Notas EGW

Lección 10
El Espíritu Santo, la Palabra y la oración


Sábado 4 de marzo


Cuando Jesús se inclinó en la orilla del Jordán y elevó su petición, la humanidad fue presentada ante el Padre por Aquel que había revestido su divinidad con humanidad... La oración de Cristo en favor de la humanidad perdida se abrió camino a través de todas las sombras que Satanás había proyectado entre el hombre y Dios, y dejó un claro canal de comunicaciones hasta el mismo trono de la gloria. Las puertas fueron dejadas entreabiertas, los cielos fueron abiertos y el Espíritu de Dios —en forma de una paloma— circundó la cabeza de Cristo y se oyó la voz de Dios que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.
Se oyó la voz de Dios en respuesta a la petición de Cristo, lo cual le asegura al pecador que su oración hallará cabida en el trono del Padre. Se les dará el Espíritu Santo a los que buscan su poder y su gracia, y él nos ayudará en nuestras debilidades cuando tengamos una audiencia con Dios. El cielo está abierto para nuestras peticiones, y se nos invita a ir “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar tracia para el oportuno socorro”. Debemos ir con fe, creyendo que obtendremos las mismas cosas que pedimos a Dios (Comentarios de Elena G. de White, Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1054).
Dios conoce los deseos del alma. Pero nuestro pueblo, que tiene el gran tesoro de la Palabra de Dios frente a sí, no se da cuenta de ello... Se necesita buscar a Dios, no... de vez en cuando, sino continua y fervorosamente, con confesión y humillación del alma ante Dios. Su pueblo debe presentarse en la sala de audiencias del Altísimo... Dios comprende que Ud. lo necesita, y si lo pide, recibirá ayuda en las tentaciones y pruebas. Sus peticiones, manifestadas solo al Dios que escudriña el corazón, serán oídas y contestadas (Alza tus ojos, p. 331). Quebrántese vuestro corazón por el anhelo que tenga de Dios, del Dios vivo. La vida de Cristo ha mostrado lo que la humanidad puede hacer participando de la naturaleza divina. Todo lo que Cristo recibió de Dios, podemos recibirlo también nosotros. Pedid, pues, y recibiréis. Con la fe perseverante de Jacob, con la persistencia inflexible de Elias, pedid para vosotros todo lo que Dios ha prometido.


Dominen vuestra mente las gloriosas concepciones de Dios. Enlácese vuestra vida con la de Cristo mediante recónditos eslabones. Aquel que ordenó que la luz brillara en las tinieblas, desea brillar en vuestro corazón, para daros la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. El Espíritu Santo tomará las cosas de Dios y os las mostrará, transfiriéndolas al corazón obediente cual vivo poder. Cristo os conducirá al umbral del Infinito. Podréis contemplar la gloria que refulge allende el velo, y revelar a los hombres la suficiencia de Aquel que siempre vive para interceder por nosotros (Palabras de vida del gran Maestro, p. 115).

Domingo 5 de marzo: La oración que place a Dios
Por medio de la gracia abundantemente proporcionada por Dios, todos tratarán de contestar la oración de Cristo, es decir, que sus discípulos sean unidos, como él y su Padre están unidos. La paz, el amor, la misericordia y la benevolencia serán los permanentes principios del alma. El amor de Cristo será el tema de toda lengua...
El pueblo de Dios permanecerá en Cristo, el amor de Jesús se manifestará, y un solo Espíritu animará a todos los corazones, regenerándolos y renovándolos a la imagen de Cristo, amoldándolos a todos por igual. Como ramas vivientes de la vid verdadera, todos estaremos unidos a Cristo, la Cabeza viviente. Jesús morará en cada corazón, para guiar, consolar, santificar, y para presentar al mundo la unidad de sus seguidores, para dar testimonio de ese modo que la iglesia remanente posee las credenciales del cielo. Mediante la unidad de la iglesia de Cristo se probará que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito (Cada día con Dios, p. 86).
Me lamento día y noche por la aspereza, la dureza, la falta de bondad en las palabras y el espíritu, que manifiestan los que pretenden ser hijos del Rey celestial, miembros de la familia real. Esa dureza de corazón, esa carencia de simpatía, esa aspereza, manifestada hacia aquellos que no gozan de sus favores especiales, es registrada en los libros del cielo como un gran pecado. Muchos hablan de la verdad, predican la teoría de la verdad, pero el amor enternecedor de Jesús no ha llegado a ser un elemento vivo y activo en su carácter. Es ésta una era de apostasía casi universal y los que pretenden estar en la vanguardia de la verdad descarrían a las iglesias cuando no dan evidencia de que su carácter y sus obras armonizan con la verdad divina. La bondad, la misericordia, la compasión, la ternura, la longanimidad de Dios han de ser expresadas en las palabras, la conducta y el carácter de todos los que pretenden ser hijos de Dios, especialmente en aquellos que pretenden ser los mensajeros enviados por el Señor Jesús con la palabra de vida para salvar a los que perecen.
Se les ordena en la Biblia poner a un lado todo lo que es áspero, viviente. Deben llevar la misma calidad de fruto que la vid. Únicamente así puede el sarmiento ser un digno representante de la excelencia de la vid (Testimonios para los ministros, p. 151). Jesús quiere que los niños y los jóvenes acudan a él con la misma confianza con que van a sus padres. Así como un niño pide pan a su madre o a su padre cuando tiene hambre, así quiere el Señor que le pidáis las cosas que necesitáis... Jesús conoce las necesidades de sus hijos, y se deleita en escuchar sus oraciones. Los niños deben aislarse del mundo y de cuanto apartaría de Dios sus pensamientos. Considérense como estando a solas con Dios, cuyo ojo mira lo más íntimo del corazón y discierne el deseo del alma, y recuerden que pueden conversar con Dios (El hogar cristiano, p. 270).


Lunes 6 de marzo: El fundamento de la oración bíblica: pedir a Dios

Necesitamos educar el alma para que tome y retenga las ricas promesas de Dios. El Señor Jesús sabe que no es posible para nosotros resistir las muchas tentaciones de Satanás sin recibir el poder divino que Dios nos da. Él sabe que si confiamos en nuestra propia fortaleza humana, fracasaremos. Por lo tanto, ha sido tomada toda provisión, para que en cada emergencia y prueba acudamos a la fortaleza...
Hemos recibido la promesa de labios que no mienten... Debemos tener fe individualmente para recibir de él las cosas que ha prometido. Dios será para nosotros todo lo que le permitamos ser. Nuestras oraciones lánguidas y sin entusiasmo no tendrán respuesta del cielo. ¡Oh, necesitamos insistir en nuestras peticiones! Pedid con fe, esperad con fe, recibid con fe, regocijaos con esperanza, porque todo aquel que pide, encuentra. Seamos fervientes. Busquemos a Dios de todo corazón. La gente empeña el alma y pone fervor en todo lo que emprende en sus realizaciones temporales, hasta que sus esfuerzos son coronados por el éxito. Con intenso fervor, aprended el oficio de buscar las ricas bendiciones que Dios ha prometido, y con un esfuerzo perseverante y decidido tendréis su luz, y su verdad, y su rica gracia. Clamad a Dios con sinceridad y alma anhelante. Luchad con los agentes celestiales hasta que obtengáis la victoria. Poned todo vuestro ser, vuestra alma, cuerpo y espíritu en las manos del Señor, y resolved que seréis sus instrumentos vivos y consagrados, movidos por su voluntad, controlados por su mente, e imbuidos por su Espíritu (Nuestra elevada vocación, p. 133).
Pero diariamente se ofrecen miles de oraciones que Dios no puede contestar. Son oraciones sin fe. “Empero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Hebreos 11:6. Hay oraciones egoístas, que proceden de un corazón que oculta ídolos...
Hay oraciones petulantes, displicentes, quejosas a causa de las cargas y las preocupaciones de la vida, en lugar de buscar humildemente la gracia que las aligere. Quienes ofrecen estas peticiones, no permanecen en Cristo. No han sometido su voluntad a la voluntad de Dios. No cumplen con la condición de la promesa, y esta no se cumple para ellos. Los que permanecen en Jesús, tienen la seguridad de que Dios los oirá, porque a ellos les complace hacer su voluntad. No ofrecen una oración formal, que es mera palabrería, sino que acuden a Dios con una confianza fervorosa y sencilla, como un hijo a un padre tierno, y derraman ante él la historia de sus dificultades, temores y pecados, y presentan sus necesidades en el nombre de Jesús; se retiran de su presencia gozándose en la seguridad del amor perdonador y de la gracia sustentadora. Sintiendo que Jesús está a vuestro lado, tendréis gozo, esperanza, ánimo y alegría...
Nunca, nunca os separéis de Jesús. Él nunca se separa de vosotros... Jesús no nos echa, aun cuando lo aflijamos; él nos ase firmemente. Que vuestro corazón se anime con el amor de Jesús y se ponga en ardiente actividad para gloria suya (Nuestra elevada vocación, p. 149).

 


Martes 7 de marzo: El fundamento de la oración bíblica: creer
Si crees la promesa, si crees que estás perdonado y limpiado, Dios suple el hecho; estás sano, tal como Cristo dio potencia al paralítico para andar cuando el hombre creyó que había sido sanado. Así es si lo crees. No aguardes hasta sentir que estás sano, mas di: “Lo creo; así es, no porque lo sienta, sino porque Dios lo ha prometido”. Dice el Señor Jesús: “Todo cuanto pidiereis en la oración, creed que lo recibisteis ya; y lo tendréis” (Marcos 11:24). Una condición acompaña esta promesa: que pidamos conforme a la voluntad de Dios. Pero es la voluntad de Dios limpiarnos del pecado, hacemos hijos suyos y habilitamos para vivir una vida santa. De modo que podemos pedir a Dios estas bendiciones, creer que las recibimos y agradecerle por haberlas recibido (El camino a Cristo, p. 51).

Los que comienzan su vida cristiana a medias, no importa qué intenciones tengan, se encontrarán finalmente de parte del enemigo. Los hombres y las mujeres de doblado ánimo son los mejores aliados de Satanás. No importa cuán favorable sea la opinión que tengan de sí mismos, su influencia será debilitante. Todos los que son leales a Dios y a la verdad deben mantenerse firmemente de parte de lo recto porque es recto. Unirse en yugo con los que carecen de consagración y a la vez ser leales a la verdad, es sencillamente imposible. No nos podemos unir con los que se sirven a sí mismos, con los que ponen en práctica planes mundanos, sin perder nuestra relación con el Consejero celestial. Podemos recuperamos de las trampas del enemigo, pero saldremos magullados y heridos, y nuestra experiencia se empequeñecerá (Cada día con Dios, p. 238).
Nuestro divino Señor es suficiente para cualquier emergencia. Nada es imposible con él. Ha mostrado su gran amor por nosotros al vivir una vida de abnegación y sacrificio, y al morir una muerte de agonía. Id a Cristo tales como sois... Depended plenamente de su misericordia. No hay dificultad interna o externa que no pueda ser vencida con su fortaleza. Algunos tienen temperamentos tempestuosos; pero Aquel que calmó al tormentoso Mar de Galilea dirá al corazón turbado: “Calla, enmudece”. No hay ninguna naturaleza tan rebelde que Cristo no pueda subyugar, ningún temperamento tan tempestuoso que no pueda aplacar, si el corazón está entregado a la guardia de Cristo. Mirando a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, podéis decir: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza”. Salmos 46:1-3... Tened fe en Dios. La dependencia confiada en Jesús hace que la victoria sea no solo posible, sino segura... Él es infinito en poder y puede salvar a todos los que se le allegan. No hay otro en quien podamos confiar con seguridad (En los lugares celestiales, p. 19).

 

 

 


Miércoles 8 de marzo:: El fundamento de la oración bíblica: reclama las promesas de Dios

El noble quería ver el cumplimiento de su oración antes de creer; pero tuvo que aceptar el aserto de Jesús de que su petición había sido oída, y el beneficio otorgado. También nosotros tenemos que aprender esta lección. Nuestra fe en Cristo no debe estribar en que veamos o sintamos que él nos oye. Debemos confiar en sus promesas. Cuando acudimos a él con fe, toda petición alcanza al corazón de Dios.
Cuando hemos pedido su bendición, debemos creer que la recibimos y agradecerle de que lahemos recibido. Luego debemos atender nuestros deberes, seguros de que la bendición se realizará cuando más la necesitemos. Cuando hayamos aprendido a hacer esto, sabremos que nuestras oraciones son contestadas. Dios obrará por nosotros “mucho más abundantemente de lo que pedimos,” “conforme a las riquezas de su gloria,” y “por la operación de la potencia de su fortaleza”. Efesios 3:20, 16; 1:19 (El Deseado de todas las gentes, p. 170).
La fe significa confiar en Dios, creer que nos ama y sabe mejor qué es lo que nos conviene. Por eso nos induce a escoger su camino en lugar del nuestro. En vez de nuestra ignorancia, acepta su sabiduría; en vez de nuestra debilidad, su fuerza; en vez de nuestra pecaminosidad, su justicia. Nuestra vida, nosotros mismos, ya somos suyos; la fe reconoce su derecho de propiedad, y acepta su bendición. La verdad, la justicia y la pureza han sido señaladas como los secretos del éxito en la vida. Es la fe la que nos pone en posesión de estos principios. Todo buen impulso o aspiración es un don de Dios; la fe recibe de Dios la única vida que puede producir desarrollo y eficiencia verdaderos. Se debería explicar claramente cómo se puede ejercer fe. Toda promesa de Dios tiene ciertas condiciones. Si estamos dispuestos a hacer su voluntad, toda su fuerza nos pertenece. Cualquier don que nos prometa se encuentra en la promesa misma. “La semilla es la palabra de Dios” (Lucas 8:11).
Tan ciertamente como se encuentra la semilla del roble en la bellota, se encuentra el don de Dios en su promesa. Si recibimos la promesa, recibimos el don. La fe que nos capacita para recibir los dones de Dios, es en sí misma un don del cual se imparte una porción a cada ser humano. Aumenta a medida que se la usa para asimilar la Palabra de Dios. A fin de fortalecer la fe debemos ponerla a menudo en contacto con la Palabra (La educación, p. 253).
En algunos casos de curación, Jesús no concedió inmediatamente la bendición pedida. Pero en el caso del leproso, apenas hecha la súplica fue concedida. Cuando pedimos bendiciones terrenales, tal vez la respuesta a nuestra oración sea dilatada, o Dios nos dé algo diferente de lo que pedimos, pero no sucede así cuando pedimos liberación del pecado. Él quiere limpiamos del pecado, hacemos hijos suyos y habilitamos para vivir una vida santa (El Deseado de todas las gentes, p. 231).

 


Miércoles 28 de septiembre:
Dios nos ha dado una elevada norma para alcanzar. A fin de capacitar al hombre para llegar a ella, Dios envió al mundo a su Hijo unigénito. Cristo hizo un sacrificio infinito en nuestro favor. Puso a un lado su corona regia y su manto real, revistió su divinidad con humanidad, y vino al mundo a enseñar a los hombres las leyes de la vida y la salvación, las que ellos debían cumplir al pie de la letra a fin de tener vida eterna en el reino de gloria.
Satanás sostenía que era imposible que los seres humanos pudieran guardar la ley de Dios. A fin de probar la falsedad de esta denuncia, Cristo dejó su elevado imperio, tomó sobre sí la naturaleza del hombre y vino a la tierra para colocarse a la cabeza de la raza caída, a fin de mostrar que la humanidad podía soportar las tentaciones de Satanás. Se convirtió en la Cabeza de la humanidad, para ser asaltado con tentaciones en cada punto, como la naturaleza humana caída habría de ser tentada, a fin de que pudiera saber cómo socorrer a los que son tentados. Llevando nuestra naturaleza, fue leal a la norma de justicia de Dios y obtuvo la victoria sobre Satanás. Fue tentado en todo tal como nosotros lo somos, pero sin pecado.
Antes que Cristo viniera en persona para revelar el carácter de su Padre, Satanás pensó que tenía a todo el mundo de su lado, y todavía hoy el enemigo está empeñado en ganar la partida con cada uno… Hemos de ser representantes de Cristo en este mundo. Él nos llamó a la gloria y la virtud. Tal como Cristo representó al Padre, así debemos hacerlo ante el mundo, porque al representar a Cristo estamos representando al Padre, quien se encuentra en todo lugar para ayudar donde sea necesario.
Tenemos una gran obra que realizar por el Maestro. Considerando cuánto sacrificó Jesús en nuestro favor al dar su vida por nuestra salvación, ¿permitiremos que se avergüence de nosotros por nuestra conducta?
Es para la gloria de Dios que nos da de su virtud. Anhela que nos elevemos al más alto nivel. Cuando mediante una fe viva nos aferramos del poder de un Cristo viviente; cuando imploramos sus promesas indefectibles y las reclamamos como nuestras; cuando buscamos el poder del Espíritu Santo, estamos comiendo la carne y bebiendo la sangre del Hijo de Dios (Alza tus ojos, p. 170).
Jesús no presentó a sus seguidores la esperanza de alcanzar gloria y riquezas terrenas ni de vivir una vida libre de pruebas. Al contrario, los llamó a seguirle en el camino de la abnegación y el vituperio. El que vino para redimir al mundo fue resistido por las fuerzas unidas del mal. En confederación despiadada, los hombres malos y los ángeles caídos se opusieron al Príncipe de Paz. Todas las palabras y los hechos de él revelaron divina compasión, y su diferencia del mundo provocó la más amarga hostilidad.
Así será con todos los que deseen vivir píamente en Cristo Jesús.
Persecuciones y vituperios esperan a todos los que estén dominados por el espíritu de Cristo. El carácter de la persecución cambia con los tiempos, pero el principio el espíritu que la fomenta es el mismo que siempre mató a los escogidos del Señor desde los días de Abel (Los hechos de los apóstoles, p. 460).

 


Jueves 9 de marzo: Orar por el Espíritu Santo

En este tiempo de prueba, necesitamos alentarnos y consolamos mutuamente. Las tentaciones de Satanás son ahora mayores que nunca, pues sabe que le queda poco tiempo y que muy luego cada caso será decidido para vida o para muerte. No es ahora el momento de dejarse vencer por el desaliento ni de sucumbir bajo la prueba. Debemos sobreponernos a todas nuestras aflicciones y confiar plenamente en el todopoderoso Dios de Jacob.
El Señor me ha mostrado que basta su gracia para resistir todas las pruebas, y aunque éstas sean más duras que nunca, si tenemos absoluta confianza en Dios, podremos vencer todas las tentaciones y por su gracia salir victoriosos... Debemos llevar puesta la completa armadura de Dios, y estar listos en todo momento para sostener el conflicto con las potestades de las tinieblas. Cuando nos asalten las tentaciones y las pruebas, acudamos a Dios para luchar con él en oración. No dejará que volvamos vacíos, sino que nos dará fortaleza y gracia para vencer y quebrantar el poderío del enemigo.
¡Ojalá que todos viesen estas cosas en su verdadera luz y soportasen las fatigas como buenos soldados de Jesús! Entonces Israel podría seguir adelante, confortado en el Señor y en la potencia de su fortaleza (Primeros escritos, p. 46).
Cristo ha prometido el don del Espíritu Santo a su iglesia, y la promesa nos pertenece a nosotros tanto como a los primeros discípulos. La medida que recibamos del Espíritu Santo será proporcional a la medida de nuestro deseo y de nuestra fe y del uso que haremos de la luz y conocimiento que se nos ha dado. Hay muchos que creen y profesan aferrarse a la promesa del Señor; hablanacercade Cristo yacercadel Espíritu Santo, y, sin embargo, no reciben beneficio alguno. No entregan su alma para que sea guiada y regida por los agentes divinos. No podemos emplear al Espíritu Santo. El Espíritu ha de empleamos a nosotros.
Por el Espíritu obra Dios en su pueblo ‘así el querer como el hacer, por su buena voluntad.’ Pero muchos no quieren someterse a eso. Quieren manejarse a sí mismos. Esta es la razón por la cual no reciben el don celestial. Únicamente a aquellos que esperan humildemente en Dios, que velan para tener su dirección y gracia, es dado el Espíritu. El poder de Dios aguarda que ellos lo pidan y lo reciban. Esta bendición prometida, reclamada por la fe, trae todas las demás bendiciones en su estela. Es dada según las riquezas de la gracia de Cristo, y él está listo para proporcionarla a toda alma según su capacidad para recibirla. El Espíritu Santo imparte amor, gozo, paz, fortaleza y consuelo; es un manantial de agua que salta para vida eterna. Y la bendición es gratuita (La fe por la cual vivo, p. 55).
“A cada uno de nosotros es dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”, y el Espíritu reparte “particularmente a cada uno como quiere” (Efesios 4:7; 1 Corintios 12:11).
Los dones ya son nuestros en Cristo, pero su posesión verdadera depende de nuestra recepción del Espíritu de Dios. La promesa del Espíritu no se aprecia como se debiera. Su cumplimiento no se comprende como se podría. La ausencia del Espíritu es lo que hace tan impotente el ministerio evangélico. Se puede poseer sabiduría, talentos, elocuencia, todo don natural o adquirido; pero sin la presencia del Espíritu de Dios no se conmoverá a ningún corazón ni ningún pecador será ganado para Cristo. Por el otro lado, si están relacionados con Cristo, si los dones del Espíritu son suyos, los más pobres y los más ignorantes de sus discípulos tendrán un poder que hablará a los corazones. Dios los convierte en los instrumentos que ejercen la más elevada influencia en el universo (Palabras de vida del gran Maestro, p. 263).