Notas EGW

Lección 8
El Espíritu Santo y los dones del Espíritu

Sábado 18 de febrero

Dios ha dado a hombres y mujeres dones preciosos. A diferentes personas ha dado dones diferentes. No todos tienen la misma fortaleza de carácter o la misma profundidad de conocimiento, pero cada uno debe usar sus dones en el servicio del Maestro, no importa cuán pequeño pueda parecer este don. El fiel mayordomo negocia sabiamente con los bienes que le han sido confiados.
Las facultades de la mente y el cuerpo deben ser cuidadosamente guardadas. Nuestros dones no deben ser debilitados por la autoindulgencia. Cada facultad debe ser preservada, a fin de que siempre pueda estar lista para su uso inmediato. Ninguna parte del organismo físico debe ser debilitada por el abuso. Cada parte, no importa cuán pequeña sea, influye en el todo. El abuso de un nervio o músculo disminuye la utilidad de todo el cuerpo. Aquellos por quienes Cristo dio su vida debieran conformar sus hábitos y prácticas a la voluntad de Dios (Alza tus ojos, p. 377).
No siempre los hombres que aparentemente poseen las más notables capacidades logran más éxito en algunos ramos de la obra. El Señor usa gente que se considera menos capaz. Es posible que no sean elocuentes, pero si están en comunión con Dios, él los bendice ricamente. Sus palabras toscas y contundentes, que provienen directamente del corazón, son de gran valor y el Señor las aprecia. Los que están relacionados con el servicio del Maestro no deben buscar a hombres de notables habilidades para que hagan la obra en lugar de ellos. Dios respalda al que hace lo mejor que puede. Confíe cada hombre en su capacidad, y Dios impresionará los corazones de aquellos por quienes trabaja. Mucho bien puede realizar el obrero sincero y humilde que sabe que el éxito no depende de las apariencias, sino del que le encomendó su tarea...
Un obrero puede tener facilidad de palabra, otro puede ser un escritor de pluma fácil, otro puede tener el don de orar sincera, ardiente y fervientemente, otro el don del canto. Otro puede tener la capacidad especial de exponer la Palabra de Dios con claridad. Cada don debe llegar a ser poderoso para Dios, porque él trabaja con los obreros. A uno da Dios el don de la sabiduría, a otros del conocimiento y a otros de la fe. Pero todos deben trabajar a las órdenes de la misma Cabeza.
La diversidad de dones conduce a una diversidad de operaciones, “pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo”. 1 Corintios 12:6.
Que ninguno desprecie los dones que supuestamente sean menores. Que todos se pongan a trabajar. Que nadie se cruce de brazos por su incredulidad porque cree que no puede hacer ninguna obra grande. Que se dejen de mirarse a sí mismos. Miren a su Líder. En sinceridad, mansedumbre y amor, hagan lo que pueden...
Dios ciertamente bendecirá a los obreros que se dedican de todo corazón a la tarea. Si el Señor les pide que dediquen sus pies a la obra, denle los pies. Con los pies pueden ganar almas (Cada día con Dios, p. 24).
Uno es nuestro Maestro, es a saber, Cristo. Debemos recordar que somos su herencia comprada con sangre. La voluntad de Dios debe llegar a ser la nuestra. Se nos han confiado dones físicos, mentales y espirituales. En la Biblia se da a conocer plenamente la voluntad del Señor. Dios espera que cada hombre use sus dones de tal modo que le den un mayor conocimiento de las cosas divinas, y lo capaciten para progresar, para que cada vez sea más refinado, noble y puro (Cada día con Dios, p. 135).

 

Domingo 19 de febrero: El fruto del Espíritu y los dones del Espíritu


Es el plan de Dios que haya unidad en la diversidad. Entre los seguidores de Cristo debe existir la unión de los elementos diversos, uno adaptado al otro, y cada uno debe hacer su obra especial para Dios. Cada persona tiene su lugar en el cumplimiento de un gran plan que lleva la estampa de la imagen de Cristo... Uno es apto para cierta obra; otro tiene una obra diferente para la cual está adaptado; y un tercero todavía, tiene una capacidad diferente; pero cada uno debe ser el complemento de los demás. ...
El Espíritu de Dios, obrando en los diversos elementos y mediante ellos, producirá armonía de acción... Debe haber un solo espíritu maestro: el Espíritu de Aquel que es infinito en sabiduría, y en quien los diversos elementos se reúnen en una unidad hermosa y sin par... ¡Cuán grande es la diversidad manifestada en el mundo natural! Cada objeto tiene su esfera peculiar de acción; sin embargo todos se encuentran unidos en un gran todo. Cristo Jesús está en unión con el Padre, y desde ese gran centro esta maravillosa unidad debe extenderse... a través de todas las clases y las diversidades de talentos. Hemos de respetar los talentos de los demás; debemos armonizar en bondad, en pensamientos y acciones desinteresados, porque el Espíritu de Cristo, como el instrumento vivo y que obra, está circulando a través del todo... No son las acciones notables las que producen la unidad; es el molde del Espíritu Santo impreso en el carácter (Nuestra elevada vocación, p. 171).
Más adelante en la historia de la iglesia primitiva, una vez constituidos en iglesias muchos grupos de creyentes en diversas partes del mundo, se perfeccionó aún más la organización a fin de mantener el orden y la acción concertada. Se exhortaba a cada uno de los miembros a que desempeñase bien su cometido, empleando útilmente los talentos que se le hubiesen confiado. Algunos estaban dotados por el Espíritu Santo con dones especiales: “Primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero doctores; luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, géneros de lenguas”. 1 Corintios 12:28.
Pero todas estas clases de obreros tenían que trabajar concertadamente. “Hay repartimiento de dones; mas el mismo Espíritu es. Y hay repartimiento de ministerios; mas el mismo Señor es. Y hay repartimiento de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos. Empero a cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho. Porque a la verdad, a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; a otro, operaciones de milagros; y a otro, profecía; y a otro, discreción de espíritus; y a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere. Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, así también Cristo”. 1 Corintios 12:4-12 (Los hechos de los apóstoles, pp. 75, 76).
El bautismo del Espíritu Santo despejará las suposiciones humanas, derribará barreras erigidas por nosotros mismos, y hará que cese el sentimiento de que “yo soy más santo que tú”. Habrá un espíritu de humildad para con todos, más fe y amor; el yo no será exaltado... El espíritu de Cristo, el ejemplo de Cristo, será ejemplificado en su pueblo. Seguiremos más de cerca los métodos y los actos de Jesús... El amor de Jesús llenará nuestros corazones (That I May Know Him, p. 114; parcialmente enA fin de conocerle, p. 116).

 

Lunes 20 de febrero: Dios, el soberano dador de los dones espirituales


Las diferencias de carácter existen por naturaleza, pero nuestra unidad depende del grado en el cual nos sometamos a la influencia transformadora del Espíritu de Dios. Algunas personas, mediante la gracia de Cristo, poseen preciosos rasgos de carácter, una disposición bondadosa y alegre; aun sus reproches están llenos de ternura, porque el Espíritu de Cristo parece manifestarse en ellos... El poder de su gracia moldeará y preparará el carácter de acuerdo al Modelo divino, renovándolo en ternura y belleza, en conformidad con su propia bendita imagen... (Nuestra elevada vocación, p. 171).
Cuando el Salvador dijo: “Id, y doctrinad a todos los Gentiles,” dijo también: “Estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; quitarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. La promesa es tan abarcante como el mandato. No porque todos los dones hayan de ser impartidos a cada creyente. El Espíritu reparte “particularmente a cada uno como quiere” (1 Corintios 12:11). Pero los dones del Espíritu son prometidos a todo creyente conforme a su necesidad para la obra del Señor. La promesa es tan categórica y fidedigna ahora como en los días de los apóstoles. “Estas señales seguirán a los que creyeren”. Tal es el privilegio de los hijos de Dios, y la fe debe echar mano de todo lo que puede tener como apoyo (El Deseado de todas las gentes, p. 762).
En todo esfuerzo, en todo lugar donde se introduce la verdad, hay necesidad de unir diferentes mentes, diferentes dones, diferentes planes y métodos de labor. Todos deben hacer que su práctica habitual sea consultarse mutuamente y orar los unos con los otros. Cristo dice: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Ningún obrero individual tiene toda la sabiduría que se necesita. Debe haber comparación de planes, intercambio en consejos de uno con el otro. Ninguna persona en particular debe creerse suficiente como para manejar el interés de algún lugar prescindiendo de sus ayudantes.
Un hombre puede tener tacto en un sentido, pero puede ser un fracaso decidido en algunos puntos esenciales. Esto hace que su obra sea imperfecta. Necesita el tacto mental y el talento de otro hombre para combinarlos con sus esfuerzos. Todos deben estar en perfecta armonía mutua en la obra. Si pueden trabajar solamente con los que ven las cosas como ellos y siguen sus planes, entonces fracasarán. La obra será defectuosa porque ninguno de estos obreros ha aprendido las lecciones en la escuela de Cristo que los haga aptos para presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús. Todos deben estar progresando constantemente. Deben echar mano de toda oportunidad para aprovechar hasta el máximo todo privilegio, hasta que lleguen a ser mejor dotados para su obra grande y solemne. Pero Dios ha puesto en la iglesia diferentes talentos. Todos estos son preciosos en su lugar, y cada uno ha de desempeñar una parte en la perfección de los santos.
Esta es la orden de Dios, y los hombres deben trabajar según sus reglas y sus disposiciones si anhelan tener éxito. Dios aceptará solamente los esfuerzos que se hagan en forma voluntaria y con corazones humildes, sin los rasgos de sentimientos personales de egoísmo (Mensajes selectos, t. 3, pp. 25, 26).

 

Martes 21 de febrero: El propósito de los dones espirituales


El Señor no ha calificado a ninguno de nosotros para que lleve solo la carga de la obra. Ha relacionado para que se reúnan hombres de criterios diferentes, a fin de que se aconsejen y se ayuden mutuamente. De esa manera la falta de experiencia y capacidad de uno es suplida por la experiencia y la capacidad del otro. Debiéramos estudiar cuidadosamente las instrucciones que se dan en Corintios y Efesios con respecto a nuestra relación mutua como miembros del cuerpo de Cristo (Cada día con Dios, p. 152). Mientras permanezcamos en este mundo debemos estar unidos unos a otros. La humanidad está entrelazada y entretejida con la humanidad. Como cristianos debemos ser miembros unos de otros. ...
El Señor nos designa como hijos e hijas suyos, a quienes llama sus amigos, para ayudar a otros. Esto debe ser una parte de nuestra obra cristiana práctica... Tratad de ayudar, fortalecer y bendecir a aquellos con quienes os asociáis. El Señor será misericordioso con aquellos que son misericordiosos. El Señor será tierno y compasivo con aquellos que ejercen la compasión y la ternura y la piedad hacia otros. Debemos comprender que estamos en la escuela de Cristo, no para aprender a estimarnos a nosotros mismos, ni para conducimos de tal manera que recibamos la honra de los hombres, sino para aprender a gozamos con la mansedumbre de Cristo. El yo y el egoísmo siempre estarán luchando por obtener el dominio. Es una lucha que debemos sostener con nosotros mismos, para que el yo no obtenga la victoria. Mediante Cristo podéis triunfar, mediante Cristo podéis vencer (Nuestra elevada vocación, p. 186).
Los principios que debieran motivarnos como obreros en la causa de Dios han sido expresados por el apóstol Pablo: “Somos colaboradores de Dios”. 1 Corintios 3:9. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Colosenses 3:23. Y Pedro exhorta a los creyentes: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo”. 1 Pedro 4:10-11 (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 177).
Y por el Espíritu Santo nos advierte mediante el apóstol Pedro: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. 1 Pedro 4:10. Dios desea que se cumplan en nosotros los propósitos de su gracia. Por el poder de su amor y mediante la obediencia, el hombre caído...
debe ser transformado y capacitado para ser miembro de la familia celestial, compañero de Dios, de Cristo y de los santos ángeles a través de las edades eternas. El Cielo triunfará, porque los lugares dejados vacantes por Satanás y su hueste serán ocupados por los redimidos del Señor (Alza tus ojos, p. 59).

 

Miércoles 22 de febrero: El don, antes y ahora


A cada persona ha dado su trabajo. Somos colaboradores juntamente con Dios. Hay diversidad de dones, y cada persona debiera apreciar el capital moral y espiritual que Dios le ha confiado; nadie debiera tratar con indiferencia estos talentos, pero nadie es responsable por los talentos que no ha recibido. Nadie debiera quejarse por la insignificancia de sus dones. Cada uno debe negociar con lo que Dios le confió y trabajar donde pueda, prestando el mejor servicio posible al Maestro. Un talento bien usado ganará otros talentos, y éstos ganarán otros más. El hombre que tiene algunos centavos puede servir fielmente a Dios con su dinero. Si lo hace, será juzgado tan fiel ante la vista de Dios como aquel que ha invertido una cantidad considerable de dinero. Pero todos deben comprender que tienen una responsabilidad individual de emplear sus talentos para gloria de Dios según su habilidad. .. Nunca olvidemos que estamos aquí para ser formados por la mano de Dios, preparados para realizar la obra que él nos ha encomendado. Esta obra es nuestra, y también la responsabilidad es nuestra; por lo tanto no se pueden transferir a otra persona. No permitamos que otros agentes humanos se interpongan para tomar de las manos de Dios, con sus propias manos finitas, la obra que él tiene para otra persona (El ministerio de publicaciones, p. 153). La promesa del Espíritu Santo no se limita a ninguna edad ni raza. Cristo declaró que la influencia divina de su Espíritu estaría con sus seguidores hasta el fin. Desde el día de Pentecostés hasta ahora, el Consolador ha sido enviado a todos los que se han entregado plenamente al Señor y a su servicio. A todo el que ha aceptado a Cristo como Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador, guía y testigo. Cuanto más cerca de Dios han andado los creyentes, más clara y poderosamente han testificado del amor de su Redentor y de su gracia salvadora...
El transcurso del tiempo no ha cambiado en nada la promesa de despedida de Cristo de enviar el Espíritu Santo como su representante. No es por causa de alguna restricción de parte de Dios por lo que las riquezas de su gracia no fluyen a los hombres sobre la tierra. Si la promesa no se cumple como debiera, se debe a que no es apreciada debidamente. Si todos lo quisieran, todos serían llenados del Espíritu. Dondequiera la necesidad del Espíritu Santo sea un asunto en el cual se piense poco, se ve sequía espiritual, obscuridad espiritual, decadencia y muerte espirituales. Cuandoquiera los asuntos menores ocupen la atención, el poder divino que se necesita para el crecimiento y la prosperidad de la iglesia, y que traería todas las demás bendiciones en su estela, falta, aunque se ofrece en infinita plenitud.
Puesto que éste es el medio por el cual hemos de recibir poder, ¿por qué no tener más hambre y sed del don del Espíritu? ¿Por qué no hablamos de él, oramos por él y predicamos respecto a él? El Señor está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que le sirven, que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos. Cada obrero debiera elevar su petición a Dios por el bautismo diario del Espíritu. Debieran reunirse grupos de obreros cristianos para solicitar ayuda especial y sabiduría celestial para hacer planes y ejecutarlos sabiamente. Debieran orar especialmente porque Dios bautice a sus embajadores escogidos en los campos misioneros con una rica medida de su Espíritu. La presencia del Espíritu en los obreros de Dios dará a la proclamación de la verdad un poder que todo el honor y la gloria del mundo no podrían conferirle (Los hechos de los apóstoles, pp. 40, 41).

 

Jueves 23 de febrero: El Espíritu Santo y el don del discernimiento


Hay una gran obra que hacer. El mundo no se convertirá por el don de lenguas o por la operación de milagros sino por la predicación de Cristo crucificado. Hay que dejar que el Espíritu Santo actúe. Dios ha puesto instrumentos en nuestras manos y los debemos usar plenamente para hacer su voluntad. Como creyentes tenemos el privilegio de realizar una parte en la promulgación de la verdad para este tiempo. Hasta donde sea posible hemos de emplear los medios y los instrumentos que Dios nos ha dado para presentar la verdad en nuevas localidades. Deben edificarse iglesias para acomodar al pueblo de Dios, para que puedan alzarse como centros de luz que brillen en medio de las tinieblas del mundo...
Dios quiere que hagamos esta otra (Testimonios para los ministros, p. 424).
Mi alma está muy agobiada porque sé lo que nos espera. Los que no tengan una relación cotidiana y viviente con Dios se verán expuestos a todo engaño concebible. No se deben considerar en nuestra obra asuntos secundarios, a menos que las ideas sostenidas hayan sido cuidadosamente examinadas, y se tenga seguridad acerca de su fuente de origen. Los ángeles de Satanás son sabios para hacer el mal y son ellos los que originan aquello que algunos pretenderán que es luz adicional, que proclamarán como cosa nueva y maravillosa; aunque en algunos aspectos el mensaje sea verdadero, estará mezclado con invenciones humanas y enseñará como doctrinas mandamientos de hombres. Si alguna vez hubo un tiempo para velar y orar con verdadero fervor, es ahora. Puede haber cosas que puedan ser consideradas como ciertas y que aparenten ser buenas, pero necesitan ser cuidadosamente consideradas con mucha oración, pues son engañosas maquinaciones del enemigo para conducir a las almas por una senda que corre tan cerca de la senda de la verdad que apenas podrá ser distinguida de la que conduce a la santidad y al cielo. Pero el ojo de la fe puede discernir que lleva una dirección divergente del camino recto, aun cuando sea en forma casi imperceptible. Al principio puede pensarse que es positivamente recta, pero después de un tiempo se ve que se aparta mucho de la senda segura, que conduce a la santidad y al cielo. Hermanos míos, os amonesto que hagáis sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino (Testimonios para los ministros, p. 229).