CAPÍTULO 11
Desde el torbellino
E1 capítulo 38 de Job contesta algunas preguntas y plantea otras. Nosotros también tenemos nuestras interrogantes: ¿Dónde está Dios? ¿Nos escucha? ¿Nos contesta? Luego de considerar los problemas y la maldad imperantes en el mundo, una persona dijo: «¿Dónde está Dios? ¡Tengo decirle algo!».
¿Por qué creemos que es posible hablar con Dios (orar), pero cuando alguien dice que Dios le contestó ponemos en duda su cordura, su inteligencia, o su sinceridad?
Job supo lo que era hablarle a Dios y hablar de Dios. Job clama de continuo a Dios e incluso solicita tener una audiencia con el Todopoderoso.
De hecho, él no es el único personaje bíblico que procura la intervención divina sin recibir respuesta. Pero, ¿qué en cuanto a nosotros? ¿Clamamos y esperamos que Dios nos responda? Dios le contestó a Job. ¡Y qué respuesta!
Después del diálogo entre Job y el grupo EBZ, y Eliú, finalmente el Señor le habla a Job, en tanto que ignora a los demás. Él habla desde una tormenta. ¿Qué debemos hacer cuando Dios decide hablar? Escuchar. ¿Qué debemos hacer cuando él habla desde una tormenta, desde un torbellino? Escuchar con atención.
Dios habló con Adán y Eva en el huerto de Edén. El primer diálogo entre Dios y un ser humano registrado en la Biblia, encierra una pregunta fundamental: «¿Dónde estás?» (Gén. 3: 9). Nuestro Señor no estaba indagando respecto a la ubicación física de Adán y Eva; como Creador, él ciertamente sabía dónde ellos estaban.
Pero la entrada del pecado produjo una resquebradura en la relación que existía entre el Creador y sus criaturas. El ser humano no fue creado para esconderse de Dios, sino para tener una relación íntima con él.
Dios se preocupa por nuestra relación con él. Por eso prometió que un descendiente de la mujer destruiría el poder de la serpiente (Gén. 3: 15). Dios envió a su Hijo para rescatarnos de las garras del maligno usurpador, de Satanás. Lo envió para restaurar su imagen en nosotros. Dios ha hecho todo para redimirnos, salvarnos, perdonarnos e inspiramos a vivir en justicia.
Cuando Dios habla con Job, no está simplemente respondiendo las inquietudes del patriarca. También plantea una serie de preguntas retóricas. En la primera pregunta que Dios le hace a Job, leemos lo siguiente: «¿Quién es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?» (Job 38: 2). ¡Qué pregunta! La misma pone de manifiesto el valor que el interrogador (Dios) le atribuye a las declaraciones del que está siendo interrogado (Job). Aunque Job era «sin tacha» sus declaraciones respecto a Dios eran incorrectas, puesto que expresan un conocimiento limitado, oscuro, del accionar divino.
La insinuación de Job, en cuanto a que Dios se había convertido en su enemigo, podría confundir en lugar de arrojar luz. Job no sabía lo que estaba diciendo cuando tildó a Dios de injusto. Sus palabras estaban desprovistas de sabiduría (como lo había dicho Eliú en dos ocasiones (Job 34: 35; 35: 16).1 »n
¿Cuán a menudo hablamos «palabras sin sabiduría». En ocasiones hablamos descomedidamente y revelamos nuestra ignorancia o falta de conocimiento. Sin embargo, Dios no solo ilumina a Job, sino que también se revela al interrogado como la respuesta misma a todas sus inquietudes.
Hace varios años, mientras dirigía una reunión de negocios en una iglesia, uno de los miembros sugirió la solución a un problema que nos preocupaba. Aunque no puedo precisar el asunto, ni tampoco lo que dijo el hermano, sí recuerdo que su observación produjo una oleada de sonrisas en el rostro de todos. Luché para no reírme y mostrar respeto a la persona. Durante un breve momento todas las miradas se fijaron en mí. Todos esperaban mi respuesta. Le dije: «En verdad aprecio el celo que usted muestra por el Señor». A lo que ella añadió: «Sí pastor, pero es un celo desprovisto de conocimiento, ¿no es cierto?». Luego todos nos reímos a carcajadas.
Muchas veces Dios se revela a través de un diálogo. Él habló personalmente con Abraham (Gén. 15: 1-6), y le aseguró al patriarca que tendría un heredero. Dios se preocupa por nosotros. Nuestros desvelos son asimismo importantes para él.
De hecho, Dios le hace a Job una serie de preguntas y comienza diciéndole que se alistara, que se apercibiera, que se preparara: «Ahora cíñete la cintura como un hombre: yo te preguntaré y tú me contestarás» (Job 38: 3). Luego le pregunta a Job dónde estaba él durante la creación del mundo. Job fue instruido acerca de la grandeza divina mediante aquella serie de preguntas en las que Dios le revela su poder creador y su inmensa grandeza mostrada en todo lo creado.
Gracias a los avances científicos podríamos contestar algunas de las preguntas que aparecen en los capítulos 38 y 39, aunque en la mayor parte de los casos tendríamos que decir: «No sabemos».
Con el debido respeto a la labor de los científicos, hay muchas cosas que no sabemos. Desde luego, reconocemos que mucha de la denominada sabiduría humana no es más que «una necedad», y así es precisamente como la Biblia la llama: «La sabiduría de este mundo es insensatez ante Dios, como está escrito: "Él prende a los sabios en la astucia de ellos". Y otra vez: "El Señor conoce los pensamientos de los sabios, y sabe que son vanos"» (1 Cor. 3: 19, 20).
Job responde al sublime cuestionamiento de Dios y admite que ¡ni siquiera conocía a Dios! Él había oído hablar de Dios, pero ahora reconoce la diferencia entre oír de Dios y tener una experiencia real con él.
Reflexionemos en estas preguntas: ¿Cómo se cataloga nuestra relación con Dios? ¿Actuamos superficialmente, confiando en lo que alguien dijo, satisfechos con un conocimiento de segunda mano? ¿O acaso contamos con algo real que hemos experimentado con el mismo Dios, para que como Job digamos:
«Yo reconozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que te sea oculto. "¿Quién es el que, falto de entendimiento, oscurece el consejo?". Así hablaba yo, y nada entendía; eran cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Escucha, te ruego, y hablaré. Te preguntaré y tú me enseñarás. De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven. Por eso me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42:2-6)?
Ahora que Job ha tenido un contacto directo con Dios y que posee una innegable experiencia con su Creador, puede reevaluar la actitud que anteriormente había asumido respecto a Dios.
Luego su postura revela que se ha humillado ante Dios. Job se arrepiente de sus palabras y de su actitud; se reevalúa a sí mismo.
Parecería que cada persona sincera que ha sostenido un encuentro con Dios de inmediato reconoce que no es nada ante la inmensidad del Señor. Recordemos el caso Isaías, el profeta que recibió una visión del trono del Todopoderoso, en la que los ángeles revolotean diciendo, santo, santo, santo. ¡ Qué sobrecogedora experiencia!
Era una visión tan sobrecogedora, que Isaías exclamó: «¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos» (Isa. 6: 5).
Refiriéndose a Isaías 6, un comentarista dijo lo siguiente: «El grito del profeta expresa el resultado normal de la reacción del ser humano ante el contacto con Dios. De allí que Moisés cubriera su rostro "porque tuvo miedo de mirar a Dios" (Éxo. 3: 6). Igualmente Job se aborreció y se arrepintió "en polvo y ceniza" (Job 42: 6). Asimismo Pedro cayó a los pies de Jesús exclamando: "Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador". (Luc 5: 8). En ese momento, en la presencia del Eterno, el ser humano percibe su insignificancia y su culpabilidad en la presencia del Santo y Sublime. Nadie puede ver a Dios y seguir con vida (1 Samuel 6: 20)».2
La visión indujo a Isaías a reconocer su propia maldad. De igual modo, Job reconoció su verdadera condición cuando Dios habló con él. Job se arrepintió y confesó su propia ignorancia y su gran pecaminosidad. Ya lo dijo Elena G. de White: «"Respondió Jehová a Job desde un torbellino" (Job 38: 1), y reveló a su siervo la grandeza de su poder. Cuando Job alcanzó a vislumbrar a su Creador, se aborreció a sí mismo y se arrepintió en el polvo y la ceniza. Entonces el Señor pudo bendecirlo abundantemente y hacer que los últimos años de su vida fueran los mejores».3
A pesar de todo lo que Job experimentó, él permaneció fiel.
Perdió sus bienes terrenales; perdió su familia; Satanás le quitó la salud, ¡y Job creía que todo había sido la obra de Dios! Sus amigos en nada lo ayudaron; pero finalmente el mismo Creador habló con él, y entonces Job pudo comprender lo que estaba pasando.
Recordemos que Satanás trae la tribulación a nuestras vidas para continuar atacando a Dios, para humillarnos, para probar que no somos fieles de corazón. Pero el repentino cambio de la suerte de Job, demostró que Dios tenía razón, como siempre, y que Satanás es un mentiroso, como siempre lo es.
Job salió de su extrema prueba tan puro como el oro. ¿Y nosotros? ¿Cómo nos irá? ¿Cómo nos está yendo ahora? Aunque no deseamos experimentar las horribles pruebas de Job, podemos permanecer fieles y pedirle a Dios que nos ayude a confiar en él en medio de la tormenta.
Referencias 1.Zuck, «Job», p. 767. 2. «Isaiah 6», Ellicott's Commentary for English Readers, Bible Hub, http.//biblehub.com/commentaries/ isaíah/6-5 .htm 3. Elena G. de White, Profetas y reyes, cap. 12, p. 109.