CAPÍTULO 11
Espítiru Santo
ESTORBAR AL ESPÍRITU

Recientemente, volví a leer la historia de Moisés y el Éxodo ( Éxodo 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15.) ¡Qué acontecimientos asombrosos! 1 El drama no se detiene: el abuso de los reyes Tutmosis de la decimoctava dinastía contra los hijos de los hebreos. La salvación milagrosa de Moisés y su adopción por Hatshepsut, la hija del faraón. La vida de Moisés como presunto heredero del trono (Hebreos 11:24-27). La huida de Moisés a Madián. La aparición de Dios en la zarza ardiente. El regreso de Moisés como libertador, cuarenta años más tarde. Las confrontaciones de Moisés y Aarón, ya sea con Tutmosis III o con Amenhotep II, el faraón endurecido del momento. El clamor del pueblo israelita bajo un tratamiento severo e injusto. El éxodo triunfante, a pie, de dos millones de personas. La persecución del ejército egipcio. La columna de nube y de fuego. El cruce del Mar Rojo. La victoria final del pueblo de Dios. ¡No se puede hacer algo mucho mejor en cuanto a drama y maravillas! Entre los aspectos más intrigantes de la historia, sin embargo, hay una que los Nuevos Ateos 2 señalan como un ejemplo de contradicción insostenible del Dios de la Biblia: “Y dijo Jehová a Moisés: [...] Pero yo endureceré su corazón de modo que no dejará ir al pueblo” (Éxodo 4:21). Si Dios es responsable por endurecer el corazón del faraón, dicen los escépticos, ¿por qué debería el rey ser responsable por rehusar dejar que Israel se fuera? Los teólogos entienden que el endurecimiento del corazón significa el rechazo de la influencia del Espíritu Santo en una persona dada. Así, ¿fue responsable el faraón o fue Dios el responsable de la caída del faraón?
Diez veces se dice que el endurecimiento del corazón del faraón fue causado por Dios (Éxodo 4:21; 7:3; 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4, 5, 17). Y diez veces se dice que fue causado por el faraón mismo (Éxodo 7:13, 14, 22; 8:18, 19, 32; 9:7, 34, 35; 13:15). Así que, ¿cuál fue la realidad? La verdad consistente es que el corazón del faraón se endureció. La palabra hebrea es jazad, que significa una actitud que no cede. El corazón fue el del faraón, no el de Dios; el corazón fue el elemento que respondió al estímulo. Mientras que el calor del sol derrite la cera, solo endurece la arcilla. El sol y el calor continúan siendo los mismos. La reacción al calor depende del elemento. La culpa ¿fue de Dios? “En la Biblia, a menudo se describe como que Dios realiza lo que no impide. Sin embargo, el hecho de que Dios permite algo no significa que él necesariamente lo cause”. 3 El faraón eligió responder a las circunstancias externas con un rechazo obstinado a admitir que el Dios de los hebreos era más fuerte, o más poderoso, o que le debía sumisión. Después de todo, los reyes egipcios eran conocidos como Horus, una divinidad viviente. ¿Por qué debían ceder a un Dios extranjero, cuando él mismo se consideraba un dios?

RESISTIR AL ESPÍRITU

En mi investigación sobre el Espíritu Santo, 4 encontré cinco estorbos clave para la obra del Espíritu en la vida de una persona. El primero es tan sutil que a menudo es ignorado aun por el pueblo de Dios más fiel. Es concentrarse en preocupaciones secundarias. Nos viene a la mente el caso de Ananías y Safira (Hechos 5:1-5). Ostensiblemente, mientras la pareja hacía un sacrificio considerable por la causa de la iglesia primitiva, estaba concentrada en una pequeña ganancia y mintiendo sobre ello; lo que causó su muerte. Escribiendo en 1904, Elena de White se lamentaba por este estado de cosas. “La promesa del Espíritu es algo en lo cual se piensa poco; y el resultado es tan solo lo que podría esperarse: sequía, tinieblas, decadencia y muerte espirituales. Los asuntos de menor importancia ocupan la atención y, aunque es ofrecido en su infinita plenitud, falta el poder divino que es necesario para el crecimiento y la prosperidad de la iglesia, y que traería todas las otras bendiciones en su estela”. 5 Un segundo impedimento es el orgullo y la autodependencia. Tal vez ese haya sido el problema del rey Saúl. Sentía que, como rey, tenía el derecho de hacer cosas que Dios no permitía (1 Samuel 1315). El profeta Samuel lamentó sobre Saúl (1 Sam. 15:35), porque él sabía que Dios ya no estaría con él. Aun Saúl reconoció esto (1 Samuel 28:15). “Ha quedado la impresión de que el don del Espíritu Santo no es para la iglesia ahora, sino que en algún tiempo futuro sería necesario que la iglesia lo recibiera [...].
El pueblo de Dios se ha acostumbrado a pensar que debe confiar en sus propios esfuerzos”. 6 Esta actitud ha mantenido a raya al Espíritu.
Un tercer estorbo para la obra del Espíritu en el corazón es tener un espíritu crítico o vengativo. Judas Iscariote reveló tal espíritu cuando se irritó a causa de la reprensión de Jesús por criticar el acto abnegado de amor y adoración demostrado por María Magdalena (Mateo 26:6-16; Juan 12:1-6). El Espíritu de Dios fue reemplazado por el espíritu de Satanás (Juan 13:21-27). “El Salvador que mora en lo interior es manifestado por las palabras. Pero el Espíritu Santo no mora en el corazón del que se fastidia cuando otros no están de acuerdo con sus ideas y sus planes. De los labios de tal persona proceden severas observaciones que hacen que el Espíritu se retire afligido, y se desarrollan rasgos con características satánicas antes que divinas”. 7
Un cuarto obstáculo es sencillamente la inmoralidad. “El cuerpo no es para la inmoralidad sexual sino para el Señor”, dijo el apóstol Pablo. “¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo mismo? ¿Tomaré acaso los miembros de Cristo para unirlos con una prostituta? ¡Jamás! [...] Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios” (1 Corintios 6:13, 15, 18-20, NVI). Este es un problema muy serio en nuestra sociedad actual.
Con el advenimiento de Internet, la triple comodidad de accesibilidad, economía y anonimato ha arrojado a millones de hombres y mujeres a la pornografía, y a vidas de pecado. 8 Deberíamos recordar que “la inmoralidad de toda clase y medida procura obtener el dominio, obrando contra las manifestaciones del poder del Espíritu Santo”. 9
El último estorbo es igualmente una característica de la época: entretenimientos teatrales. ¿Podría ser que los filipenses de antaño lucharan con este problema? Tal vez. La razón por la que se levanta esta pregunta es por causa del consejo de despedida de Pablo a los creyentes, anteriormente paganos: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Esta lista, observa N. T. Wright, “es directamente opuesta a los hábitos mentales instilados por los medios modernos”. 10 La siguiente declaración solemne de la sierva del Señor debería hacer que los seguidores de Jesús que viven en el siglo XXI se detengan a pensar: “Muchos se han apartado del plan de Dios para seguir invenciones humanas, con detrimento de la vida espiritual. Las diversiones están haciendo más para contrarrestar la obra del Espíritu Santo que cualquier otra cosa, y el Señor es agraviado”. 11 Esto fue escrito poco más de cien años atrás, cuando los entretenimientos consistían en ir al teatro, o jugar a las cartas o al ajedrez. ¡Cuánto más relevante es hoy esta declaración, cuando los inventos humanos para el entretenimiento se pueden encontrar tan fácilmente en YouTube, películas online, y aun la televisión en un teléfono celular! Estas cosas, dice ella, “contrarrestan la obra del Espíritu Santo”.

CUANDO NO ESCUCHAMOS MÁS

¿Podemos rechazar al Espíritu Santo? Absolutamente. Después de retener el arrepentimiento por un año, el rey David finalmente oró, pidiendo perdón por su pecado con Betsabé. En esa oración, clamó: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmo 51:11). Ante la perspectiva de tener que destruir la Tierra y sus malvados antediluvianos, Dios exclamó: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre” (Génesis 6:3). Es muy posible rechazar al Espíritu Santo, y cuando eso sucede ya llega a ser imposible relacionarse con un Dios amante y lleno de gracia. Jesús dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31, 32). El pecado contra el Espíritu Santo es llamado comúnmente “el pecado imperdonable”. No es la gravedad del pecado lo que lo hace imperdonable. Moisés cometió un homicidio, pero está en el cielo. Pedro negó al Señor, pero llegó a ser el líder de la iglesia primitiva en Palestina. La muerte sustitutiva de Jesús por el pecador le otorga el derecho de perdonar toda clase de pecado (1 Juan 1:9). El problema no está en la capacidad de Dios de perdonar a los pecadores: es la incapacidad de los pecadores de desear el perdón. Somos como ovejas que tenemos que seguir al Pastor, para protección de nuestros enemigos, para gozar la vida, y para ser seres humanos productivos y felices (Juan 10:1-16). Y, a fin de seguir a Jesús, el Buen Pastor, tenemos que oír su voz (versículo 3-5). Si no escuchamos la voz de Jesús, es probable que sigamos a impostores (versículo 5). Y ¿cómo oímos la voz de Jesús, que está ahora en el cielo? Lo oímos por medio de la voz del Espíritu Santo, quien está sobre la Tierra (Juan 14:16, 26). Jesús dijo que “cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13). “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). Cuando Jesús habla y no le prestamos atención, comienza a tomar forma el pecado imperdonable. Si un chico da oídos sordos a la advertencia que le hace la madre de no cruzar solo la calle, finalmente, no importará cuánto ella le grite para salvar su vida, ya no escucha más. Cuando, hace años, nuestra joven familia se trasladó de California a Tennessee, vivimos por algunos meses en un departamento cerca de un cruce ferroviario. A las 5:15 cada mañana, pasaba el tren, y hacía sonar su silbato característico y fuerte. Como persona que duerme de noche, me encontré despertándome cada vez que sonaba, con el corazón acelerado. Pero, después de una semana o diez días, ya no oía el silbato del tren, no porque el tren dejara de pasar por allí o que no hiciera sonar el silbato, sino porque lo saqué de mi mente. Decidí que no valía la pena despertarse cuando el tren pasaba, así que, no lo escuché más. Así es el pecado imperdonable. No oímos ya más la voz del Espíritu, cuando hemos hecho una práctica del no prestar ya más atención. Siendo que el Espíritu es quien nos trae el arrepentimiento, no escucharlo más nos impide arrepentimos, y así nos alienamos del amor de Dios. La mejor manera de desarrollar un oído atento a las cosas del Espíritu es leer la Palabra de Dios con oración, con reflexión y diariamente. El Espíritu Santo es el Autor de este libro (2 Pedro 1:21); un libro que es “útil para enseñar [lo que es correcto], para reprender [lo que está mal], para corregir [cómo hacer que pasemos de hacer el mal a hacer el bien], para instruir en justicia [cómo crecer en lo correcto], a fin de que el siervo [y la sierva] de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17). Reclame la promesa de Isaías 50, y el Espíritu lo despertará por la mañana para escuchar la voz de Dios. Hágalo con confianza en que el gran deseo de Dios es establecer la comunicación con usted, lo que lo llevará a la comunión con él y, finalmente, a la unión con el Dios del cielo. Jesús está a la puerta y llama. Solo si usted oye su voz –no el golpe de llamada– abrirá la puerta y lo dejará entrar (Apocalipsis 3:20).


Referencias 1 L. S. Baker, h„ Land of Rameses (Bloomington, IN: West Bow Press, 2015). Este libro es una buena repetición de la historia, para quienes están interesados en la arqueología y la historia, como una novela basada en hechos bíblicos.
2 Esto se refiere comúnmente a una rama de ateos militantes que surgió en los años que siguieron al “9/11”; algunos científicos como Richard Dawkins; algunos filósofos como Daniel Dennett, quienes escribieron éxitos de librería criticando al Dios de las Escrituras (realmente, burlándose de él). 3 Frank M. Hasel, “Did the Lord Really Harden Pharaoh’s Heart?”, en Gerhard Pfandl, ed., Interpreting Scripture: Bible Questions and Answers (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 2010), pp. 145-147. 4 Clouzet, “Driving Away the Spirit” en Adventism’s Greatest Need, pp. 155-161. 5 Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 28. 6 ___________, Testimonios para los ministros (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1977), pp. 174, 175. 7 ___________, Consejos sobre mayordomía cristiana (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1979), p. 121. 8 Bernie Anderson, Breaking the Silence: A Pastor Goes Public About His Battle with Pornography (Hagerstown, MD: Review and Herald®, 2007). Esta es una historia de victoria y redención de la pornografía. 9 White, Consejos para los maestros, padres y alumnos (Mountain View, CA: Publicaciones Interamericanas, 1971), p. 353. 10 Tom Wright, Paul for Everyone: The Prison Letters: Ephesians, Philippians, Colossians, and Philemon(Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 2004), p. 131. 11 White, Consejos para los maestros, padres y alumnos, p. 268.