Notas EGW

Lección 11 Entristecer y resistir al Espíritu

Sábado 11 de marzo

Quisiera que todos mis hermanos y hermanas recordasen que es un asunto muy serio contristar al Espíritu Santo, y él es contristado cuando el instrumento humano procura trabajar por sí mismo y rehúsa ponerse al servicio del Señor, porque la cruz es demasiado pesada o la abnegación que debe manifestar es demasiado grande. El Espíritu Santo procura morar en cada alma. Si se le da la bienvenida como un huésped de honor, quienes lo reciban serán hechos completos en Cristo. La buena obra comenzada se terminará; los pensamientos santificados, los afectos celestiales y las acciones como las de Cristo, ocuparán el lugar de los sentimientos impuros, los pensamientos perversos y los actos rebeldes. El Espíritu Santo es un Maestro divino. Si obedecemos sus lecciones, nos haremos sabios para salvación. Pero necesitamos proteger adecuadamente nuestros corazones, porque con demasiada frecuencia olvidamos las instrucciones celestiales que hemos recibido y procuramos seguir las inclinaciones naturales de nuestras mentes no consagradas. Cada uno debe pelear su propia batalla contra el yo. Aceptad las enseñanzas del Espíritu Santo. Si lo hacéis, esas enseñanzas serán repetidas vez tras vez hasta que las impresiones sean tan claras como si hubieran sido “grabadas en la roca para siempre” (Consejos sobre salud, p. 563).
Nunca ha habido un tiempo cuando el pueblo de Dios haya tenido mayor necesidad que ahora de reclamar sus promesas. Que la mano de la fe pase a través de la oscuridad y se aferre del brazo del poder infinito. Mientras nos referimos a la necesidad de separamos del pecado, recordemos que Cristo vino a nuestro mundo a salvar a los pecadores y que “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios”. Hebreos 7:25.
Es privilegio nuestro creer que su sangre puede limpiamos de toda mancha de pecado. No debemos limitar el poder del Santo de Israel. Él quiere que acudamos a él tal como somos, pecadores y contaminados. Su sangre es eficaz. Les ruego que no contristen al Espíritu Santo continuando en pecado. Si caen ante la tentación, no se desanimen. La siguiente promesa resuena a través del tiempo hasta llegar a nosotros: “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. 1 Juan 2:1. Yo siento que de nuestros labios mortales debería ascender un constante himno de acción de gracias por esta promesa. Coleccionemos estas preciosas joyas de promesas, y cuando Satanás nos acuse de nuestra gran pecaminosidad, y nos tiente a dudar del poder de Dios para salvar, repitamos las palabras de Cristo: “El que a mí viene, de ningún modo le echo fuera” (Exaltad a Jesús, p. 335).
¡Cuántas personas hay que contristan al Espíritu de Dios debido a sus quejas continuas! Lo hacen porque han perdido de vista a Cristo. Si contemplamos a Aquel que soportó nuestras tristezas y murió como sacrificio nuestro para que nosotros tuviéramos acceso al excelente peso de gloria, no podremos menos que considerar nuestros sufrimientos y pruebas más pesados como tribulaciones leves. Piensen en el Salvador en la cruz, herido, golpeado, vilipendiado; sin embargo no se quejó ni se resistió, sino que sufrió sin murmurar. Este es el Señor del cielo, cuyo trono existe desde la eternidad. Padeció todo este sufrimiento y vergüenza a cambio del gozo que le había sido ofrecido: el gozo de traer a los seres humanos el regalo de su vida eterna (Exaltad a Jesús, p. 242).

 

Domingo 12 de marzo: Resistir al Espíritu Santo


Cristo afirmó que después de su ascensión enviaría a su iglesia su don mayor, el Consolador, que iba a ocupar su lugar. El Consolador es el Espíritu Santo. Es el alma de su vida, la eficiencia de su iglesia, la luz y la vida del mundo. Con su Espíritu Dios envía una influencia reconciliadora y el poder para quitar el pecado. Dios me ha instruido que les diga, como asimismo a todo su pueblo, que tengan cuidado de no oponerse a la obra del Espíritu Santo, el Consolador enviado por Cristo, y que teman dar el primer paso presuntuoso en la senda de la rebelión. Cuando Cristo habló con los discípulos acerca del Espíritu Santo, trató de elevar sus pensamientos y ampliar sus expectativas para que lograran tener el más alto concepto de lo que es la excelencia. Tratemos de comprender sus palabras. Tratemos de apreciar el valor del maravilloso don que nos ha conferido. Tratemos de buscar la plenitud del Espíritu Santo (Cada día con Dios, p. 255).
Quien es atraído una vez y otra por su Redentor, y desatiende las advertencias dadas, no cede a su convicción de que debe arrepentirse y no escucha cuando es exhortado a buscar perdón y gracia, está en una posición peligrosa. Jesús lo está atrayendo, el Espíritu está ejerciendo su poder sobre él, instándolo a entregar su voluntad a la voluntad de Dios, y cuando esta invitación es desatendida, el Espíritu es contristado. El pecador elige permanecer en el pecado y la impenitencia, aunque tiene evidencias para estimular su fe, y una evidencia adicional no será de ninguna utilidad... Está respondiendo a otra atracción, y esa es la atracción que Satanás ejerce sobre él. Presta obediencia a los poderes de las tinieblas. Esta conducta es fatal y deja al alma en obstinada impenitencia. Esta es la blasfemia más generalizada entre los hombres, y obra en forma muy sutil, hasta que el pecador no siente remordimiento, no oye la voz de la conciencia, no experimenta el deseo de arrepentirse, y en consecuencia no tiene perdón...
Los que resisten al Espíritu de Dios piensan que en el futuro podrán arrepentirse, cuando estén listos para iniciar una reforma; pero entonces el arrepentimiento estará fuera de su alcance. Las tinieblas de los que rehúsan andar en la luz, teniendo la luz, serán proporcionales a la luz y los privilegios que se les dieron... Nunca, nunca se sienta con la libertad de descuidar las oportunidades que se he han dado. Estudie la voluntad de Dios; no estudie cómo podrá evitar guardar los mandatos de Dios, sino estudie cómo los puede guardar con sinceridad y en verdad, y cómo servir verdaderamente a Aquel cuyo propiedad es (That I May Know Him, p. 244; parcialmente enA fin de conocerle, p. 246).
Aquellos que pertenecen a la familia de la fe nunca debieran dejar de reunirse, porque este es el medio que Dios ha designado para conducir a sus hijos a la unidad, a fin de que con amor y compañerismo cristiano se ayuden y fortalezcan y animen unos a otros... Refresquemos nuestras mentes mediante la comunión de unos con otros y con Dios. Mientras vemos aproximarse el día de Dios, reunámonos a menudo para estudiar su Palabra y exhortamos unos a otros a ser fieles hasta el fin. Estas reuniones son el medio designado por Dios por el cual tenemos la oportunidad de hablamos unos a otros y de obtener toda la ayuda posible para preparamos en forma debida, a fin de recibir en las asambleas celestiales el cumplimiento de la promesa de nuestra heredad (Nuestra elevada vocación, p. 168).

 

Lunes 13 de marzo: Contristar al Espíritu Santo -1


Vi que todo el cielo se interesaba en nuestra salvación; y ¿habremos de ser nosotros indiferentes? ¿Seremos negligentes como si fuese asunto de poca monta el que seamos salvos o perdidos? ¿Despreciaremos el sacrificio que fue hecho por nosotros? Algunos han obrado así. Han jugado con la misericordia que se les ofrecía y el desagrado de Dios pesa sobre ellos. No siempre habrá de quedar entristecido el Espíritu de Dios. Si se le contrista algo más, se apartará. Después que se haya hecho todo lo que Dios podía hacer para salvar a los hombres, y ellos por su vida hayan demostrado que desprecian la misericordia ofrecida por Jesús, la muerte será su parte y pagarán caro esa actitud. Será una muerte horrible, porque habrán de sufrir la agonía que Cristo soportó en la cruz para obtener la redención que ellos han rehusado. Y se darán cuenta de lo que han perdido: la vida eterna y la herencia inmortal. El gran sacrificio que fue hecho para salvar las almas, nos revela su valor. Cuando el alma preciosa se perdió, se perdió para siempre (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 119).
Aquellos que desean seguir un curso de conducta que complazca sus gustos están en peligro de que se les deje seguir sus propias inclinaciones, mientras suponen que son las impresiones del Espíritu de Dios. Mediante las circunstancias y los hechos se les indica a algunos en forma suficientemente clara cuál es su deber; pero debido a las instancias de amigos, en armonía con sus propias inclinaciones, se desvían de la senda del deber y no toman en cuenta las claras evidencias en el caso; luego, con aparente rectitud, oran extensa y fervientemente en busca de luz. Poseen un sentimiento ferviente sobre el asunto e interpretan que esto es el Espíritu de Dios. Pero están engañados. Esta conducta entristece al Espíritu de Dios. Tenían luz, y al comienzo de todo tendrían que haber comprendido su deber; pero unos pocos atractivos agradables encaminan sus mentes en la dirección errónea, y ellos se los presentan al Señor e insisten en su caso, y el Señor les permite que se salgan con la suya. Se inclinan tan fuertemente a seguir su propio curso de acción que Dios les permite que lo hagan y que sufran las consecuencias. Se imaginan que tienen una experiencia maravillosa (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 84).
Cada uno de nosotros, individualmente, tiene un caso pendiente en el tribunal del cielo. El carácter está siendo pesado en las balanzas del santuario y debiera ser el sincero deseo de todos caminar con humildad y cuidado, no sea que, olvidando dejar brillar su luz ante el mundo no obtengan la gracia de Dios y pierdan todo lo que es de valor. Toda disensión, toda diferencia y crítica debe ser puesta a un lado, junto con toda maledicencia y amargura; deben atesorarse la bondad, el amor y la compasión mutuas, para que la oración de Cristo de que sus discípulos fuesen uno como lo son él y su Padre pueda ser contestada. La armonía y la unidad de la iglesia son las credenciales que ellos presentan ante el mundo demostrando que Jesús es el Hijo de Dios. La conversión genuina siempre conducirá hacia el amor genuino por Jesús y por todos aquellos por quienes él murió (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 259).

 

Martes 14 de marzo: Contristar al Espíritu Santo – II


“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados”. Efesios 5:1. Los cristianos han de ser como Cristo. Deben tener el mismo espíritu, ejercer su misma influencia, y poseer la misma excelencia moral que él poseyó. Los idólatras y corrompidos de corazón tienen que arrepentirse y volver a Dios. Los que son orgullosos y que se justifican a sí mismos tienen que subyugar el yo y arrepentirse con corazón manso y humilde.
Los que se inclinan hacia la mundanalidad tendrán que desprender los tentáculos de su corazón de la basura del mundo a la cual están prendidos y entrelazarse con Dios; han de convertirse en personas de pensamiento espiritual. Los deshonestos y prevaricadores tienen que hacerse justos y rectos. Los ambiciosos y codiciadores han de ocultarse en Jesús y procurar su gloria, y no la propia. Tienen que despreciar su propia santidad y acumular tesoro en el cielo. Los que no oran tendrán que sentir la necesidad tanto de la oración secreta como la de familia y elevar sus plegarias a Dios con gran fervor. Como adoradores del Dios verdadero y viviente, debemos llevar fruto correspondiente a la luz y privilegios de que disfrutamos (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 230, 231).
Dios se dio a sí mismo en Cristo por nuestros pecados. Sufrió la muerte cruel de la cruz; llevó por nosotros el peso del pecado, “el justo por los injustos”, para revelamos su amor y atraemos hacia él. “Antes —dice— sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32). Dejad que more en vosotros Cristo, la Vida divina, y que por medio de vosotros revele el amor nacido en el cielo, el cual inspirará esperanza a los desesperados y traerá la paz de los cielos al corazón afligido por el pecado. Cuando vamos a Dios, la primera condición que se nos impone es que, al recibir de él misericordia, nos prestemos a revelar su gracia a otros (El discurso maestro de Jesucristo, p. 97).
En el plan de redención se le adjudica un papel a cada alma. A cada hombre se le asigna su obra. Nadie puede ser miembro del cuerpo de Cristo y permanecer inactivo... La obra del pueblo de Dios puede ser y será variada; más un solo Espíritu los impulsará a todos. Toda la obra que se haga por el Maestro debe relacionarse con el gran conjunto. Los obreros deben trabajar juntos en armonía, controlado cada uno por el poder divino, haciendo esfuerzos de conjunto para llevar hacia Cristo a todos cuantos los rodean. Todos deben proceder como partes de un mecanismo bien ajustado, en el cual cada una depende de la otra, aun cuando su actividad es diferente. Y cada uno debe ocupar el lugar que se le asigne y hacer la obra que se le encomiende. Dios mega a todos los miembros de su iglesia que reciban el Espíritu Santo, que se unan en comprensión fraternal, y que vinculen sus intereses con amor. No hay nada que debilite la iglesia en forma tan manifiesta como la desunión y las rencillas. No hay nada que contienda tanto con Cristo y la verdad como un espíritu tal...
Aquel en cuyo corazón mora Cristo reconoce a Jesús cuando éste mora en el corazón de los hermanos. Cristo jamás lucha ni ejerce influencia contra sí mismo. Los cristianos deben hacer su obra, sea cual fuere esta, en unidad de Espíritu, para la perfección de todo el cuerpo (Mi vida hoy, p. 284).

 

Miércoles 15 de marzo: Apagar al Espíritu Santo


“En los tiempos antiguos Dios habló a los hombres por la boca de los profetas y apóstoles. En estos días les habla por los testimonios de su Espíritu. Nunca hubo un tiempo en que Dios instruyera a su pueblo más fervientemente de lo que lo instruye ahora acerca de su voluntad, y de la conducta que quiere que siga”. La instrucción que fue dada en los inicios del mensaje debe considerarse como segura instrucción a seguir en estos, los últimos días. Júzguense los Testimonios por sus frutos. ¿Cuál es el espíritu de su enseñanza? ¿Cuál ha sido el resultado de su influencia? “Todos los que desean hacerlo, pueden familiarizarse con los frutos de estas visiones...”
El último engaño de Satanás será hacer que el testimonio del Espíritu de Dios pierda todo su efecto. “Sin profecía el pueblo será disipado”. Proverbios 29:18. Satanás obrará ingeniosamente de diferentes maneras y por diferentes agentes para debilitar la confianza del remanente pueblo de Dios en los verdaderos testimonios. Traerá visiones espurios a fin de engañar y mezclar lo falso con la verdad, y así ofender a las personas para que consideren que cualquier cosa que se llame visión sea un especie de fanaticismo; pero las personas sinceras, cuando observen el contraste entre lo falso y lo verdadero, podrán distinguir entre ellos. “Cuando se ponen en duda los Testimonios en los cuales se creía una vez y se renuncia a ellos, Satanás sabe que los seducidos no se han de detener con esto, y él redobla sus esfuerzos hasta lanzarlos en abierta rebelión, que se vuelve incurable, y acaba en la destrucción” (La fe por la cual vivo, p. 298).
Los hombres tienen el poder de apagar el Espíritu de Dios; se les deja la facultad de elegir. Se les da libertad de acción. Pueden ser obedientes por el nombre y la gracia de nuestro Redentor, o desobedientes, y sentir las consecuencias. El hombre es responsable por recibir o rechazar la verdad sagrada y eterna. El Espíritu de Dios está de continuo convenciendo, y hay almas que se deciden en pro o en contra de la verdad. ¡Cuán importante es, pues, que cada acto de la vida sea tal que no haya necesidad de arrepentirse de él, especialmente entre los embajadores de Cristo, que obran en su lugar! (Obreros evangélicos, p. 183).
La santidad es integridad ante Dios. El alma se rinde a Dios. La voluntad, y aun los pensamientos son puestos en sujeción a la voluntad de Cristo. El amor de Jesús llena el alma, y fluye constantemente en una corriente clara y refrigerante para alegrar los corazones de otros (Comentarios de Elena G. de White, enComentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1075).
El pueblo de Dios se distinguirá como un pueblo que lo sirve plena y cordialmente, no honrándose a sí mismo, sino recordando que mediante un pacto solemnísimo se han comprometido a servir al Señor y únicamente a él... La vida de Cristo sobre la tierra fue una perfecta expresión de la ley de Dios, y cuando los que pretenden ser hijos de Dios llegan a ser semejantes a Cristo en carácter, serán obedientes a los mandamientos de Dios. Entonces el Señor puede con confianza contarlos entre el número que compondrá la familia del cielo. Vestidos con el glorioso manto de la justicia de Cristo, poseen un lugar en el banquete del Rey. Tienen derecho a unirse a la multitud que ha sido lavada con sangre. Todas las cosas deben ser vistas a la luz del ejemplo de Cristo. Él es la verdad. Él es la verdadera luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. Escuchad sus palabras, copiad su ejemplo de abnegación y sacrificio, y mirad a los méritos de Cristo para obtener la gloria de carácter que él posee para concedérosla. Los que siguen a Cristo no viven para agradarse a sí mismos. Las normas humanas son como cañas débiles. La norma del Señor es la perfección de carácter (La maravillosa gracia de Dios, p. 148).

 

Jueves 16 de marzo: La blasfemia contra el Espíritu Santo


Los que habían hablado contra Jesús mismo, sin discernir su carácter divino, podrían ser perdonados; porque podían ser inducidos por el Espíritu Santo a ver su error y arrepentirse. Cualquiera que sea el pecado, si el alma se arrepiente y cree, la culpa queda lavada en la sangre de Cristo; pero el que rechaza la obra del Espíritu Santo se coloca donde el arrepentimiento y la fe no pueden alcanzarle. Es por el Espíritu Santo cómo obra Dios en el corazón; cuando los hombres rechazan voluntariamente al Espíritu y declaran que es de Satanás, cortan el conducto por el cual Dios puede comunicarse con ellos. Cuando se rechaza finalmente al Espíritu, no hay más nada que Dios pueda hacer para el alma (El Deseado de todas las gentes, p. 288).
Los que exaltan sus propias ideas por encima de la voluntad de Dios claramente especificada, están diciendo como Faraón: “¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz?” Cada rechazo de la luz endurece el corazón y oscurece el entendimiento, y así les resulta a los hombres más y más difícil distinguir entre lo correcto y lo erróneo y se vuelven más osados en resistir la voluntad de Dios. Cada prueba adicional del poder de Dios que resistió el monarca egipcio, lo indujo a un más fuerte y persistente desafío de Dios. Así prosiguió la obra: el hombre finito luchando contra la expresa voluntad de un Dios infinito. Este caso es una clara ilustración del pecado contra el Espíritu Santo. “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. El Señor retiró Espíritu gradualmente. Al quitar su poder represor, entregó al rey en las manos del peor de todos los tiranos: el yo (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1114).
¿En qué consiste el pecado contra el Espíritu Santo? En atribuir voluntariamente a Satanás la obra del Espíritu Santo. Supongamos, por ejemplo, que uno presencie la obra especial del Espíritu de Dios. Tiene evidencia convincente de que la obra está en armonía con las Escrituras, y el Espíritu testifica a su espíritu que es de Dios. Pero más tarde, cae bajo la tentación; lo domina el orgullo, la suficiencia propia, o alguna otra característica mala; y rechazando toda la evidencia de su carácter divino, declara que lo que antes reconoció como ser del Espíritu Santo era poder de Satanás. Por medio de su Espíritu es cómo Dios obra en el corazón humano; y cuando los hombres rechazan voluntariosamente al Espíritu, y declaran que es de Satanás, cortan el conducto por medio del cual Dios puede comunicarse con ellos. Al negar la evidencia que Dios le agradó darles, apagan la luz que había resplandecido en sus corazones, y como resultado son dejados en tinieblas. Así se cumplen las palabras de Cristo:
“Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas”. Lucas 11:35. Por un tiempo, las personas que han cometido este pecado pueden aparentar ser hijos de Dios; pero cuando se presenten circunstancias que han de desarrollar el carácter, y manifestar qué clase de espíritu las posee, se descubrirá que están en el terreno del enemigo, bajo su negro estandarte. Hermano mío, el Espíritu le invita hoy. Acuda de todo corazón a Jesús. Arrepiéntase de sus pecados, haga su confesión a Dios, abandone toda iniquidad, y podrá acogerse a sus promesas. “Mirad a mí, y sed salvos” (Isaías 45:22), es su misericordiosa invitación (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 596, 597).