CAPÍTULO 1
¿Quién es Pedro?

El autor de 1 y 2 Pedro fue un discípulo preeminente de Jesús' que se convirtió en un líder importante del cristianismo primitivo. Probablemente sepamos más de Pedro, tanto en sentido positivo como negativo, que de cualquiera de los demás discípulos. No sorprende que conozcamos muchas cosas buenas de un líder tan destacado entre los primeros seguidores de Jesús. Al fin y al cabo, los hechos positivos de los líderes suelen difundirse con facilidad. Por tanto, cuando pensamos en ello resulta interesante notar cuántas cosas negativas sabemos de Pedro, dado su papel de líder.
Mientras damos un repaso a los principales incidentes del Nuevo Testamento en los que interviene Pedro a fin de entender mejor sus epístolas, descubriremos de nuevo que Pedro cometió errores y que su Señor lo perdonó. Pedro, pues, es alguien como nosotros en lo que se refiere a equivocarse y nos puede mostrar qué significa realmente ser un verdadero seguidor de Jesús en un mundo imperfecto.

«Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador» (Lucas 5; 1-11)

La primera vez que encontramos a Pedro en los Evangelios trabajaba como pescador en la costa norte del Lago de Genesaret (Lucas 5 : 1 ; este lago también se conoce como el Mar de Galilea, véase Mateo 4: 18). Compartía la embarcación con su hermano Andrés (Mateo 4: 18) y sus socios Santiago y Juan, hijos de Zebedeo (Lucas 5: 10).
Pedro era oriundo de Betsaida, una pequeña aldea de pescadores de la orilla norte del Lago de Genesaret (Juan 1: 44). Parece ser que, cuando Jesús se mudó a Capernaúm, al comienzo de su ministerio público (Mateo 4: 12, 13; Lucas 4: 31), Pedro pasaba buena parte de su tiempo en esa zona (ver Mateo 17: 24; allí vivía su suegra, Lucas 4: 31, 38, 39). Como Betsaida, Capernaúm era una aldea de pescadores. Sus casas, principalmente de una sola planta y muros de piedra, se extendían a lo largo de la orilla del lago, sobre la que se extendía un dique y un paseo pavimentado. Varios espigones permitían amarrar las embarcaciones. En tiempos de Jesús tendría una población que oscilaría entre los ochocientos y los mil quinientos habitantes.2
Lucas 5: 1-11 recoge los sucesos espectaculares que se dieron entorno al momento en que Pedro aceptó el llamamiento de Jesús para que fuera su discípulo. A lo largo de la orilla que se extiende entre Capernaúm y Betsaida hay varias ensenadas con la forma de un anfiteatro natural y parece ser que Pedro y sus compañeros habían escogido una de ellas para varar sus embarcaciones después de una noche de pesca infructuosa. Alrededor de Jesús se había reunido una gran multitud. El Señor le pidió a Pedro que alejara su embarcación de la orilla para poder hablar a la multitud con mayor comodidad. La forma natural del lugar permitiría que la gente escuchara mejor su voz.
Después de que hubo terminado de hablar, jesús volvió a pedirle a Pedro que se adentrara otra vez hacia aguas más profundas y echara las redes. Pedro le explicó que habían estado toda la noche haciendo eso mismo y no habían obtenido ningún resultado pero, ya que Jesús se lo pedía, lo haría. La pesca fue tan abundante que necesitaron ayuda de los demás pescadores para llevar la barca a tierra firme. La respuesta de Pedro fue echarse a los pies de Jesús y decir: «Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador» (Lucas 5: 8). El Señor le respondió con una promesa: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres» (Lucas 5: 10). Como resultado de haber oído las enseñanzas de Jesús, ver el milagro de la pesca y escuchar las palabras: «Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres» (Mateo 4: 19), Pedro, Andrés, Santiago y Juan lo dejaron todo, incluidos los aparejos y la pesca milagrosa, y siguieron a Jesús. Cuando menos, esto nos muestra el impacto que Jesús tuvo en la vida de quienes estuvieron en contacto con él.
Pedro acabó siendo uno de los discípulos de Jesús más cercanos a él. Por ejemplo, él, Santiago y Juan fueron los únicos que estuvieron presentes cuando Jesús devolvió la vida a una joven (loicas 9: 28-36) y se alejaron con Jesús en el Getsemaní, la noche en que el Maestro fue traicionado (Marcos 14: 32, 33). Era habitual que Pedro se erigiera en portavoz de los discípulos. Asimismo, Mateo inicia la lista de discípulos diciendo: «Primero Simón, llamado Pedro» (Mateo 10: 2).

Confesar a Jesús como el Cristo (Mateo 16:13-23)

Mateo 16: 13-23, Marcos 8: 27-30 y Lucas 9: 18-20 narran el incidente en el que Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» (Marcos 8: 27). Los discípulos respondieron que lo llamaban Juan el Bautista o Elias. Sin embargo, cuando Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mateo 16: 15), Pedro respondió: «Tú eres el Cristo [el Mesías, el Ungido]» (Mateo 16: 16). Marcos y Lucas detienen aquí el relato.
Mateo, en cambio, parece especialmente interesado en Pedro e incluye varias declaraciones y relatos sobre Pedro que solo aparecen en su Evangelio. Una de las ocasiones en que actúa así es Mateo 16: 17-23. Aquí nos da más detalles de lo ocurrido, incluida la famosa respuesta que Jesús dio a las palabras del discípulo: «tú eres Pedro [Petros en griego], y sobre esta roca [petra en griego] edificaré mi iglesia» (Mateo 16: 18). Jesús llega a decirle: «A ti te daré Jas JJaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos» (Mateo 16: 19).3
El papado basó en estas palabras su pretensión de cerrar el reino de los cielos a todos los excomulgados. Lutero no interpretó así este texto y se abrió un debate sobre el significado de estas palabras que aún hoy sigue abierto. Algunos expertos desean ver a Pedro como el rabino jefe y entienden que Jesús le confirió la autoridad de interpretar la ley para el cristianismo primitivo. Otros señalan que lo que se dice de I'edro en Mateo 18: 18 también se dice de toda la comunidad cristiana y concluyen que el Evangelio de Mateo describe a Pedro como el discípulo ideal.4 Aquí no podremos explorar todos los argumentos,5 pero:

Andando sobre las aguas (Mateo 14; 22-33)

La historia de Jesús andando sobre las aguas para unirse a sus discípulos en el bote mientras están en una tormenta se registra en tres de los cuatro Evangelios (Mateo 14: 22-33; Marcos 45-52; Juan 6: 15-21). De estos, solo Mateo relata la petición de Pedro a Jesús para unírsele en el agua (Mateo 14: 28-33). Jesús le responde: «Ven» y Pedro sale de la embarcación y comienza a andar sobre el agua y hacia Jesús. «Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: "¡Señor, sálvame!"» (Mateo 14: 30). Jesús rescata a Pedro y, tan pronto como se unen al resto de los discípulos en el bote, la tormenta cesa; a lo que los discípulos responden adorando a Jesús diciendo; «Verdaderamente eres Hijo de Dios» (Mateo 14: 33). En esta historia Pedro es capaz de llevar a cabo una auténtica proeza: andar sobre el agua. Pero solo puede hacerlo mientras sus ojos están fijos en Jesús. Tan pronto como su atención se desvía de él, empieza a hundirse. En palabras de Elena G. de White, «cuando la dificultad nos sobreviene, con cuánta frecuencia somos como Pedro. Miramos las olas en vez de mantener nuestros ojos fijos en el Salvador».6

La negación de su Señor (Lucas 22: 31-33; 22: 54-62)

Los cuatro Evangelios registran que Pedro negó a Jesús. La historia que narran es la siguiente: Tras el arresto de Jesús en el Getsemaní, excepto dos, todos los discípulos huyeron. Una mezcla de valor y lealtad empujaron a Pedro y a Juan a seguir a Jesús, aunque a cierta distancia (Juan 18: 15, 16). ¿Quién sabe qué pasaba por la cabeza de Pedro en ese momento? Pero, dada su impetuosidad, es probable que buscase una oportunidad para rescatar a Jesús o, al menos, saber qué le sucedía. Era consciente del peligro que corría y decidió pasar inadvertido, de modo que, cuando lo acusaron de seguir a Jesús, lo negó en tres ocasiones (Lucas 22: 54-62). En ese momento, Jesús se dio la vuelta y miró a Pedro, quien recordó que poco tiempo antes Jesús le había dicho: «"Antes que el gallo cante, me negarás tres veces". Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente» (Lucas 22: 61, 62).
Aquella noche dos de los discípulos negaron a Jesús: Judas Iscariote y Pedro. Judas intentó deshacer el mal que había causado y, viendo que no podía, se suicidó (Mateo 27: 3-10). Pedro se entristeció por lo que había hecho, pero se aferró a la garantía que Jesús le había dado que él mismo había orado por él. Pedro pudo arrepentirse y encontrarse con el Jesús resucitado. Durante ese encuentro, Jesús dio a Pedro la oportunidad de expresarle su amor otras tres veces (Juan 21: 15-23).7

Líder de la iglesia primitiva (Hechos 2 -11; Gálatas 1; 18,19; 2: 9,11-14)

El liderazgo de Pedro en la iglesia primitiva se hace evidente en la frecuencia con que su nombre aparece en los primeros capítulos del libro de los Hechos. Después de que el Espíritu Santo descendiera sobre los discípulos, Pedro fue el primero que pronunció un discurso o sermón sobre Jesús (Hechos 2: 1-36, en especial el vers. 14). Su tema produjo que alrededor de tres mil creyentes se "añadieron" al número de los que seguían a Jesús (Hechos 2: 41).
Pedro (con Juan) sanó al mendigo tullido (Hechos 3: 1-8) y, una vez más, Pedro predicó públicamente en el templo (Hechos 3: 11- 16). Más tarde, Pedro y Juan hablarían a los gobernantes, a los ancianos y a los escribas en defensa de sus acciones (Hechos 4: 1-22). Pedro declaró que «es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5: 29). Pedro estuvo presente en el momento en el que los primeros gentiles se unieron a los seguidores de Jesús (Hechos 10: 1-48) e informó al resto de los creyentes que, puesto que habían recibido el Espíritu Santo, era preciso considerar a los gentiles parte del grupo (Hechos 11: 1-18). Finalmente, Pablo habla de Pedro cuando describe su visita a Jerusalén, donde se encontró con Santiago, Cefas (es decir, Pedro) y Juan, «que eran considerados como columnas» (Gálatas 2: 9).

De qué modo conocer al autor ayuda a entender 1 y 2 Pedro

Estudiando 1 y 2 Pedro tendremos muchas ocasiones de volver a lo que ya sabemos de Pedro. Por ejemplo:

Conocer la historia de Pedro proporciona un contexto muy útil que da a sus escritos una credibilidad adicional y favorece la comprensión de muchos puntos cruciales.


Referencias