Notas EGW

Lección 1 LA PERSONA DE PEDRO


Sábado 25 de marzo -

La educación que puede obtenerse por el escudriñamiento de las Escrituras, es un conocimiento experimental del plan de la salvación.
Tal educación restaurara la imagen de Dios en el alma. Fortalecerá y vigorizará la mente contra la tentación, y habilitara al estudiante para ser un colaborador de Cristo en su misión de misericordia al mundo. Lo convertirá en un miembro de la familia celestial, y lo preparara para compartir la herencia de los santos en luz...
Cristo enseñó la verdad porque él era la verdad. Su propio pensamiento, su carácter, la experiencia de su vida, estaban encarnados en su enseñanza. Tal debe ocurrir con sus siervos: aquellos que quieren enseñar la Palabra han de hacer de ella algo propio mediante una experiencia personal. Deben saber que significa tener a Cristo hecho para ellos sabiduría y justificación y santificación y redención. Al presentar a los demás la Palabra de Dios, no han de hacerla aparecer como algo supuesto o un "tal vez". Deben declarar con el apóstol Pedro: "No os hemos dado a conocer... fabulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad" (Palabras de vida del gran Maestro , p. 24).
.Estamos siguiendo a Cristo con lealtad constante, manteniendo siempre ante nosotros su vida de obediencia perfecta, de pureza y abnegación, a fin de que, contemplándolo, podamos ser transformados a su imagen? ^Nos esforzamos por imitar su fidelidad? Si nos habituamos a decir: Se tu mi Modelo; si por el ojo de la fe lo veamos como un Salvador viviente, seremos fortalecidos para seguirlo. Entonces, junto con los que están sin mancha, lo seguiremos en la vida futura. Como testigos visuales y por experiencia podemos testificar de su majestad, pues por la fe lo hemos presenciado en el monte sagrado...
No importa cuán lejos podamos haber estado viajando en el camino de la vida eterna, necesitamos a menudo detallar las mercedes de nuestro Padre celestial hacia nosotros, y acumular esperanza y valor de las promesas de su Palabra... Pedro reconoció el valor de la constante vigilancia en la vida cristiana y se sintió impelido por el Espíritu Santo a instar a los creyentes sobre la importancia de ejercitar gran cuidado en la vida diaria (In Heavenly Places , pp. 298, 299; parcialmente en En los lugares celestiales , p. 301).
Algunos afirman que si un alma tropieza y cae, nunca puede recuperar su posición, pero el caso [de Pedro] ante nosotros contradice esto.
Antes de su negación Cristo dijo a Pedro: "Tu, una vez vuelto, confirma a tus hermanos" Al confiarle la mayordomía de las almas por quienes había dado su vida, Cristo dio a Pedro la más firme evidencia de su confianza en su restauración. Y se le encargo que alimentara no solo a las ovejas si no también a los corderos: una obra más amplia y más delicada que la que hasta entonces se le había sido asignada. No solo se le dijo que presentara la palabra de vida a otros, sino que debía ser un pastor de la grey (El ministerio pastoral , p. 66).


Domingo 26 de marzo - ¡APÁRTATE DE MI!
Nuestra primera lección debe ser aprender la voluntad de Dios, aun cuando vivamos circunstancias difíciles, y luego al conocer su voluntad, obedecerla sin preguntar. Una obediencia tal siempre será recompensada. ¿Cuál fue cl resultado de la obediencia de Simón? “Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompió. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían” (vers. 6, 7). Jesús pretendía que esa experiencia sirviera de aliento a los Pescadores en sus futuros esfuerzos en la pesca de almas… qué influencia poderosa ejerció este maravilloso hecho en las mentes de los humildes Pescadores! El poder de Cristo atrajo los peces a la red de Simón, pero estos hombres de corazones honestos fueron completamente atrapados en la red que Cristo había preparado para el los. “Dejándolo todo, le siguieron” (Alza tus ojos , p. 286).
En tiempos de Cristo los dirigentes religiosos del pueblo se consideraban ricos en tesoros espirituales. La oración del fariseo: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres”, expresaba el sentimiento de su clase y, en gran parte, de la nación entera. Sin embargo, en la multitud que rodeaba a Jesús había algunos que sentían su pobreza espiritual. Cuando el poder divino de Cristo se revelo en la pesca milagrosa, Pedro se echó a los pies del Salvador, exclamando: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”; así también en la muchedumbre congregada en el monte había individuos acerca de cada uno de los cuales se podía decir que, en presencia de la pureza de Cristo, se sentía “desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. Anhelaban “la gracia de Dios, la cual trae salvación”. Las primeras palabras de Cristo despertaron esperanzas en estas almas, y ellas percibieron la bendición de Dios en su propia vida (El discurso maestro de Jesucristo, p. 11).
Necesitamos mirar constantemente a Jesús comprendiendo que su poder lo que realiza la obra. Aunque hemos de trabajar fervorosamente para la salvación de los perdidos, también debemos tomar tiempo para la meditación, la oración y el estudio de la Palabra de Dios. Es únicamente la obra realizada con mucha oración y santificada por el mérito de Cristo, la que al fin habrá resultado eficaz para el bien (El Deseado de todas las gentes, p. 329).

Lunes 27 de marzo - CONFESAR AL CRISTO


Desde el principio, Pedro había creído que Jesús era el Mesías.
Muchos otros que habían sido convencidos por la predicación de Juan el Bautista y que habían aceptado a Cristo, empezaron a dudar en cuanto a la misión de Juan cuando fue encarcelado y ejecutado; y ahora dudaban que Jesús fuese el Mesías a quien habían esperado tanto tiempo. Muchos de los discípulos que habían esperado ardientemente que Jesús ocupase el trono de David, le dejaron cuando percibieron que no tenía tal intención.
Pero Pedro y sus compañeros no se desviaron de su fidelidad. El curso vacilante de aquellos que ayer le alababan y hoy le condenaban no destruyo la fe del verdadero seguidor del Salvador. Pedro declaro: "Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". El no espero que los honores regios coronasen a su Señor, sino que le acepto en su humillación.
Pedro había expresado la fe de los doce. Sin embargo, los discípulos distaban mucho de comprender la misión de Cristo. La oposición y las mentiras de los sacerdotes y gobernantes, aun cuando no podían apartarlos de Cristo, les causaban gran perplejidad. Ellos no veían claramente el camino. La influencia de su primera educación, la enseñanza de los rabinos, el poder de la tradición, seguían interceptando su visión de la verdad. De vez en cuando resplandecían sobre ellos los preciosos rayos de luz de Jesús; mas con frecuencia eran como hombres que andaban a tientas en medio de las sombras. Pero en ese día, antes que fuesen puestos frente a frente con la gran prueba de su fe, el Espíritu Santo descanso sobre ellos con poder. Por un corto tiempo sus ojos fueron apartados de "las cosas que se ven", para contemplar "las que no se ven" (2 Corintios 4:18) (El Deseado de todas las gentes, pp. 379, 380).
Pedro no deseaba ver la cruz en la obra de Cristo. La impresión que sus palabras hacían se oponía directamente a la que Jesús deseaba producir en la mente de sus seguidores, y el Salvador fue movido a pronunciar una de las más severas reprensiones que jamás salieran de sus labios...
Satanás estaba tratando de desalentar a Jesús y apartarle de su misión; y Pedro, en su amor ciego, estaba dando voz a la tentación.
El príncipe del mal era el autor del pensamiento. Su instigación estaba detrás de aquella súplica impulsiva... Estaba tratando de fijar la mirada de Pedro en la gloria terrenal, a fin de que no contemplase la cruz hacia la cual Jesús deseaba dirigir sus ojos. Por medio de Pedro, Satanás volvía a apremiar a Jesús con la tentación. Pero el Salvador no le hizo caso; pensaba en su discípulo. Satanás se había interpuesto entre Pedro v su Maestro, a fin de que el corazón del discípulo no fuese conmovido por la visión de la humillación de Cristo en su favor. Las palabras de Cristo fueron pronunciadas, no a Pedro, sino a aquel que estaba tratando de separarle de su Redentor. "Quítate de delante de mí, Satanás". No te interpongas más entre mí y mi siervo errante. Déjame llegar cara a cara con Pedro para que pueda revelarle el misterio de mi amor.
Fue una amarga lección para Pedro, una lección que aprendió lentamente, la de que la senda de Cristo en la tierra pasaba por la agonía y la humillación. El discípulo rehuía la comunión con su Señor en el sufrimiento; pero en el calor del horno, había de conocer su bendición (Conflicto y valor, p. 312).
Martes 28 de marzo - CAMINAR SOBRE EL AGUA

En la hora de mayor necesidad, cuando el desaliento quiera abrumar el alma, es cuando el vigilante ojo de Jesús vera que necesitamos su ayuda. La hora de la necesidad humana es la hora de la oportunidad de Dios. Cuando todo apoyo humano fracasa, entonces Jesús acude en nuestro auxilio, y su presencia despeja las tinieblas y disipa la nube de lobreguez.
En su barquichuelo, sobre el mar de Galilea, en medio de la tempestad y las tinieblas, los discípulos luchaban para alcanzar la orilla, pero todos sus esfuerzos eran infructuosos. Cuando la desesperación se estaba apoderando de ellos, vieron a Jesús que andaba sobre las ondas espumosas. Pero al principio no reconocieron la presencia de Cristo, y su terror aumento hasta que su voz diciendo: "Yo soy, no temáis" (Juan 6:29), disipo sus temores y les infundio esperanza y gozo. Entonces, ¡cuán voluntariamente los pobres y cansados discípulos cesaron en sus esfuerzos y lo confiaron todo al Maestro!
Este sorprendente incidente ilustra la experiencia de los que siguen a Cristo. ¡Con cuanta frecuencia nos aferramos a los remos, como si nuestra propia fuerza y sabiduría bastaran, hasta que encontramos inútiles nuestros esfuerzos. Entonces, con manos temblorosas y fuerza desfalleciente, entregamos el trabajo a Jesús y confesamos que no podemos cumplirlo. Nuestro misericordioso Redentor se compadece de nuestra debilidad; y cuando, en respuesta al clamor de la fe, el asume la obra que le pedimos que haga, ¡cuán fácilmente realiza lo que nos parecía tan difícil! (Testimonios para la iglesia, tomo 4, pp. 521, 522).
Necesitamos educar el alma para que tome y retenga las ricas promesas de Dios. El Señor Jesús sabe que no es posible para nosotros resistir las muchas tentaciones de Satanás sin recibir el poder divino que Dios nos da. Él sabe que si confiamos en nuestra propia fortaleza humana, fracasaremos. Por lo tanto, ha sido tomada toda provisión, para que en cada emergencia y prueba acudamos a la fortaleza... Hemos recibido la promesa de labios que no mienten... Debemos tener fe individualmente para recibir de él las cosas que ha prometido (Nuestra elevada vocación, p. 133).
El mayor peligro del hombre es el engaño propio, el agrado de la autosuficiencia, lo cual lo separa de Dios, la fuente de su poder.
Nuestras tendencias naturales, a menos que sean corregidas por el Espíritu Santo de Dios, llevan dentro de ellas las semillas de la muerte moral. A no ser que tengamos una conexión vital con Dios, no podremos resistir los efectos no consagrados del amor propio, la complacencia propia y la tentación a pecar.
Para recibir la ayuda de Cristo, tenemos que darnos cuenta de nuestra necesidad. Debemos tener un conocimiento verdadero de nosotros mismos. Cristo puede salvar solo a aquel que se reconoce como pecador. Únicamente al ver nuestra completa impotencia y al abandonar toda confianza en nosotros mismos podremos asirnos del poder divino (Testimonios para la iglesia, tomo 8, pp. 330).

 


Miércoles 29 de marzo - NEGAR A SU SEÑOR
La razón por la cual muchos en este siglo no realizan mayores progresos en la vida espiritual, es porque interpretan que la voluntad de Dios es precisamente lo que ellos desean hacer. Mientras siguen sus propios deseos se hacen la ilusión de que están conformándose a la voluntad de Dios. Los tales no tienen conflictos consigo mismos.
Hay otros que por un tiempo tienen éxito en su lucha contra sus propios deseos de placeres y comodidad. Son sinceros y fervorosos, pero se cansan por el prolongado esfuerzo, la muerte diaria y la incesante inquietud. La indolencia parece invitarlos, la muerte al yo es desagradable; finalmente cierran sus soñolientos ojos y caen bajo el poder de la tentación en vez de resistirla.
Las instrucciones formuladas en la Palabra de Dios no dan lugar para transigir con el mal. El Hijo de Dios se manifestó para atraer a todos los hombres a si mismo. No vino para adormecer al mundo arrullándolo, sino para señalarle el camino angosto por el cual todos deben andar si quieren alcanzar finalmente las puertas de la ciudad de Dios.
Sus hijos deben seguir por donde el señaló la senda; sea cual fuere el Sacrificio  de las comodidades o de las satisfacciones egoístas que se les exija; sea cual fuere el costo en labor o sufrimiento, deben sostener una constante batalla consigo mismos (Los hechos de los apóstoles, p. 451).
El bien y el mal nunca armonizan. Entre la luz y las tinieblas no puede haber componendas. La verdad es luz revelada; el error es oscuridad. La luz no tiene comunión con las tinieblas, la justicia no tiene Compañerismo con la injusticia...
Tengamos presente que estamos en terreno ventajoso puesto que Cristo ha vencido en nuestro favor. Ha hecho completa provisión para que podamos vencer. El poder divino se coloca detrás de toda voluntad resueltamente determinada a hacer lo recto. Dios ha provisto la armadura y las  armas con las cuales cada uno tiene que combatir. Vístanse los soldados de Cristo con toda la armadura de Dios, y no vacilen frente a los ataques de Satanás... El éxito en la lucha cristiana significa vigilancia y una diaria crucifixión del yo. El que se guía por los principios puros y santos discernirá rápidamente la más leve mancha de mal a causa de que conserva a Cristo delante de si como modelo. Su profundo arrepentimiento al descubrir un acto equivocado significa la corrección pronta de todo paso en donde se ha apartado de la verdad. Significa una lucha constante y sincera hacia los logros más y más sublimes en la vida cristiana. Significa ayudar a otros a alcanzar el cielo. Significa aferrarse a Cristo con una fe viva y resistir el mal, hasta la muerte si fuera necesario, y luchar contra el pecado (In Heavenly Places, p. 260; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 262).
Cuando imploramos misericordia y bendición de Dios, debemos tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón. Como podemos orar: "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores", (Mateo 6:12) y abrigar, sin embargo, un espíritu que no perdona? Si esperamos que nuestras oraciones sean oídas, debemos perdonar a otros como esperamos ser perdonados nosotros (El camino a Cristo, p. 97).

 

 


Jueves 30 de marzo - PEDRO COMO LIDER DE IGLESIA
Pedro vio el error en que había caído, y se puso a reparar inmediatamente el mal que había hecho, hasta donde pudo. Dios, que conoce el fin desde el principio, permitió que Pedro revelara esta debilidad de carácter, a fin de que el probado apóstol pudiera ver que no había nada en sí mismo por lo cual pudiera enorgullecerse. Aun los mejores hombres, abandonados a si mismos, se equivocan. Dios vio también que en lo venidero algunos se engañarían hasta el punto de atribuir a Pedro y sus presuntos sucesores las exaltadas prerrogativas que pertenecen a Dios solo. Y este informe de la debilidad del apóstol subsistiría como prueba de que no era infalible ni superior a los otros apóstoles (Los hechos de los apóstoles, p. 161). Los seres humanos, entregados al mal, se sienten inclinados a tratar severamente a los tentados y a los que yerran. No pueden leer el corazón, no conocen su lucha ni dolor. Necesitan aprender a reprender con amor, a herir para sanar, a amonestar con palabras de esperanza (La educación, p. 90).
Más de un obrador de iniquidad ha excusado su propio pecado señalando la caída de David; pero ¡cuán pocos son los que manifiestan la penitencia y la humildad de David! ¡Cuán pocos soportarían la reprensión y la retribución con la paciencia y la fortaleza que el manifestó! El había confesado su pecado, y durante muchos años había procurado cumplir su deber como fiel siervo de Dios; había trabajado por la edificación de su reino, y este había alcanzado bajo su gobierno una fortaleza y una prosperidad nunca logradas antes. Había reunido enormes cantidades de material para la construcción de la casa de Dios; y ahora, ^iba a ser barrido todo el trabajo de su vida? ¿Debían los resultados de muchos años de labor consagrada, la obra del genio, de la devoción y del buen gobierno, pasar a las manos de su hijo traidor y temerario, que no consideraba el honor de Dios ni la prosperidad de Israel? ¡Cuán natural hubiera parecido que David murmurase contra Dios en esta gran aflicción!
Pero el vio en su propio pecado la causa de su dificultad... Y el Señor no abandono a David. Este capítulo de su experiencia... es uno de los más nobles de toda su historia. Jamás fue el gobernante de Israel más verdaderamente grande a los ojos del cielo que en esta hora de más profunda humillación exterior. Si Dios hubiera permitido que David continuase sin reprensión por su pecado, y que permaneciera en paz y prosperidad en su trono mientras estaba violando los preceptos divinos, el escéptico y el infiel habrían tenido alguna excusa para citar la historia de David como un oprobio para la religión de la Biblia. Pero en la aflicción por la que hizo pasar a David, el Señor muestra que no puede tolerar ni excusar el pecado. Y la historia de David nos permite ver también los grandes fines que Dios tiene en perspectiva en su manera de tratar con el pecado; nos permite seguir, aun a través de los castigos más tenebrosos, el desenvolvimiento de sus propósitos de misericordia y de beneficencia.
Hizo pasar a David bajo la vara, pero no lo destruyo: el horno es para purificar, pero no para consumir. (Patriarcas y profetas, pp. 797, 798).