Notas EGW

Lección 1
El Espíritu y la Palabra


Sábado 31 de diciembre
Desde la niñez había conocido las Sagradas Escrituras. El ambiente de su hogar era religioso. La piedad de su vida hogareña era... pura, juiciosa, y no estaba corrompida por falsos conceptos... La Palabra de Dios era la norma de guiaba a Timoteo. Recibió su instrucción línea sobre línea, precepto tas precepto, un poquito allí, otro poquito allá. Y la fuerza espiritual de esas lecciones mantuvo puro su lenguaje y lo libró de conceptos corruptores. Las instructoras que tenía en el hogar colaboraron con Dios en la tarea de educar a ese joven para que pudiera llevar las cargas que recaerían sobre sus hombros a tan temprana edad...
Las lecciones bíblicas ejercen una influencia moral y religiosa sobre el carácter, a medida que se las pone en práctica en la vida. Timoteo aprendió y utilizó esas lecciones. No poseía talentos extraordinarios; pero su obra fue valiosa porque empleó la capacidad que Dios le había dado como dones consagrados al servicio de Dios. Su bien fundado conocimiento de la verdad y la piedad experimental le confirieron distinción e influencia. El Espíritu Santo halló en Timoteo una mente que podía ser moldeada y modelada hasta el punto de convertirse en templo que sirviera de morada al Espíritu de Dios...
Los jóvenes deberían someterse a la enseñanza de las Escrituras y enhebrar sus pensamientos diarios y su vida práctica con las sagradas palabras. De esa manera llegarían a poseer los atributos que se consideran superiores en los atrios celestiales. Se refugiarán en Dios y sus vidas testificarán para gloria del Señor (Mi vida hoy, p. 34).
La Biblia es el libro de texto, y debería ser estudiada diligentemente, no como se lee cualquier libro. Debe ser para nosotros el libro que satisface las necesidades del alma. Este libro hará sabio para la salvación al hombre que lo estudie y lo obedezca. Así como el alimento no puede nutrir el cuerpo a menos que se lo coma y se lo digiera, tampoco puede la Palabra del Dios vivo satisfacer el alma a menos que se la reciba como Maestra de un sistema de educación superior, que está por encima de todo artificio humano; a menos que sus principios sean obedecidos porque son la sabiduría de Dios (Cada día con Dios, p. 125).
Todavía hay mucha verdad preciosa para ser revelada al pueblo en este tiempo de peligros y tinieblas, pero es el propósito determinado de Satanás impedir que los rayos de luz de la verdad penetren en el corazón de los hombres. Si queremos tener la luz que ha sido provista para nosotros, debemos manifestar el deseo que tenemos de ella por un diligente escudriñamiento de la Palabra de Dios. Verdades preciosas, por largo tiempo ocultas, han de ser reveladas de una manera que pondrá de manifiesto su sagrado valor; porque Dios glorificará su Palabra para que aparezca en una forma en que nunca antes la hayamos visto. Pero aquellos que profesan amar la verdad deben ejercitar hasta lo sumo sus facultades a fin de comprender las cosas profundas de la Palabra, para que Dios sea glorificado y su pueblo bendecido e iluminado. Con corazones humildes y enternecidos por la Gracia de Dios, deberíais entregaros a la tarea de escudriñar las Escrituras, listos para aceptar todo rayo de luz divina, y andar en el camino de la santidad (Consejos sobre la obra de la escuela sabática, p. 26).

 


Domingo 1 de enero : El Espíritu Santo y la revelación
Acerca de nuestra Biblia podríamos preguntar: ¿Por qué se necesita de Mateo, Marcos, Lucas y Juan en los evangelios, por qué necesitan tratar las mismas cosas los Hechos de los Apóstoles y los diversos autores de las epístolas? El Señor dio su Palabra justamente en la forma en que quería que viniera. La dio mediante diferentes autores, cada uno con su propia individualidad, aunque trataron el mismo relato. Sus testimonios se reúnen en un Libro y son como los testimonios en una reunión social. No representan las cosas justamente en el mismo estilo. Cada uno tiene su propia experiencia, y esta diversidad amplía y profundiza el conocimiento que es presentado para suplir las necesidades de diversas mentes. Los pensamientos expresados no tienen una uniformidad establecida, como si hubieran sido vertidos en un molde de hierro, haciendo monótono el oírlos. En una uniformidad tal, habría una pérdida de gracia y de belleza peculiar...
El Creador de todas las ideas puede impresionar a diferentes mentes con el mismo pensamiento, pero cada una puede expresarlo de una manera diferente, y sin embargo sin contradicción. El hecho de que existan esas diferencias no debiera dejamos perplejos o confundidos. Es muy raro que dos personas vean y expresen la verdad de la misma manera. Cada una se ocupa de puntos particulares que su idiosincrasia y educación la capacitan para apreciar. La luz solar que cae sobre diferentes objetos, les da matices diferentes. Mediante la inspiración de su Espíritu, el Señor dio la verdad a sus apóstoles, para que la expresaran de acuerdo con su mentalidad mediante el Espíritu Santo (Mensajes selectos, tomo 1, p. 25).
La Palabra de Dios y sus obras contienen el conocimiento de sí mismo que él ha decidido revelamos. Podemos entender la revelación que él así nos ha dado de sí mismo. Pero es con temblor y temor, y con un sentido de nuestra propia pecaminosidad, como debemos emprender este estudio; no con un deseo de tratar de explicar a Dios, sino de obtener el conocimiento que nos habilitará para servirle más aceptablemente. Que nadie se aventure a explicar a Dios. Los seres humanos no pueden explicarse ellos mismos, y ¿cómo entonces se atreven a explicar al Omnisciente? Satanás está listo para dar a los tales falsos conceptos de Dios. A los curiosos tengo que decirles que Dios me ha instruido referente a no fraguar respuestas a las preguntas de los que se inquietan con relación a lo que no se ha revelado. Las cosas reveladas son para nosotros y para nuestros hijos. Más allá de esto, los seres humanos no deben intentar aventurarse. No debemos tratar de explicar lo que Dios no ha revelado. Debemos estudiar la revelación que Cristo, el gran Maestro, ha dado del carácter de Dios, para que en espíritu, palabra y obra lo podamos representar ante quienes no lo conocen (El ministerio médico, p. 119).

Lunes 2 de enero; El Espíritu Santo y la inspiración


La Biblia está escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores.
No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios (Mensajes selectos, tomo 1, p. 24).
La obra de Cristo era la de restaurar al hombre a su estado original, de sanarlo, a través del poder divino, de las llagas y lesiones causadas por el pecado. La parte del hombre consiste en aferrarse por fe a los méritos de Cristo y colaborar con las agencias divinas en la formación de un carácter recto, a fin de que Dios pueda salvar al pecador y a la vez ser justo, y que su santa ley sea vindicada.
El precio pagado por nuestra redención coloca un gran deber sobre cada uno de nosotros. Es nuestro deber entender lo que Dios requiere de nosotros y lo que él quiere que seamos...
Dios se revela en su Palabra (Fundamentals of Christian Education, p. 430).
“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. Romanos 15:4.
Decimos a cada alma: Estudien su Biblia como no la han estudiado nunca antes... Surja lo positivo de la verdad de los labios humanos, bajo la dirección del Espíritu Santo. Ruego a todos que velen y oren para que no caigan en tentación.
La obra que estamos realizando en el mundo significa mucho para todos nosotros. Hoy ocurre lo mismo que sucedió en los días de Noé, cuando se dio la invitación para que todos los que quisieran entraran en el arca. No sabemos cuán pronto se dará el último mensaje de amonestación y nuestros casos estarán decididos para la eternidad. Pero el Señor es misericordioso y extiende la invitación: “Venid, que ya todo está preparado”. Lucas 14:17 (Cada día con Dios, p. 54).
Martes 3 de enero:El Espíritu Santo y la veracidad de las Escrituras

El pecado entenebrece nuestras mentes y ofusca nuestras percepciones. Cuando el pecado es eliminado de nuestro corazón, la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, que ilumina su Palabra y es reflejada por la naturaleza, declarará en forma más y más cabal que Dios es “misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad”. Éxodo 34:6.
En su luz veremos luz, hasta que la mente, el corazón y el alma estén transformados a la imagen de su santidad.
Para quienes así se afirman en las divinas seguridades de la Palabra de Dios, hay maravillosas posibilidades. Ante ellos se extienden vastos campos de verdad, vastos recursos de poder. Cosas gloriosas serán reveladas. Se les manifestarán privilegios y deberes que no sospechaban en la Biblia. Cuantos anden por el sendero de la humilde obediencia, cumpliendo el propósito de Dios, sabrán más y más de los oráculos divinos.
Tome el estudiante la Biblia por su guía, permanezca firme en los principios, y entonces podrá aspirar a alcanzar cualquier altura. Todas las filosofías de la naturaleza humana han venido a parar en confusión y vergüenza, siempre que no han reconocido a Dios como el todo en todo. Pero la preciosa fe inspirada por Dios comunica fuerza y nobleza de carácter. Al espaciarse en su bondad, su misericordia y su amor, la percepción de la verdad será cada vez más clara; el deseo de la pureza de corazón y de la claridad de pensamiento será también más elevado y santo. Al morar el alma en la atmósfera pura del pensamiento santo, se transforma por su comunión con Dios mediante el estudio de su Palabra. La verdad es tan amplia, de tanto alcance, tan profunda y tan ancha, que el hombre se anonada. El corazón se enternece y se rinde a la humildad, la bondad y el amor (El Ministerio de curación, p. 370).
Jesús dijo: “Yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”. Juan 17:19. “Tu palabra es verdad”. Por lo tanto, necesitamos familiarizarnos con la Palabra de Dios, estudiarla y practicarla en la vida... Negamos a Jesús como al que quita los pecados del mundo si, después de aceptar la verdad, no revelamos al mundo los efectos santificadores de la verdad en nuestro propio carácter. Si no somos hombres y mujeres mejores, si no somos más bondadosos, más compasivos, más corteses, más llenos de ternura y amor; si no manifestamos a otros el amor que indujo a Jesús a venir al mundo en misión de misericordia, no somos testigos ante el mundo del poder de Cristo (A fin de conocerle, p. 304).

 


Miércoles 4 de enero: El Espíritu Santo como docente

Nicodemo vino al Señor pensando entablar una larga discusión con él sobre puntos de menor importancia, pero Jesús expuso los primeros principios de la verdad, y mostró a Nicodemo que lo que él más necesitaba era humildad de corazón, un espíritu susceptible de enseñanza, un corazón nuevo; que si quería entrar en el reino de Dios tenía que nacer otra vez...
Nicodemo se extrañó de que Cristo le hablara en la forma en que lo hizo, sin respetar su posición de dirigente en Israel, y no estaba preparado para recibir la verdad, contestando a Cristo con palabras llenas de ironía. “Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer, siendo viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?” Él reveló el hecho, como lo hacen muchos cuando la verdad cortante toca en lo vivo de su conciencia, de que el hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios. No hay nada en ellos que responda a las cosas espirituales, porque las cosas espirituales se disciernen espiritual mente. Pero aunque Nicodemo no comprendió sus palabras, Jesús no se impacientó ni se desanimó, sino que procuró hacer más clara su exposición de la verdad. Con solemne y tranquila dignidad, Jesús repitió sus palabras de una manera que le convencería de que eran verdad: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez” (Consejos sobre la obra de la escuela sabática, p. 71).
¿No dijo Dios que concedería el Espíritu Santo, a los que lo pidieran? En la actualidad, ¿no es acaso el Espíritu alguien real, verdadero y guía fiel? Hay creyentes a los que les parece una presunción tomar al pie de la letra esta promesa. Oran al Señor para que les enseñe, y sin embargo se resisten a dar crédito a la promesa de Dios y a creer que fuimos instruidos por él para reclamarla. Si acudimos a nuestro Padre celestial con humildad, con fervor y la mejor disposición para aprender, ¿por qué poner en duda el cumplimiento de su promesa? Ni por un momento debemos desconfiar de él, porque eso significa deshonrarlo. Cuando usted busque descubrir sus designios, su parte en esta relación con Dios consiste en creer que será guiado y bendecido al hacer su voluntad. Debemos desconfiar de nosotros mismos, no sea que interpretemos mal sus enseñanzas; aun esto podemos hacerlo objeto de nuestras oraciones, y confiar hasta lo sumo que el Espíritu nos guiará a interpretar correctamente sus planes y la obra de su providencia (Recibiréis poder, p. 116).
No profundizamos lo suficiente en nuestra búsqueda de la verdad. Cada alma que cree en la verdad presente será puesta en circunstancias en las que se le requerirá que dé razón de la esperanza que hay en ella. Los hijos de Dios tendrán que hallarse ante reyes, príncipes, gobernantes y grandes de la tierra, y éstos deberán saber que los hijos de Dios saben con certeza lo que es la verdad. Deben ser hombres y mujeres convertidos. Dios puede enseñaros más en un momento, mediante su Espíritu Santo, que lo que podríais aprender de los grandes hombres de la tierra. El universo contempla la controversia que se desarrolla en la tierra. A un costo infinito, Dios ha provisto una oportunidad, para que cada hombre sepa lo que lo hará sabio para la salvación. ¡Cuán ansiosamente miran los ángeles para ver quién aprovechará de esa oportunidad! Cuando se presenta un mensaje a los hijos de Dios, no deben levantarse en oposición contra él. Debieran ir a la Biblia, para compararlo con la ley y el testimonio, y si no soporta esta prueba, no es verdadero. Dios quiere que se expandan nuestras mentes. Quiere revestimos con su gracia. Podemos disfrutar de un festín diario de cosas buenas, pues Dios puede abrir todos los tesoros del cielo para nosotros (Mensajes selectos, tomo 1, p. 486).

 


Jueves 5 de enero : El Espíritu Santo y la Palabra
Las joyas de la verdad yacen dispersas por el campo de la revelación; pero han sido sepultadas bajo tradiciones humanas, bajo dichos y mandamientos de hombres; y la sabiduría del cielo ha quedado casi ignorada. Satanás ha logrado hacer creer al mundo que las palabras y las adquisiciones de los hombres son de grande consecuencia. Hay venas de verdad que descubrir todavía; pero las cosas espirituales se disciernen espiritualmente. Un pasaje de la Escritura resultará ser una llave que abrirá otros pasajes, y de esta manera la luz se derrama sobre el significado oculto de la Palabra. Comparando diferentes textos que tratan del mismo tema, considerando su relación mutua, quedará en evidencia el verdadero significado de las Escrituras (Consejos para los maestros, p. 422).
En las enseñanzas que dio cuando estuvo personalmente aquí entre los hombres, Jesús dirigió los pensamientos del pueblo hacia el Antiguo Testamento. Dijo a los judíos: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Juan 5:39. En aquel entonces los libros del Antiguo Testamento eran la única parte de la Biblia que existía. Otra vez el Hijo de Dios declaró: “A Moisés y a los profetas tienen: óiganlos”. Y agregó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos”. Lucas 16:29, 31.
La ley ceremonial fue dada por Cristo. Aun después de ser abolida, Pablo la presentó a los judíos en su verdadero marco y valor, mostrando el lugar que ocupaba en el plan de la redención, así como su relación con la obra de Cristo; y el gran apóstol declara que esta ley es gloriosa, digna de su divino Originador. El solemne servicio del santuario representaba las grandes verdades que habían de ser reveladas a través de las siguientes generaciones. La nube de incienso que ascendía con las oraciones de Israel representaba su justicia, que es lo único que puede hacer aceptable ante Dios la oración del pecador; la víctima sangrante en el altar del sacrificio daba testimonio del Redentor que había de venir; y el lugar santísimo irradiaba la señal visible de la presencia divina. Así, a través de siglos y siglos de tinieblas y apostasía, la fe se mantuvo viva en los corazones humanos hasta que llegó el tiempo del advenimiento del Mesías prometido. Jesús era ya la luz de su pueblo, la luz del mundo, antes de venir a la tierra en forma humana. El primer rayo de luz que penetró la lobreguez en que el pecado había envuelto al mundo, provino de Cristo. Y de él ha emanado todo rayo de resplandor celestial que ha caído sobre los habitantes de la tierra. En el plan de la redención, Cristo es el Alfa y la Omega, el Primero y el Último (Patriarcas y profetas, p. 383).
En cada época hay un nuevo desarrollo de la verdad, un mensaje de Dios al pueblo de esa generación. Las viejas verdades son todas esenciales; la nueva verdad no es independiente de la vieja, sino un desarrollo de ella. Es únicamente comprendiendo las viejas verdades como podemos entender las nuevas. Cuando Cristo deseó revelar a sus discípulos la verdad de su resurrección, comenzó “desde Moisés, y de todos los profetas”, y “declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían”. Pero es la luz que brilla en el nuevo desarrollo de la verdad la que glorifica lo viejo. Aquel que rechaza o descuida lo nuevo no posee realmente lo viejo. Para él la verdad pierde su poder vital y llega a ser solamente una forma muerta (Palabras de vida del gran Maestro, p. 98).