CAPÍTULO 5
¿QUÉ ES EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO?

José no pensaba que Dios pudiera perdonarlo alguna vez. ¿Cómo podría, después de lo que había hecho con su vida, y con la vida de otros que lo amaban profundamente? Estaba abrumado por la culpa y la vergüenza, y aun cuando se sentía irresistiblemente atraído al Hombre del Calvario, al asistir noche tras noche a reuniones sobre profecías bíblicas, para él, la idea del bautismo era ridícula. Sentía que debía ser una persona mejor, una persona buena, limpia, alguien nuevo en Cristo.
Lo que no entendía bien José era que solo después de ir a Cristo es posible llegar a ser limpio, y no antes. Un día, se dio cuenta de que Dios había perdonado sus pecados, aun los más oscuros, los más terribles, y que Dios podía sanarlo. José fue bautizado, y aquella sonrisa en su rostro es algo que nunca olvidaré. Su vida cambió en forma tan radical que, meses más tarde, cuando visité su iglesia otra vez, pregunté a alguien por José, porque no lo había visto allí. La persona se dio vuelta y señaló a un hombre de pie a unos tres metros de distancia. Era José. ¡El amor y la gracia de Cristo lo habían cambiado tanto que no lo había reconocido!
El acto del bautismo, y su significado, hacen de esta ceremonia una de las experiencias más hermosas en la vida de muchos cristianos. Hay la expectativa de una nueva vida en Cristo, el anhelo de que sus pecados sean lavados en la tumba líquida, y la expectativa de que las cosas sean diferentes, ya que Jesús ha llegado a ser el Señor de su vida. Durante más de 35 años de ministerio, personalmente he tenido la oportunidad de bautizar a centenares de personas, y presenciar el bautismo de millares más. No puedo recordar un solo caso en que el bautismo fuera un acto mecánico para el nuevo creyente, sea en Ghana, Perú, Rumania, Israel, Australia o los Estados Unidos.
No obstante, en general, los adventistas se concentran más en el método del bautismo que en su significado. Debemos darnos cuenta de que el método -bautismo por inmersión- es meramente el símbolo de su significado. Así, “somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4). El bautismo significa la muerte al yo y una novedad de vida. Esa fue la experiencia de José. ¡La muerte al yo, como Jesús murió al yo; y una vida nueva garantizada por la resurrección de Cristo mismo!

EL SIGNIFICADO DEL DISCIPULADO

Como seres humanos, todos nacimos en pecado, incluyendo quienes fueron criados por padres cristianos fieles. Tenemos una naturaleza pecaminosa (1 Corintios 2:14), que no puede ser mejorada. No hay nada bueno en nosotros (Romanos 3:12), nada que nos recomendaría a Dios. Esta naturaleza pecaminosa está tan completamente quebrantada que la única manera de ir hacia adelante es una naturaleza nueva (1 Corintios 2:16). Jesús llamó a esto el nuevo nacimiento. Y aun teólogos fieles como Nicodemo experimentaron una desesperada necesidad de este nuevo nacimiento (Juan 3:3-7).
En el Nuevo Testamento, el bautismo es claramente un paso inicial en la vida cristiana. El bautismo no es el equivalente a una diplomatura, como pareciera que algunos creen. Es una señal de entrada en una vida nueva, parecida a lo que es la circuncisión para los israelitas. Los que esperan que los nuevos catecúmenos –los que se preparan para el bautismo– sepan todas las doctrinas y vivan vidas cristianas perfectas antes de que sean bautizados sencillamente no comprenden el significado del bautismo. Olvidan que Cristo dio a su iglesia la orden: “Por tanto, id, y haced discípulos” antes de bautizarlos, y luego “[enséñenles] que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:19, 20). Y ¿cuándo un seguidor de Cristo en perspectiva se convierte en un discípulo?
El discipulado, en el tiempo de Cristo, estaba asociado con jóvenes que buscaban a un maestro cuya filosofía de vida tuviera sentido para ellos. Un discípulo, entonces, era una persona que se había comprometido con un maestro significativo y con su vida como un aprendizaje. La idea básica es que esta persona sería un aprendiz de ese maestro. La palabra discípulo viene del latín discipulus (masculino) o discípulo (femenino), y las palabras griegas mathetes o mathetria, que se relacionan con la palabra “aprender” (latín, discere, griego, manthanein). 1
El discípulo es, principalmente, un aprendedor, y no obstante mucho más que un mero aprendiz. El contexto es de relación. Es decir, el discípulo aprende al ocuparse en una asociación importante con el maestro, experimentando una “unión supremamente personal”, que afecta la “vida interior” del discípulo. 2 Se puede ver por qué Jesús dijo, a aquellos en quienes veía el potencial para ser sus discípulos, “Sígueme” (Mateo 4:18,19; 8:21, 22; 9:9; 19:16-21).
No dijo meramente “aprended de mí”. En realidad, esta era una relación singular, a diferencia de la de los discípulos de los rabíes judíos o de los filósofos griegos. Mientras estos se vinculaban con una causa o una cosmovisión específica, los discípulos de Jesús se vinculaban con Jesús mismo. 3 En el mundo grecorromano, los discípulos comenzaban esta relación asociándose y aprendiendo, pero una vez que decidían que la cosmovisión de su maestro era cierta, una verdad que estaban dispuestos a adoptar y a vivir con ella, eran bautizados. Es decir, pasaban por algún tipo de rito de purificación con agua, que indicaba la limpieza de conceptos e ideas anteriores. El agua siempre ha sido un agente global de purificación. Pero, de algún modo, para los paganos nunca era suficiente. “Mientras que la purificación proveía un enfoque optimista de la existencia, la conciencia de ser inalcanzable como estado permanente trasponía el canto de la vida a un tono menor”. 4
En el mundo judío, el bautismo era el rito de iniciación para los que se convertían del paganismo al judaísmo. Luego, los varones eran circuncidados. El jefe de la familia ofrecía sacrificios, y luego toda la familia era bautizada; mientras estaban sentados en el agua, se bautizaban a sí mismos, “lavándose las impurezas gentiles”. Los rabíes se referían a estos prosélitos, estos nuevos creyentes, como “niños recién nacidos”, “nuevas criaturas” o “nacidos de nuevo”. Los judíos se consideraban ya salvos por Dios. Por esto Nicodemo, un respetado miembro del Sanedrín judío, se asombró bastante cuando Jesús le dijo que él debía “nacer de nuevo” (Juan 3:7, 3, 4).

EL SIGNIFICADO DEL BAUTISMO CRISTIANO

Juan el Bautista realmente inventó el concepto del bautismo cristiano. La idea judía de que los paganos necesitaban nacer de nuevo, de arriba, la aplicó a los judíos, rogándoles que se arrepintieran y que siguieran a Jesús (Marcos 1:4, 5; Juan 1:29-34). Ellos necesitaban un cambio tan radical en su vida como quienes habían crecido y vivido como paganos toda su vida. Y Jesús mismo lo hizo. Aquí están las palabras de la sierva de Dios:
“Cristo ha hecho del bautismo la señal de entrada en su Reino espiritual. Ha hecho de él una condición positiva que todos deben cumplir, si desean ser considerados bajo la autoridad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Antes de que todo ser humano pueda hallar un hogar en la iglesia, antes de cruzar el umbral del Reino espiritual de Dios, debe recibir la impresión del divino nombre: Jehová, justicia nuestra (Jeremías 23:6).
“Por el bautismo, se renuncia muy solemnemente al mundo. Los que son bautizados en el triple nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, al comienzo mismo de su vida cristiana, declaran públicamente que han abandonado el servicio de Satanás y que han llegado a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial”. 5
En los primeros días de la iglesia, la persona que estaba lista para el bautismo a menudo hacía una confesión de pecado y profesión de fe, y entonces bajaba al agua y era sumergida tres veces, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Después del bautismo, le daban un manto blanco para vestir. Por eso, Pablo aseguró a los Gálatas: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27). Esta expresión, “en Cristo” (también en Romanos 6:3) desafía la sintaxis griega adecuada, llevando al creyente “a la unión más íntima con Cristo, como la relación sexual resulta para una pareja casada”. El bautismo, dice el erudito británico Michael Green, “nos ofrece un certificado de matrimonio con el Señor Jesucristo o, si lo prefiere, un certificado de adopción a la casa del Padre [...]. Pero no sucede automática o incondicionalmente. Tenemos que arrepentimos y creer. Y tenemos que hacer lugar en nuestra vida para el Espíritu Santo”. 6 En los días de los apóstoles, “corintianizar” significaba vivir vidas de inmoralidad abierta, algo común dentro de esa ciudad dedicada a adorar a la diosa Venus-Afrodita, cuyo culto involucraba la prostitución “sagrada”. 7 Pablo alude a esto en su primera epístola. “No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos”. Pero ahora, las cosas eran diferentes: “Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11). En este texto, vemos los tres aspectos de la salvación: el lavamiento (bautismo), la justificación (posición legal) y la santificación (victoria moral), que involucran al Dios triuno.

BAUTISMO DEL ESPÍRITU

Pero la cristiandad no tiene totalmente claro el tema del bautismo. Sostiene tres conceptos principales sobre él: bautismo de infantes, bautismo del creyente y bautismo del Espíritu Santo; o como se lo conoce a veces, la línea católica, la línea protestante y la línea pentecostal. La Biblia, por supuesto, enseña bastante claramente el concepto del bautismo del creyente (Marcos 16:16), y este es el concepto adoptado por los Adventistas del Séptimo Día. El bautismo de los niños, por otro lado, es una doctrina practicada por católicos, luteranos, anglicanos, metodistas unidos y otras confesiones protestantes. Es una idea fuertemente sacramental. El bautismo del Espíritu es considerado algo completamente diferente.

CONCEPTOS SOBRE EL BAUTISMO VISIÓN

Sacramental Como respuesta Experiencial CONFESIONE S Católicos/ Luteranos Protestantes radicales Pentecostales/ Carismáticos FOCO Objetivo Subjetivo Trascendental RESULTADO Entrada al cuerpo eclesiástico Compromiso individual Identidad cristiana y poder AMBIENTE Bautismo infantil Bautismo del creyente Manifestación milagrosa
Pero ahora tenemos un problema. ¿Cómo puede haber tres ideas sobre el bautismo, cuando el Nuevo Testamento claramente afirma: “Un cuerpo, yunEspíritu [...] unSeñor, una fe, un bautismo” (Efesios 4:4, 5; énfasis añadido)? ¿Hay una diferencia, entonces, entre el bautismo con agua y el bautismo del Espíritu, como muchos creen? Algunos sostienen que esto es cierto, cuando leen las palabras de Juan: “Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11).
Esta es una pregunta crítica; una que pocos cristianos pueden contestar fácilmente. ¿Podría ser, como pretende un número creciente de cristianos, que un creyente primero es bautizado con agua, pero algún tiempo más tarde es entonces bautizado por el Espíritu? Esta manera de entender el bautismo se conoce como la teología de la segunda bendición. ¿Enseña esto la Biblia?
En mi libro anterior sobre el Espíritu Santo, tengo un capítulo que distingue las enseñanzas bíblicas de la “teología de la segunda bendición”. 8 Aquí trataré de resumir algunos puntos clave. La Biblia no enseña una experiencia cristiana en dos pasos, tales como la “teología de la segunda bendición”. En breve, cuando una persona acepta a Cristo en el corazón, esa persona recibe, o es bautizada, con el Espíritu Santo. Esto no es algo que solo ocurre una vez, por supuesto. Cada vez que decimos “Sí” a Jesús, estamos diciendo “Sí” al Espíritu Santo.
Hay unos pocos ejemplos en el Nuevo Testamento en que se dice que había personas que recibieron el Espíritu, o fueron bautizadas por el Espíritu: Cristo en su bautismo (Lucas 3:21, 22); los 120 discípulos en el aposento alto el día de Pentecostés (Hechos 2:4, 33; 1:4, 5); 9 los discípulos, unas pocas semanas más tarde (Hechos 4:31); los samaritanos a quienes Felipe llevó a Jesús (Hechos 8:5, 6, 14-17); el apóstol Pablo, inmediatamente después de su encuentro con Cristo, en el camino a Damasco (Hechos 9:17, 18); Cornelio y su casa (Hechos 10:44-48); y los creyentes efesios, anteriormente discípulos de Juan el Bautista (Hechos 19:1-7).
Por cuanto algunos de los casos indicados arriba describen la recepción del Espíritu en algún momento después de su conversión o bautismo (con agua) -los discípulos, los samaritanos y los creyentes efesios-, los teólogos carismáticos pretenden que esto demuestra el caso de una “segunda bendición”. Por supuesto, eso no explicaría los episodios en que la recepción, o el bautismo, del Espíritu fue simultáneo con la conversión o el bautismo, tales como el caso de Pablo, de Cornelio y su casa, o el hecho de que Pedro afirmara expresamente que recibir a Jesús es equivalente a la recepción del Espíritu. Cuando los judíos, en el día de Pentecostés, reconocieron que habían rechazado al Mesías, Pedro les dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). En ese versículo, se observan dos cosas: el perdón y el recibir poder: el perdón de los pecados y el poder del Espíritu para vivir la vida cristiana. Ambas cosas ocurren simultáneamente, cuando la persona es bautizada.
Lo que ayudará a comprender esto es el uso de terminología diferente. Bautismo, en la Biblia, se usa como el rito de iniciación, de entrada para el nuevo creyente como cristiano. Por eso, los que son bautizados ingresan en la familia de Dios (1 Corintios 12:13). Sin embargo, estar lleno, o llenar, es la misma recepción del Espíritu, pero sobre una base continua. En el caso de los creyentes de Éfeso, ellos habían sido bautizados con el bautismo de arrepentimiento del pecado (Hechos 19:3, 4), pero no habían recibido a Jesús en sus corazones. En la ocasión en que finalmente entendieron el sacrificio y el ministerio de Jesús, fueron realmente bautizados en el Espíritu (versículos 5, 6). El bautismo, en la Biblia, es solo el bautismo en el Espíritu. El bautismo con agua es el símbolo de ser bautizados en el Espíritu, o por él.
s El caso de los samaritanos ha dejado perplejos a muchos. De acuerdo con la narración, ellos fueron bautizados con agua, pero no fue hasta más tarde, cuando Pedro y Juan vinieron para ver cómo seguían, que fueron bautizados en el Espíritu (Hechos 8:14-17). Esto, dicen los carismáticos, es un caso claro de subsecuencia; es decir, del hecho de que los cristianos recibieron primero a Jesús y entonces, más tarde, recibieron al Espíritu. Pero una segunda lectura de la historia muestra una razón diferente para la demora entre el bautismo con agua y con el Espíritu. La demora pudo haber tenido más que ver con los primeros discípulos que con los samaritanos. ¿Recuerda cómo los discípulos consideraban a los samaritanos? El último encuentro de Juan con los samaritanos hizo que sugiriera a Jesús, junto con su hermano Santiago, que debían orar para que descendiera fuego del cielo y los destruyera (Lucas 9:51-56). Por supuesto, Jesús reprendió su falta de amor. Y ahora, en lo que considero un giro de ironía, el Espíritu Santo retiene el derramamiento sobre los samaritanos hasta que Juan, junto con Pedro esta vez, descendió para ver a estos nuevos creyentes. Cuando los discípulos comprobaron que su conversión era genuina, oraron por ellos no pidiendo fuego para quemarlos, ¡sino el fuego del Espíritu, para que se hiciera cargo de su vida!

HISTORIA DEL CONCEPTO

¿Cómo es que tantos cristianos llegaron a creer en la “teología de la segunda bendición”, o una segunda obra de gracia? Detrás de ello hay una historia interesante. La historia de la teología cristiana tiende a ser una historia de reacciones y contrarreacciones. Es decir, cuando una enseñanza bíblica parece ir demasiado lejos, como el concepto medieval católico de que la salvación puede solo alcanzarse por medio de la iglesia, otros vienen a corregir esa idea, tal como el énfasis de la Reforma protestante en la salvación solo por gracia. Pero, como ocurre a menudo, la corrección también tiende a ir demasiado lejos en la dirección contraria. 10 En su intento por concentrarse solo en Dios para la salvación, los reformadores como Lutero y Calvino sobreenfatizaron la naturaleza forense de la salvación; es decir, el aspecto legal de la salvación que se concentra en la justificación, ignorando o minimizando la santificación o el crecimiento espiritual del cristiano. Arminio y Wesley vinieron después de ellos, y procuraron devolver el énfasis descuidado sobre la santificación. Pero, en el proceso, algunos de los seguidores de Wesley también fueron demasiado lejos, reflejando tendencias perfeccionistas.
Personas como John Fletcher, teólogo metodista (wesleyano), comenzaron a enfatizar la naturaleza inmediata o repentina de la santificación, contrariamente a lo que Elena de White diría años más tarde. 11 Esta enseñanza fue incorporada en el Movimiento Norteamericano de Santidad, de la última mitad del siglo XIX, haciendo que los líderes de este movimiento a menudo plantearan la santificación inmediata. Obviamente, ellos esperaban que ocurriera algo sobrenatural, para “hacerlos santos” ahora. Esa expectativa llegó a ser el terreno sobre el cual creció el movimiento pentecostal. Pero, en lugar de anhelar meramente la santificación, el anhelo se extendió al poder, es decir, al deseo de ver manifestaciones milagrosas del Espíritu en la vida de una persona, como el hablar en lenguas, profetizar o realizar milagros.
Y así, el concepto actual de los cristianos carismáticos es que el bautismo del Espíritu se manifiesta en el hablar en lenguas. De este modo, llega a ser necesaria una “segunda bendición”, que viene algún tiempo después de que el creyente está arraigado en Cristo. La idea, realmente, es que usted no es real y completamente un cristiano hasta que hable en lenguas, lo que entienden que es la recepción del Espíritu. 12
¿Qué tiene de malo el esperar una santificación instantánea, o un anhelo de que lo sobrenatural sea parte de nuestra vida? ¿Qué tiene de malo una “segunda bendición” en la vida del cristiano? En pocas palabras, es establecer falsas expectativas. Si esperamos una transformación instantánea del carácter –la santidad–, nuestras mentes estarán predispuestas solo para esperar milagros visibles y poderosos en nuestra vida. Si no vemos esos milagros, nos desesperanzamos. Si los vemos, creemos que ya hemos “llegado”. Sin embargo, el crecimiento espiritual del cristiano no se basa en milagros, sino en la FE. Una confianza creciente en Cristo es lo que hace que el cristiano crezca, no el participar en milagros poderosos. Y la confianza creciente en Dios viene solo por la exposición a la Palabra de Dios (Romanos 10:17), no por la exposición a poderosas experiencias de los sentidos, tales como las que a menudo se ven en los cultos de adoración carismáticos.
Lo que cada cristiano necesita es un bautismo diario del Espíritu Santo. “Puesto que este es el medio por el cual hemos de recibir poder, ¿por qué no tener más hambre y sed del don del Espíritu?”, pregunta Elena de White. “¿Por qué no hablamos de él, oramos por él y predicamos con respecto a él? El Señor está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que lo sirven que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos. Cada obrero debería elevar su petición a Dios por el bautismo diario del Espíritu. Deberían reunirse grupos de obreros cristianos para solicitar ayuda especial y sabiduría celestial para hacer planes y ejecutarlos sabiamente. Deberían orar especialmente para que Dios bautice a sus embajadores escogidos en los campos misioneros con una rica medida de su Espíritu. La presencia del Espíritu en los obreros de Dios dará a la proclamación de la verdad un poder que lodo el honor y la gloria del mundo no podrían conferirle”. 13
Esta provisión, el bautismo diario del Espíritu Santo, es algo que todos necesitamos: una renovación diaria de nuestra entrega a Jesús, y el compromiso con su misión. Y esta cita brinda una fuerte indicación en cuanto a cómo puede ocurrir esto: reunirse con otros y orar por ello.
No seremos chasqueados. La iglesia primitiva no fue desilusionada.


Referencias

1 Michael J. Wilkins, Following the Master: Discipleship in the Steps of Jesus (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1992), pp. 37, 38. 2 Theological Dictionary of the New Testament, art. “Mathetes”, por K. H. Rengstorf (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1967), t. 4, p. 442. 3 Ibíd., pp. 446, 447. 4 William G. Johnsson, Clean! The Meaning of Christian Baptism(Nashville, TN: Southern Publishing Association, 1980), pp. 12-17. 5 Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 97. 6 Michael Green, Baptism: Its Purpose, Practice and Power (Eugene, OR: Wipf and Stock, 2010), pp. 48, 56. 7 Johnsson, Ibíd., pp. 51, 52. 8 Clouzet, “Baptized with the Spirit”, en Adventism's Greatest Need, pp. 113-127. 9 Note que en Hechos 2 se dice que los 120 “fueron todos llenos” del Espíritu Santo. Sin embargo, Pedro llamó a ese derramamiento “la promesa” del Espíritu (3:33), que Jesús llamó “el bautismo” del Espíritu (1:4, 5). Así, los 120 en el Día de Pentecostés fueron llenos, o bautizados, del Espíritu Santo. En este caso, ambos términos se usan en forma sinónima. 10 “Hay mentes que tratan con las cosas sagradas y no están en íntima conexión con Dios y no disciernen al Espíritu de Dios. A menos que la gracia de Dios los transforme a la imagen de la semejanza de Cristo, su Espíritu los dejará como el agua deja un recipiente agrietado” Manuscrito 11, 1893; en Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 105. Mientras estaba en Australia, Elena de White escribió a Harmon Lindsay: “Dios le ha dado el privilegio de recibirlo a él, la Luz del mundo, pero por años usted ha resistido al Espíritu Santo de Dios, y la verdad se escapó de su corazón como agua que se escapa de un recipiente agrietado”, 1888 Materials (Ellen G. White Estate: 1987), t. 3, p. 1.350.
11 Elena de White enfatizó más de 19 veces, en sus escritos, que la santificación es “la obra de toda la vida”. Una de las primeras menciones ocurrió en 1879: “Todos los que son obreros fieles de Dios cederán su espíritu y todas sus facultades en sacrificio voluntario a él. El Espíritu de Dios operando sobre su espíritu hace surgir las sagradas armonías del alma en respuesta al toque divino. Esta es verdadera santificación, como lo revela la Palabra de Dios. Es la obra de toda una vida. Y lo que el Espíritu de Dios comenzó sobre la Tierra para la perfección del hombre, la gloria coronará en las mansiones de Dios”. Ellen G. White, “Address and Appeal, Setting Forth the Importance of Missionary Work”, Review and Herald (2 de enero de 1879), t. 53, N° 1 (énfasis añadido). 12 Ron E. M. Clouzet, “Brief Theological Review of the Doctrine of the Holy Spirit Baptism”, en “The Baptism of the Holy Spirit in the Writings and Experience of Ellen G. White”. El desarrollo de la doctrina del bautismo del Espíritu se presenta en mucho más detalle en este manuscrito no publicado que escribí. Otras fuentes útiles serían Donald W. Dayton, Theological Roots of Pentecostalism (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 1987), y Melvin E. Dieter, The Holiness Revival of the Nineteenth Century, 2a ed. (Lanham, MD: The Scarecrow Press, 1996). 13 White, Los hechos de los apóstoles (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1977), pp. 41, 42.