CAPÍTULO 11 (Mateo 23-25)
EL DIVORCIO DE CRISTO

“Vuestra casa os es dejada desierta” (Mateo 23:38) Cristo, con mano fuerte y brazo extendido, sacó de Egipto a los hijos de Israel. Sobre alas de águila los sacó de la esclavitud y los trajo a sí mismo. Les prometió amorosamente: “Vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa” (Éxodo 19:5, 6).
En el Sinaí, el Señor les propuso matrimonio. Los israelitas “subieron y vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno... Ellos vieron a Dios, comieron y bebieron” (Éxodo 24:9-11). Cuando el Señor ofreció su mano a Israel en matrimonio, Israel la tomó y dijo: “Sí, quiero vivir para siempre contigo en la Tierra Prometida”.
Pero una y otra vez la esposa infiel se apartó de su marido y le quebrantó el corazón. Él deseaba estar en comunión con su amada, pero el amor de ella era como la niebla de la mañana.
Si la infidelidad de Israel pudiera justificarse por la distancia, después de todo ni siquiera podía verlo, ¿qué excusa tuvo cuando podía verlo? Él se revistió de carne y amó a Israel, pero el corazón del pueblo escogido se había enfriado demasiado para recibirlo.
Mateo 23 es la última súplica de Jesús para reconciliarse con su amada esposa. Por última vez, Jesús e Israel se encontraron cara a cara en el templo. Él exclamó: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste!” (Mateo 23:37). Todo fue en vano. Despreciado y rechazado, el Señor se fue lentamente de su casa. “He aquí”, dijo, “vuestra casa os es dejada desierta” (versículo 38). Divorciado de Israel, Jesús era ahora un hombre soltero.
Pero él rehusaba darse por vencido. A la salida del atrio interior, Jesús pronunció una advertencia que los líderes de Israel nunca olvidarían: “Yo os envío profetas, sabios y escribas; de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas y perseguiréis de ciudad en ciudad... De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación” (versículos 34, 36).
¿Quiénes eran estos nuevos “profetas, sabios y escribas” que irían a las doce tribus de Israel? Serían sus discípulos.

PREPARANDO A SUS SEGUIDORES

“Jesús salió del Templo y, cuando ya se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del Templo. Respondiendo él, les dijo: ‘¿Veis todo esto? De cierto os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada’ ” (Mateo 24:1, 2).
Así como había llevado a Israel al Sinaí, Jesús condujo a los doce hasta el Monte de los Olivos. Ya era hora de explicar lo que estaba en el futuro.
Ellos dijeron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?” (versículo 3)
“Respondiendo Jesús, les dijo: ‘Mirad que nadie os engañe, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo. 'Yo soy el Cristo’, y a muchos engañarán. Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin’ ” (versículos 4-6).
La respuesta de Jesús a las dos preguntas de los discípulos abarca todo el capítulo 24 de Mateo. Es difícil, sin embargo, decir dónde termina una respuesta y comienza la otra. Elena de White explicó:
“En su contestación a los discípulos, Jesús no consideró por separado la destrucción de Jerusalén y el gran día de su venida. Mezcló la descripción de estos dos acontecimientos. Si hubiese revelado a sus discípulos los acontecimientos futuros como los contemplaba él, no habrían podido soportar la visión. Por misericordia hacia ellos, fusionó la descripción de las dos grandes crisis, dejando a los discípulos estudiar por sí mismos el significado... Este discurso entero no fue dado solamente para los discípulos, sino también para aquellos que iban a vivir en medio de las últimas escenas de la historia de esta Tierra”. 1
La mayor parte de lo que Jesús describió hasta el versículo 21 parece aplicarse principalmente a los discípulos y a la iglesia primitiva. En los cuarenta años previos a la destrucción de Jerusalén se levantaron muchos mesías falsos. También hubo una gran hambruna en 46 d. C., y un gran terremoto en 61 d. C. La mayor parte de los discípulos fueron entregados, perseguidos, condenados a muerte y martirizados.
De los acontecimientos mencionados en Mateo 24, ¿cuáles podían controlar los discípulos y cuáles no? Todo lo que Jesús predijo estaba fuera del control de los discípulos, excepto una cosa: la predicación del evangelio a todo el mundo para testimonio a las naciones (ver el versículo 14). Lo mismo es cierto para nosotros.
En el versículo 15, Jesús se refiere a la “abominación desoladora” en el lugar santo. ¿Qué significa todo esto teniendo en cuenta que Jesús acababa de describir el templo como quedando “desierto?” (Mateo 23:38).
Otro término para abominación es “sacrilegio”, es decir, mezclar lo profano con lo sagrado. El Comentario bíblico adventista lo califica de “alguna cosa que resultaba ofensiva desde el punto de vista religioso... El acontecimiento predicho aquí es, evidentemente, la destrucción de Jerusalén llevada a cabo por los romanos en el año 70 d. C., cuando se instalaron los símbolos de la Roma pagana dentro del predio del templo”. 2
En Lucas, Jesús dice a los discípulos que huyan antes de que se establezca la abominación: “Pero cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea huyan a los montes; y los que estén en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos no entren en ella, porque estos son días de retribución,
para que se cumplan todas las cosas que están escritas” (Lucas 21:20-22). La historia registra que cuando los cristianos de Jerusalén vieron pasar esto, huyeron de la ciudad como Jesús instruyó, mientras que la mayoría de los judíos se quedaron atrás y perecieron. Se estima que más de un millón de judíos murieron durante el sitio de Jerusalén, y cerca de cien mil fueron llevados cautivos. “Sin embargo, durante un respiro temporario, cuando los romanos inesperadamente levantaron el sitio de Jerusalén, todos los cristianos huyeron, y se dice que ninguno de ellos perdió la vida. Se refugiaron en Pella, ciudad ubicada en los cerros al este del río Jordán, a unos 30 km... al sur del Mar de Galilea’. 3
La fraseología de dicha advertencia, la de huir de Jerusalén, fue semejante a la de salir de Sodoma: “Escapa por tu vida; no mires atrás ni te detengas en ningún lugar de esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas (Génesis 19:17). Así como Sodoma se había convertido en una ciudad malvada, igual lo había hecho Jerusalén.
Jesús describe este periodo como una época de gran tribulación (Mateo 24:21). ¿Significa esto, entonces, que el Hijo del hombre volverá en el momento más atribulado de la historia? Sí, pero los versículos 36-41 describen también un período de relativa normalidad: “Pero como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre, pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre” (versículos 37-39).
George R. Knight escribió:

“La interpretación de la gran maldad [del tiempo del fin] se remonta a Génesis 6:5, que declara que en el tiempo de Noé, ‘vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón solo era de continuo el mal’. Tenga en cuenta, sin embargo, que Génesis 6:5 presenta la perspectiva de Dios. Mateo 24:37-39 también se puede leer desde el punto de vista humano. Desde esa perspectiva, el texto simplemente dice que en el tiempo del fin la vida seguirá como siempre a los ojos de la mayoría de la gente. Después de todo, comer, beber y casarse son actividades cotidianas”. 4

Como nosotros no sabemos cuándo Jesús regresará, entonces debemos “velar” (versículo 42).

VELAR

Dentro de la comunidad cristiana, muchos 1imitan “velar” a simplemente rastrear los últimos titulares de las noticias y hacerlos encajar en las profecías. Recuerdo que cuando era un niño leí un libro sobre los eventos finales, que describía los tanques soviéticos en Afganistán como una señal de los últimos días. Un par de décadas más tarde, alguien sugirió que los talibanes en Afganistán eran una señal de los últimos días. No es fácil mantenerse al día con Afganistán, por no hablar del resto del mundo.
Pero Jesús no nos pide eso. En la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1-13) todas se durmieron, y sin embargo cuando regresó el esposo, cinco de ellas entraron en el banquete de bodas. ¿Por qué? Porque tenían aceite en sus lámparas. Jesús concluye: “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir” (Mateo 25:13).
Esta parábola y el significado de velar se explica con más detalles en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30). Los siervos que han sido fieles son elogiados, mientras que el siervo que es malo y perezoso es reprendido. Parece que velar tiene menos que ver con los acontecimientos mundiales y más con nuestra fidelidad a Dios. Esta enseñanza se presenta con mayor claridad en la última parábola de Mateo 25.

¿QUIÉNES SON “MIS HERMANOS MÁS PEQUEÑOS”?

Muchas personas no entienden la parábola de las ovejas y los cabritos (Mateo 25:31-46).A menudo se nos enseña que en el fin del tiempo, cuando Jesús diga. En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (vers.40), en primer lugar se estará refiriendo a cómo tratamos a los pobres y necesitados. No hay duda de que el cuidado de los pobres y necesitados es un tema importante en las enseñanzas de Jesús, pero un estudio cuidadoso del texto revela que ese no es asunto principal en este pasaje.
Para comprender el verdadero significado de la expresión “mis hermanos más pequeños”, hemos de echar un vistazo a los capítulos que están antes y después.
En Mateo 23, Jesús aparece en el templo haciendo su último llamamiento a su amado Israel. La nación rechazó a Jesús, se divorció del Señor. Con voz entrecortada, Jesús les dijo: “Vuestra casa os es dejada desierta (versículo 38). Como Israel no había consumado su rechazo al Salvador, Cristo les dijo sin rodeos: “Yo os envío profetas, sabios y escribas; de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas y perseguiréis de ciudad en ciudad. Así recaerá sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra... De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación"(versículos 34-36).De nuevo, ¿quiénes eran estos profetas, sabios y escribas” que Jesús enviaría? Eran los discípulos de Jesús, su nuevo Israel.
En Mateo 24 Jesús advirtió a estos mismos seguidores respecto a lo que se avecinaba: “Os entregarán a tribulación, os matarán y seréis odiados por todos por causa de mi nombre” (Mateo 24:9).
En resumen: En Mateo 23, Jesús se apartó de su pueblo escogido, las doce tribus de Israel. En Mateo 24, Jesús se vuelve a su nuevo pueblo escogido, los doce discípulos y a todos los que lo siguen. En Mateo 26, como veremos a continuación, Jesús propondría matrimonio a su nueva elegida.
Así que, si el enfoque de Mateo 23,24 y 26 se centra en el ministerio evangélico de los discípulos, ¿no sería lógico concluir que Mateo 25 estaría centrado en ellos también? Que cuando Jesús dijo: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis o no lo hicisteis (ver Mateo 25:40, 45), se estaba refiriendo la manera en que tratamos a sus mensajeros del evangelio.
He aquí el punto clave: En el libro de Mateo, cada vez que Jesús usa el término “hermanos" se refiere a sus discípulos o seguidores (ver, por ejemplo, Mateo 10:42; 18:6, 10, 14.)
El erudito bíblico Craig Blomberg escribió:

“¿Quiénes son estos hermanos? La opinión mayoritaria a lo largo de la historia de la iglesia los ha considerado como algunos o todos los discípulos de Cristo, ya que la palabra más pequeños ( elajiston ) es la forma superlativa del adjetivo ‘pequeño’ ( mikroi ), que sin excepción se refiere en Mateo a los discípulos (10:42; 18:6, 10, 14; cf. también 5:19; 11:11), mientras que ‘hermanos’ en este Evangelio (y por lo general en el Nuevo Testamento) cuando no se refiere a hermanos biológicos literales, siempre significa pariente espiritual (5:22- 24, 47; 7:3-5; 12:48-50; 18:15, 21, 35; 23:8; 28:10)... Puede haber un sentido teológico en el que todos los seres humanos son hijos de Dios, y por lo tanto son hermanos, aunque no todos han aceptado ser redimidos, pero nada de eso ocurre aquí o, con esta terminología, en otra parte de Mateo.

“El punto de vista minoritario a lo largo de la historia de la iglesia, que es probablemente la opinión mayoritaria hoy en día, sobre todo en las iglesias que le dan mucha importancia a la ética social.es que estos ‘hermanos’ son los necesitados del mundo. Así, el pasaje se convierte en un llamando contundente a demostrar ‘frutos dignos de arrepentimiento’ (3:8). Aunque uno no precisa ver una ética de obras de justicia en el texto, muchos han leído el pasaje, precisamente, de esa manera. Sin embargo, aunque existe una amplia enseñanza en muchas partes de la Escritura sobre la necesidad de ayudar a todos los pobres del mundo (sobre todo en Amos, Miqueas, Lucas y Santiago), es muy poco probable que este sea el punto de Jesús aquí. Más bien, su pensamiento es paralelo al pasaje de Mateo 10:42. Las ovejas son personas cuyas obras demuestran que han respondido adecuadamente a los mensajeros de Cristo, y por lo tanto a su mensaje, por humilde que fuera la situación o las acciones de los involucrados”. 5
El erudito, Craig S. Keener añade que decir que este pasaje se refiere a la manera de tratar a los pobres y necesitados no es...
“...exegéticamente convincente, a pesar de que este punto de vista estaría, por otros motivos, en completa consonancia con la tradición de Jesús... En el contexto de la enseñanza de Jesús, especialmente en Mateo (a diferencia de Lucas), esta parábola probablemente no aborda el servicio a los pobres en general, sino la recepción de los mensajeros del evangelio. En otras partes de Mateo, los discípulos son ‘hermanos’ de Jesús (12:50, 28:10); también los ‘más pequeños (5:19, 11:11, 18:3-6, 10-14); del mismo modo, uno trata inconscientemente a Jesús como uno trata a sus representantes (10:40-42), que deben ser recibidos con hospitalidad, comida y bebida (10:8-13, 42)... El encarcelamiento podría referirse a la detención hasta el juicio ante los magistrados (10.18, 19), y la enfermedad, a las condiciones físicas provocadas por la dificultad de la misión ( cf. Filipenses 2:27-30; quizás Gálatas 4:13, 14; 2 Timoteo 4:20). Estar ‘mal vestido’ aparece en la lista de sufrimientos de Pablo (Romanos 8:35). 6
Keener también sugiere una dimensión adicional a la parábola: En el contexto de las parábolas, ‘recibir’ a los mensajeros de Cristo, probablemente, incluye más que solo abrazar inicialmente el mensaje del reino; significa tratar a los consiervos de uno correctamente (24:45-49). Si los discípulos no se ‘reciben’ unos a otros en la familia de Dios, rechazan a Cristo cuyos representantes son sus condiscípulos (18:5, 6, 28, 29). Pablo, de la misma manera, recuerda a los corintios que estar reconciliados con él es estar reconciliados con Dios mismo (2 Corintios 5:11-7:1)”. 7
Elena de White también interpreta los “hermanos de Cristo”, ante todo, como sus discípulos:

“Jesús dijo a sus discípulos que serían aborrecidos de todos los hombres, perseguidos y afligidos... Ahora asegura una bendición especial a todos los que iban a servir a sus hermanos. En todos los que sufren por mi nombre, dijo Jesús, habéis de reconocerme a mí. Como me serviríais a mí, habéis de servirlos a ellos... Aun entre los paganos, hay quienes han abrigado el espíritu de bondad; antes que las palabras de vida cayesen en sus oídos, manifestaron amistad para con los misioneros, hasta el punto de servirles con peligro de su propia vida...Sus obras son evidencia de que el Espíritu de Dios tocó su corazón, y son reconocidos como hijos de Dios”. 8

Es solo en un sentido secundario, homilético, que Elena de White usa esta parábola como un llamamiento a la compasión por todos los seres humanos.
El meollo de la parábola es la manera en que recibimos a los que llevan el evangelio de Cristo: los pastores, los misioneros, todos los que participan en la gran comisión de Mateo 28. Nuestra respuesta a los seguidores de Cristo es nuestra respuesta a Cristo. Los oyentes de Jesús conocían muy bien todo esto. En la literatura judía, las naciones, o los gentiles, serían “juzgadas de acuerdo a cómo trataron a Israel”. 9 Jesús ahora enseñó que las naciones, incluyendo a los judíos, serían juzgadas, en lo sucesivo, de acuerdo a cómo trataron a los seguidores de Cristo, judíos y gentiles por igual.
Jesús se preocupaba mucho por la iglesia. Y tenía una preocupación particular por los que llevarían el evangelio al mundo, los pastores, los misioneros, todos los que participan en la comisión evangélica. Jesús dice que nuestra respuesta a nuestros compañeros seguidores del reino de Dios es fundamental.
¿Significa esto que el cuidado de los pobres y necesitados no es importante? Por supuesto que no. Jesús nos llama a cuidar a los oprimidos. Ahora bien ello no contribuye con nuestra salvación. En todo el mundo hay gente buena que se preocupa por los pobres, pero que no tienen tiempo para servir a Jesús. De hecho, a veces son los que más luchan por la justicia social los que más difaman la salvación a través de Cristo y a los cristianos que la predican.
Nuestra salvación no está determinada no por nuestras obras, sino por la forma en la que recibimos el evangelio de Jesucristo y a quienes nos lo predican.


1 Elena de White, El Deseado de todas las gentes (Bs. As.: ACES, 2008), cap. 69, pp. 581, 582.
2 Comentario bíblico adventista (Bs. As.: ACES, 1985), t. 5, p. 487.
3 Ibid.
4 George R. Knight, Abundant Life Bible Amplifier: Matthew. The Gospel of the Kingdom (Nampa, ID: Pacific Press, 1994), pp. 239,240.
5 Craig L. Blomberg, The New American Commentary: An Exegetical and Theological Exposition of Holy Scripture; Matthew, vol. 22. (Nashville, TN.: Broadman Press, 1992), pp. 377, 378.
6 Craig S. Keener, The Gospel of Matthew: A Socio-Rhetorical Commentary (Grand Rapids, Ml: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 2009), pp.603-606.
7 Ibid.
8 White, El Deseado de todas las gentes, cap. 70, pp. 592, 593.
9 Craig S. Keener, The Gospel of Matthew: A Socio-Rhetorical Commentary (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company 2009), p. 603.