Lección 2 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave: Salmo 8:3-8.

Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección:

I. Saber: Poner nuestra función en perspectiva

II. Sentir: El gozo de la mayordomía

III. Hacer: la responsabilidad del dominio

Resumen: El salmista nos recuerda nuestro lugar apropiado en la creación divina. Cuando tratamos de ajustar ese orden, entonces todo queda fuera de alineación. Nuestra tarea es reflejar la imagen de Dios por la forma en que interactuamos con otros y en cómo cuidamos de su creación.

Ciclo de aprendizaje

Texto destacado: Salmo 8:3-8.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Comprender el dominio que como seres humanos nos ha sido dado, en el contexto de nuestro lugar en el universo: sobre los animales, pero en sujeción a Dios.

{{ 1: ¡Motiva!} •

Diálogo inicial: En el Salmo 8, David describe claramente el orden del universo. En la cúspide, Dios reina supremo, con dominio sobre todo: “Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra” (Sal. 8:1).
Por debajo de Dios están los ángeles –los “seres celestiales”– y por debajo de ellos están los seres humanos (Sal. 8:3-5).
Finalmente, por debajo de los seres humanos está el reino animal (Sal. 8:6-8). El orden del universo es claro: Dios está por sobre todo; los ángeles, debajo de él; luego seguimos nosotros; y debajo de nosotros está el reino animal, sobre el cual se nos ha dado dominio.
La historia de la humanidad presenta ejemplos de que hay personas que han tratado de cambiar el orden de Dios para adecuarlo a sus propias preferencias. Algunos han tratado de ponerse por sobre Dios, con consecuencias desastrosas. Y en tiempos recientes hemos visto esfuerzos de la biotecnología para eliminar la distinción entre los humanos y los animales. Pero la Biblia enseña que somos creados “a imagen de Dios”. Cualesquiera que sean las semejanzas entre animales y nosotros, Dios ha establecido a los seres humanos como un orden moral separado. Nuestro propósito original es cuidar del resto de la creación, pero no involucra ser idénticos a los animales.

Considera: ¿Cómo se distorsiona nuestra percepción si intentamos elevarnos dentro del orden divino de la creación? ¿Cuáles son los efectos de vernos como menos de lo que Dios quería para nosotros? ¿Qué consecuencias pueden producirse por ambas distorsiones de la realidad? ¿De qué manera enriquece nuestra relación con otras personas el comprender nuestro rango dentro del orden de la creación?

{{ 2: ¡Explora!}

Comentario de la Biblia

I. Que Dios tenga el dominio.
(Repasa, con tu clase, Gén. 1:26-28; 3:1-7.)

Podemos ser efectivos en ejercer nuestro dominio dado por Dios solo si reconocemos los límites de ese dominio. Después de que Dios creó a Adán y a Eva, les dio dominio sobre los animales y la Tierra, y la libertad de comer todo lo que quisieran del jardín –frutas, nueces y granos–, excepto del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero la serpiente les dijo que Dios estaba limitando su poder. Les proveyó el primer ejemplo registrado de una técnica que en el mundo político actual se llama “spin” [un sesgo específico de la información], en la que la verdad es torcida para dar una impresión equivocada o incompleta. El “spin” hace que lo real sea irreal; y lo irreal, real.
La serpiente, “astuta más que todos los animales” que Dios había hecho (Gén. 3:1), puso su “spin” sobre el mandato divino. Expresó incredulidad de que Dios hubiera mandado que Adán y Eva no comieran de ninguna fruta del huerto (una orden que Dios no había dado). “¿Puede ser realmente que Dios haya dicho: No comerás de todo árbol del huerto?” (Gén. 3:1, paráfrasis). Eva respondió: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en el medio del huerto dijo Dios: No comerás de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (Gén. 3:2, 3). Pero la serpiente lo contradijo: “No moriréis” (Gén. 3:4). Eva se convenció. El sesgo dado era atrayente –la haría “alcanzar sabiduría”– y el fruto también era “bueno para comer [...] agradable a los ojos” (vers. 6). Desde entonces, los humanos han estado confrontados con una variedad de “frutas” atrayentes que prometen: sabiduría, paz, poder, felicidad, salud, satisfacción, realización. Pero la promesa no es real. El verdadero logro viene cuando reconocemos que Dios tiene el dominio total sobre todo, y que nuestro derecho al dominio sobre la Tierra solo es válido si reconocemos que Dios es el Gobernante de todo.

Considera: En las sociedades democráticas, la legitimidad del poder político deriva “del pueblo”. Los dirigentes elegidos manejan el poder en nombre de quienes ellos representan y, en última instancia, son responsables ante ellos. ¿Hasta dónde esta analogía es buena para la responsabilidad que Dios nos ha dado sobre la Tierra? ¿De qué modo este “dominio delegado” –el tener que dar cuenta a Dios por nuestros actos– influye en la manera en que tratamos a otras personas y a los recursos del mundo?

II. Dominio sobre otros
(Repasa, con tu clase, Sal. 8:3-8; Mar. 10:35-45.)

El salmista bosqueja el orden dado por Dios en el universo (Sal. 8:3-8). El pecado socava ese orden y lleva a los seres humanos a conductas inapropiadas.
Un ejemplo de esto puede verse en la ambición mundana de Santiago y Juan, los “hijos del trueno”, que querían tener dominio sobre otros seres humanos.
Le pidieron a Jesús: “Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Mar. 10:37). No pedían esos lugares para ser siervos más efectivos. Sin modestia, pedían asientos de honor y prestigio en un reino terrenal que creían que Jesús establecería.
Jesús debió de haberse preguntado si los discípulos escuchaban lo que él les decía. Las cosas se complicaron cuando los otros discípulos se enteraron de lo que Santiago y Juan habían pedido.
Bondadosamente, Jesús les dijo que no hablaban como discípulos, sino como luchadores humanos por el poder. Su pedido era lo que Jesús esperaría de los políticos –de los gobernantes o de altos oficiales–, pero no de sus seguidores. De acuerdo con Jesús, la grandeza no procede del poder y del dominio sobre otros. Santiago y Juan todavía tenían que aprender que él no estaba interesado en un reino terrenal, ni en la fama, la fortuna o el poder. Si sus discípulos querían ser grandes, debían humillarse como siervos y esclavos.
Jesús, el Creador del universo, no vino a la Tierra para ser servido, sino para servir (Mar. 10:42-45). Era su humildad lo que lo llevó hasta la cruz.

Considera: Pide a tu clase que nombren personas –sean personajes públicos o no– que exhiben la “grandeza verdadera” que demostró Jesús. ¿Qué rasgos de carácter comparten esas personas? Analicen cómo este concepto de la grandeza verdadera se relaciona con el ejercicio adecuado o inapropiado del dominio.

{{ 3: ¡Aplica!}

• Solo para los maestros: En la siguiente actividad, presenta dos escenarios de la manera en que los humanos se relacionan con los animales. Úsalos como punto de partida para analizar y aplicar los principios considerados en esta lección.

Actividad:

Preguntas para reflexionar:


{{ 4: ¡Crea!}

Solo para los maestros: Recuerda que debemos aplicar principios bíblicos a nuestra vida diaria, a veces en situaciones difíciles. Como clase, analicen las diferencias entre solo hablar acerca de nuestras creencias y vivirlas fielmente.

Actividad: Divide la clase en pequeños grupos, o manténganse en uno solo para esta actividad. Desafíalos para que completen uno o dos de los siguientes ejercicios: