Lección 6 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave:

1 Pedro 1:14-16.

Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección:

I. Saber: La santidad es la esencia de quién es Dios y el corazón de lo que significa ser un cristiano

II. Sentir: El gozo de buscar la santidad por el poder del Espíritu Santo

III. Hacer: Determinar, por la gracia de Dios, buscar la santidad por medio de la oración, el estudio de la Palabra y la meditación cristiana

Resumen: La búsqueda de la santidad es el llamado de todo cristiano. Cuando buscamos la santidad, estamos buscando a Dios mismo, que es santo. Es el Espíritu Santo, el Consolador y Ayudante divino el que viene en nuestro au auxilio para fortalecernos en nuestra búsqueda de la santidad, que es la misma esencia del carácter de Dios.

Ciclo de aprendizaje

Texto destacado: Efesios 1:3-6.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Dios nos eligió antes de la fundación del mundo. En Cristo, nos bendijo con toda bendición espiritual para que podamos reflejar la gracia de su carácter y buscar su santidad. La santidad no es un estado de perfección que luchamos por obtener. Es estar continuamente pareciéndonos más a Jesús, un estado que se logra diariamente por medio del poder del Espíritu Santo, al relacionarnos con Dios en oración y por medio de su Palabra. La santidad es el resultado de contemplar la belleza del carácter de Cristo.

{{1: ¡Motiva!}

• Solo para los maestros: La santidad de Dios consiste mayoritariamente en dos elementos importantes. Primero, incluye su justicia, un carácter puro, que es un aspecto intrínseco de su naturaleza. Dios no puede actuar contrariamente a su propia naturaleza, así que sus acciones son siempre justas, puras y rectas. Segundo, la santidad de Dios lo coloca aparte de todo ser creado. Su amor, su gracia, su bondad, su justicia y su compasión son infinitos. No hay nadie más como él en el universo entero (Lev. 19:2; Sal. 47:8; 1 Ped. 1:15, 16). Meditar en la santidad de Dios nos lleva a reflexionar sobre su santidad en nuestra propia vida (2 Cor. 3:18). Elena de White afirma claramente: “Una ley del intelecto humano hace que se adapte gradualmente a las materias en las cuales se le enseña a espaciarse” (PP 585). El propósito de la lección de esta semana es doble: ayudar a los miembros de la clase a entender la importancia de buscar tener una vida de santidad y animarlos a desarrollar esa santidad en su propia vida al contemplar la santidad de Dios en su Palabra. Diálogo inicial: Cuando piensas en la santidad de Dios, ¿qué viene a tu mente? Si tuvieras que dibujar un cuadro de un Dios santo, ¿cómo lo dibujarías? ¿Son positivas o negativas las imágenes de un Dios santo en tu mente? ¿Por qué? ¿Qué emociones evoca en ti el pensamiento de la santidad de Dios? Para algunas personas, el pensamiento de un Dios santo suscita reverencia y sobrecogimiento. Para otros, genera temor y condenación. Hay quienes comparan la santidad de Dios con su odio por el pecado y, como saben que han pecado, se sienten abrumados por su propia culpabilidad a la luz de la santidad de Dios. En la lección de esta semana, descubriremos que el amor está en el mismo fundamento de la santidad de Dios y que su gracia fluye desde su santidad. Un Dios santo es un Dios justo. Su justicia es la base misma de un universo libre de los destrozos del pecado.

Preguntas para dialogar:

1. ¿Por qué crees que es popular enfatizar el amor de Dios e ignorar su santidad? 2. ¿Es la santidad de Dios un don o un mandato, o ambos? ¿Por qué? 3. ¿Cuál es la diferencia entre santidad y perfección? {{2: ¡Explora!} • Solo para los maestros: Existe una tensión en la vida de todo cristiano. Esta tensión se da entre lo que somos y lo que anhelamos ser. Es la tensión entre lo real y lo ideal. Como cristianos consagrados, anhelamos reflejar la imagen de Jesús en todos nuestros actos; pero a veces no logramos alcanzar nuestros deseos. Las buenas nuevas son que somos aceptos en Cristo, redimidos por Cristo y justificados por Cristo. Recibimos salvación por medio de su sacrificio, no por lograr algún estado de supersantidad (Efe. 1:6, 7; 2:8; Rom. 5:8-10). En el contexto de su amor y su gracia, buscamos ser como él. Su amor nos motiva a buscar su santidad (2 Cor. 5:14, 15). Deseamos ser como él porque hemos sido redimidos por su gracia (1 Juan 3:1, 2). Concéntrate en este pensamiento a lo largo de la lección de esta semana: Buscamos la santidad porque hemos sido redimidos por su gracia y anhelamos imitar su carácter. Tal como lo dice la Biblia: “Nosotros le amamos a él porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Comentario de la Biblia I. Vivir una vida santa (Repasa, con tu clase, Heb. 12:2.) En Hebreos 11, Dios esboza su galería de héroes fieles. El capítulo 12 comienza con estas palabras: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Heb. 12:1). La metáfora de la “nube de testigos” transmite la idea de un atleta que compite en un antiguo estadio con miles de testigos que lo vitorean y lo alientan. El apóstol Pablo resalta aquí que los héroes de la fe del pasado también nos alientan en nuestra carrera hacia el Reino. Nos animan a buscar una vida de santidad. El “pecado que nos asedia” es simplemente una falta de fe que quita nuestra vista de la justicia de Cristo y nos lleva a depender de la nuestra. Es el error fatal que enfoca el esfuerzo humano en vez de la gracia divina. Es depender de nuestras propias debilidades en vez de la fuerza de Cristo. El apóstol insta a cada creyente a tener “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Heb. 12:2). El Comentario bíblico adventista señala: “Mantener ‘puestos los ojos en Jesús’ es sostener una relación continua con aquel que es la fuente de todo poder, con aquel que puede fortalecernos para que resistamos y triunfemos” (CBA 7:497).
La palabra griega para “consumador” en Hebreos 12:2 es teleiotes, que significa el que completa, perfecciona o termina. Jesús es nuestro Salvador y Señor. Es el que murió por nosotros y el que vive por nosotros. Es el que nos justifica y santifica. Es el que comenzó una buena obra en nosotros y la terminará. Por medio del ministerio del Espíritu Santo, la tercera Persona de la Deidad, crecemos “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 3:18). Por medio de Cristo, nosotros, que no somos santos, somos aceptados como santos y, por medio de su gracia, somos santificados. Considera: En Romanos 7:12, el apóstol Pablo describe la Ley de Dios como “santa, justa y buena”. A lo largo de la Biblia, se describe también a Dios como santo (Isa. 6:3), justo (1 Juan 1:9) y bueno (Sal. 25:8). Si estas son las características tanto de Dios como de su Ley, ¿qué te dice esta equivalencia acerca de la naturaleza misma de la Ley? ¿Qué relación hay entre la Ley de Dios y una vida llena del Espíritu? Comenta esta declaración con tu clase: “Puedes intentar guardar la Ley sin amor, pero no puedes amar verdaderamente sin guardar la Ley”.

{{3: ¡Aplica!}

• Solo para los maestros: En nuestra sociedad centrada en el yo y en sentirse bien, parecería que los conceptos de negación propia, obediencia y santidad no son entendibles para la mayoría de las personas. Ayuda a tu clase a comprender que la esencia misma de la vida cristiana es que los creyentes, salvos por gracia y transformados por el amor de Dios, busquen naturalmente la santidad. Cuando admiras a alguien, te esfuerzas por ser semejante a esa persona que admiras. El amor de Cristo conquista nuestro corazón y anhelamos ser como él en carácter. Preguntas de aplicación: 1. ¿De qué manera podemos desarrollar nuevos hábitos y prácticas que nos guíen en nuestra senda rumbo a la santidad? 2. ¿Cuáles son las cosas en nuestra vida que nos distraen de llevar adelante vidas santas? 3. ¿Por qué vivir una vida de santidad a veces parece tan difícil?

{{4: ¡Crea!}

• Solo para los maestros: Buscar la santidad, en realidad, es buscar a Dios y desear ser como él en carácter. Ayuda a tu clase a entender que el Espíritu Santo producirá la santidad en la vida de todos los que dediquen tiempo para buscar a Dios por medio de la oración y su Palabra.

Actividades: