Lección 13 El carácter de Job

Sábado 17 de diciembre


En toda iglesia debe establecerse un fondo para los pobres. Luego cada miembro presentará una ofrenda de agradecimiento a Dios cada semana o cada mes, según resulte más conveniente. Esta ofrenda expresará nuestra gratitud por los dones de la salud, el alimento y las ropas cómodas. Y en la medida en que Dios nos bendijo con estas comodidades, apartaremos recursos para los pobres, los dolientes y los angustiados. Quisiera llamar especialmente la atención de los hermanos a este punto. Recordemos a los pobres. Privémonos de algunos de nuestros lujos; sí, aun de comodidades, y ayudemos a aquellos que pueden obtener solamente la más escasa alimentación e indumentaria. Al obrar en su favor, obramos para Jesús en la persona de sus santos. Él se identifica con la humanidad doliente. No aguardemos hasta que hayan sido satisfechas todas nuestras necesidades imaginarias. No confiemos en nuestros sentimientos para dar cuando nos sintamos dispuestos a ello, y retener cuando no nos inclinemos a dar. Demos regularmente, sea diez, veinte o cincuenta centavos por semana, según lo que quisiéramos ver anotado en el registro celestial en el día de Dios. Queremos agradeceros por vuestros buenos deseos, pero los pobres no pueden vivir cómodamente solo con buenos deseos. Deben recibir alimentos y ropas como pruebas tangibles de vuestra bondad. Dios no quiere que ninguno de sus seguidores mendigue su pan. Os ha dado en abundancia para que podáis suplir las necesidades que ellos no alcanzan a suplir con su laboriosidad y estricta economía. No aguardéis a que llamen vuestra atención a sus necesidades.
Obrad como Job. Lo que él no sabía, lo averiguaba. Haced una gira de inspección, y ved lo que se necesita, y cómo puede suplirse mejor (Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 41,42). Cada uno de ustedes necesita despertar y enfrentar honestamente la necesidad de abandonar el tren del egoísmo. Mejoren el breve tiempo de prueba que Dios les da, trabajando con todas sus fuerzas para redimir los fracasos de su vida pasada. Dios los ha colocado en un mundo de sufrimiento para probarlos, para ver si serán hallados dignos del don de la vida eterna. Alrededor de ustedes hay quienes tienen aflicciones, que necesitan palabras de comprensión, amor y ternura, y nuestras oraciones humildes y solidarias. Algunos están sufriendo bajo la mano de hierro de la pobreza, algunos con enfermedad, y otros con angustias, desaliento y tristeza. Como Job, ustedes debieran ser ojos para el ciego y pies para el cojo, e inquirir en la causa que no conocen y estudiarla con el propósito de aliviar sus necesidades y ayudar precisamente donde más ayuda necesitan (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 581).

Domingo 18 de diciembre: El hombre de Uz


Que los padres aprendan del hombre de Uz una lección de constancia y devoción. Job no descuidaba su deber hacia los que no pertenecían a su familia; era benévolo, amable, considerado con los intereses de los demás; y al mismo tiempo trabajaba fervientemente por la salvación de su propia familia (Hijos e hijas de Dios, p. 260). El altruismo, principio básico del reino de Dios, concita el odio de Satanás, que niega hasta su misma existencia. Desde el comienzo del gran conflicto ha tratado de demostrar que los principios que constituyen el fundamento de la actividad divina son egoístas, y califica del mismo modo a todos los que sirven a Dios. La obra de Cristo y la de todos los que llevan su nombre consiste en refutar las acusaciones de Satanás. Jesús vino en forma humana para ofrecer en su propia vida un ejemplo de altruismo. Y todos los que aceptan este principio deben ser colaboradores con él, demostrándolo en la vida práctica. Escoger la justicia por la justicia misma; ponerse de parte de la verdad aunque cueste sufrimiento y sacrificio, “ésta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová” (La educación, pp. 154, 155).
Cristo identifica su interés con el de la humanidad. La obra que lleva las credenciales divinas es la que manifiesta el espíritu de Jesús, la que revela su amor, su cuidado, su ternura al tratar con las mentes de los hombres. ¡Qué revelaciones recibiría el hombre si se descorriera el velo y pudierais ver los resultados de vuestra labor al relacionaros con los errantes que han necesitado un trato más juicioso para no ser desviados de la senda! “Por lo cual alzad la manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado”. Siempre hemos tenido que tratar con personas tentadas y probadas, y es esencial que nos convirtamos a Dios cada día, y seamos vasos que puedan ser usados para el honor y la gloria de su nombre. El verdadero valor del alma puede ser estimado únicamente por la cruz del Calvario (Testimonios para los ministros, p. 184).
Cuando la depresión se apodera del alma, eso no es evidencia de que Dios haya cambiado. Él es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Es posible estar seguro del favor de Dios cuando se es capaz de sentir los rayos del Sol de justicia; pero si las nubes envuelven su alma, no debemos creer que hemos sido abandonados. La fe debe atravesar las tinieblas. El ojo debe estar fijo en Dios, y todo nuestro ser se llenará de luz. Hay que tener siempre ante la mente las riquezas de la gracia de Cristo. Atesoremos las lecciones que proporciona su amor. Que nuestra fe sea como la de Job, para que podamos decir; “Aunque él me matare, en él esperaré”. Aferrémonos de las promesas del Padre celestial, y recordemos la forma como nos trata; porque “todas las cosas les ayudan a bien... a los que conforme a su propósito son llamados” (Mente, carácter y personalidad, tomo 2, p. 514).

 

Lunes 19 de diciembre :Pasos lavados con leche


Los misericordiosos son aquellos que manifiestan compasión para con los pobres, los dolientes y los oprimidos. Dijo Job: “Yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda yo daba alegría. Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia”. Para muchos, la vida es una lucha dolorosa; se sienten deficientes, desgraciados y descreídos: piensan que no tienen nada que agradecer.
Las palabras de bondad, las miradas de simpatía, las expresiones de gratitud, serían para muchos que luchan solos como un vaso de agua fría para un alma sedienta. Una palabra de simpatía, un acto de bondad, alzaría la carga que doblega los hombros cansados. Cada palabra y obra de bondad abnegada es una expresión del amor que Cristo sintió por la humanidad perdida (El discurso maestro de Jesucristo, p. 24).
Existen personas que piensan que es degradante para su dignidad ministrar a la humanidad que sufre. Muchos miran con indiferencia y desprecio a aquellos que han permitido que el templo del alma yaciera en ruinas. Otros descuidan a los pobres por diversos motivos. Están trabajando, como creen, en la causa de Cristo, tratando de llevar a cabo alguna empresa digna. Creen que están haciendo una gran obra, y no pueden detenerse a mirar los menesteres del necesitado y afligido. Al promover el avance de su supuesta gran obra, pueden hasta oprimir a los pobres. Pueden colocarlos en duras y difíciles circunstancias, privarlos de sus derechos o descuidar sus necesidades. Sin embargo, creen que todo eso es justificable porque están, según piensan, promoviendo la causa de Cristo (Palabras de vida del gran Maestro, p. 315).

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Martes 20 de diciembre :Corazón y ojos


Martes 20 de diciembre: Muchos dan por sentado que son cristianos simplemente porque aceptan ciertos dogmas teológicos. Pero no han hecho penetrar la verdad en la vida práctica. No la han creído ni amado; por lo tanto no han recibido el poder y la gracia que provienen de la santificación de la verdad. Los hombres pueden profesar creer en la verdad; pero esto no los hace sinceros, bondadosos, pacientes y tolerantes, ni les da aspiraciones celestiales; es una maldición para sus poseedores, y por la influencia de ellos es una maldición para el mundo.
La justicia que Cristo enseñaba es la conformidad del corazón y de la vida a la voluntad revelada de Dios. Los hombres pecaminosos pueden llegar a ser justos únicamente al tener fe en Dios y mantener una relación vital con él. Entonces la verdadera piedad elevará los pensamientos y ennoblecerá la vida.
del cristiano. Entonces las ceremonias requeridas en el servicio de Dios no serán ritos sin significado como los de los hipócritas fariseos (El Deseado de todas las gentes, p. 276).
Toda alma que desea alejarse de toda iniquidad... trabajará por estar al lado del Señor en pensamiento, en palabras y en carácter, obediente a todos sus requerimientos. En lugar de buscar oportunidades para evadirse de la ley de Dios, realizará la interpretación más amplia del extenso alcance de sus mandamientos, y se esforzará muy sinceramente por hacer que la voluntad, los afectos y todo el corazón ejemplifiquen los grandes principios de sus santos mandamientos... La obra debe comenzar en el corazón... Si el corazón está en armonía con Dios, entonces toda la vida será purificada, refinada, ennoblecida y santificada... La religión no es cosa de exterioridades... La religión es un asunto del corazón (Nuestra elevada vocación, p. 142).
El cristiano sincero, al aceptar la gracia, siente que su éxito depende enteramente de Cristo. Aquí está la fuente de energía divina. No se esfuerza por presentar méritos propios; no tiene fidelidad para presentar ante el Cielo. Siente su propia debilidad e ineficacia, y está convencido de que su carácter debe ser transformado. La humillación y abnegación revelan que el alma ha contemplado a Cristo. El corazón que fue llevado al arrepentimiento por el Espíritu de Cristo actuará sobre la base de principios. Es participante de la naturaleza divina... En su vida diaria y conversación representará el carácter de Cristo...
¿De qué nos serviría cultivar la altivez de espíritu y orar al mismo tiempo por humildad? ¿Cuál sería el beneficio de buscar ansiosamente la amistad y el aplauso del mundo, y orar al mismo tiempo por los afectos celestiales? ¿Cuál sería el beneficio de tolerar un temperamento apasionado y pronunciar palabras no cristianas, y orar al mismo tiempo por la mansedumbre de Cristo? Esto no es velar en oración. En la carencia de la fe que obra por el amor y purifica el alma yace el secreto de la oración no contestada (Alza tus ojos, p. 21).

 

Miércoles 21 de diciembre:Una casa sobre la roca


Esta vida esta cuajada de felices oportunidades que podéis aprovechar para ejercer la capacidad que Dios os dio en beneficio de los demás. Y al hacer eso, os beneficiaréis vosotros mismos, sin quererlo. Las circunstancias menos importantes a veces se convierten en bendiciones definidas para el que obra basado en principios y en la costumbre de hacer el bien por el bien mismo. Procurad la perfección de carácter; y tratad de que todo cuanto hagáis, esté a la vista de ojos humanos o no, tome en cuenta la gloria de Dios, porque le pertenecéis y él os ha redimido al precio de su propia vida. Sed fieles en lo poco y en lo mucho; aprended a decir la verdad y a obrar siempre con sinceridad. Someted plenamente vuestro corazón a Dios. Si os regís por su gracia, realizaréis pequeñas acciones de bondad, os empeñaréis en la tarea más cercana, y trataréis de embellecer vuestra vida y carácter en la medida de lo posible, dispersando los dones de amor y bendiciones por el camino de la vida. Vuestras obras tendrán resultados eternos. La obra de vuestra vida se apreciará en el cielo, y allí vivirá a través de los siglos eternos, porque fue hallada preciosa a la vista de Dios (Meditaciones matinales 1952, p. 226).
El Señor consideró a Daniel como un hombre leal, porque fue un administrador que trabajó fielmente con los bienes de su Señor. No se olvidó de Dios, sino que se colocó en el canal de la luz, desde donde podía tener comunión con Dios en oración. Y se nos informa que Dios concedió a Daniel y a sus compañeros inteligencia y destreza en todo conocimiento y sabiduría... Dondequiera que se encuentren, permitan que los que están a su alrededor vean que ustedes le dan la gloria a Dios. Que el hombre quede en la sombra; que Dios aparezca como la única esperanza de la raza humana. Cada ser humano debe fundamentar la construcción de su carácter sobre Cristo Jesús, la Roca eterna; entonces permanecerá inamovible en medio de tormentas y tempestades (Exaltad a Jesús, p. 360). El que recibe las palabras que os he hablado y las convierte en el cimiento de su carácter y su vida, dijo Jesús, es como los que construyen su casa sobre la roca. Siglos antes, el profeta Isaías había escrito: “La palabra del Dios nuestro permanece para siempre”, y Pedro, años después de que se pronunciara el Sermón del Monte, al citar estas palabras de Isaías, añadió “Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”. La Palabra de Dios es lo único permanente que nuestro mundo conoce. Es el cimiento seguro. “El cielo y la tierra pasarán dijo Jesús pero mis palabras no pasarán”. Los grandes principios de la ley, que participan de la misma naturaleza de Dios, están entretejidos en las palabras que Cristo pronunció sobre el monte. Quienquiera que edifique sobre esos principios edifica sobre Cristo, la Roca de la eternidad. Al recibir la Palabra, recibimos a Cristo, y únicamente los que reciben así sus palabras edifican sobre él...
Edificamos en Cristo por la obediencia a su palabra. No es justo quien solo se complace en la justicia, sino quien la ejecuta. La santidad no es arrobamiento; es el resultado de entregarlo todo a Dios; es hacer la voluntad de nuestro Padre celestial. Cuando los hijos de Israel acampaban en los límites de la tierra prometida, no bastaba que tuvieran conocimiento de Canaán ni que entonaran los himnos de Canaán. Esto solo no les daría posesión de los viñedos y olivares de la buena tierra. Tan solo podían hacerla suya en verdad ocupándola, cumpliendo las condiciones, ejerciendo una fe viva en Dios, y aplicando las promesas a sí mismos mientras obedecían sus instrucciones (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 124, 125).

 

Jueves 22 de diciembre :La multiforme sabiduría de Dios


Dijo Cristo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Dejad resplandecer vuestra luz de tal manera que la gloria sea para Dios en lugar de ser para vosotros mismos. Si se os dirigen alabanzas, bien podéis temblar y avergonzaros, porque se ha frustrado el gran propósito; no se ensalza a Dios sino al siervo. Así brille vuestra luz; tened cuidado ministros de Cristo de qué manera brilla vuestra luz. Si refulge hacia el cielo revelando la excelencia de Cristo, brilla correctamente. Si se vuelve hacia vosotros, si os exhibís a vosotros mismos, e inducís a la gente a miraros, sería mejor que os callaseis, porque vuestra luz brilla falsamente (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 393).
La obra de Cristo en el mundo consistió en buscar y salvar lo que se había perdido. Siempre vio ante él el resultado de su misión, aunque debió recibir primero el bautismo de sangre, aunque el peso de los pecados del mundo gravitó sobre su alma inocente, aunque la sombra de una indecible calamidad siempre se cernió sobre él. Sin embargo, por el gozo propuesto delante de él, soportó la cruz y despreció la vergüenza. Soportó todo esto para salvar al hombre pecador, para elevarlo y ennoblecerlo, y darle un lugar con él en su trono. Cristo es el originador de la verdad divina. Conocía la altura y la profundidad, la longitud, la anchura y la plenitud de la compasión del amor divino, como ningún mortal puede conocerla. Sabía qué gran bendición rehusaban los pecadores cuando rechazaban la luz divina... Los hombres están contaminados con el pecado, y no pueden tener una concepción adecuada del atroz carácter del mal que acarician. Por causa del pecado, la Majestad del cielo fue golpeada, herida de Dios y afligida. Nuestro Sustituto desnudó voluntariamente su alma ante la espada de la justicia, para que nosotros no pereciéramos sino que tuviéramos vida eterna. Cristo dijo: “Yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:17, 18). Ningún hombre del mundo y ningún ángel del cielo habría podido pagar la penalidad del pecado. Jesús era el único que podía salvar al hombre rebelde. El gozo puesto delante de Jesús fue el de ver las almas redimidas por el sacrificio de su gloria, su honor, sus riquezas y su propia vida. La salvación del hombre era su gozo. Cuando se reúnan todos los redimidos en el reino de Dios, él verá los resultados del trabajo de su alma y quedará satisfecho (A fin de conocerle, p. 370).