Lección 6 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave: Salmo 32:1-5
1 BIENAVENTURADO aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.
2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.
3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día.
4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah
5 Mi pecado te declaré, y no encubri mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tu perdonaste la maldad de mi pecado. Selah

Enseña a tu clase a


Bosquejo de la lección:

  1. Saber: Comprender la naturaleza del arrepentimiento y la confesión
    1. ¿Cuál es la diferencia entre el arrepentimiento y la confesión?
    2. ¿Por qué el arrepentimiento y la confesión son esenciales para recibir la plenitud del Espíritu Santo? ¿Quién inicia el arrepentimiento y la confesión?
    3. ¿Cuándo la culpabilidad es destructiva y cuándo es saludable? ¿Es algu­na vez saludable la culpa? Explica.
  2. Sentir: Librado de la culpa y la condenación
    1. Pablo consideraba la pecaminosidad de su propia vida, y se llamó a sí mismo el principal de los pecadores (1 Tim. 1:15). ¿Cómo trató él con la culpa de su pasado? ¿De qué modo Pablo comprendía el pecado y la justicia? ¿Qué diferencia produce esta comprensión en nuestra vida?
    2. ¿Qué debe suceder para que el arrepentimiento y la confesión sean efectivos en nuestra vida?
  3. Hacer: Experimentar el gozo de una conciencia limpia
    1. ¿De qué modo la experiencia del perdón de Dios afecta nuestra relación con otros?
    2. ¿Por qué la confesión es sanidad para el alma?

Resumen: En el aposento alto, los discípulos se arrepintieron de sus pecados, los confesaron a Dios y, si fue necesario, los unos a los otros. Se reconci­liaron con Dios y estuvieron en armonía. Prepararon sus corazones para recibir el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés. El pecado estorba ese mismo derramamiento en nuestra vida. Impide el fluir del Espíritu de Dios. El arrepentimiento y la confesión de pecados específicos abren los canales obstruidos del alma a fin de poder recibir el don más precioso del Cielo, el Espíritu Santo.


Ciclo de aprendizaje


Pasaje destacado: Salmo 32:1-5


Concepto clave para el crecimiento espiritual: El arrepentimiento y la confesión son los elementos clave para el crecimiento espiritual. A menos que reconozcamos nuestros pecados y los confesemos, el poder del Espíritu Santo en nuestra vida será limitado. Cuando cedemos a los impulsos del Es­píritu y preparamos nuestros corazones para recibirlo, él vendrá a nuestra vida en toda su plenitud.


{ 1: ¡Motiva! }

• Solo para los maestros: Enfatiza la importancia de escuchar el poder convincente del Espíritu Santo, y confesar cualquier pecado que esté entre nosotros y Dios. Solo si somos honestos ante Dios podremos recibir las bendiciones que él anhela otorgarnos.
Carlos era un cristiano nuevo que asistía a reuniones evangelizadoras ad­ventistas en la región nordeste de los Estados Unidos. Se conmovió por las presentaciones bíblicas sobre las profecías. Una noche, una presentación sobre la segunda venida de Cristo lo impresionó especialmente. Cuando el evangelista le preguntó: "¿Hay algo en su vida que le impediría estar listo para la venida de Jesús?", el Espíritu Santo trajo algo específico a la mente de Carlos. Años antes, con un grupo de otros adolescentes, había robado en un hogar de su comunidad. Carlos reclamó la promesa de perdón de Cristo y confesó su pecado.

Pasaron unas pocas semanas, pero Carlos seguía perturbado por lo que había hecho. Conversó sobre esto con el evangelista, quien le explicó que hay una diferencia entre la culpa moral y la psicológica. La culpa moral es la culpa que viene por quebrantar la ley de Dios. La culpa psicológica es la que experimentamos cuando hemos hecho daño a otro. Nuestra culpa moral se va cuando confesamos nuestros pecados a Dios; pero, a veces, la culpa psicológica permanece hasta que confesamos nuestro pecado a quien hemos dañado. Cuando Carlos entendió la necesidad de pedir perdón y, si era posible, hacer restitución a los que había herido, de inmediato le pidió al evangelista que lo ayudara a desarrollar un plan para atender este asunto. El evangelista se puso en contacto con la familia, y ellos estuvieron dispuestos a perdonar a este joven. Cuando el evangelista le contó a Carlos que la familia dio una respuesta sencilla: "Te perdonamos", él se quebró y lloró. Su culpa psicológica había desaparecido, su carga se había desvanecido. La libertad para vivir una vida llena del Espíritu viene cuando le pedimos a Dios que nos perdone nuestros pecados contra él y por las veces que hemos perjudicado a otros.
Analiza con la clase: ¿Cuándo es apropiado ir a otra persona y pedirle que nos perdone por algún daño que le hayamos hecho mediante actos o palabras? ¿Es alguna vez apropiado confesar ese pecado solamente a Dios sin hablar con la otra persona acerca de ello? Analicen el tema. ¿Cuándo debemos confesar solo a Dios?


{ 2: ¡Explora! }

Comentario de la Biblia


I. La certeza del perdón
(Repasa, con la clase, 1 Juan 1:9.)

La epístola de 1 Juan contiene verdades vitales para el pueblo de Dios en toda generación. Algunos eruditos bíblicos la llaman "La epístola de las certe­zas cristianas". Leemos acerca de las certezas de Jesús como el Hijo de Dios, la promesa de vida eterna, la seguridad de las repuestas a las oraciones, la liberación del maligno y el perdón del pecado. En 1 Juan 1:9, el apóstol da esta seguridad a los seguidores de Jesús: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad". Aquí hay algo seguro. Cuando confesamos, Dios perdona.
Nuestro pasaje describe dos cosas que Dios es, y dos cosas que Dios hará. Él es fiel y él es justo. Él perdonará y él limpiará. Refiriéndose a este pasaje, el Comentarlo bíblico adventista dice: "También es claro que está hablando de actos específicos de pecado, y no de pecado como un principio maligno presen­te en la vida. Por lo tanto, la confesión debe ser más específica que la simple admisión de que se ha pecado. El reconocimiento de la naturaleza precisa de un pecado y la comprensión de los factores que han llevado a cometerlo son esenciales para la confesión, y para adquirir la fuerza necesaria a fin de resistir una tentación similar cuando reaparezca" (CBA 7:650).
En el siglo I d.C., el derramamiento pentecostal del Espíritu Santo vino sobre los discípulos cuando reconocieron sus pecados, y prepararon sus corazones mediante la confesión y el arrepentimiento. Lo que fue cierto para ellos es igualmente cierto para su pueblo que vive en estos últimos días.
Considera: Nuestros actos pecaminosos son el resultado de nuestras elec­ciones pecaminosas. Nuestra naturaleza pecaminosa resulta de haber nacido en un mundo de pecado. Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador personal y nacemos de nuevo, ¿qué sucede con nuestra vieja naturaleza, y por cuánto tiempo durará?


II. El gozo del perdón
(Repasa, con tu clase, Sal. 32:1-5.)

Nuestro pasaje comienza con la palabra bienaventurado. La palabra hebrea es ashré, que significa "feliz", "alegre" o "en paz". La confesión nos conduce por el sendero de la felicidad genuina, la verdadera alegría y la paz duradera. David declara: "Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño" (vers. 1, 2). Nota estas tres palabras: transgresión, pecadoe iniquidad. Cada una tiene un matiz diferente en el idioma original. Trans­gresión implica una rebelión voluntaria contra la voluntad de Dios. En este pasaje, la palabra para "pecado" significa "errar el blanco" o "dejar de obedecer los man­datos de Dios". Iniquidad tiene que ver con la distorsión moral, o la deshonestidad o fraude. El gozo verdadero, la paz perfecta y el contentamiento interior vienen cuando confesamos nuestros pecados, y reconocemos nuestra culpa delante de Dios. La gracia de Dios es plenamente capaz de cubrir nuestras transgresiones, pecados e iniquidades. No hay nada que su justicia no pueda expiar.
Por un año entero después de su incidente con Betsabé, David no confesó su pecado a Dios. Los resultados de esta negación llegaron a ser obvios en su propio cuerpo. En Salmo 32:3 y 4, David describe lo que le pasaba físicamente y en su interior: "Se envejecieron [sus] huesos" en su "gemir todo el día". Estaba lleno de culpabilidad y vergüenza. Su energía disminuyó, y su vitalidad había desaparecido. Cuando David confesó su pecado y reconoció su culpa, encontró en Dios el perdón, la seguridad y el gozo. Descubrió a un Dios que le enseñaría senderos de rectitud.
Considera: Los pecados sin confesar son una barrera para nuestra paz inte­rior y para el gozo cristiano. Son un obstáculo entre nuestra alma y Dios. Limi­tan severamente lo que Dios puede hacer con nuestra vida. Inhiben la acción poderosa del Espíritu Santo por intermedio de nosotros para alcanzar a otros con el evangelio. ¿Por qué la confesión y el arrepentimiento son esenciales si anhelamos experimentar el reavivamiento prometido?


{ 3: ¡Aplica! }

Preguntas para reflexionar:

  1. Lee Levítico 5:5 y 6. ¿Qué nos enseña este pasaje acerca de la verdadera naturaleza de la confesión? ¿Por qué Dios nos invita a ser específicos en nues­tra confesión? Si hay algo específico que el Espíritu Santo nos está llevando a confesar, toma un momento ahora para hacerlo en oración silenciosa.
  2. El apóstol Pablo procuró tener "una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres" (Hech. 24:16). ¿Hay alguien a quien puedes haber ofendido? ¿Te está llevando el Espíritu Santo a reconstruir alguna relación dañada? ¿Qué puedes hacer para comenzar ese proceso de curación y reconciliación?

Preguntas de aplicación:

{ 4: ¡Crea! }


• Solo para los maestros: Todos los reavivamientos bíblicos estuvie­ron acompañados por la confesión y el arrepentimiento de pecados específicos. Cada reavivamiento, a lo largo de la historia, se caracterizó por una confesión y un arrepentimiento sinceros en el corazón. Cuando el Espíritu Santo realmente desciende sobre el pueblo de Dios, sucede la reconciliación. Lo malo se arregla, y las relaciones se restauran.


Actividades individuales:

  1. ¿Has tenido alguna vez una experiencia en la que alguien vino a ti y te pidió tu perdón por algo que había dicho o hecho? ¿Cómo te hizo sentir eso? ¿Qué impacto tuvo sobre tu relación con él?
  2. ¿Has ido alguna vez a otra persona y le has pedido que te perdonara? ¿Cómo te sentiste después de haber pedido perdón?
  3. ¿Puedes recordar una ocasión cuando tuviste una ferviente confesión a Dios por causa de algún pecado? ¿Cómo te sentiste después de confesarlo?