demás virtudes cristianas. Nos tomamos de la justicia de Cristo y ella llega a ser parte de nuestro ser. Todos los que posean esa justicia obraran las obras de Dios...
Pero la justicia de Cristo jamás cubrirá pecados acariciados. Nadie podrá participar de la cena de las bodas del Cordero sin el vestido de bodas, que es la justicia de Cristo. Sin santidad, nadie vera al Señor.
Dios está deseoso de conferir a cada alma su poder divino para que lo combine con el esfuerzo humano. "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:12, 13).
Cristo es la perfección del carácter divino. Es el modelo que debemos seguir. Las palabras de Pedro están cargadas de significado: "Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes tenías estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamo « auto, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito esta: Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:14-16)
(Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 155).
El fundamento de nuestra esperanza en Cristo es el hecho de que nos reconozcamos a nosotros mismos como pecadores necesitados de restauración y redención. Porque somos pecadores tenemos ánimo para reclamarlo como nuestro Salvador. Por lo tanto, prestemos atención, no sea que tratemos a los que yerran en forma tal que manifieste que no tenemos necesidad de redención. No delatemos, condenemos y destruyamos como si nosotros fuéramos perfectos. La obra de Cristo es reparar, curar, restaurar. Dios es amor... El... no da a Satanás ocasión de triunfo por presentar la peor apariencia o por exponer nuestras debilidades a nuestros enemigos (En los lugares celestiales, p. 293).
Cristo vino a poner la salvación al alcance de todos... Los que más yerran, los más pecaminosos, no fueron pasados por alto; sus labores estaban especialmente dedicadas a aquellos que más necesitaban la salvación que él había venido a ofrecer. Cuanto mayores eran sus necesidades de reforma, más profundo era el interés de él, mayor su simpatía, y más fervientes sus labores. Su gran corazón lleno de amor se conmovió hasta lo más profundo en favor de aquellos cuya condición era más desesperada, de aquellos que más necesitaban su gracia transformadora (Testimonios para la iglesia, tomo 5, p. 568)


Jueves 6 de enero : ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS

La fe genuina se manifestara en buenas obras, pues las buenas obras son frutos de la fe. Cuando Dios actúa en el corazón y el hombre entrega su voluntad a Dios y coopera con Dios, efectúa en la vida lo que Dios realiza mediante el Espíritu Santo y hay armonía entre el propósito del corazón y la práctica de la vida. Debe renunciarse a cada pecado como a lo aborrecible que crucifico al Señor de la vida y de la gloria, y el creyente debe tener una experiencia progresiva al hacer continuamente las obras de Cristo. La bendición de la justificación se retiene mediante la entrega continua de la voluntad y la obediencia continua...
La fe obra por el amor y purifica el alma. La fe brota, florece y da una cosecha de precioso fruto. Donde está la fe, aparecen las buenas obras. Los enfermos son visitados, se cuida de los pobres, no se descuida a los huérfanos ni a las viudas, se viste a los desnudos, se alimenta a los desheredados. Cristo anduvo haciendo bienes, y cuando los hombres se unen con él, aman a los hijos de Dios, y la humildad y la verdad guían sus pasos. La expresión del rostro revela su experiencia y los hombres advierten que han estado con Jesús y que han aprendido de él.
(Cristo y el creyente se hacen uno, y la belleza del carácter de Cristo se revela en los que están vitalmente relacionados con la Fuente de poder y de amor. Cristo es el gran depositario de la rectitud que justifica y de la gracia santificante (Mensajes selectos, tomo pp. 464, 466).
Necesitamos albergar amor en nuestros corazones. No debiéramos estar dispuestos a pensar mal de nuestros hermanos. Debiéramos interpretar en la forma más leve posible lo que hacen o lo que dicen.
Debemos ser cristianos en el sentido bíblico del termino: "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1 Pedro 1:22).
Si estamos llenos de la misericordia y el amor de Dios, su efecto se manifestara en los demás. No tenemos nada de que jactarnos. Todo nos lo ha dado un generoso Salvador. Debemos cuidar con diligencia nuestras propias almas. Debemos andar en humildad. No queremos revestimos con el manto de la guerra, sino con las vestimentas de la paz y la justicia. Quiera el Señor ensenarnos a llevar su yugo y su carga. Todo en esta causa y en esta obra debe ser llevado a cabo con un espíritu bondadoso y conciliador. Siempre podemos ser corteses, y nunca debiéramos temer el serlo demasiado. Debemos practicar la buena voluntad hacia todos los hombres ( Cada día con Dios, p. 81).
Cuando la verdad llega a ser un principio permanente en nuestra vida, el alma renace, "no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre". Este nuevo nacimiento es el resultado de haber recibido a Cristo como la Palabra de Dios. Cuando las verdades divinas son impresas sobre el corazón por el Espíritu Santo, se despiertan nuevos sentimientos, y las energías hasta entonces latentes son despertadas para cooperar con Dios... Cristo es el revelador de la verdad al mundo. Por él, la simiente incorruptible —la Palabra de Dios— fe sembrada en el corazón de los hombres" (Hechos de los apóstoles, pp. 414, 415).