LA OBRA EN FAVOR DE LA CLASE MEDIA

No existe otra clase más fácilmente accesible. Muchos de sus miembros son más merecedores que los más ricos, porque los que son más ricos no han obtenido sus riquezas en virtud de los más estrictos principios de integridad. Existen personas que no sacrifican los principios de la más estricta honradez para poseer cualquier cantidad de recursos. Esta es la clase que, si la luz le fuera presentada con sabiduría, la recibiría, y sus componentes serían obreros de confianza juntamente con Dios. El obrero, por la sabiduría que le es dada por Dios, trabajará de una manera tal como para atraer a estas personas y unirlas en Cristo Jesús (Manuscrito 66, 1894).

¿Y cómo podemos alcanzar a la gente común? Cristo trató de trabajar por los más altos dignatarios de la nación. Pero ellos no lo recibieron, porque les dijo la verdad. Tenían ideas exaltadas acerca de su propia piedad. No querían ser instruidos. Pensaban que su trabajo era instruir a los demás, y no ser instruidos ellos mismos. Pero acerca de los pobres las Escrituras testifican: "Los que eran del común del pueblo le oían de buena gana". "Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre". "El Señor daba palabra: de las evangelizantes había grande ejército" (Manuscrito 125, 1897).

Haremos mucho en poco tiempo si trabajamos en la forma como Cristo lo hacía. Podemos reflexionar provechosamente en la formó como él enseñaba. Trataba de llegar a la mente de la gente común. Su estilo era sencillo, natural y abarcante. Tomaba sus ilustraciones de las escenas con las que sus oyentes estaban más familiarizados. Ilustraba verdades de importancia eterna utilizando cosas de la naturaleza y en esta forma relacionaba el cielo con la tierra (Manuscrito 24, 1903).

El Salvador vino "para dar buenas nuevas a los pobres" (Luc. 4: 18). En su enseñanza, hacía uso de los términos más sencillos y de los símbolos más claros. Y "los que eran del común del pueblo le oían de buena gana" (Mat. 12: 37). Los que hoy procuran hacer su obra para este tiempo necesitan una comprensión más profunda de las lecciones que él dio (El Ministerio de Curación, pág. 349. Año 1905).

El pueblo del Señor se compone mayormente de los pobres de este mundo, de gente común. No muchos sabios, no muchos poderosos, no muchos nobles son llamados. Dios ha escogido a "los pobres de este mundo". "A los pobres es anunciado el evangelio". Los ricos son llamados, en un sentido; son invitados, pero no aceptan la invitación. Pero en estas malvadas ciudades el Señor tiene muchas personas que son humildes, y sin embargo, dignas de confianza (Manuscrito 17, 1898).

Para Dios no hay castas. El ignora cuanto se asemeje a ello. Todas las almas tienen valor para él. El trabajar por la salvación de las almas es un empleo digno del más grande honor. No importa cuál sea la forma de nuestra labor, ni entre qué clase se verifique, ora sea elevada o humilde. A los ojos de Dios estas distinciones no afectan su verdadero valor. El alma sincera, ferviente y contrita, por ignorante que sea, es preciosa a la vista del Señor. El pone su propia señal sobre los hombres, juzgándolos, no por su jerarquía, ni por su riqueza, ni por su grandeza intelectual, sino por su unidad con Cristo. El ignorante, el paria, el esclavo, si ha aprovechado hasta el máximo grado sus oportunidades y privilegios, si ha apreciado la luz que Dios le dio, ha hecho todo cuanto se pedía de él. El mundo puede, llamarlo ignorante pero Dios lo llama sabio y bueno, y así su nombre queda registrado en los libros del cielo. Dios lo hará idóneo para que le reporte honor, no sólo en el cielo, sino también en la tierra (Obreros Evangélicos, pág.437. Año 1915).

LA OBRA EN FAVOR DE LA HUMANIDAD CAÍDA

Los insolentes, los adictos al tabaco y los bebedores de licor abundan. Pero la verdad debe llegar hasta ellos. Ha obrado maravillas aquí mismo [en Australia], y seguirá haciendo grandes cosas. Nuestra fe en el Señor Jesucristo y en la verdad presente no debe quedar únicamente con los que reciben a Cristo. Cristo murió para salvar al mundo, por lo tanto debemos trabajar con más celo para llevar a cabo nuestra parte. Debemos considerar como nuestro campo a la humanidad caída. Dios se preocupa de ella. . . Ni una sola alma debe quedar en tinieblas (Carta 76, 1899).

Nuestras grandes ciudades está alcanzando rápidamente la condición representada por el estado en que se encontraba el mundo antes del diluvio, cuando "vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal"(Gén. 6: 5). Hay gente que vive en mansiones lujosas que está practicando pecados que deshonran a Dios; pero algunas de esas mismas personas, por influencia de la predicación del último mensaje probatorio se convencerán de sus pecados y se convertirán.

Dios puede enriquecer a los que acuden a él mediante la provisión inagotable de su gracia. Al contemplar a la humanidad caída y envilecida, declara que el Espíritu Santo será derramado sobre toda carne. Muchos que nunca han oído hablar de las verdades especiales para este tiempo sentirán la persuasión del Espíritu mientras escuchen el mensaje de importancia sobrecogedora...

Dios levantará obreros que se ubicarán en esferas de influencia peculiares, obreros que llevarán la verdad hasta los lugares menos prometedores. Los hombres dirán: "Sí" aun cuando antes habían dicho "No". Algunos que una vez eran enemigos se convertirán en colaboradores valiosos, y promoverán la obra con sus recursos y su influencia (Review and Herald, 30 de septiembre, 1902).

En la tarea de presentar la verdad, ninguna cosa servirá mejor para dar carácter a la obra que la ayuda que se preste a la gente en el lugar donde ésta se encuentra, tal como lo hizo el samaritano. La obra debidamente conducida para salvar a los pobres pecadores que han sido pasados por alto por las iglesias constituirá la cuña de entrada donde la verdad hallará lugar permanente. Hay que establecer un orden diferente de cosas entre nosotros como pueblo, y al hacer esta clase de obra se creará una atmósfera completamente diferente que rodeará las almas de los obreros, porque el Espíritu Santo se comunica a todos los que se ocupan en el servicio de Dios, y los que reciben la influencia del Espíritu Santo constituirán un poder para el bien que elevará, fortalecerá y salvará a las almas que están a punto de perecer (Manuscrito 14a, 1897).

Debemos utilizar nuestros medios y nuestra influencia para proclamar la verdad que impedirá que la gente se eche al abandono. Si realizamos una obra que el Señor nos ha dado, la verdad alcanzará en diversas formas a muchos que pertenecen a esta clase. Pero no debemos descuidar la obra que el Señor nos ha indicado especialmente que llevemos a cabo. Hay que alcanzar a todas las clases.

Si los que trabajan por los que se han echado al abandono, por los caídos, lo hacen en el temor del Señor, esforzándose par conseguir que las personas por quienes trabajan comprendan qué es la verdad, muchos de esos desheredados se distinguirán como hijos de Dios (Carta 143, 1904).

Hay que ejercer gran cuidado al trabajar por los desheredados. No hay que enviar a hombres y mujeres jóvenes a los lugares más bajos de nuestras ciudades. Los ojos y los oídos de estos obreros jóvenes deben mantenerse alejados del mal. Hay mucho que los jóvenes pueden hacer por el Maestro. Si velan, oran y confían en Dios, estarán preparados para llevar a cabo diversas clases de trabajo excelente bajo la supervisión de obreros experimentados (Medical Ministry, pág. 312. Año 1901).

LOS EXTRANJEROS QUE MORAN ENTRE NOSOTROS

Cristo no admitía distinción alguna de nacionalidad, jerarquía social, ni credo. Los escribas y fariseos deseaban hacer de los dones del cielo un beneficio local y nacional, y excluir de Dios al resto de la familia humana. Pero Cristo vino para derribar toda valla divisoria. Vino para manifestar que su don de misericordias y amor es tan limitado como el aire, la luz o las lluvias, que refrigeran la tierra (El Ministerio de Curación, págs. 15, 16. Año 1905).

En las plazoletas y callejuelas de las grandes ciudades, en los solitarios caminos de la campaña, hay familias e individuos -quizá extranjeros en tierra extraña-, que no pertenecen a ninguna iglesia, y que, en su soledad, llegan a sentir que Dios se ha olvidado de ellos. No saben lo que deben hacer para salvarse, muchos están sumidos en el pecado. Muchos están angustiados. Están oprimidos por el sufrimiento, la necesidad, la incredulidad y el desaliento. Se hallan afligidos por enfermedades de toda clase, tanto del cuerpo como del alma. Anhelan hallar solaz para sus penas, y Satanás los tienta a buscarlo en la concupiscencia y placeres que conducen a la ruina y a la muerte. Les ofrece las manzanas de Sodoma, que se tornarán ceniza en sus labios. Están gastando su dinero en lo que no es pan, y su trabajo en lo que no satisface (Palabras de Vida del Gran Maestro, págs. 216, 217. Año 1900).

Mientras se están llevando a cabo los planes trazados para amonestar a los habitantes de diferentes naciones en países distantes, hay que hacer mucho en beneficio de los extranjeros que han venido a las playas de nuestro propio país. Las almas que viven en China no son más preciosas que las almas que moran a la sombra de nuestras puertas. El pueblo de Dios debe trabajar fielmente en países distantes, a medida que su providencia abra el camino; y también debe cumplir su deber hacia los extranjeros de diversas nacionalidades que viven en las ciudades, los pueblos y los campos cercanos.

Está bien que los que ocupan cargos de responsabilidad planeen ahora sabiamente la forma de proclamar el mensaje del tercer ángel a los cientos de miles de extranjeros que viven en los Estados Unidos. Dios desea que sus siervos cumplan cabalmente su deber hacia los millones de personas que habitan en las ciudades y que no han sido amonestadas, y especialmente hacia los que han venido a estas ciudades de nuestro país procedentes de otras naciones. Muchos de estos extranjeros están aquí por la providencia de Dios, a fin de que tengan oportunidad de escuchar la verdad para este tiempo.

La causa de Dios en otros países recibiría mucho beneficio si nos esforzáramos fielmente en bien de los extranjeros que viven en las ciudades de nuestro país. Entre esos hombres y mujeres hay algunos que, después de aceptar la verdad, pronto podrían capacitarse para trabajar por su propio pueblo en este país y en otros países. Muchos podrían regresar a los lugares de donde vinieron con la esperanza de ganar a sus amigos para la verdad. Podrían buscar a sus parientes y amigos para compartir con ellos el mensaje del tercer ángel (Review and Herald, 29 de octubre, 1914).

A Dios le agradaría que su pueblo hiciera más de lo que ha hecho en lo pasado en la presentación de la verdad para este tiempo a los extranjeros que viven en los Estados Unidos. . . Como he testificado durante años, si captáramos con mayor rapidez las oportunidades que Dios nos provee, debiéramos ser capaces de ver en esa proliferación de oportunidades para alcanzar a muchos extranjeros en este país, un medio designado divinamente para extender rápidamente el mensaje del tercer ángel a todas las naciones de la tierra. Dios en su providencia ha traído a hombres y mujeres a nuestras mismas puertas, y los ha arrojado, por así decirlo, en nuestros brazos, a fin de que aprendan la verdad y se califiquen para llevar a cabo una obra que nosotros no podríamos hacer para llevar la luz a los que hablan otros idiomas.

Hay una gran obra delante de nosotros. Hay que amonestar al mundo. Hay que traducir la verdad en muchos idiomas para que todas las naciones disfruten de su influencia pura y vivificadora. Esta obra exige el ejercicio de todos los talentos que Dios nos ha confiado: la pluma, la prensa, la voz, el bolsillo y los afectos santificados del alma. Cristo nos ha hecho embajadores para que demos a conocer su salvación a los hijos de los hombres; y si estamos vestidos con la justicia de Cristo y lleno, con el gozo de su Espíritu que mora en el interior, no podremos guardar silencio (Review and Herald, 29 de octubre, 1914).

El mensaje debe predicarse a los miles de extranjeros que viven en las ciudades de nuestro país...

¿Quién siente una profunda preocupación por ver que el mensaje se proclame en el Gran Nueva York y en las muchas otras ciudades donde todavía no se trabaja? No todos los recursos que se reúnen han de enviarse de los Estados Unidos a otros países distantes, mientras en este país existen tales oportunidades providenciales de presentar la verdad a millones que nunca han oído hablar de ella. Entre esos millones hay representantes de muchas naciones, muchos de los cuales están preparados para recibir el mensaje. Todavía hay mucho que hacer a la sombra misma de nuestras puertas, en las ciudades de California, en Nueva York, y en muchos otros estados. . .

Despertad, despertad, mis hermanos y hermanas, y entrad en los campos de los Estados Unidos donde no se ha trabajado hasta ahora. Después de haber dado algo para los campos extranjeros no penséis que con ello ya habéis cumplido con vuestro deber. Hay una obra que debe hacerse en los campos extranjeros, pero también hay una obra que ha de realizarse en los Estados Unidos y que es igualmente importante que la otra. En las ciudades de este país vive gente de casi todos los idiomas. Esta necesita la luz que Dios ha dado a su iglesia (Testimonies, tomo 8, págs. 34-36. Año 1904).

Nos alegramos porque los esfuerzos realizados por los pioneros que trabajaron en favor de los extranjeros que viven en los Estados Unidos y el Canadá han producido una abundante cosecha de almas (Review and Herald, 29 de octubre, 1914).

Fuimos a ver la nueva Misión Sueca establecida recientemente en la calle Oak [en Chicago]. Ahí nos mostraron un edificio que nuestros hermanos suecos, bajo la dirección del pastor ---, compraron hace poco para establecer allí las oficinas de su obra en Chicago. El edificio tiene una buena apariencia. En el subsuelo tienen un restaurante vegetariano bien equipado. En el primer piso hay un salón de reuniones agradable, y con capacidad para unas ciento cincuenta personas sentadas confortablemente, y los dos pisos superiores se alquilan a inquilinos. Ciertamente me alegré al ver este progreso en la obra en favor de los suecos en Chicago.

Hay una gran obra que debe hacerse en favor de gente de todas las nacionalidades que mora en las grandes ciudades de los Estados Unidos. Y los lugares de reunión como éste pueden ser de mucha ayuda en los esfuerzos por captar la atención de la gente y para la preparación de obreros. En cada gran ciudad de Estados Unidos hay gente de diferentes nacionalidades que debe escuchar el mensaje para este tiempo. Anhelo ver evidencias de que se está prestando atención a las fases de la obra que el Señor ha designado. En muchos lugares hay que hacer una obra similar a la que se está haciendo en Chicago en favor de los suecos (Review and Herald, 9 de febrero, 1905).

Hay una persona que ha estado trabajando en ____. . . y nosotros trabajamos con él, y procuramos con toda diligencia ayudarle a encargarse de la obra, no como un combatiente que lucha y discute, como era su hábito y como solía alejar a la gente de la verdad antes que atraerla hacia ella. Vio que hablábamos la verdad, pero sin producir una tormenta y sin dejar caer sobre la gente una granizada de acusaciones...

Este hermano dijo que había recibido mucha luz y que trabajaría en forma completamente distinta de como lo había hecho hasta entonces. Los ____ son gente excitable. Se exaltan repentinamente, y exclaman con gran excitación: "¿Es esto así? ¿Qué hará Ud.? ¿Observará el sábado? ¡Diga sí o no!" Son cortantes como una navaja, y cortan las orejas de las personas. . . y ahí termina todo, en lo que concierne a la tarea de convertirlas.

Tenemos que trabajar con esos hombres que son realmente inteligentes, tal como trabajamos por ellos uno por uno en los comienzos de la obra adventista; debemos librar a esas almas preciosas de sus maneras de obrar no santificadas; debemos hablarles de Jesús y de su gran amor, de su humildad, mansedumbre y abnegación. Si es posible llevemos estas piedras ásperas al taller de Dios donde serán cortadas a escuadra, y donde se quitarán todos sus bordes ásperos, y donde serán pulidas por la mano divina hasta que lleguen a ser piedras preciosas para el templo de Dios y sean piedras vivas que emitan luz. Así podrán crecer hasta convertirse en un templo santo para Dios (Carta 44, 1886).

Dad a todas las naciones el mensaje de amonestación: en esto consiste el objetivo de nuestros esfuerzos. . . De ciudad en ciudad y de país en país hay que llevar las publicaciones que contienen la promesa de la pronta venida del Salvador. Estas publicaciones deben traducirse a todos los idiomas, porque el mensaje ha de proclamarse a todo el mundo (Review and Herald, 9 de febrero, 1905).

PARA ALCANZAR A LOS CATÓLICOS

Al entrar en un lugar, no debemos erigir barreras innecesarias entre nosotros y las otras denominaciones, especialmente los católicos, de manera que piensen que somos sus enemigos declarados. No debemos crear prejuicio en sus mentes en forma innecesaria, llevando a cabo una campaña contra ellos. . . Por lo que el Señor me ha mostrado, sé que se salvará un gran número de entre los católicos (Manuscrito 14, 1887).

Sed cautos en vuestro trabajo, hermanos, para no atacar los prejuicios de la gente en forma muy violenta. No debe haber desviaciones del camino para atacar a otras denominaciones; porque eso crea tan sólo un espíritu combativo y cierra los oídos y los corazones para la entrada de la verdad. Tenemos nuestra obra que hacer, la cual no ha de derribar, sino edificar. Hemos de reparar la brecha que ha sido hecha en la ley de Dios. La obra más noble es la de edificar, la de presentar la verdad con su fuerza y con su poder, y permitir que ella corte y se abra camino a través del prejuicio, y revele el error en contraste con la verdad.

Existe el peligro de que nuestros pastores hablen demasiado contra los católicos, y provoquen contra sí mismos los más fuertes prejuicios de esa iglesia. Hay muchas almas en la iglesia católica romana que están mirando con interés a este pueblo; pero el poder del sacerdote sobre las personas que están a su cuidado es grande, y si él puede inculcar el prejuicio en la gente con el argumento de que deben permanecer alejados, de manera que cuando se presente la verdad contra las iglesias caídas, ellos no la oigan, lo hará seguramente. Pero, como colaboradores con Dios, se nos han proporcionado armas espirituales poderosas para la destrucción de las fortalezas del enemigo (Carta 39, 1887).

No hagan los que escriben para nuestros periódicos ataques o alusiones descorteses, que ciertamente harán mal y obstaculizarán el camino e impedirán que hagamos la obra que debe ser hecha a fin de alcanzar a todas las clases, inclusive a los católicos. Nuestra obra consiste en decir la verdad con amor, y no mezclar en la verdad los elementos no santificados del corazón natural, expresar cosas que participen del mismo espíritu que poseen nuestros enemigos. Todos los ataques incisivos volverán contra nosotros con doble fuerza cuando el poder esté en las manos de los que puedan ejercerlo para nuestro perjuicio. Me fue presentado repetidamente el mensaje de que no hemos de decir ni una sola palabra, no hemos de publicar una sola frase, especialmente referente a personalidades, que incite a nuestros enemigos contra nosotros y despierte sus pasiones hasta el grado máximo, a menos que sea positivamente esencial para vindicar la verdad. . .

Es cierto que se nos ordena: "Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado" (Isa. 58: 1). Este mensaje debe ser dado, pero aunque debemos darlo, hemos de ser cuidadosos de no embestir, abrumar y condenar a aquellos que no tienen la luz que nosotros tenemos. No debemos salirnos de nuestro camino para hacer ataques duros a los católicos. Entre los católicos hay muchos que son cristianos muy concienzudos, y que andan en toda la luz que brilla sobre ellos, y Dios obrará en su favor. Los que han tenido grandes privilegios y oportunidades, y que han dejado de aprovechar sus oportunidades físicas, mentales y morales, pero que han vivido para agradarse a sí mismos y han rehusado llevar su responsabilidad, se encuentran en mayor peligro y en mayor condenación ante Dios que aquellos que están en error respecto de puntos doctrinales, y sin embargo, tratan de vivir para beneficiar a los demás. No censuréis a los demás; no los condenéis (Testimonies, tomo 9, págs. 241-244 . Año 1909).

Predicad la verdad, pero retened las palabras que muestran un espíritu áspero; pues tales palabras no pueden ayudar o iluminar a nadie. El Eco es un periódico que debiera tener amplia circulación. No hagáis nada que perjudique su venta. No hay razón por la cual no sea una luz que brille en lugar oscuro. Pero por causa de Cristo, prestad oído a las admoniciones que se han dado con respecto a hacer observaciones perjudiciales acerca de los católicos. Muchos católicos leen El Eco, y entre ellos hay almas honradas que aceptarán la verdad. Pero podemos cerrarles la puerta en la cara cuando están por entrar. Poned en El Eco más testimonios gozosos de gratitud. No obstaculicéis su camino ni impidáis que vaya a todas partes del mundo, convirtiéndolo en un medio para difundir expresiones duras. Satanás se regocija cuando se encuentre en sus páginas una palabra de amargura (Counsels to Editors, pág. 45. Año 1896).

Han de efectuarse proclamaciones decididas. Pero con respecto a esta rama de trabajo, he sido instruida para decir a nuestros hermanos: Tened cuidado. Al presentar el mensaje no hagáis ataques personales a otras iglesias, ni aun a la iglesia Católica Romana. Los ángeles de Dios ven en las diferentes denominaciones a muchas personas que pueden ser alcanzadas únicamente merced al mayor cuidado. Por lo tanto, seamos cuidadosos de nuestras palabras. No sigan nuestros pastores sus propios impulsos denunciando y exponiendo el "ministerio de iniquidad". Muchos están engañados. Hablad la verdad en tonos y palabras de amor. Sea Cristo Jesús exaltado. Manteneos en la afirmativa de la verdad. Nunca dejéis el camino recto que Dios ha señalado, con el propósito de dar a alguien una estocada. Esa estocada puede hacer mucho daño y ningún bien. Puede extinguir la convicción en muchas mentes. Permitid que la Palabra de Dios, que es la verdad, relate la historia de la inconsecuencia de los que están en el error.

No puede esperarse que la gente vea al instante las ventajas de la verdad sobre el error que han albergado. La mejor manera de exponer la falacia del error es presentar las evidencias de la verdad. Este es el mayor reproche que puede hacerse contra el error. Desvaneced la nube de las tinieblas que descansa sobre las mentes, reflejando la brillante luz del Sol de justicia (Manuscrito 6, 1902).

Se necesita un estudio mucho más profundo de la Palabra de Dios; especialmente los libros de Daniel y el Apocalipsis debieran recibir atención como nunca antes en nuestra obra. Bien podremos tener menos que decir sobre algunos temas referentes al papado, pero debemos llamar la atención a lo que los profetas y los apóstoles escribieron bajo la inspiración del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo ha dispuesto de tal manera los asuntos, tanto al dar la profecía como al describir los acontecimientos, como para enseñar que el agente humano ha de mantenerse fuera de la vista, oculto en Cristo, y el Señor Dios del cielo y su ley han de ser exaltados (Counsels to Editors, págs. 45, 46. Año 1896).

El pastor S está despertando un buen interés en sus reuniones. Personas de todas clases vienen a escuchar, y a ver las imágenes de tamaño natural que él tiene de las bestias del Apocalipsis. Muchos católicos vienen a escucharlo. Muchas de sus predicaciones las hace con palabras de la Biblia. Usa tan pocas de sus palabras como sea posible. De manera que si sus oyentes hacen guerra contra lo que él dice, hacen la guerra contra la Palabra de Dios (Carta 352, 1906).

Nadie necesita sentir que los católicos están más allá de su alcance (Manuscrito 14, 1887).

UNA GRAN COSECHA ENTRE LOS JUDIOS

En nuestros días vemos a los gentiles que comienzan a regocijarse con los judíos. Hay judíos convertidos que ahora trabajan en ____ y en varias otras ciudades, en beneficio de su propio pueblo. Los judíos están viniendo a las filas de los seguidores elegidos de Dios y se están uniendo al Israel de Dios en estos días finales. Así es como algunos de los judíos una vez más volverán a formar parte del pueblo de Dios, y la bendición de Dios se derramará abundantemente sobre ellos si es que se ubican en la posición de gozo señalada en la siguiente declaración bíblica: "Alegraos, gentiles, con su pueblo" (Rom. 15: 10) (Manuscrito 95, 1906).

Hay una grandiosa obra que ha de hacerse en nuestro mundo. El Señor ha declarado que los gentiles serán reunidos, y no solamente los gentiles, sino también los judíos. Hay entre los judíos muchas personas que serán convertidas, y por medio de las cuales veremos cómo la salvación de Dios avanzará como una lámpara que arde. Hay judíos por todas partes, y a ellos ha de serles llevada la luz de la verdad presente. Hay entre ellos muchos que vendrán a la luz, y que proclamarán la inmutabilidad de la ley de Dios con maravilloso poder. El Señor Dios obrará. El hará cosas maravillosas en justicia (Manuscrito 87, 1907).

Me ha resultado extraño el que hubiera tan pocas personas que sintieran la preocupación de trabajar entre los judíos, que se hallan esparcidos en tantos países. Cristo estará con vosotros al luchar para esforzar vuestras facultades perceptivas, a fin de contemplar más claramente al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Las adormecidas facultades de los judíos han de ser despertadas. Los textos del Antiguo Testamento, combinándose con los del Nuevo, serán para ellos como el amanecer de una nueva creación, o como la resurrección del alma. La memoria será despertado cuando se vea a Cristo descripto en las páginas del Antiguo Testamento. Se salvarán almas de la nación judía, mientras las puertas del Nuevo Testamento sean abiertas con la llave del Antiguo Testamento. Cristo será reconocido como el Salvador del mundo, al verse cuán claramente el Nuevo Testamento explica al Antiguo. Muchos de los judíos recibirán por la fe a Cristo como su Redentor (Carta 47, 1903).

Habrá, muchos conversos de entre los judíos, y estos conversos ayudarán a preparar el camino para el Señor, aparejando calzada en el desierto para nuestro Dios. Los conversos judíos han de tener una parte importante en la gran preparación que ha de hacerse en lo futuro para recibir a Cristo, nuestro Príncipe. Una nación nacerá en un día. ¿Cómo? Por medio de hombres a quienes Dios ha señalado como convertidos a la verdad. Se verá "primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga". Las predicciones de la profecía se cumplirán (Manuscrito 75, 1905).

COMO EVANGELIZAR A LOS NIÑOS

En los niños allegados a él, veía el Salvador a hombres y mujeres que serían un día herederos de su gracia y súbditos de su reino, algunos, mártires por su causa. Sabía que aquellos niños le escucharían y le aceptarían por Redentor con mejor voluntad que los adultos, muchos de los cuales eran sabios según el mundo, y duros de corazón. Al enseñarles, se colocaba al nivel de ellos. El, la Majestad de los cielos, respondía a sus preguntas y simplificaba sus importantes lecciones para que las comprendiera su inteligencia infantil. Plantaba en la mente de ellos la semilla de la verdad, que años después brotaría y llevaría fruto para vida eterna.

Al decir Jesús a sus discípulos que no impidieran a los niños el acercarse a él, hablaba a sus seguidores de todos los siglos, es decir, a los dirigentes de la iglesia: ministros, ancianos, diáconos, y todo cristiano. Jesús atrae a los niños, y nos manda que los dejemos venir; como si nos dijera: Vendrán, si no se lo impedís.

Guardaos de dar torcida idea de Jesús con vuestro carácter falto de cristianismo. No tengáis a los pequeñuelos alejados de él con vuestra frialdad y aspereza. No seáis causa de que los niños se figuren que el cielo no sería lugar placentero si estuvieseis vosotros en él. No habléis de la religión como de algo que los niños no pueden entender, ni obréis como si no fuera de esperar que aceptaran a Cristo en su niñez. No les deis la falsa impresión de que la religión de Cristo es triste y lóbrega, y de que al acudir al Salvador hayan de renunciar a cuanto llena la vida de gozo.

Mientras el Espíritu Santo influye en los corazones de los niños, colaborad en su obra. Enseñadles que el Salvador los llama, y que nada le alegra tanto como verlos entregarse a él en la flor y la lozanía de la edad.

El Salvador mira con infinita ternura las almas que compró con su sangre. Pertenecen a su amor. Las mira con indecible cariño. Su corazón anhela alcanzar, no sólo a los mejor educados y más atractivos, sino también a los que por herencia y descuido presentan rasgos de carácter poco lisonjeros (El Ministerio de Curación, págs. 27, 28. Año 1905).

Las lecciones enseñadas a los niños y a los jóvenes hacen una impresión en la mente que influye en su carácter en una medida mucho mayor de lo que las personas adultas se imaginan. En mi niñez, un pastor que vino a la casa de mi padre en Portland, estado de Maine, leyó el capítulo de los Hechos referente al libramiento de Pedro, cuando un ángel de Dios arrebató la presa del enemigo que había determinado destruirlo. El capítulo fue leído lenta y solemnemente, e hizo una impresión en mi mente juvenil, que grabó vívidamente el relato hasta el día de hoy.

Ahora bien, por la luz que me ha sido dada por Dios, sé que como iglesia, no hemos aprovechado nuestras oportunidades de educar y preparar a los jóvenes. Debemos enseñarles cómo leer y comprender las Escrituras. Dondequiera haya una asamblea bíblica para pastores y para hermanos, debiéramos, en relación con ella, organizar una clase para los jóvenes. Deben registrarse sus nombres. Todos deben sentir la importancia del plan de educar a la juventud para que comprenda las Escrituras. Empréndase la obra con la misma sencillez de la propia verdad. Condúzcanse las mentes de los jóvenes de una verdad a otra, cada vez más arriba, mostrándoles cómo un versículo interpreta otro versículo, un pasaje es la clave para otros pasajes. Así la Escritura misma será el poder educador, y pondrá los pensamientos en cautividad a Cristo (Carta 27a, 1892).

El tercer ángel está volando por en medio del cielo y tiene sobre su bandera la inscripción: "Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. En todo lugar donde se instale una carpa, deben realizarse esfuerzos fervientes desde el principio para predicar el Evangelio a los pobres y para sanar a los enfermos. La obra de dar la vista espiritual a los ciegos ha añadido, de entre las personas que han de salvarse, muchas almas al número de los hijos de Dios.

Deben realizarse reuniones para los niños, no meramente para educarlos y entretenerlos, sino para que puedan ser convertidos. Y esto ocurrirá. Si ejercemos fe en Dios seremos habilitados para señalarles al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Todos los que asisten a nuestras grandes asambleas han de ser motivo de nuestro trabajo. Los encumbrados y los humildes, los ricos y los pobres, han de ser alcanzados por esta clase de trabajo (Manuscrito 6, 1900).

Por vuestra manera de tratar con los pequeños, podréis, por la gracia de Cristo, modelar sus caracteres para la vida eterna, o por una conducta errónea podéis darles la impresión de un carácter satánico. Nunca actuéis a base de impulsos en el manejo de los niños. Únanse la autoridad y el afecto. Albergad y cultivad todo lo que sea bueno y noble, e inducidlos a desear los mejores bienes, revelándoles a Cristo. Aunque les neguéis las cosas que han de serles perjudiciales, haced que vean que los amáis, y que queréis hacerlos felices. Cuanto más díscolos sean, tanto más trabajo debéis tomaros para revelar vuestro amor por ellos. Cuando el niño tiene confianza en que queréis hacerlo feliz, el amor quebrantará toda barrera. Este es el principio que gobierna el trato del Salvador con los hombres; es el principio que debe ser introducido en la iglesia (Carta 23a, 1893).

El interés que hay aquí [Australia] en nuestro congreso excede a todo lo que haya visto antes en cualquier reunión en Norteamérica o en cualquier otro país. Después de los días feriados, con todas sus diversiones excitantes, hemos tenido en los días de semana hasta mil doscientas personas en la carpa, gente fervorosa e inteligente. Muchos hijos de los no creyentes vienen también. El último domingo había alrededor de cuatrocientas personas que asistieron a la reunión de los niños. Estas reuniones se encuentran bajo la dirección de la hermana ____. Ella tiene los niños arreglados en clases bajo maestros ya señalados, a los cuales instruye y ayuda en su trabajo. Se siguen los métodos del jardín de infantes hasta donde es posible. . .

El dinero usado en los coches evangélicos habría sido mucho mejor invertido en alguna cosa sólida y permanente. Es cierto que los coches evangélicos realizarán algún bien. Pero he visto que habría chascos en cuanto a los resultados finales. En contraste con esto, me fue presentada otra obra. Las carpas eran llevadas a distintos lugares en diversas épocas propicias del año. Se realizaban congresos en muchas localidades. Estos eran dirigidos por hombres hábiles y temerosos de Dios, ayudados por colaboradores capaces. Se realizaban reuniones para niños y reuniones de reavivamiento, para inducir a la gente a decidirse en favor de la verdad. . .

En este congreso se realizó precisamente la clase de obra que debiera haberse hecho. Las reuniones para los niños, o el jardín de infantes bíblico, han hecho una buena obra. Las lecciones dadas son repetidas por los niños en sus hogares, y las madres muestran interés al preparar a los niños pulcramente para la escuela. La mayor parte son hijos de padres que no militan en nuestra fe. Las simientes de la verdad bíblica han sido echadas en el terreno del corazón. No es un trabajo fácil, pero está haciendo bien. Se están haciendo impresiones en los corazones de los padres y de los hijos. El bien que estas reuniones han hecho lo revelará el gran día de Dios. Es éste un gran campo para cultivar. Hágase esta obra. ¿Dónde pueden emplearse mejor los talentos? Estos obreros están sembrando para obtener una cosecha. Hombres, mujeres y niños están ansiosos de saber lo que deben hacer para heredar la vida eterna (Carta 2, 1899).

Las reuniones para los niños se celebraban dos veces por día. Después de la lección de la mañana en los días agradables, los maestros y los niños realizaban una larga caminata, y durante la misma, a orillas del río, o en los campos cubiertos de césped, se hacía un descanso y se daba una corta lección de la naturaleza. Era notable ver que en esos días en que los niños podían caminar por los campos, eran muy silenciosos y ordenados en el campamento. La asistencia a las reuniones de la mañana, en las que estaban presentes solamente los niños del campamento, era de sólo treinta. Por la tarde cuando venían los niños de la escuela del vecindario, había de cincuenta a sesenta (Manuscrito 27, 1895 ).

Nuestros congresos son uno de los medios más importantes de nuestra obra. En todo congreso debiera hacerse trabajo por los niños. Eduquen obreros capaces constantemente a los niños. Pedid la bendición del Señor sobre la simiente sembrada, y la convicción del Espíritu de Dios se posesionará aun de los pequeños. Por medio de los hijos serán alcanzados muchos padres (Manuscrito 52, 1900).

EN LOS CENTROS DE TURISMO

El Salvador, en su ministerio terrenal aprovechó las oportunidades que se le presentaban a lo largo de los caminos. Jesús moraba en Capernaum en los intervalos de sus viajes y ésta llegó a conocerse como "su ciudad". Esa ciudad se prestaba muy bien para ser el centro de trabajo del Salvador. Por encontrarse en el camino de Damasco a Jerusalén y a Egipto, y al mar mediterráneo, era un centro sumamente concurrido por los viajeros. Gente de muchos países pasaba por ella o se detenía en ella con sus viajes de un lugar a otro. Allí Jesús podía encontrarse con gente de todas las nacionalidades y de todas las posiciones sociales, con los ricos y los encumbrados tanto como con los pobres y los humildes; y así sus enseñanzas serían llevadas a otros países y a muchas familias. Así se estimularía la investigación de las profecías; y en esa forma se dirigiría la atención hacia el Salvador, y su misión sería llevada ante el mundo (Testimonies, tomo 9, pág. 121. Año 1909).

En los lugares de curación o colonias de enfermos y en los centros de movimiento turístico de renombre mundial atestados con miles de personas que buscan salud y placer, debiera haber ministros y colportores capaces de llamar la atención de las multitudes. Estén atentos esos obreros para aprovechar la oportunidad de presentar el mensaje para este tiempo y lleven a cabo reuniones a medida que esto sea posible. Aprovechen prestamente la ocasión de hablar a la gente. Acompañados por el poder del Espíritu Santo deben ir al encuentro de esta gente con el mensaje dado por Juan el Bautista: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3: 2). La Palabra de Dios debe presentarse con claridad y poder para que los que tienen oídos para escuchar puedan oír la verdad. En esta forma el Evangelio de la verdad presente se colocará en el camino de quienes no lo conocen y será aceptado por no pocos, y llevado por ellos a sus hogares a todas partes del mundo (Testimonies, tomo 9, pág. 122. Año 1909).

Hay que llevar a cabo reuniones en carpas en tantos de los grandes centros de turismo ubicados lejos y cerca de la Asociación de___ como sea posible, con ayuda de los obreros que hay en ésta. Si alguna vez hubo necesidad de despertar a la importancia de trabajar en tales lugares, esa necesidad es mayor en este momento (Carta 138, 1902).

Hay que hacer una obra especial donde la gente va y viene constantemente. Cristo trabajó en Capernaum una buena parte de su tiempo, porque éste era un lugar por el cual los viajeros pasaban constantemente y donde muchos se quedaban con frecuencia (Review and Herald, 12 de julio, 1906).

Resulta difícil encontrar hombres y mujeres jóvenes capaces que puedan entrar en las ciudades y llevar a cabo un trabajo eficaz. En estos centros de turismo donde muchos viajeros acuden en busca de salud y de placer, necesitamos muchos hombres jóvenes perfectamente arraigados en la verdad del mensaje del tercer ángel para que vayan al encuentro de la gente y atiendan sus necesidades espirituales y hablen palabras oportunas a algunos y ofrezcan expresiones de ánimo a otros (Review and Herald, 12 de julio, 1906).

LAS REUNIONES EN LAS CALLES

Hay que trabajar más en las ciudades. Hay lugares donde se puede alcanzar mejor a la gente mediante reuniones al aire libre. Hay muchos que pueden hacer esta clase de obra, pero deben estar vestidos con toda la armadura de justicia. Somos demasiado delicados en nuestra obra, y sin embargo se necesitan decoro e inteligencia cabal (Special Testimonies, "Un llamamiento en favor de las misiones", pág. 15. Año 1898).

Estas [reuniones al aire libre] pueden llevarse a cabo algunas veces, y en ocasiones especiales serán el mejor medio de alcanzar a la gente; pero convertir esto en un método regular de trabajo en el presente no asegurará los resultados deseados. En esa forma el obrero no puede cumplir su ministerio. Una disertación o un discurso casual podría dirigir el pensamiento en una dirección que, mediante la influencia de otros elementos, podría finalmente producir la conversión de la persona; pero estos casos son raros (Gospel Workers, págs. 339, 340. Año 1892).

En las reuniones al aire libre no puede realizarse esa obra completa de remachar el trabajo a fin de presentar a cada persona perfecta en Cristo Jesús. Algunas veces se puede hacer mucho bien mediante este método de trabajo. Pero como práctica es mejor alcanzar a la gente en alguna otra forma (Carta 2, 1885).

La presentación de Cristo en la familia, en el hogar, o en pequeñas reuniones en casas particulares, gana a menudo más almas para Jesús que los sermones predicados al aire libre, a la muchedumbre agitada o aun en salones o capillas (Obreros Evangélicos, pág. 201. Año 1915).

Debiéramos estar trabajando en los rincones oscuros de la tierra. . . Con frecuencia he hablado al aire libre a grupos de personas que se habían reunido para escucharme. He visto a mujeres con niños en sus brazos paradas durante una hora para escucharme. He estado completamente rodeada por hombres y mujeres. Les he preguntado: "¿Cuántos de vosotros poseéis una fe bien fundada en Cristo? ¿Cuántos sois cristianos? Levanten sus manos quienes lo sean. No se levantaba ninguna mano. ¿No necesitaban a Cristo? ¿No necesitaban un conocimiento de la verdad? ¿No necesitaban aprender lecciones de temperancia? Por cierto que lo necesitaban.

Dios quiere que nos ubiquemos en un lugar desde donde podamos amonestar a la gente. Desea que nos encarguemos del asunto de la temperancia. Mediante hábitos equivocados en el comer y beber los hombres están destruyendo sus facultades del pensamiento y la inteligencia. No necesitamos tomar un hacha y entrar a destruir los lugares donde se expenden bebidas alcohólicas. Poseemos un arma más poderosa que ésta: la Palabra del Dios vivo. Esta se abrirá paso a través de las sombras infernales que Satanás procura arrojar en su camino. Dios es poderoso. Hablará a sus corazones. Lo hemos visto hacerlo. Hemos visto almas llevadas a la verdad (General Conference Bulletin, 23 de abril, 1901).