CAPÍTULO 8
LA DOTACION DE DIOS

Tiene usted los dones del Espíritu? ¿Sabría cómo identificarlos? ¿Sabe cuál es la diferencia, si la hubiere, entre la dotación y, digamos, los talentos naturales?
La mayoría de los cristianos hoy estaría de acuerdo en que tienen por lo menos un don del Espíritu. Elena de White dice eso: "Todos los hombres no reciben los mismos dones, pero se promete algún don del Espíritu a cada siervo del Maestro".1 Sin embargo, muchos también creen que la manifestación del Espíritu es por medio de fenómenos sobrenaturales, tales como "hablar en el Espíritu" (glosolalia),2 "gritar en el Espíritu" o "cloquear en el Espíritu". (Sí, andar para arriba y para abajo por los pasillos de la iglesia cloqueando como una gallina, "en el Espíritu".) Sin embargo, la verdad es que el Nuevo Testamento enseña solo dos manifestaciones del Espíritu. El Espíritu Santo se manifiesta en la vida de una persona por medio del fruto y de los dones.
Cada cristiano ha de desarrollar el fruto del Espíritu, pero no todo cristiano tendrá todos los dones del Espíritu. El fruto del Espíritu es la obra del Espíritu en la vida del discípulo, modela el carácter; es lo que sucede dentro de una persona que lo hace llegar a ser quién es en Cristo. Refleja la persona de Jesús. Por otro lado, los dones del Espíritu se presentan como la obra del Espíritu por medio de la vida del discípulo; es lo que se ve por fuera del seguidor de Jesús, en favor de la causa de Cristo. El fruto te modela; los dones te dan poder para hacer la obra de Dios.

OTRA VEZ EL AMOR

En el último capítulo, vimos cómo el fruto, descrito en Gálatas 5:22 y 23, es realmente el amor, no obstante, se revela en diferentes aspectos tales como paz, gozo, paciencia y benignidad.
Sorprendentemente, el amor también es el concepto central para los dones espirituales. En el Nuevo Testamento, hay cinco listas principales de los dones espirituales: Romanos 12,1 Corintios 12 a 14, Efesios 4 y 1 Pedro 4 (ver la tabla que sigue). Cuando leemos con cuidado, vemos que los dones tienen una meta clara: el amor.
"El amor sea sin fingimiento", escribió Pablo inmediatamente después de identificar los siete dones espirituales (Rom. 12:9).
En otras palabras, equiparó estos dones -profecía, ministerio, enseñanza, exhortación, etc.- como expresiones del amor.
Cuando observamos 1 Corintios, encontramos una breve y emocionante disertación sobre el amor en medio de la epístola, inmediatamente después de la enumeración de los dones en el capítulo 12, antes de la explicación de la diferencia entre el don de lenguas y el de profecía, en el capítulo 14. "El amor es sufrido, es benigno [...] el amor nunca deja de ser", dice Pablo (1 Cor. 13:4, 8). Había terminado el capítulo 12 recomendando a los creyentes "procurar [...] los mejores dones. Mas" añadió, "yo os muestro un camino aun más excelente" (1 Cor. 12:31). No importa cuántos dones podamos tener, dijo, y cuán poderosamente podamos practicar estos dones, lo que queda es "la fe, la esperanza y el amor"... pero "el mayor de ellos es el amor" (1 Cor. 13:13).
En la Epístola a los Efesios, los cuatro dones enumerados figuran en el capítulo 4, versículo 11. Pablo desarrolla el pensamiento de que los que poseen estos dones ayudarán a los santos a crecer en el cuerpo (vers. 12), hasta que lleguen "a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (vers. 13); recordando el contexto de ese crecimiento en el cuerpo, que es "siguiendo la verdad en amor" (vers. 15).
Pedro es el último en identificar los dones espirituales, y comienza su sección con una declaración de amor: "Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados" (1 Ped. 4:8). Lo que Pedro implica es que no importa cuán bien o cuán pobremente podamos ejercer nuestros dones de hospitalidad, de ministrar y de hablar (vers. 9-11), lo que realmente importa es con cuánto amor los ejercemos.

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ROM. 12: 6-8 1 COR. 12:8-11 1 COR. 12:28-13:3 EFESIOS 4:11 1 PED. 4:9-11 OTROS DONES Profecía Sabiduría Apostolado Apostolado Hospitalidad Celibato voluntario (1 Cor. 7:7) Ministerio (diakoníaP Conocimiento Profecía Profecía Hablar Cantar (1 Cor. 14:15) Enseñanza Fe Enseñanza Evangelismo Ministerio Misionero (Efe. 3:1,7) Exhortación Sanidad Milagros Pastor/ Maestro Dar Milagros Sanidad Liderazgo Profecía Ayudas Misericordia Discernimiento Administración Lenguas Lenguas Interpretación Interpretación Conocimiento Fe Pobreza voluntaria Martirio

DONES DE LA GRACIA

Esta idea del amor como la base para los dones espirituales se profundiza cuando consideramos dos textos más. Ambos hablan de la fuente de los dones. "Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada [...] úsense" (Rom. 12:5, 6). ¿Teniendo dones de acuerdo con qué? De acuerdo con la gracia que se nos da. Aquí está el otro pasaje: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Ped. 4:10). ¿Cada uno ha recibido un don basado en qué? Basado en "la multiforme gracia de Dios".
Tanto Pablo como Pedro aluden a la gracia de Dios como fuente de sus dones. Pedro la llama la "multiforme" gracia de Dios. La palabra griega traducida como "multiforme", o "diversas formas" (NVI), literalmente significa "ote muchos colores".4 Así como el arcoíris tiene muchos colores como reflejo de la luz del sol, los dones del Espíritu, de diversas maneras, reflejan la gracia del Hijo. Por esto, el nombre griego para los dones espirituales es jarísmata. Esta palabra proviene del griego járis, que significa "gracia". En otras palabras, estos son dones de la gracia. O, se podría decir, dones de amor, como figura en algunas traducciones.
5 La palabra griega más común para "don" es dídomi,6 pero la palabra que prefirió usar el apóstol Pablo cuando hablaba de los dones del Espíritu es jarísmata, con referencia a járis, gracia.
De este modo, los dones que Dios da por medio de su Espíritu son, sencillamente, dones de gracia.7
¡Esto significa que cuanto más gracia recibimos de Dios tanto más dotados podemos ser! Aquí hay un pensamiento revolucionario.
Pablo anima a los creyentes a "procurar los mejores dones" (1 Cor. 12:31), lo que implica que la cualidad de poseer dones puede expandirse. Pero la implicación es clara: la forma de ver un aumento de dones, así como de la calidad de nuestra dotación, es percibiendo más gracia. Cuánto más comprendamos la absoluta bondad y grandeza de Dios -gracia, járis- tanto más receptivos seremos de sus dones, jarísmata. El resumen, entonces, es que estos dones son los dones de Jesús, porque es por medio del ministerio de Jesús que recibimos la gracia de Dios. Cada uno que ha experimentado la gracia de Jesús recibe los dones del Espíritu.
No obstante, estos dones son administrados por el Espíritu. "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (1 Cor. 12:11).
Así que, piense en esto: la gracia de Jesús compró el derecho a otorgarnos dones (Efe. 4:7, 8), y el Espíritu de Jesús administra tales derechos (1 Cor. 12:4-6, 11). Aquí lo tenemos: la gracia y el Espíritu son las fuentes de los dones. Pero hay una idea más: ambas fuentes, se nos dice, ¡son más que abundantes! "Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia" (Rom. 5:20). Y se nos da el Espíritu "sin restricción" (Juan 3:34, NV1). Estas son las dos cosas que el Nuevo Testamento nos señala que son más abundantes, más de lo que alguna vez necesitemos: la gracia y el Espíritu. Y de ellos proceden los dones espirituales. ¿Cómo puede uno perdérselos?

REALMENTE, ¿QUÉ SON LOS DONES?

Uno de los errores que la gente comete más fácilmente acerca de los dones espirituales es pensar que aquellos que enumera el Nuevo Testamento son la lista exhaustiva de los dones de Dios. Los apóstoles identifican 39 dones en sus escritos, como pudimos ver en la tabla de la página 81. De ellos, nueve se repiten una, dos o aun más veces, como el fundacional don de profecía.
Esto deja un total de no más de treinta dones, ¿verdad? ¿No hay otros dones que Dios otorgue?
Los escritores del Nuevo Testamento, sencillamente, mencionaron los dones que recordaron a medida que escribían. Estas listas de dones no tienen la intención de ser absolutas. Por esto, cada lista es diferente, porque los apóstoles estaban pensando en diferentes cosas cuando enumeraron esos dones. Pero algunos dones nunca fueron mencionados. Tomemos, por ejemplo, el don de escribir. Este don de escribir, ¿es suficientemente bueno para ser una bendición para otros? Seguramente. ¿Qué diremos del don de la oración? ¿Piensa usted que algunas personas oran con gran confianza en Dios, y sus oraciones producen evidencias poderosas de haber sido escuchadas por el Cielo?
Muchos lectores pudieron haber escuchado de la vida de George Müller, el poderoso guerrero de oración, quien a través de setenta años de ministerio tuvo miles de respuestas maravillosas a sus oraciones, mayormente relacionadas con el cuidado de más de diez mil huérfanos y centenares de miembros de su personal, ¡sin haber pedido jamás ayuda financiera a nadie! Müller renunció a su salario pronto después de haber comenzado su obra pastoral, y siguió su ministerio en dedicación exclusiva, sencillamente dependiendo solo de Dios, por medio de la oración. Reunió cerca del equivalente de 140 a 160 millones de dólares estadounidenses actuales. Patrocinó a más de 200 misioneros sin un ingreso garantizado, ni una fundación ni campañas de recolección de fondos, y produjo y distribuyó miles de folletos (tratados) religiosos del mismo modo. Miles se convirtieron, sencillamente, porque Müller pidió a su Padre que intercediera. Su vida suena como la de una persona con el don de la oración.8 Y el Cielo revelará veintenas de otros casos a lo largo de la historia, algunos de los cuales pudieron haber sido tan impresionantes como el de Müller; también, muchas madres olvidadas, a quienes nadie conoce, pero cuyas vidas de oración demuestran que el Espíritu actuó en ellas de una manera poderosa.
Escribir y orar, realmente, son dos ejemplos de dones no enumerados en el Nuevo Testamento, y sin embargo son avalados por el Cielo como tales. Note esto, publicado en 1909: "Dios tiene diversas formas de trabajar, y tiene diferentes obreros a quienes ha confiado diversidad de dones.
"Un obrero puede ser un excelente orador; otro, un buen escritor; otro puede tener el don de la oración sincera, ferviente; otro puede poseer el don del canto; otro puede tener capacidad especial para explicar claramente la Palabra de Dios. Y cada don debe convertirse en poder para Dios, porque él trabaja con el obrero".9
Esto abre un nuevo pensamiento: el espectro de dotación puede ser mucho más amplio y de un alcance mucho mayor de lo que pensamos en primera instancia. Elena de White también habla de nuestra influencia y de nuestro tiempo como "dones de Dios", que han de "utilizarse en ganar almas para Cristo".10