Notas EGW

Lección 7
El Espíritu Santo y el fruto del Espíritu

Sábado 11 de febrero

La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni le hablamos, pero su Espíritu Santo está tan cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra en cada uno que recibe a Cristo y mediante él. Los que conocen la morada interior del Espíritu revelan los frutos del Espíritu: amor gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe (Comentarios de Elena G. de White, enComentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 1 1 1 , 1112).
Un hombre puede tener un conocimiento de las Escrituras que no lo hará sabio para la salvación, aunque pueda vencer a sus adversarios en un debate público. Si no tiene hambre del espíritu hacia Dios; si no escudriña su propio corazón como con una lámpara encendida, por temor de hallar algún mal que se esconde allí; si no fuera posesionado por un deseo de cumplir la oración de Cristo, de que sus discípulos sean uno, como él es uno con el Padre, para que el mundo crea que Jesús es el Cristo, entonces él mismo se engaña, creyéndose cristiano. Su conocimiento, nacido de la ambición, es alimentado con el orgullo; pero su alma está destituida del amor divino, de la bondad y la mansedumbre de Cristo. No es un hombre sabio a la vista de Dios. Puede tener la sabiduría necesaria para vencer un oponente; pero no puede de ninguna manera ser sabio para la salvación sin el agente del Espíritu Santo. Y el “fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. Ni el talento ni la elocuencia ni el estudio egoísta de las Escrituras producirán amor a Dios ni conformidad a la imagen de Cristo. Nada sino el poder divino puede regenerar el corazón y el carácter humanos, ni imbuir el alma con el amor de Cristo, que siempre se manifestará en amor hacia aquellos por quienes él murió (Review and Herald, 28 de noviembre de 1893).
Si trabajáis por las almas dependiendo de Dios humilde y confiadamente, si reflejáis el esplendor de su Espíritu a través de un carácter semejante al de Cristo; si la simpatía, la bondad, la tolerancia y el amor son principios constantes en vuestra vida, seréis una bendición para todos los que os rodean. No censuraréis a otros, ni exhibiréis contra ellos un espíritu rudo y acusador; no sentiréis que sus ideas deben adaptarse a vuestras normas; sino que el amor de Jesús y el apacible fruto de la justicia se revelarán en vosotros (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 610).
Si aceptáis a Cristo como a vuestro Salvador personal, conoceréis por experiencia el valor del gran sacrificio hecho en vuestro favor en la cruz del Calvario. El Espíritu de Cristo, al obrar sobre el corazón, lo conforma a su imagen; pues Cristo es el modelo sobre el cual trabaja el Espíritu. Mediante el ministerio de su Palabra, sus providencias, su obra interior, Dios estampa la semejanza de Cristo en el alma.
Poseer a Cristo es vuestra primera obra, y revelarlo como Aquel que puede salvar hasta lo sumo a todos los que se le allegan, es vuestra obra que le sigue en importancia. Servir al Señor de todo corazón es honrar y glorificar su nombre ocupándoos de cosas santas, teniendo la mente llena de las verdades vitales reveladas en su santa Palabra (That I May Know Him, p. 94; parcialmente enA fin de conocerle, p. 96).

 

Domingo 12 de febrero: La condición fructífera


Todos los que reciben a Cristo por la fe llegan a ser uno con él. Los pámpanos no están ligados a la vid por medio de un proceso mecánico o artificial. Están unidos por las raíces de la vid. De la misma manera, quienes reciben a Cristo por la fe llegan a ser uno con él en principio y en acción. Están unidos a él, y la vida que viven es la vida del Hijo de Dios. Deben su vida a Aquel que es vida...
El corazón debe estar unido con el corazón de Cristo, la voluntad debe estar sumergida en su voluntad. La mente debe llegar a ser una con su mente, los pensamientos deben sujetarse a él. Un hombre puede bautizarse y su nombre ser escrito en los registros de la iglesia, pero con todo, puede ser que el corazón no haya cambiado. Las tendencias heredadas y cultivadas pueden estar todavía obrando mal en el carácter. El hombre regenerado tiene una unión vital con Cristo. Como el pámpano obtiene su sustento del tronco paterno y por esto puede llevar mucho fruto, de la misma manera el verdadero creyente está unido con Cristo y revela en su vida los frutos del Espíritu. El pámpano llega a ser uno con la vid. La tormenta no puede arrancarlo. Las heladas no pueden destruir sus propiedades vitales. Ninguna cosa es capaz de separarlo de la vid. Es un pámpano viviente, y lleva los frutos de la vid. Así ocurre con el creyente. Mediante su conversación y buenas obras revela el carácter de Cristo. Como el pámpano extrae su nutrimento de la vid, así también todos los que están verdaderamente convertidos extraen vitalidad espiritual de Cristo (Alza tus ojos, p. 180).
Precisamente el tiempo más apropiado para ejercer fe es cuando nos sentimos privados del Espíritu. Cuando parecen asentarse densas nubes sobre la mente, es cuando se debe dejar que la fe viva atraviese las tinieblas y disipe las nubes. La fe verdadera se apoya en las promesas contenidas en la Palabra de Dios, y únicamente quienes obedezcan a esta Palabra pueden pretender que se cumplan sus gloriosas promesas. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. Juan 15:7. “Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él”. 1 Juan 3:22. Debemos orar mucho en secreto. Cristo es la vid, y nosotros los sarmientos. Y si queremos crecer y fructificar, debemos absorber continuamente savia y nutrición de la viviente Vid, porque separados de ella no tenemos fuerza (Primeros escritos, pp. 72, 73).
El Señor no aceptará un servicio que no sea de corazón, una serie de ceremonias que no incluyan efectivamente a Cristo. Sus hijos deben ser piedras vivas en el edificio de Dios. Si todos se entregaran sin reservas a Dios, si dejaran de estudiar y planificar su propia diversión, sus excursiones y asociaciones amantes al placer, y estudiaran las palabras: “No sois vuestros... porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”, no sentirían hambre ni sed de excitación ni de variedad (Fundamentáis of Christian Education, p. 461).

 

Lunes 13 de febrero: El fruto del amor


“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. 1 Corintios 13:13. En la vida de Cristo, este amor encontró expresión perfecta. Él nos amó en nuestro pecado y degradación. Alcanzó hasta las mismas profundidades del sufrimiento a fin de rescatar a los hijos y las hijas errantes de la tierra. No hubo desaliento en su paciencia ni menoscabo en su celo. Las ondas de la misericordia, rechazadas por el orgullo, la impenitencia, los corazones desagradecidos, siempre retomaron en una poderosa corriente de amor. El que está constreñido por el amor de Cristo avanza entre sus semejantes para ayudar a los desamparados y alentar a los abatidos, para señalar a los pecadores el ideal que Dios tiene para sus hijos y para dirigirlos hacia él {In Heavenly Places, p. 234; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 236).
Dios manifestó su amor por la humanidad al dar a Cristo a nuestro mundo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Sí, “vida eterna”. Este es el amor que es el cumplimiento de la ley. Únicamente la persona cuyo corazón esté lleno de compasión por el hombre caído, que ama con un propósito, y que demuestra su amor mediante la realización de acciones semejantes a las de Cristo, será capaz de soportar la visión del Invisible. Puede conocer a Dios únicamente la persona que ama a sus semejantes con un propósito. Quien no ame a aquellos por quienes el Padre ha hecho tanto, no conoce a Dios. Esta es la razón por la que hay tan poca vitalidad genuina en nuestras iglesias. La teología no tiene valor a menos que se halle saturada con el amor de Cristo (Exaltad a Jesús, p. 128).
Solo al manifestar un interés generoso por quienes necesitan ayuda podemos proveer una demostración práctica de las verdades del evangelio... Mucho más que el mero sermoneo, los ignorantes deben ser iluminados; los desanimados han de alentarse; debe sanarse a los enfermos. La voz humana debe hacer su parte en la obra de Dios. Palabras de ternura, de simpatía y de amor deben ser testigos a favor de la verdad. Las oraciones sinceras, que broten del corazón, acercarán a los ángeles...
Visitar a los enfermos y aliviar a los pobres y a los afligidos por amor a Cristo traerá a los obreros los brillantes rayos de luz del Sol de Justicia, y aun el rostro expresará la paz que mora en el alma. El rostro de hombres y mujeres que hablan con Dios, para quienes el mundo invisible es una realidad, expresa la paz de Dios. Ellos llevan consigo la atmósfera suave y afable del cielo, y la difunden en acciones de bondad y obras de amor. Su influencia es del tipo que gana almas para Cristo. Si todos pudieran ver y comprender, y ser hacedores de las palabras de Dios, ¡qué paz, qué felicidad, qué salud del cuerpo y qué paz del alma habría como resultado! Una atmósfera cálida y amable de amor y la tierna simpatía de Cristo en el alma, son inestimables. El precio del amor está sobre el oro, la plata y las piedras preciosas, y hace a los seres humanos como Aquel que no vivió para agradarse a sí mismo (El ministerio médico, pp. 332, 333)

 

Martes 14 de febrero: Gozo, paz ypaciencia


La felicidad que se procura por motivos egoístas fuera de la senda del deber, es desequilibrada, espasmódica y transitoria; pasa y deja el alma vacía y triste; mas en el servicio de Dios hay gozo y satisfacción; Dios no abandona al cristiano en caminos inciertos; no lo abandona a pesares vanos y contratiempos. Si no tenemos los placeres de esta vida podemos aun gozarnos mirando a la vida venidera. Pero aun aquí los cristianos pueden tener el gozo de la comunión con Cristo; pueden tener la luz de su amor, el perpetuo consuelo de su presencia. Cada paso de la vida puede acercarnos más a Jesús, puede damos una experiencia más profunda de su amor y acercamos más al bendito hogar de paz (La fe por la cual vivo, p. 123).
La felicidad es el resultado de la santidad y de la conformidad con la voluntad de Dios. Los que quieren ser santos en el cielo, primero serán santos en la tierra; porque cuando dejemos esta tierra, llevaremos nuestro carácter con nosotros, y esto será sencillamente llevar con nosotros algunos de los elementos del cielo que nos fueron impartidos por la justicia de Cristo... La experiencia que sigue a la entrega total de Dios es la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo (Reflejemos a Jesús, p. 295).
Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: “La paz os dejo —dijo—, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”. Juan 14:27. Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. Cristo nunca procuró paz transigiendo con el mal. La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior, y había de permanecer para siempre con sus testigos a través de las luchas y contiendas. Cristo dijo de sí mismo: “No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada”. Mateo 10:34. Aunque es el Príncipe de Paz, es sin embargo causa de división. El que vino a proclamar alegres nuevas y a crear esperanza y gozo en los corazones de los hijos de los hombres, originó una controversia que arde profundamente y suscita intensa pasión en el corazón humano. Y advierte a sus seguidores: “En el mundo tendréis aflicción”.
“Os echarán mano, y perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, siendo llevados a los reyes y a los gobernantes por causa de mi nombre”. “Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros”. Juan 16:33; Lucas 21:12, 16. Esta profecía se ha cumplido de manera notable. Todo ultraje, vituperio y crueldad que Satanás pudo inventar e instigar a los corazones humanos se ha dirigido contra los seguidores de Jesús. Y esto se cumplirá de nuevo de un modo notable; porque el corazón camal está todavía enemistado contra la ley de Dios y no quiere sujetarse a sus mandamientos. El mundo no está más en armonía hoy con los principios de Cristo de lo que estaba en los días de los apóstoles (Los hechos de los apóstoles, p. 69).

Miércoles 15 de febrero: Benignidad, bondad y fidelidad


Es mejor que nos equivoquemos, si es que nos equivocamos, por exceso de compasión y tolerancia que por exceso de rigidez.
La flexibilidad en las medidas, las respuestas amables y las palabras cariñosas son mejores para reformar y salvar que la severidad y la rudeza. El más pequeño exceso de brusquedad puede alejar a las personas, mientras que una actitud conciliadora sería el mejor medio de acercarlas para que pueda ponerlas en el buen camino. Debería estar movida por un espíritu de perdón y dar el crédito debido a los buenos propósitos y acciones de aquellos que la rodean. Diga palabras de elogio a su esposo, a su hijo, a su hermana y a todas las personas con quien se relacione. La censura continua marchita y oscurece la vida de cualquiera... Un espíritu tierno, un comportamiento agradable y amable, pueden salvar a los perdidos y ocultar una multitud de pecados. Dios necesita que tengamos ese amor que “es sufrido, es benigno” (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 68).
El carácter del cristiano se muestra por su vida diaria. Dijo Cristo: “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos”. Mateo 7:17. Nuestro Salvador se compara a sí mismo con una vid, de la cual sus seguidores son las ramas. Declara sencillamente que todos los que quieren ser sus discípulos deben llevar frutos; y entonces muestra cómo pueden llegar a ser ramas fructíferas. “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí”. Juan 15:4. El apóstol Pablo describe el fruto que el cristiano ha de llevar. Él dice que es “en toda bondad, justicia y verdad”. Efesios 5:9... Estas preciosas gracias son solo los principios de la ley de Dios cristalizados en la vida (La edificación del carácter, p. 79).
Confiemos en la Palabra de Dios implícitamente, recordando que somos hijos e hijas suyos. Ejercitémonos en creer su Palabra. Herimos el corazón de Cristo al dudar, cuando nos ha dado tal evidencia de su amor. Él puso su vida para salvamos. Él nos dice: “Venid a mí... y tendréis descanso...” ¿Creéis que hará así como dijo? Entonces, cumplidas las condiciones, no llevéis por más tiempo la carga de vuestros pecados. Ponedla sobre el Salvador. Confiaos a vosotros mismos en él. ¿No ha prometido que os dará descanso? Pero, ¡a cuántos está él obligado a decirles tristemente: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida”! Juan 5:40. Mirad a Cristo, espaciaos en su amor y misericordia. Esto llenará el alma de odio hacia todo lo que sea pecaminoso y le inspirará un intenso deseo de tener la justicia de Cristo. Cuanto más claramente vemos al Salvador, tanto más claramente discernimos nuestros defectos de carácter. Confesad vuestros pecados a Cristo y cooperad con él con verdadera contrición de alma abandonándolos. Creed que están perdonados. La promesa es clara: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9. Estad seguros de que la Palabra de Dios no falla. El que prometió es fiel. Tenéis el deber de creer que Dios cumplirá su promesa perdonándoos como tenéis el deber de confesar vuestros pecados (En los lugares celestiales, p. 113).

 

 

Jueves 16 de febrero: Mansedumbre y dominio propio


Una gran proporción de todas las enfermedades que afligen a la familia humana es resultado de sus propios hábitos erróneos, debido a su deliberada ignorancia, a su descuido de la luz que Dios ha dado con respecto a las leyes de su ser. No es posible que glorifiquemos a Dios mientras vivamos violando las leyes de la vida. El corazón no puede de ninguna manera mantener su consagración a Dios mientras se complace el apetito camal. Un cuerpo enfermo y un intelecto desordenado, debido a la continua complacencia de la lujuria perniciosa, hace que la santificación del cuerpo y del espíritu sean imposibles. El apóstol entendía la importancia de una condición saludable del cuerpo para lograr el éxito en el perfeccionamiento del carácter cristiano. Él dice: “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. 1 Corintios 9:27. Menciona el fruto del Espíritu, en el cual está incluida la temperancia. “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 50).
Me dirijo a nuestros hermanos. Si os acercáis a Jesús, y tratáis de adornar vuestra profesión con una vida bien ordenada y una conversación piadosa, vuestros pies serán guardados de extraviarse en sendas prohibidas. Si tan solo queréis velar, velar continuamente en oración, y tan solo hacéis todo como si estuvieseis en la presencia inmediata de Dios, seréis salvados de caer en la tentación, y podréis esperar llevar hasta el fin una vida pura sin mancha ni contaminación. Si mantenéis firme hasta el fin el principio de vuestra confianza, vuestros caminos serán afirmados en Dios, y lo que la gracia empezó, lo coronará la gloria en el reino de nuestro Dios. Los frutos del Espíritu son amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Si Cristo está con nosotros crucificaremos la carne con sus afectos y concupiscencias (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 138).
La gracia de la humildad debiera ser fomentada por los que llevan el nombre de Cristo; pues la exaltación propia no puede hallar lugar en la obra de Dios. Los que quieran cooperar con el Señor de los ejércitos, diariamente deben crucificar el yo, colocando la ambición mundana en segundo término. Deben ser tolerantes y bondadosos, llenos de misericordia y ternura con los que los rodean...
La verdadera humildad es la evidencia de que contemplamos a Dios, y de que estamos unidos con Jesucristo. A menos que seamos mansos y humildes, no podemos pretender que tenemos el verdadero concepto del carácter de Dios. Los hombres pueden pensar que están sirviendo a Dios fielmente; su talento, sabiduría, elocuencia o celo pueden deslumbrar los ojos, halagar la fantasía y despertar la admiración de los que no pueden ver debajo de la superficie; pero a menos que esas cualidades sean humildemente consagradas a Dios... son considerados por Dios como siervos inútiles.
Dios ha estado esperando mucho tiempo que sus seguidores manifiesten verdadera humildad, para poder impartirles ricas bendiciones. Los que le ofrecen el sacrificio de un espíritu quebrantado y contrito, serán preservados en la hendidura de la roca y contemplarán al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Cuando Jesús, que lleva los pecados, el sacrificio absolutamente suficiente, sea visto más claramente, sus labios exclamarán las mayores alabanzas. Mientras más vean del carácter de Cristo, más humildes se volverán y menos se estimarán a sí mismos. No se verá en su obra una necia presunción... El yo se pierde de vista al comprender su propia indignidad (A fin de conocerle, pp. 122, 123).