"Aquel que vive en el santuario celestial juzga con justicia. Se complace más en sus hijos que luchan contra la tentación en un mundo de pecado que en las huestes de ángeles que rodean su trono."

"Todo el universo celestial manifiesta el más grande intereses en esta motita que es nuestro mundo; pues Cristo ha pagado un precio infinito por las almas de sus habitantes. El Redentor del mundo ha ligado la tierra con el cielo mediante lazos de inteligencia, pues aquí se hallan los redimidos del Señor. Los seres celestiales todavía visitan la tierra como en los días en que andaban y hablaban con Abrahán y con Moisés. En medio de las actividades y el trajín de nuestras grandes ciudades, en medio de las multitudes que atestan la vía pública y los centros de comercio, donde desde la mañana hasta la noche la gente obra como si los negocios, los deportes y los placeres constituyeran todo lo que hay en la vida, en esos lugares en que hay tan pocos que contemplan las realidades invisibles, aun allí el cielo tiene todavía vigilantes y santos. Hay agentes invisibles que observan cada palabra y cada acto de los seres humanos. En toda asamblea reunida con propósitos de comercio o placer, en toda reunión de culto, hay más oyentes de los que pueden verse con los ojos mortales. A veces los seres celestiales " descorren el velo que esconde el mundo invisible, a fin de que nuestros pensamientos se vuelvan de la prisa y la tensión de la vida, a considerar que hay testigos invisibles de todo lo que hacemos o decimos."