Lección 12 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave: Éxodo 2:23-25.

Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección:

I. Saber: El desafío de las ciudades A. El libro de Jonás termina en forma un tanto ambigua, en donde Dios hace una pregunta específica (Jon. 4:11). ¿Qué nos dice esta pregunta acerca de la naturaleza íntima de Dios? B. Más de cien años atrás, Elena de White escribió que la Iglesia Adventista había descuidado las ciudades (FCE 537). ¿Por qué los adventistas hemos ignorado las ciudades? ¿Por qué las ciudades son tan difíciles para la misión? ¿Qué las hace tan importantes para la misión?

II. Sentir: Preocupación por los moradores de las ciudades A. ¿Has compartido con Dios tu preocupación acerca de participar en la misión urbana?

III. Hacer: Acción en las ciudades A. Dios les dijo a los exiliados en Babilonia que oraran por “la paz [shalom] de la ciudad” (Jer. 29:7). Esta semana, ora por la paz y el bienestar de alguna ciudad grande en tu provincia o Estado, y por su gente. B. Los exiliados judíos en Babilonia clamaban: “¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?” (Sal. 137:4). Para muchos adventistas, las ciudades son “tierra de extraños”. ¿En qué maneras prácticas podemos cantar los cantos de Dios en las ciudades?

Resumen: Las ciudades tienen un lugar especial en el corazón de Dios. Él estaba preocupado por Nínive. Les dijo a los exiliados judíos que fueran una bendición en Babilonia. Jesús lloró sobre Jerusalén. No podemos seguir la Gran Comisión de ir a todo el mundo si pasamos por alto las ciudades, donde vive ahora la mayoría de la población mundial. En las ciudades, somos llamados a seguir el método de ministerio de Cristo.

Ciclo de aprendizaje

Texto destacado: Jeremías 29:7.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Al afrontar el desafío misional de las ciudades –un desafío que hemos descuidado mayormente–, se nos llama a seguir el ejemplo del ministerio holístico de Jesús. {{ 1: ¡Motiva!} • Solo para los maestros: Se nos llama a ser una bendición para las ciudades. Examina con tu clase las prioridades misionales de tu iglesia. ¿Hay áreas o grupos de personas que se están descuidando? ¿Qué pueden hacer para alcanzar a las personas en áreas urbanas con mayor efectividad? Diálogo inicial: Se cuenta la historia de un hombre, agachado bajo un farol, que buscaba algo. Su amigo David se detuvo para ayudarlo. –¿Qué perdiste, Juan? –le preguntó. –Se me cayó el reloj y no puedo encontrarlo en ninguna parte. –¡Qué lástima! –dijo David–. Permíteme ayudarte. David se arrodilló y estuvo unos diez minutos buscando el reloj en el suelo debajo del farol. Finalmente, se volvió a Juan y le dijo: –¿Estás seguro de que se te cayó aquí? –Bueno, no exactamente aquí –replicó Juan. –Entonces, ¿dónde se te cayó? –exclamó David. Juan señaló un lugar oscuro: –Por allí, a unos veinte metros. David no podía creer lo que oía. –Se te cayó allá, pero estuvimos buscándolo aquí todo el tiempo. Eso es ridículo. ¿Por qué lo buscas aquí? –Bueno, es obvio –dice Juan–. Aquí hay mejor luz. Por extraño que parezca esto, la iglesia ha tratado de predicar “donde hay mejor luz”. Hemos gastado gran parte de nuestros recursos en áreas donde ya hay una base cristiana fuerte, donde la luz es más fuerte. Y hemos ignorado esas partes del mundo donde el nombre de Jesús nunca se ha oído. Vemos esto hoy: la Iglesia Adventista es más fuerte en áreas rurales que en las ciudades, donde ahora vive la mayor parte de la población mundial.

Considera: Analiza en qué se gastan los recursos de tu iglesia local (personas, tiempo y dinero). Por ejemplo, ¿cuánto se gasta en mantener la iglesia y los recursos en favor de los miembros de la iglesia, y cuánto en alcanzar a la comunidad? ¿Cómo podemos dirigir los recursos de la iglesia a donde la luz es menos fuerte? Si tu iglesia es urbana, ¿de qué forma puedes usar más tiempo y recursos para alcanzar a la comunidad? Si vives en una zona rural, ¿qué puedes hacer para ayudar a sostener la misión urbana?

{{ 2: ¡Explora!}

• Solo para los maestros: La Escritura indica que Dios se preocupa por los que viven en las ciudades. Hoy las áreas urbanas presentan un enorme desafío misional para la Iglesia Adventista. Repasa con tu clase los principios bíblicos para alcanzar a las personas que están en las ciudades, con el amor de Jesús. Comentario de la Biblia I. ¿No debemos preocuparnos? (Repasa, con tu clase, Éxo. 2:24, 25; Jon. 4:11; Mat. 9:36.) Cuando Dios escuchó los clamores del pueblo, “[...] se fijó en los israelitas y los tomó en cuenta” (Éxo. 2:25, NVI). La Escritura revela a Dios participando en los asuntos humanos, y preocupado por el bienestar de su creación. Vemos esto en el libro de Jonás. Nahúm describe a Nínive como “ciudad sedienta de sangre, repleta de mentira, insaciable en su rapiña, aferrada a la presa” (Nah. 3:1, NVI). Pero el libro de Jonás nos muestra que Dios amaba a la gente de esa ciudad, y concluye con la pregunta retórica de Dios: “¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad?” (Jon. 4:11). Siglos más tarde, Jesús mostró su preocupación por las multitudes. En una ocasión en que viajaba por Galilea, predicando, enseñando y sanando, sin duda estaba físicamente exhausto. Pero Mateo nos dice que cuando Jesús vio a las multitudes “tuvo compasión de ellas; porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor” (Mat. 9:36, NVI). Considera: Hoy, ¿por qué la misión urbana es considerada muy difícil? ¿Qué temores o prejuicios nos hacen menos dispuestos a escuchar las necesidades de las ciudades? Hoy, como iglesias y como individuos, ¿cómo podemos cambiar nuestras actitudes hacia la misión urbana? II. Buscar el Shalom (Repasa, con tu clase, Jer. 29:7.) Jeremías 29 contiene la única instrucción específica de Dios registrada del modo en que el pueblo debía vivir y trabajar en las ciudades. Y su instrucción habrá sorprendido a los judíos exiliados en Babilonia. Él les dijo que ellos no debían esperar volver muy pronto a casa. Eso habrá sido muy doloroso para los exiliados. En vez de prepararse para ir a casa, debían hacer de Babilonia su hogar por el futuro previsible: encontrar cónyuges, plantar huertas y buscar el shalom de la ciudad: “Busquen el bienestar [shalom] de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar [shalom] de ustedes depende del bienestar [shalom] de la ciudad” (Jer. 29:7, NVI). Shalom es una palabra hebrea muy amplia, que entre otras cosas significa paz, prosperidad, bienestar. Y Dios les dice que oren y trabajen para el shalom de la ciudad. Al hacerlo, encontrarán su propio shalom. Esto es algo sorprendente. No debían formar un barrio judío cerrado en la ciudad de Babilonia, lo que tal vez pudo ser su inclinación natural. Hubiera sido mucho más fácil mantenerse juntos como familia cultural y religiosa. Más fácil para guardar el sábado, comer alimentos kósher, lejos de las prácticas idolátricas de Babilonia, y consolarse unos a otros con recuerdos y esperanzas compartidos. No obstante, Dios les dice exactamente lo contrario: debían participar en la sociedad de sus opresores, traer shalom a la ciudad. Esta instrucción debe advertir hoy que la misión urbana no puede hacerse por medio de enfoques a corto plazo, o desde una distancia, sin contactos permanentes con la ciudad. Considera: Analiza con la clase la palabra hebrea shalom. ¿Qué pasos podemos dar para procurar el shalom de las comunidades urbanas cercanas a nosotros y orar por ello?

{{ 3: ¡Aplica!}

• Solo para los maestros: Los judíos en Babilonia estaban alienados emocional, física y espiritualmente de su patria. El salmista describe una escena conmovedora, cuando los exiliados se reúnen junto a los ríos de Babilonia, y lloran al recordar su patria y a Jerusalén. Sus captores les ordenan que canten, pero ellos no sienten deseos de hacerlo. Exclaman: “¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?” (Sal. 137:4). Históricamente, la Iglesia Adventista ha concentrado su atención y sus recursos en áreas rurales, pero Elena de White dijo que hemos “descuidado las ciudades”. Con notables excepciones, las ciudades de este mundo son “tierra de extraños”, y necesitamos aprender a cantar los cánticos de Dios en esos campos misionales con sus desafíos. Actividad: Explora con tu clase maneras prácticas de cantar el canto de Dios en áreas urbanas, donde podemos no sentirnos cómodos, con personas que pueden pensar y conducirse de manera diferente de nosotros. Comienza con la comunidad urbana más próxima a la iglesia a la que asisten. ¿Qué saben ya los miembros acerca de esa comunidad? ¿Alguno de los miembros vive en esta comunidad o la mayoría de la gente viaja cierta distancia cada sábado para concurrir a la iglesia?

{{ 4: ¡Crea!}

• Solo para los maestros: Para ministrar a las necesidades de las comunidades urbanas, necesitamos saber cuáles son esas necesidades. Necesitamos estudiar nuestras comunidades. Cuando Pablo llegó a Atenas, recorrió la ciudad “mirando” (Hech. 17:23) a su alrededor.
¿Cuándo fue la última vez que caminaste por la comunidad tratando de entender mejor a la gente y sus necesidades? ¿Qué estaba leyendo la gente, mirando y escuchando? ¿Qué hacía en su tiempo libre? ¿Qué “adoraban”? (Pueden tal vez no creer en Dios, pero todos adoran algo.) ¿Qué les causa dolor? ¿Qué les da alegría? Ahora, trata de ayudar a la clase a comprender la importancia de entender a su comunidad.

Actividad: Dependiendo de tus recursos y la ubicación de tu clase, elige una de las siguientes actividades: