INTRODUCCIÓN

La ley y el amor

(Audio )

Desde el origen de la gran controversia en el cielo, el propósito de Satanás ha consistido en destruir la Ley de Dios" (CS 639).
¿Por qué? Porque la Ley, como fundamento del gobierno de Dios, expresa la integridad moral del cosmos; y destruir la Ley sería destruir el orden moral de la creación misma.
Piensa en ello. Si no existiera ningún dios, ni tampoco la vida, el universo sería amoral. No inmoral, como si tuviera una moral mala, sino amoral, como si no tuviera ninguna moral, porque nada en él -tal como rocas sin vida volando en un cosmos sin dios- podría manifestar cualidades morales.
Sin embargo, Dios existe, y también los humanos, y hemos sido creados como seres morales con la capacidad de dar amor y recibirlo. Para que este amor exista, sin embargo, también debe existir la libertad, libertad moral, pues el amor es un concepto moral que no podría surgir en un universo amoral (tal como uno compuesto solo por rocas y espacio helado).
No obstante, la moralidad significa la capacidad de elegir el bien y el mal, lo correcto y lo equivocado; y la única manera de que el universo sea moral, para permitir el potencial del bien y del mal, de lo correcto y lo equivocado, es que tenga una ley que defina lo correcto y lo equivocado.
Y, por supuesto, el universo tiene tal ley.
"¿Qué concluiremos? ¿Qué la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Sin em­bargo, si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: 'No codicies' " (Rom. 7:7, NVI).
¿Es pecado ser pelirrojo? ¿Por qué no? Porque la Ley de Dios no prohíbe tener el cabello rojo. Si lo hiciera, así como prohíbe la codicia, entonces tener cabello rojo sería pecado. Pero, no puede ser pecado si no hay una ley divina que lo defina como tal.
La moralidad sin ley es tan imposible como imposible sería un pensamiento sin una mente.

Nuestro universo es moral porque Dios creó seres libres responsables ante su Ley. Si no hubiese una ley contra el codiciar, no existiría el pecado de la codicia; si no hay una ley contra el cabello rojo, no es pecado ser pelirrojo, sin importar cuántos codiciosos pelirrojos pueblen el cosmos.
Dios creó a los humanos como criaturas que pueden amar. No obstante, el amor no puede existir sin la libertad, libertad moral. Y la libertad moral no puede existir sin la Ley, la Ley moral. El amor descansa sobre la libertad, y la libertad descansa en la Ley. De allí que el centro del gobierno de Dios, el fundamento de ese gobierno -un gobierno de amor-, tiene que ser su Ley. Por esto, Elena de White escribió acerca del deseo de Satanás de "destruir la Ley de Dios". El ataque a la Ley es un ataque no solo al carácter de Cristo, sino también al orden moral de la creación misma.
Por eso, el tema de este trimestre es Cristo y su Ley. Estudiaremos la Ley, especialmente por qué tantos cristianos, al comprender mal la relación entre la Ley y la gracia, caen en la trampa de negar la validez continua de los Diez Mandamientos, y así, sin quererlo, contribuyen al intento de "derribar" la Ley de Dios.
Sin embargo, la Biblia es clara: "Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos" (1 Juan 5:3). El vínculo entre amar a Dios y guardar sus mandamientos es más fuerte de lo que nos damos cuenta. Podemos amar a Dios porque vivimos en un universo donde puede existir el amor, y este puede existir porque el universo es moral. La moralidad está basada, por lo menos para nosotros como seres creados, en la Ley moral de Dios, el tema que ahora exploraremos.


Keith Augustus Burton es profesor de Religión en la Universidad Oakwood, donde también actúa como coordinador del Centro de Relaciones Adventistas- Musulmanas. Su tesis doctoral en la Universidad Northwestern se concentró en la función de la Ley en la Epístola de Pablo a los Romanos.