CAPÍTULO 10
ORAR EN EL ESPÍRITU

Los pentecostales y los carismáticos definen el orar en el Espíritu como “hablar en una lengua”. Uno de sus teólogos principales, comentando el texto de Romanos 8:26, dice que “estos ‘gemidos’ no son la actividad de orar con la mente sino con el espíritu, o mejor, en el espíritu. De hecho, este es el lenguaje del Espíritu Santo, expresiones glosolálicas”. 1 La siguiente referencia bíblica es un ejemplo de textos en los que ellos entienden que “orar en el espíritu” significa una “expresión extática”: “Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla. Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (1 Corintios 14:13-15).
¿Está hablando Pablo de un lenguaje de misterio, cuando ora con el espíritu pero no con el entendimiento? ¿Cómo hemos de interpretar este texto? Bueno, primero de todo, ayudaría ver el contexto. Prácticamente toda la iglesia de Corinto salía del paganismo. En Corinto, una ciudad muy cosmopolita, y centro comercial clave entre Europa y Asia, había muchos templos y diversas prácticas cultuales. El mayor desafío para el cristianismo era la idolatría desenfrenada y la inmoralidad sexual afrentosa. A menudo, la experiencia religiosa de la gente incluía trances y expresiones extáticas. El peligro, entonces, era que la joven iglesia cristiana se transformara en otro culto, “una versión preparada para el mercado de un producto bien conocido”. 2 Pablo, quien fundó la iglesia durante su segundo viaje misionero, fue especialmente suave cuando les escribió, no queriendo desanimarlos o estorbar su progreso desafiante desde la oscuridad hacia la luz. 3 El año y medio que estuvo junto con ellos (Hechos 18:11) mantuvieron el rumbo, pero después de que Pablo se fuera las cosas comenzaron a tambalear, y las viejas costumbres afectaron su nueva manera de vivir. Las antiguas tendencias aparecieron en sus cultos de adoración. La confusión y las expresiones de éxtasis llegaron a ser parte de ellos, así como también el legítimo hablar en lenguas. En este capítulo –1 Corintios 14–, es claro que esas lenguas en que hablaban eran mayormente idiomas extranjeros, no poco frecuentes en una ciudad cosmopolita. 4 Pero tal vez también algo de galimatías, 5 una práctica no inusual en la adoración de otros dioses. 6 El objetivo de Pablo era señalar que la adoración de Dios debía ser hecha “decentemente y con orden”, ya que él “no es Dios de confusión” (1 Corintios 14:40, 33). Así, ¿cómo hemos de entender 1 Corintios 14:13 al 15? Si Pablo está hablando del legítimo hablar en lenguas -que se supone que es cuando habla de sí mismo-, quiere decir: cuando testifican en la iglesia en un idioma extranjero, esperen y oren que puedan interpretarlo; de otro modo, ¿cómo obtendrán los demás una bendición? (1 Corintios 14:7-10, 13). Además, si oran en una lengua extranjera sin que nadie interprete, podrán tener una profunda experiencia comunicándose en el Espíritu, pero es mayormente inútil para cualquiera otra persona. Es mejor hablar bajo la dirección del Espíritu, pero háganlo en un lenguaje que los demás puedan procesar. Por otro lado, si Pablo está hablando de quienes practican expresiones extáticas, que estaban permitiendo que regresaran influencias paganas anteriores, estaba siendo muy suave con ellos. En lugar de condenar directamente el abuso de un don genuino, se concentró en los objetivos de Dios, que deseaba orden y comprensión, sin pretender negar la validez de lo que habían hecho con motivos sinceros. 7 De cualquier manera, la expresión “mi espíritu ora” está describiendo sentimientos, pensamientos y anhelos interiores sin articular, experimentados al comunicarnos con Dios. Pero, no es necesariamente en “lenguas angélicas”, o una indicación de que hemos alcanzado un nivel más alto de madurez cristiana. En la única referencia a esta expresión que se encuentra en los escritos de Elena de White, ella interpreta “orar en el Espíritu” como orar con claridad de pensamiento y con fervor, no por medio de la glosolalia. “Hemos de orar en el Espíritu”, escribe ella, “con el entendimiento también, y Dios despertará los anhelos del alma, y satisfará los deseos del corazón. Hemos de llegar a ser inteligentes acerca de las condiciones mediante las cuales Dios oirá y responderá la oración. Hay muchas palabras inútiles y sin sentido que se usan en la oración, pero esas peticiones sin corazón no son aceptables, y no pueden prevalecer con Dios”. 8 En otra parte, añade que aquel tipo de oración es “ferviente y eficaz”, y “siempre oportuna, y nunca cansará”, refrigerando “a todos los que tienen amor por la devoción”. 9

EXAMEN DE OTROS TEXTOS

Un texto clave del Nuevo Testamento acerca de orar en el Espíritu se encuentra en Efesios: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio” (Efesios 6:10-19). La mayoría de las personas que lee este pasaje supone un escenario defensivo. La necesidad de protección del maligno requiere la armadura de Dios. Sin embargo, puede ser totalmente lo opuesto. Indicios acerca de que el soldado de Dios está en situación de ataque son los hechos de que sus zapatos representan el llevar adelante el evangelio, que el escudo (de la fe) no solo es un elemento defensivo, sino también es esencial tener cuando se está en la ofensiva; y principalmente, que el pedido de Pablo por oraciones no es por protección contra los perseguidores, sino por valor para testificar acerca del evangelio aun cuando esté en la cárcel. Ciertamente, él está pensando en ofensiva. En las batallas antiguas, había básicamente dos escenarios: el enfrentamiento en el valle o el sitio de una ciudad. La descripción de Pablo se adecúa mejor al sitio, ya que lo único que se dice del enemigo es que tiene dardos de fuego (flechas). Los arqueros sobre el muro podían mantener a raya al ejército cuando estaba rodeando una ciudad. Por eso, Pablo anima a los “soldados” cristianos tres veces a mantenerse “firmes” (versículos 11, 13, 14) cuando el enemigo lanza sus bombardeos de flechas. Si se dieran vuelta y escaparan, seguramente serían alcanzados por la espalda. Ahora, ¿por qué la iglesia de Dios debía ir a la ofensiva? Porque Satanás ha engañado y aprisionado a personas detrás de los muros, y necesitan ser rescatados. ¿No dijo Jesús: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”? (Mateo 16:18). La ciudadela de Satanás es el Hades, el infierno, figurativamente hablando, y la iglesia debe presionar sobre las puertas hasta que se rompan, para salvar a las almas aprisionadas por el engaño y la derrota. Por eso es importante “orar en el Espíritu”. Las únicas dos armas ofensivas mencionadas en el texto tienen que ver con el Espíritu: la espada del Espíritu, la Palabra (Efesios 6:17), y el orar en el Espíritu (versículo 18). Esto significa que el orar en el Espíritu, a menudo, si no todas las veces, está vinculado con la guerra espiritual. La salvación de las almas realmente es importante, y la batalla es feroz e implacable. Satanás quiere estar seguro de que sus presas no escapen, y el Cielo quiere estar seguro de que no nos olvidemos de orar. Esta no es una oración común, que apenas menciona a una persona determinada. Esta es una oración de guerra: rogando, agonizando, implorando que Dios interceda en favor del alma. Cuando oramos con una carga especial por las almas, estamos orando en el Espíritu. 10 Otro texto al respecto fue escrito por Judas, el hermano del Señor: “Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu. Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Judas 17-21). ¿Cómo han de mantener los cristianos sus valores cristianos? Edificando sobre la Palabra, orando en el Espíritu, y concentrándose en el amor y la misericordia de Dios. Para Judas, entonces, orar en el Espíritu es orar de acuerdo con la Palabra de Dios, para el crecimiento espiritual. “La verdad es que como cristianos estamos destinados a orar a Dios, pero solo él [el Espíritu Santo] puede enseñarnos cómo orar, y para qué orar”. 11 Un texto más del Nuevo Testamento se refiere a este concepto: Romanos 8. “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no los sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8:22-27). El Espíritu intercede por nosotros. Es lo mismo que decir: el Espíritu ora por nosotros. Y ¿por qué lo haría? Porque “qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos”. El erudito en Nuevo Testamento Douglas Moo comenta: “Nuestro fracaso en conocer la voluntad de Dios, y la consecuente incapacidad de hacer peticiones a Dios específicamente y con seguridad, es atendido por el Espíritu de Dios, quien él mismo expresa a Dios esas peticiones intercesoras que concuerdan perfectamente con la voluntad de Dios”. 12

QUÉ LOGRARÁ EL ORAR EN EL ESPÍRITU

Exploremos un poco más este anhelo inexpresable, este “gemir” interior mientras el Espíritu dirige. El apóstol Juan habla acerca de orar de acuerdo con la voluntad de Dios. Esto está claramente afirmado en su primera carta: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14, 15). Después de considerar este pasaje por algún tiempo, he llegado a la conclusión de que está estructurado como un quiasmo normal. Un quiasmo, o una estructura quiástica, refleja la forma en que operaba la mente hebrea. La palabra se originó en la letra griega ji –o xi–, que implica un arreglo en cruz. Es decir, la primera oración se corresponde con la última en el párrafo; la segunda se corresponde con la penúltima oración, y así sucesivamente. A diferencia de la mentalidad griega, o la occidental, que construye un caso en forma progresiva, con un clímax al final, el pensamiento hebreo alude a ambos lados, el comienzo y el final, con el clímax en el centro. La estructura sería comparable a una pirámide. Consideremos el texto otra vez, identificando sus partes.
A) “Esta es la confianza que tenemos en él, que B) si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, C) él nos oye. Y B’) si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos A’) sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (versículos 14, 15). De este modo, la primera oración, “esta es la confianza que tenemos”, se corresponde con la última “tenemos las peticiones”. La siguiente oración, “conforme a su voluntad”, tiene su correspondiente en la penúltima, “sabemos que nos oye”. Finalmente, la culminación de todo el pasaje es: “Él nos oye”. Esto es lo que importa, concluye Juan. Note que las oraciones A y A son el resultado de la obra de Dios: tenemos confianza y tenemos lo que pedimos. Sin embargo, las oraciones B y B’ son condicionales: si pedimos conforme a su voluntad, y si sabemos que él nos oye. Estas son condicionales, porque se refieren a nuestro rol en la oración que nos ocupa. Para que se contesten nuestras oraciones, entonces, debemos orar conforme a la voluntad divina, y debemos estar seguros de que Dios nos ha oído. Es tan sencillo como eso. Pero todavía podemos preguntarnos: ¡Espere un momento! ¡Eso suena como demasiado fácil! ¿Pide lo que quieras, y él responderá? Bueno, no... Pide conforme a su voluntad. Y ¿qué es su voluntad? Estoy contento de que lo haya preguntado. “Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte [...] por el cual yo no digo que se pida” (vers. 16). ¿Qué es un “pecado que no sea de muerte”? Cualquier pecado, excepto el pecado imperdonable. 13 Este es el pecado que el Espíritu Santo no puede perdonar, porque la persona ya no puede arrepentirse y desear el perdón. Ha prestado oídos sordos a las directivas del Espíritu por tanto tiempo que ya no lo puede escuchar más y, en consecuencia, no puede arrepentirse. Es como detectar un ruido inusual que proviene del refrigerador en la cocina. Si no se hace algo con ese ruido pronto, el ruido se unirá a los demás ruidos de fondo, y nunca se hará nada acerca de él... hasta que sea demasiado tarde. El ruido no cambió; sencillamente, se lo ignoró. Así, Juan dice aquí que el contexto de nuestros pedidos, peticiones que siempre serán la voluntad de Dios, es cuando oramos por los perdidos, o por lo amados que necesitan restauración del pecado. Orar en el Espíritu, entonces, es orar con tal fervor y convicción que se tenga la confianza de que Dios otorgará su intercesión. ¿Por qué? Porque usted sabe que él lo oyó (versículo 15). Aquí es donde fallamos a menudo. Oramos plegarias cojas, sin fe, dejando la sala de oración tan faltos de convicción como cuando entramos. Orar en el Espíritu es luchar con Dios hasta el punto en que sabemos que Dios oyó nuestras oraciones. Entonces, y solo entonces, tendremos “las peticiones que le hayamos hecho”.


Referencias

1 J. Rodman Williams, Renewal Theology: Systematic Theology from a Charismatic Perspective, t. 2, pp. 218, 219. 2 Tom Wright, Paul for Everyone: 1 Corinthians (Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 2004), p. 182. 3 Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 301-307. Aquí se puede ver la ternura con que Pablo trató a los corintios. 4 Ekkehardt Mueller, “What Are the Tongues in 1 Corinthians?”, en Gerhard Pfandl, ed., Interpreting Scripture: Bible Questions and Answers (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 2010), pp. 369-374. 5 Francis D. Nichols, ed., “Nota Adicional del Capítulo 14”, en Comentario bíblico adventista, t. 6, pp. 789-791. Wayne Meeks, comentando sobre 1 Corintios 14:4, indica que “la glosolalia ocurre en un trance que exhibe muy plenamente la pérdida del control consciente y, al mismo tiempo, extraordinarios niveles de energía, derramados en expresiones involuntarias y en movimientos rápidos o repentinos del cuerpo, transpiración profusa, salivación, etc. Los órganos del habla parecen estar activados, con enorme poder, por algo más allá de la voluntad de la persona. Por eso, el lingüista y etnógrafo Felicitas Goodman llama a esa condición ‘un estado de disociación’, en el cual ‘el glosolalista apaga el control cortical’, y entonces ‘establece una conexión entre su centro del habla y alguna estructura subcortical’ ” (Wayne A Meeks, The First Urban Christians: The Social World of the Apostle Paul [New Haven, CT: Yale University Press, 1983], p. 119).


6 “Es útil recordar que los creyentes corintios habían estado rodeados, por años, de una atmósfera de religiones paganas en la que los ritos de adoración a menudo eran muy frenéticos y extáticos. Los cristianos que salieron de tales antecedentes estarían más inclinados al entusiasmo religioso que los cristianos que habían tenido poco contacto con el éxtasis religioso”. Este es un comentario sobre la iglesia de Corinto del primer siglo de William E. Richardson, Paul Among Friends and Enemies: A Bible Reader’s Companion to the Pauline Epistles (Boise, ID: Pacific Press®, 1992), p. 79. 7 Es importante subrayar, sin embargo, que la investigación del fenómeno moderno de la glosolalia no revela equivalentes en el mundo antiguo, fuera del Nuevo Testamento. Éxtasis y frenesí, sí, pero no “lenguas”. “Puede sorprender al estudiante del fenómeno moderno de la glosolalia que no haya evidencia lingüística u otra en favor de la glosolalia, o expresiones extáticas en el mundo fuera del Nuevo Testamento” (Gerhard F. Hasel, Speaking in Tongues: Biblical Speaking in Tongues and Contemporary Glossolalia [Berrien Springs, Mi: Adventist Theological Society, 1991], p. 52). 8 “White, “Orad sin cesar”, The Signs of the Times (16 de diciembre de 1889), t. 15, N° 48. En otra parte, cuando ella comenta sobre la referencia de Pablo acerca de “orar en el Espíritu” en 1 Corintios 14, ella lo hace con el consejo de hacer las cosas con claridad y orden, para beneficiar a los oyentes. Por ejemplo: “El principio presentado por Pablo con respecto al don de lenguas es igualmente aplicable al uso de la voz en la oración y en las reuniones sociales [reuniones de oración]. No queremos que ninguno que sea defectuoso en este respecto deje de ofrecer oraciones públicas, o de dar testimonio del poder y el amor de Cristo. No escribo estas palabras para silenciarlo; porque ya ha habido demasiado silencio en nuestras reuniones; pero escribo para que pueda consagrar su voz a Aquel que le dio este don, y se dé cuenta de la necesidad de cultivarlo para que edifique a la iglesia por lo que usted diga” (Christian Education[Washington, D.C: Review and Herald®, 1894], p. 130). 9 ___________, Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 515. 10 Un ejemplo de este rogar ferviente ante Dios lo da Elena de White en la siguiente apelación: “¿No deberían nuestras súplicas indiferentes transformarse en peticiones de deseo intenso por esta gran bendición? No pedimos suficientes cosas de las que Dios nos ha prometido. Si nos esforzáramos para alcanzar más alto y esperáramos más, nuestras peticiones revelarían la influencia estimulante que viene a cada alma que pide, con la expectativa cierta de ser oído y recibir respuesta. Al Señor no lo glorifican las súplicas débiles que muestran que no se espera nada. Él desea que cada uno que cree se acerque al Trono de Gracia con fervor y seguridad. ¿Percibimos la magnitud de la obra en la que estamos empeñados? Si lo hiciéramos, habría más fervor en nuestras oraciones. Nuestros pedidos se elevarían ante Dios con fervor convincente. Rogaríamos por el poder como un niño hambriento pide pan.
Si nos diéramos cuenta de la grandeza del don, si deseáramos alcanzar la bendición, nuestras peticiones ascenderían con fervor, importunidad, urgencia. Sería como si estuviéramos a la puerta del cielo, pidiendo entrar [...]. Deberíamos pedir con un fervor que no será negado. El Señor tiene un interés intenso en que cada uno dé pasos adelante con certeza absoluta, dependiendo de Dios. Él es la luz y la vida de todos los que lo buscan. La medida que recibimos de la santa influencia de su Espíritu es proporcional a la medida de nuestro deseo de recibirla, de nuestra fe para captarla y de nuestra capacidad para gozar la gran bondad de la bendición e impartirla a otros” (“Ask and it Shall Be Given You”, Bible Echo [5 de agosto de 1901], t. 16, N° 32. 11 William Barclay, The Letters of John and Jude, ed. rev., The Daily Study Bible Series (Filadelfia, PA: The Westminster Press, 1976), p. 203. 12 Douglas J. Moo, The Epistle to the Romans, The New International Commentary on the New Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1996), p. 526. 13 Mateo 12:31,32: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.