CAPÍTULO 14
El redentor de Job

Al concluir el estudio del libro de Job hay varios temas que siguen siendo relevantes para nosotros. El principal es este: es posible vivir una vida intachable y recta delante de Dios. Después de todo, Job fue considerado al menos tres veces como un hombre sin tacha, recto, temeroso de Dios y alejado del pecado (Job 1: 1; 1: 8; 2: 3). En la segunda y tercera mención que se hace de estos atributos, se escucha al mismo Dios. Por otro lado, entendemos que lo intachable de Job significaba madurez, y no una perfección absoluta.
Job era obediente a Dios, pero su obediencia presente, así como la nuestra, no expiaba su desobediencia pasada. Nuestra obediencia está sujeta a que Jesús, nuestro redentor, es la verdadera fuente de nuestra obediencia, y a que somos justificados delante de Dios por los méritos de Cristo.
También vemos que Job fue meticuloso en sus deberes religiosos. Ofrecía sacrificios por sus hijos, y aunque la Biblia no lo dice, estamos seguros de que también ofrecía sacrificios por él y por su esposa.
Job pone de manifiesto la sagrada responsabilidad que tienen los padres. Ser padre conlleva una labor intercesora que dura toda la vida. Los padres deben orar por sus hijos, puesto que tener hijos es un compromiso muy grande. Sí, los criamos hasta que completan la mayoría de edad, los educamos, los preparamos para la vida; sin embargo, los padres siempre tendrán la responsabilidad de encaminarlos por las sendas de Dios. Job también oró por sus bienintencionados, aunque confundidos, amigos, y Dios asoció dichas oraciones a su pleno restablecimiento. Necesitamos orar como nunca antes, ya que se acerca el tiempo del fin.
El tema del gran conflicto es clave en el libro de Job. Dicho conflicto se toma visible cuando Satanás ataca sin clemencia a Job. Todo ello nos recuerda que a la gente buena también le suceden cosas malas. La gente buena no siempre sufre por una razón de causa y efecto. Las enfermedades y los accidentes parecen venir de la nada, o ser resultados de la casualidad; pero el relato de Job presenta en forma clara que el mal está presente por Satanás. Él y los ángeles caídos atacan y asedian a los seres humanos, en especial a los que son fieles como Job.
Job no solo fue atacado, sino que también procuro responder a tales ataques. Aunque no podemos evitar los embates del diablo, sí podemos estar seguros de algunas cosas: Dios está al tanto y pone límites a la obra del enemigo (Job 1:12; 2: 6).
A nosotros nada más nos incumbe escoger la manera en la que enfrentaremos al mal. En medio de sus pruebas, Job adoró a Dios. Debemos alabar a Dios en las buenas y en las malas, estemos alegres o tristes. Además, Job rehusó condenar a Dios mientras estaba siendo atacado por el enemigo (Job 1:21, 22).
A lo largo del libro aprendemos mucho de los amigos. Ellos estuvieron allí para apoyarlo, se sentaron sin pronunciar palabras mientras Job estaba de duelo. Jesús tuvo doce amigos y entre los doce los más cercanos fueron Pedro, Juan y Santiago. Necesitamos el apoyo de amigos cristianos y de nuestros familiares. No somos islas, separadas del resto de la gente. Si deseamos tener éxito en cualquier empresa necesitamos apoyo. Un jugador no puede ganar el partido por sí solo. Se necesita a todo el equipo. Jesús es el Capitán, y todos debemos seguir su ejemplo, seguir sus indicaciones y alcanzaremos el triunfo.
Aunque nadie es inmune a los ataques de Satanás, lo cierto es que Dios protege a los suyos. Satanás dijo la verdad cuando argumentó que Dios había colocado una valla alrededor de Job. Cuando nos entregamos a Jesús, él nos pone una marca protectora sobre nosotros. Apocalipsis 7:1-4 declara que los siervos de Dios serán sellados. Un sello constituye una señal de dominio o propiedad. Dios tiene el derecho de proteger a los que son de él. Lucas registra una declaración que señala el cuidado protector de Dios sobre nosotros, incluso cuando nos encontramos bajo la deslumbrante mirada de Satanás: «Simón, Simón, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos» (Lucas 22:31, 32).
Jesús oró por Pedro para protegerlo, para que no fuera «zarandeado» como el trigo. Jesús deseaba proteger a su desviado discípulo, incluso antes de que este pudiera entender la importancia de las declaraciones proféticas que el Maestro estaba realizando.
El libro de Job no dice que Job recibió respuestas a sus preguntas. Más bien, Dios le hizo preguntas a Job. Es como si Dios estuviera diciendo: «Yo soy el Creador. Tengo en mis manos el mundo y todo lo que hay en él. También te tengo a ti. Confía en mí». La atención de Job se centró en Dios. Debemos alejar nuestra mirada del yo y enfocarnos en Jesús.
Quizá no conozcamos los motivos de nuestras pruebas, tribulaciones y problemas. A lo mejor son los métodos de Dios para hacer que maduremos en él. Sin embargo, como Job, cosecharemos la recompensa de los fieles. El final de Job fue mucho mejor: tuvo muchos más hijos y más ganado, y murió muy anciano. Claramente, Job se considera un hombre bendecido. Jamás abandonó su esperanza y siempre mantuvo viva su fe.
El libro de Santiago dice lo siguiente: «Nosotros tenemos por bienaventurados a los que sufren: Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin que le dio el Señor, porque el Señor es muy misericordioso y compasivo» (Santiago 5:11). Comentando este pasaje, el Comentario bíblico adventista dice: «Una inmutable fidelidad en medio de los problemas de la vida [...], revela una lealtad indivisa a Dios y se convierte en requisito para la vida eternal [...]. Cuando los miembros de la iglesia son llamados a sufrir penalidades, pueden reclamar la misma bienaventuranza». 1
No creo que ninguno de nosotros sea llamado por Dios a experimentar lo que Job sufrió: la pérdida de todas sus posesiones, la pérdida de sus hijos en un accidente fortuito, una debilitante e incurable enfermedad, estar rodeados de amigos que básicamente nos dicen que estamos recibiendo nuestro merecido de parte de Dios. Pero si nos tocara todo eso, la fe en Dios podrá mantenernos fieles y leales a través de todo.
Andraé Crouch, el fallecido músico evangélico, escribió más de 300 canciones. Uno de sus himnos más famosos es «A través del dolor». Una conocida estrofa dice así:

Los cristianos aprenden a «caminar por fe y no por la vista». Somos llamados a la humildad, llamados a ser humildes ante el Señor. Según dice Miqueas 6: 8 existe un triple requisito: «Hombre, él te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios».
Job nos enseña que a nuestro alrededor hay muchas acciones que no vemos. Hemos de creer que los santos ángeles de Dios están también alrededor de nosotros, que trabajan en nuestro favor. Aunque el mal está presente en todo el mundo —tan solo hay que mirar un noticiero, o ver lo que nos trae la Internet—, Dios también lo está, así como estuvo con Job.
La Biblia dice que Job era un hombre bueno y que debido a su bondad, Satanás solicitó ponerlo a prueba. La intención de Satanás era que Job vacilara en su fe, o que «maldijera a Dios». Si Job hubiera hecho eso, Satanás habría ganado.
Recordemos que Satanás fue echado del cielo tras su fallida rebelión (Apocalipsis 12:9); y que aún airado por su derrota, continúa su lucha en contra de Dios atacando a los seres humanos. Él siembra el mal en nuestros corazones y mentes, así como un enemigo planta malas hierbas en los sembrados de un agricultor (Mateo 13:39). Por eso en Juan 10:10 Jesús hace una clara distinción entre él y el diablo.
Alguien dijo: «Yo me muevo únicamente por la gracia de Dios». Incluso si una persona fuera culpable de algún gran pecado, deberíamos esforzarnos para actuar como Jesús, que al condenar el pecado lo hizo con misericordia y gracia. ¿Qué tienen en común Jesús y Job? Varias cosas. Job, aunque sufrió enormemente y sin motivos, fue un testigo de lo que la fe y la perseverancia pueden hacer. Jesús, que era y es perfecto, pagó la condena por los pecados de toda la humanidad. Aunque no se registró nada en contra de Jesús ni de Job, ambos fueron atacados por Satanás y falsamente acusados. Su sufrimiento fue intenso. Pero el sufrimiento por el pecado no estuvo limitado a Job, o a Jesús.
«Pocos piensan en el sufrimiento que el pecado causó a nuestro Creador. Todo el cielo sufrió con la agonía de Cristo; pero ese sufrimiento no empezó ni terminó con su manifestación en la humanidad. La cruz es, para nuestros sentidos entorpecidos, una revelación del dolor que, desde su comienzo, produjo el pecado en el corazón de Dios. Le causan pena toda desviación de la justicia, todo acto de crueldad, todo fracaso de la humanidad en cuanto a alcanzar su ideal. Se dice que cuando sobrevinieron a Israel las calamidades que eran el seguro resultado de la separación de Dios, sojuzgamiento a sus enemigos, crueldad y muerte, el alma de Dios "fue afligida a causa de la desdicha de Israel" (Jueces 10:16). «En todas sus aflicciones él fue afligido... y los alzaba en brazos, y los llevaba todos los días de la antigüedad" (Jueces 10:16; Isaías 63:9)». 3
Un día todo el pecado y el sufrimiento concluirán. Nos gozaremos en ese día, según lo describe la misma autora en su libro El conflicto de los siglos: «El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en toda la creación. De Aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que Dios es amor». 4 Anhelamos el día cuando todo eso sea una realidad.


Referencias