Lección 5 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave: Mateo 15:30, 31

"Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; de ma­nera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel"

Enseña a tu clase a:


Bosquejo de la lección:

puesta, generalmente, es: "Bien". ¿Cómo sabes si alguien, en realidad, no está "bien"?

Resumen: Existe una relación íntima entre la salud física, la emocional y la espiritual. Jesús sabía de un vistazo cómo atender a la gente con la que se encontraba. ¿De qué modo puedes hacer lo mismo?

Ciclo de aprendizaje
Texto destacado: Mateo 15:30, 31
Concepto clave para el crecimiento espiritual: Aun en una época en que la expectativa de vida está aumentando, y se sabe tanto acerca de la salud y de la sanidad, la enfermedad es una realidad siempre presente, por causa del mal en el mundo.
{ 1: ¡Motiva!}
• Solo para los maestros: Todos hemos experimentado alguna enfer­medad. Hubo un tiempo en que la gente consideraba las enfermedades como un castigo de una divinidad caprichosa. Muchas personas todavía luchan con el porqué de la enfermedad y del sufrimiento. Y, en vez de admitir que no lo saben, algunos cristianos procuran dar respuestas, y no consuelo.
Actividad/diálogo inicial: A lo largo de la historia, la gente ha procu­rado el alivio de las enfermedades con diversos tratamientos. En un papel grande o una pizarra, escribe los siguientes síntomas del lado izquierdo, y las antiguas recetas egipcias a la derecha, pero no en orden. En la clase, pide a los miembros que, por turno, tracen una línea desde el síntoma hasta el trata­miento que los egipcios creían que lo remediaría. Otra forma sería decir cuál es el síntoma, y que los alumnos indiquen cuál es el tratamiento tradicional o casero para ello. Abajo, presentamos las enfermedades y su curación, en el orden correcto.

(Fuente: Tratamientos médicos egipcios, http://suite101.com/article/egyp- tian-medical.treatments-a20616*ixzzlyFFj7eaH, bajado el 19 de junio de 2012.)
Preguntas para dialogar:

1. ¿Cuáles de esos remedios se usan todavía hoy? En la Biblia, la enfer­
medad a menudo se usa como una metáfora del pecado. ¿Quién es el único remedio, y por qué?
2. Cristo sanó no solo los cuerpos enfermos, sino además lo que afligía la mente y al corazón. ¿En qué formas Cristo procura sanarnos hoy emocional, espiritual, mental y físicamente?
{ 2: ¡Explora!}
• Solo para los maestros: Una de las razones por las que los adven­tistas del séptimo día estamos interesados en desarrollar ministerios de curación en nuestros hospitales, clínicas y escuelas de Medicina es porque entendemos que hay una relación entre la salud y la espiritualidad. Aunque no comprendemos completamente ese nexo, no podemos apreciar bien las cosas espirituales y vivir la "vida abundante", si estamos sufriendo de una enfermedad o un impedimento.
Comentario de la Biblia
I. El Sanador y sus ayudantes
(Repasa, con tu clase, Mar. 21-12.)
Cuando comenzó a saberse que Jesús tenía poderes sanadores, le llevaron la gente que esperaba alivio de sus sufrimientos físicos. Esta historia específica es interesante por varias razones:
El hombre no podía moverse solo; dependía de la bondad de amigos que lo llevaran a Jesús. Parece que el hombre eligió los amigos correctos porque, cuando descubrieron que el acceso a Jesús estaba bloqueado, no desistieron. Subieron al techo, abrieron un hueco en él y bajaron al hombre hasta Jesús.
Jesús vio a un hombre que, obviamente, tenía molestias físicas. Pero, en lugar de sanarlo, le dijo: "Hijo, tus pecados te son perdonados" (Mar. 2:5).
Jesús tenía la ventaja de conocer el corazón de las personas. Aparente­mente, así como nosotros conocemos los factores de riesgo que llevan a en­fermedades coronarias, diabetes, cáncer, etc., Jesús sabía que el sufrimiento de este hombre estaba, de algún modo, relacionado con las elecciones de su estilo de vida. Así que, además de sufrir de parálisis, el hombre también sufría por una carga de culpabilidad que era tan dolorosa como su sufrimiento físico.
Esto sugirió la reacción de los maestros de la Ley: "¿Por qué habla éste así? [...] ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (vers. 7).
Nadie sabe cuándo sus pecados realmente están perdonados, o si lo están. Pero, como para mostrar que él tenía el poder y la autoridad para perdonar pecados, Jesús indicó al hombre: "Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa" (vers. 11).


La gente que está enferma a menudo sufre cierto grado de culpa; se pregun­ta si hay una razón para su sufrimiento. "¿Hice algo mal?" "¿Me está castigando Dios?" "¿Sanaré alguna vez?" Esta historia nos recuerda que el poder sanador de Dios es real. Lamentablemente, no podemos predecir si Dios ejercerá ese poder o no. Todo lo que podemos hacer es confiar en la voluntad de Dios de hacer lo que es mejor, y rodearnos de amigos que nos mantendrán cerca de él.
Considera: ¿Cuáles amigos se acercaron a ti cuando estabas en angustia física o emocional? ¿Qué hicieron ellos? ¿Qué encontraste que es más efectivo para aliviar el sufrimiento de los que te rodean? ¿Qué forma tangible toma el consuelo?

(Repasa, con tu clase, Juan 11:1-44.)
La historia de Jesús y Lázaro es importante por varias razones:
La Biblia menciona a María, a Marta y a Lázaro más de una vez. Se ha sugerido que Jesús acostumbraba detenerse en la casa de ellos en Betania, cada vez que estaba en las cercanías. De modo que sorprende que, después que Jesús supiera que Lázaro estaba enfermo (Juan 11:3), se detuviera otros dos días donde estaba (vers. 6).
Cualquiera que se haya preguntado por los tiempos de Dios, debería notar esto. Jesús y sus discípulos podrían haber viajado a Betania tan pronto como oyeron que Lázaro estaba enfermo, pero no lo hicieron. Cuando finalmente aparecieron allá, ya era demasiado tarde.
Tanto Marta como María recordaron a Jesús las consecuencias de su de­mora; como si él no hubiera sabido lo que hacía. Pero, el recordatorio le dio la oportunidad de hacer esta afirmación animadora: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (vers. 25).
El milagro de la resurrección de Lázaro, aunque era excepcional, se complica por el hecho de que, con excepción de la descripción de Jesús de él como "nuestro amigo Lázaro" (vers. 11), no sabemos mucho acerca de él. Sabemos que tenía dos hermanas, María y Marta; que vivía en Betania; pero, no sabemos en qué trabajaba o cómo llegó a relacionarse con Jesús.
El punto es: no necesitamos ser talentosos, famosos o ricos para ser resu­citados a la vida. La promesa de Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida", se aplica tanto a nosotros como a Lázaro.
Considera: ¿Qué lecciones podemos aprender de la demora de Jesús en responder al pedido de sanar a Lázaro? ¿Cuán cerca de Jesús te sientes en este momento? ¿Tan cerca como lo estaba Lázaro? ¿Crees que Jesús se sal­dría de su camino, para resucitarte? ¿Por qué sí, o por qué no?

(Repasa, con tu clase, Hech. 3:1-9; 9:36-42.)
Aunque a veces escuchamos historias de personas que fueron milagro­samente sanadas en respuesta a la oración, a menudo, la gente no se sana cuando oramos por ellos. ¿Por qué sucede esto?
Las historias acerca de Pedro y Juan en la puerta la "Hermosa" del Templo, y de Pedro y Tabita (Dorcas) en Jope, nos recuerdan que, cuando la iglesia cris­tiana se estaba estableciendo, Dios pudo haber usado curaciones milagrosas, como una manera de apoyar el ministerio de los discípulos. El registro acerca de cuando Pedro y Juan sanaron al paralítico afirma: "Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna [...] y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido" (Hech. 3:9, 10).
Acerca de Tabita, la Biblia dice: "La noticia se difundió por todo Jope, y muchos creyeron en el Señor" (Hech. 9:42, NVI).
Considera: Aunque la iglesia de Dios hoy no puede demostrar todos los dones de curación milagrosa que hicieron los primeros discípulos, todavía tenemos que ministrar a los enfermos. Ese ministerio es ser la presencia de Cristo para aquellos que están enfermos, apoyarlos en su sufrimiento, realizar sus mandados, asegu­rarles el amor de Dios y señalarles a aquel que es "la resurrección y la vida".
Preguntas para dialogar:

{ 3: ¡Aplica!}

Aplicación a la vida: ¿Hay alguien en tu iglesia que sea responsable de registrar quién está enfermo o internado? ¿Debería haber una persona que se ocupe de eso? Analicen la idea.
{ 4: ¡Crea!}

Actividad: Tomen unos momentos para enumerar quiénes de su con­gregación podrían beneficiarse con un poco de atención de parte de sus her­manos. No tienen que ser enfermos; pueden ser ancianos o discapacitados. Enumeren todos los que recuerden.
Junto a cada nombre, registren una estrategia para mantenerse en contacto con esas personas. Luego, escriban al lado quién de tu clase (o de otra) puede proveer apoyo físico y moral al que necesite atención especial.